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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2012

La Iglesia, el infierno y la diversidad sexual

Antoni Jess Aguil
Rebelin


Hace aos, durante la audiencia general del 28 de julio de 1999, Juan Pablo II, por entonces mxima autoridad de la Iglesia catlica, afirm pblicamente que el sheol [1] que se menciona en el Antiguo Testamento no era, teolgicamente hablando, un lugar fsico o material con una ubicacin geoespacial concreta (las entraas de la tierra), sino una condicin espiritual particular del ser humano: La situacin en que se sita definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre incluso en el ltimo instante de su vida [2]. Con estas declaraciones, que descartaban la escatologa medieval del infierno como un lugar lleno de fuego y poblado de almas ardiendo en un escenario de sufrimiento y desesperacin, tal y como aparece emblemticamente representado en la Divina Comedia de Dante, Juan Pablo II dio un giro significativo a la concepcin clsica del catolicismo sobre el infierno.

Aquella labor de ajuste teolgico y dogmtico del ms all no conectaba, sin embargo, con la sensibilidad de todos los miembros de la jerarqua catlica. Contradiciendo a su predecesor, en marzo de 2007, durante una misa oficiada en la parroquia romana de Santa Felicidad e Hijos, Mrtires, Benedicto XVI resucit el planteamiento amenazante del infierno al declarar solemnemente que en la actualidad muchas personas se han olvidado de que si no admiten la culpa y la promesa de no volver a pecar corren el riesgo de sufrir una condena eterna, el Infierno; un infierno, aadi, del que se habla poco en este tiempo y que existe y es eterno para quienes cierran su corazn al amor de Dios [3].

No cabe duda de que histricamente el destino de lesbianas, gays, bisexuales (LGTB) y transexuales ha sido amargo: enviadas a la prisin como delincuentes, al psiquitrico como enfermos mentales o al infierno como pecadores. No obstante, con el tiempo, esta situacin ha ido cambiando. Hoy en da, en muchos pases del mundo las personas LGTB ya no van a la prisin ni al psiquitrico, aunque todava no han conseguido liberarse de las llamas del infierno. Lo hemos vuelto a ver y a escuchar recientemente. En su homila del pasado Viernes Santo, retransmitida en directo por la televisin pblica, el obispo de Alcal de Henares, Juan Antonio Reig Pla, quiso dirigirse a todas aquellas personas que hoy, llevadas por tantas ideologas, acaban por no orientar bien lo que es la sexualidad humana, piensan ya desde nios que tienen atraccin hacia las parejas del mismo sexo, y a veces para comprobarlo se corrompen y se prostituyen. O van a clubs de hombres, para decirles, de manera tajante, cruel e inmisericorde, que seguro que encuentran el infierno.

Sin duda, Benedicto XVI y Reig Pla estn alienados en la misma direccin teolgica conservadora, reaccionaria e insolidaria que resucita la doctrina del infierno religioso como castigo y amenaza, una de las ideas ms temibles y hbilmente administradas que durante siglos sirvi para aterrorizar a la humanidad, creando innumerables pesadillas y perturbaciones. Por si fuera poco, las declaraciones del obispo Reig no se limitan al lenguaje de la amenaza, sino que adems vinculan de manera inaceptable y torticera la homosexualidad con la prostitucin, adems de relacionarla con determinadas ideologas que desorientan y corrompen a las personas.

Me temo, seor Reig Pla, que afortunadamente usted y yo no compartimos la misma idea y visin del infierno. Djeme decirle a usted, y todos los que piensan como usted, que el infierno de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales no es un infierno de azufre y llamaradas de fuego, como al que usted enva y condena a las personas LGTB por su condicin sexual y afectiva. Desgraciadamente, el infierno de muchos gays, lesbianas, bisexuales y transexuales consiste, entre otras situaciones que podran recordarse, en la persecucin diaria que sufren alrededor del mundo; en la marginacin, los encarcelamientos, las torturas y los asesinatos extrajudiciales cometidos contra ellos; en el olvido flagrante de sus derechos humanos; consiste en la complicidad y el silencio de quienes callan o miran para otro lado; en los chistes populares e insultos que degradan y humillan; en el acoso escolar que tantos jvenes LGTB sufren cotidianamente en nuestras escuelas e institutos; en la hipocresa de la Iglesia catlica, una institucin autntica y estrictamente homosexual [4] que impide el sacerdocio a mujeres y homosexuales en activo, como ustedes dicen, pero que no tiene reparos, entre otras tropelas conocidas, en encubrir y dar cobijo a autnticos depredadores y abusadores sexuales que en ocasiones se esconden tras las sotanas.

Yo no s, seor Reig Pla, si usted es homosexual o no, o si alguna vez se ha visto arrojado a alguno de los infiernos cotidianos y reales que he sealado. Tal vez le convendra descender del altar y pasar una temporada en alguno de ellos. Estos infiernos aluden una realidad social y a una forma de violencia muy especfica, aunque para referirse a ella haya distintos nombres: homofobia [5], lgtbfobia, armario, discriminacin, patriarcado heterosexista, heteronormatividad, entre otros. Le suenan de algo? La Iglesia catlica es una de las principales instituciones internacionales generadoras de homofobia y, por tanto, corresponsable de la persistencia de la misma. Le animo, seor Reig Pla, a que se aleje de ese infierno amenazante y castigador del que usted tanto sabe y luche, como tantos cristianos y cristianas de buena fe, por acabar con el infierno de la homofobia, la discriminacin social y el machismo que usted y la institucin a la que usted pertenece reproducen y promueven con total impunidad. Me temo que es como pedir peras al olmo. Al menos demuestre tener un mnimo de sensibilidad y atrvase a pedir perdn de forma pblica (quiz en televisin?). Probablemente tambin sea pedir mucho. En cualquier caso, y sea como sea, espero y deseo ardientemente no encontrarlo nunca en el infierno.


Notas

[1] La Biblia describe el sheol como un lugar de tinieblas, un abismo, foso o morada subterrnea donde los espritus malvados reciben su castigo.

[2] Juan Pablo II, El infierno como rechazo definitivo de Dios, audiencia del mircoles 28 de julio de 1999, disponible en:

[consultado el 11 de abril de 2012].

[3] Homila de Benedicto XVI del 25 de marzo de 2007 en su visita pastoral a la parroquia de Santa Felicidad e Hijos, Mrtires, disponible en:

[consultado el 11 de abril de 2012].

[4] Homosexual, etimolgicamente, significa del mismo sexo. La Iglesia es una institucin en la que la estructura jerrquica y las funciones litrgicas estn reservadas y controladas exclusivamente por varones sacerdotes o futuros sacerdotes que pasan juntos buena parte de su tiempo y formacin, compartiendo una disciplina y un particular estilo de vida (celibato, abstinencia sexual, etc.) que crea un ambiente propicio para que personas del mismo sexo se conozcan y entren en contacto.

[5] Por homofobia entiendo un fenmeno social y cultural que consiste en un conjunto persistente de actitudes y sentimientos irracionales de rechazo, miedo psicolgico y social, hostilidad, vergenza, intolerancia, odio y desprecio, entre otras percepciones negativas, de las personas homosexuales por el mero hecho de serlo. La homofobia, al igual que el racismo, el machismo o el clasismo social, se expresa a travs de discursos, prcticas y relaciones sociales de opresin y dominacin de unos grupos sobre otros. Estas relaciones, que pueden ir desde la violencia fsica hasta la violencia simblica humillacin verbal, discriminacin legal o ausencia de reconocimiento social, entre otras formas, limitan la capacidad de las personas afectadas para desarrollar y expresar en contextos pblicos determinados sentimientos, experiencias y pensamientos, habilidad necesaria para un autodesarrollo psicosocial satisfactorio. Su objetivo ltimo, por tanto, es inferiorizar, anular socialmente y destrozar psicolgica e incluso fsicamente a quienes las sufren. Vase Aguil, A. J., (2009), Pensamiento abismal, diferenciacin sexual desigual y homofobia eclesial, Nmadas. Revista crtica de ciencias sociales y jurdicas, n 23, pgs. 5-26.


Antoni Jess Aguil es investigador del Ncleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadana y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Combra (Portugal).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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