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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2012

Contra la deriva moralista de la poltica

Luis Roca Jusmet
Rebelin


Jacques Rancire ya nos avisa de que este es uno de los principales problemas de la democracia. Si la democracia es la igualdad poltica, el derecho de cualquiera a participar en la vida pblica hemos de mantener la autonoma de esta esfera. Yo vengo insistiendo en mantener la autonoma de la tica, la moral y la poltica. La tica es el proyecto singular de cada persona, lo que vamos construyendo da a da a partir de las decisiones cotidianas. La moral son las normas que nos obligan respecto al otro y la poltica es la participacin en la vida pblica.

El problema de los polticos profesionales no debe plantearse en trminos morales o ticos sino en trminos polticos. La profesionalizacin de la poltica es una medida antidemocrtica. Como ya vio hace dcadas Cornelius Castoriadis se crea as un poder burocrtico jerrquico con una lgica y unos intereses propios. Lo que se trata entonces es de que sean ciudadanos los que se dediquen a la poltica en un tiempo limitado, con un sueldo digno pero sin privilegios aadidos. Esta es una medida posible y necesaria. La misma palabra corrupcin me desagrada por sus connotaciones moralistas. Evidentemente la poltica implica una decisin tica y un compromiso moral pero es en la propia esfera de la poltica donde se deben tomar las medidas para que no tengamos que fiarnos de la buena voluntad del que se dedica a la poltica. La transparencia y el control ciudadano son las nicas garantas, que deben ser bsicamente polticas y no ticas o morales.

Hay un filsofo alemn contemporneo, una de las grandes figuras dentro de la filosofa prctica actual, que se llama Alex Honneth. Es uno de los tericos de esta transformacin de la poltica en moral. Es un hombre inteligente que dice cosas interesantes, pero se equivoca en su tesis fundamental, que es el paso de la lucha poltica a la lucha moral. La argumentacin que da Honneth es que los proyectos polticos que luchan por la justicia social han fracasado ( l se refiere bsicamente a la socialdemocracia) y esto lleva a que la lucha por la justicia moral se plantee hoy como una lucha por la dignidad. Pasamos, nos dice, a la lucha por la redistribucin a la lucha por la recognicin. Es decir, pasamos de la lucha por una redistribucin de bienes ms justa a la lucha por el reconocimiento de la dignidad del otro. El reconocimiento es, para Honneth, un concepto profundo que incluye otros como el del respeto y el de tolerancia. Reconocimiento significa luchar contra cualquier forma de violencia, de exclusin o de rechazo del otro. Es a partir del reconocimiento del otro, dice, como podemos establecer unos principios normativos que sean justos para la sociedad. Consecuencia del reconocimiento seran la igualdad jurdica y la igualdad de oportunidades, que tendran como consecuencia una redistribucin ms justa de los bienes. Honneth defiende que tanto el movimiento obrero, como el de las mujer o el de las razas discriminadas han luchado por su dignidad, por su reconocimiento y no por sus intereses particulares.

Me parece que Honneth tiene razn en varias cosas. La primera es que sintetiza muy bien lo que debe ser una moral universal: el principio de reconocimiento ( o respeto como dira otro gran filsofo alemn, Ernst Tugendath, el respeto). Este principio moral debe ser universal y estar por encima de las opciones particulares, a nivel de creencias y valores. Tambin tiene razn cuando habla de que las luchas fundamentales por la dignidad son luchas por la dignidad y el reconocimiento, no por intereses corporativos.

En que se equivoca ? Se equivoca en que estas luchas por la dignidad son luchas polticas por la igualdad y no luchas morales. Se exige acceder a una situacin de igualdad con el Otro que te discrimina : esto es poltico. No es una demanda moral hacia el Otro sino una exigencia poltica basada en la lucha. Esto no quiere decir que sus efectos deban ser tambin morales y que los otros deban cambiar de actitud. Pero la lucha como tal es poltica y sus efectos son polticos. Esta es la gran leccin de Jacques Rancire sobre la poltica y la democracia : es la lucha por la igualdad. Tambin se equivoca Honneth cuando dice que el reconocimiento moral del otro conduce a la igualdad jurdica y la igualdad de oportunidades y que todo ello provocar una redistribucin material ms justa. La igualdad jurdica es una consecuencia de esta lucha poltica, no moral, a la que me refera. La igualdad de oportunidades es resultado de otro proceso, mucho ms complejo, que pasa por las estructuras socioeconmicas. Que tambin tiene que ver con la poltica y no con la moral. Incluso podemos afirmar que la distribucin justa de los bienes materiales no pasa solo por lo anterior sino por una garanta de los servicios bsicos para todo el mundo, al margen de sus mritos. Esto nos lleva a los derechos humanos. Hay un pequeo pero gran libro recientemente publicado, el "Manifiesto de los Derechos Humanos", de Julie Wark, que nos ilustra muy bien como el valor emancipador de esta declaracin se basa en su lectura poltica y no moral. Demos por tanto a la poltica su papel, ms necesario que nunca. Los proyectos emancipadores pueden haber fallado pero hay que reconstruirlos en su dimensin colectiva y poltica. No hay otro camino. Ni siquiera el de la moral.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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