Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2012

Ocasos y paradigmas

Camilo de los Milagros
Rebelin


Pensadores europeos durante siglos se han asombrado que la cosmovisin de la antigua civilizacin griega, no obstante su profunda comprensin abstracta de los fenmenos del mundo, no hubiera desarrollado a niveles concretos de manera considerable la tcnica, la ciencia y la industria. Se sabe que fueron hbiles navegantes y sin embargo nunca traspasaron ni colonizaron ms all del estrecho de Gibraltar dnde su mitologa supona que estaban las columnas de Hrcules y el fin del mundo. Aquello confin su cultura al reducido entorno del mediterrneo. Aunque los griegos conocan los sellos, jams desarrollaron la imprenta a pesar que para ello no faltaba ms que un paso; su tradicin no logr masificar el saber ms all de la oralidad y los pergaminos manuscritos.

Hechos similares aterran a los antroplogos que estudian las civilizaciones mesoamericanas. Los mayas, un poderoso imperio capaz de calcular hace siglos eclipses que apenas hoy estn sucediendo con una precisin deslumbradora, sucumbieron entre la selva sin poder dominar factores tan esenciales como la relacin con su entorno natural y los cambios climticos. Aun cuando los aztecas conocan la rueda y la utilizaban para fabricar bonitos juguetes a sus nios, jams elaboraron carros ni se sirvieron de ruedas para el trasporte: esas imponentes civilizaciones de piedra, para las que fue necesario movilizar millones de toneladas de roca a travs de kilmetros de selva, se labraron a lomo de humano pues el trabajo, la vida y el sufrimiento eran valores sagrados, ofrecidos a los dioses como sacrifico para el mantenimiento del mundo. Los espaoles creyeron que aquellos a quienes llamaban salvajes, al sacrificar sus semejantes eran canbales adoradores del demonio: nunca entendieron que para los indios la sangre humana era la esencia vital del universo.

Ni griegos ni mesoamericanos tenan en los casos mencionados obstculos materiales para revolucionar su mundo. Al contrario, posean tcnica y haban desarrollado el conocimiento hasta niveles que hubieran podido aprovecharse de otra manera. Por qu no lo hicieron? Esta pregunta, que impresiona a los antroplogos, apunta hacia una cuestin epistemolgica fascinante: el paradigma de su poca no les permiti ir ms lejos de dnde llegaban sus creencias e ideas.

En 1491 en Europa existan todos los medios necesarios para atravesar el ocano y llegar a Amrica. De hecho, los vikingos lo haban logrado frecuentemente siglos antes con mayores precariedades. Por qu el nuevo mundo segua aislado y desconocido en Europa? Porque el paradigma cristiano medieval sostena, a fuerza de hogueras e inquisidores, que la tierra era plana y que acababa, como en el mundo griego, poco ms all de Gibraltar. La gran apertura que signific el tropiezo de Coln con las indias implic un cambio anterior: la negacin del paradigma, la locura de un almirante italiano convencido que la tierra era redonda y no plana como decan los curas. Y fue el hombre ms loco de su tiempo y a la vez el ms visionario. Lo que impeda llegar a Amrica en 1491 no era el insondable ocano sino una concepcin tremendamente equivocada del mundo y la realidad. Una vez las ideas revolucionarias logran ponerse en prctica, una vez demuestran su efectividad frente al paradigma envejecido e intil, es cuestin de tiempo el colapso del modelo anterior. Es como si la humanidad de repente percibiera un nuevo mundo que ya estaba hecho a su alcance, esperando a ser acunado en sus brazos.

La historia de la ciencia e igualmente el desarrollo del conocimiento es errtico y digresivo, rebosa de ejemplos como estos. Fueron necesarios siglos para que los descubrimientos de griegos y rabes se integraran por fin al saber occidental. Cuntos muertos en la hoguera para entender que el sol no gira alrededor de la tierra a pesar de las torpes evidencias. Cuntas barbaries y genocidios para saber que no existen las razas porque en esencia somos ms parecidos unos a otros de lo que muestran los colores, costumbres y facciones.

El ocaso de una civilizacin va precedido por la decadencia de sus valores, su cultura, sus ideas. Es el paradigma que se viene abajo, el modelo de pensar de un mundo que ya no sirve. No siempre las ideas cambian. Es entonces cuando nos aterramos, por ejemplo, que los griegos no pasaran de Gibraltar o qu los aztecas no usaran la rueda a pesar de conocerla. Pero cuando la mente de hombres y mujeres se desata, nada puede detener el cambio porque la principal cadena que aprisiona a la humanidad no est afuera, est adentro, en su cabeza.

Hay tanta comida en el mundo como para alimentar varias veces la poblacin mundial. Nunca una sociedad haba producido tanto, nunca haba dominado la medicina pudiendo garantizar una vida saludable a la gente, nunca haban existido tantos medios de llevar a todos la ciencia, el conocimiento, la educacin, la participacin en la vida pblica. Nunca como ahora.

Por qu entonces imperan discursos que justifican la desigualdad, que a toda costa defienden supremacas y arrogancias imperiales, que enarbolan la violencia, el egosmo, el individualismo, el machismo, las supuestas diferencias tnicas, religiosas y raciales? Por qu se sacraliza la ignorancia, el consumo innecesario y derrochador, la superficialidad y el fetichismo? Por qu es posible y normal que un millonario norteamericano posea l slo ms riqueza que todo un pas como Bolivia o Hait, pero resulta descabellado pensar en un piso, un trabajo, un plato y una vida digna para los habitantes de frica o Amrica Latina?

El paradigma actual dice que el mundo no podra sobrevivir un da sin los bancos, sin las guerras y sin el petrleo. Dice que para ser felices debemos renunciar a muchas cosas, incluida la felicidad. Dice, siguiendo el sentido ms comn de los comunes, que las armas y la violencia sistemtica de las grandes potencias protegen la seguridad y por aadidura garantizan la paz. Este paradigma se resume en la frmula: esclavzate, consume y cllate. En cualquier circunstancia, siempre sers culpable de tu fracaso.

Uno de los grandes conflictos de nuestra poca est en el plano de las ideas. Pero esa es una coyuntura comn a todos los tiempos. Por eso los Estados se ensaan ms en extirpar modelos alternativos de vida y de sociedad que en perseguir la delincuencia y el crimen organizado. Antisistema es un calificativo tenebroso y malvado para los grandes medios de comunicacin. La inquina con que la polica aporrea manifestantes pacficos en Espaa o Grecia no es comprensible bajo la lgica invocada de preservar el orden pblico. El sadismo que el gobierno colombiano empea en torturar y asesinar a los miembros de comunidades indgenas, negras y campesinas que no aceptan las lgicas del capitalismo no es explicable bajo la simple etiqueta antisubversiva.  La guerra contra el terror emprendida por EE.UU. es en realidad la masificacin e internacionalizacin del terror imperial contra los pueblos. Un paradigma que se impone a garrotazos intenta por todos los medios ocultar, silenciar las ideas que emergen y muestran una nueva organizacin del mundo, ya que las otras no permiten llevar hoy, en pleno siglo XXI, el bienestar ms abajo de Gibraltar o del Ro Bravo. La biblia neoliberal difunde un credo irracional y devastador: el crecimiento econmico infinito, la supremaca de los ms aptos y exitosos, la libertad de los mercados y la esclavitud de los trabajadores, la depredacin planificada de los recursos naturales y pblicos, el consumo convertido en un cncer imparable. El futuro se asombrar de nuestra poca que consigui llevar el hombre a la Luna pero no llevar comida y paz a toda la tierra. Quiz los antroplogos se pregunten cmo, estos necios humanos del siglo XXI habiendo descubierto curas contra la malaria, la fiebre negra o el clera, no las usaran para prevenir la muerte de millones de personas en el tercer mundo. Los historiadores maldecirn una poca dnde excedentes descomunales de comida acababan en los basureros en las metrpolis del planeta mientras naciones completas sufran hambrunas devastadoras.

El ocaso de la civilizacin capitalista reclama la desintegracin de su paradigma ideolgico. Hace varios siglos, herederos de la ilustracin, los polticos que se sentaban al lado izquierdo del parlamento francs se definieron defensores de la igualdad y la libertad. Marcaban los lmites de una puja que no ha terminado. Estas son nuestras verdades, palpitando al mismo lado que late el corazn, descabelladas y utpicas, precisamente por eso posibles, alcanzables, necesarias: todos y todas tenemos que ser iguales, debemos ser libres, podemos vivir como hermanos en amistad con la naturaleza.

No son ni un fin teleolgico de la historia humana, ni una materializacin del paraso sobre la tierra, ni un final apotesico para la marcha inexorable del progreso. Son ms bien un reto al que no podemos renunciar. Una aventura que nuestra generacin debe asumir: el desafo de demostrar que otro mundo es posible.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter