Túnez: Niños de la calle, jóvenes delincuentes
Son jóvenes, en ocasiones demasiado jóvenes. Deambulan por las calles
mal vestidos, en ocasiones descalzos y sin un hogar al que regresar.
Algunos venden pañuelos de papel o paquetes de chicles en las
estaciones de tren o de autobús, otros simplemente piden limosna o algo
que comer.
Son los niños de la calle. Un problema social que va creciendo y que
comienza a preocupar seriamente a las autoridades tunecinas. Incluso la
prensa local comienza a hacerse eco, algo insólito en un tipo de
periodismo que únicamente se caracteriza por lanzar loas y magnificar
los logros del presidente de Túnez, Zine El Abidine Ben Alí.
La voz de alarma la ha dado la moderada y progubernamental sección
tunecina de UNICEF. Según el informe “La situación de los niños en
Túnez. Análisis y recomendaciones”, elaborado en 2004, la falta de
apoyo y las dificultades sociales y económicas, están haciendo que
muchas familias se despreocupen de sus hijos, siendo ésta la primera de
las causas de riesgo de lo que el informe denomina “niños en peligro”.
Estas situaciones son más frecuentes en zonas urbanas y suburbanas.
Muchos de estos menores constituyen el caldo de cultivo de la
delincuencia y la marginación social. En la mayoría de los casos, el
joven delincuente deriva de familias necesitadas o desestructuradas.
Son hijos de progenitores con antecedentes penales, o criados en
ausencia del padre o la madre, o inmersos en problemas de violencia
doméstica. Los adolescentes delincuentes mayoritariamente tienen entre
14 y 18 años.
Los menores de 18 años constituyen el 40% de una población de casi 10
millones de habitantes. En Túnez no existen cifras oficiales sobre el
número de niños o jóvenes que pueden hallarse en situación de riesgo,
pero en 1999 los servicios de seguridad nacional trataron a unos 1.500
adolescentes en situación de “desviación o predelincuencia”.
Aproximadamente el 70% de estos adolescentes estaban escolarizados y
seguían normalmente las clases, pero se entregaban al robo durante las
vacaciones escolares. El otro perfil del “predelincuente”, que
concierne al resto de los casos, era el de un adolescente nacido en el
seno de una familia numerosa, con una débil renta económica, y menor de
14 años.
En 2001, el número de casos que trataron los tribunales correccionales
(denuncias de poca gravedad) se elevó a 10.643, lo que representaba el
4% del total de los juicios contra menores. Por el contrario, cerca del
80% de los asuntos que implicaban a niños se referían a atentados
contra personas y contra la propiedad. Para los asuntos criminales, el
porcentaje de juicios en los que estaban inmersos menores supusieron el
13%.
La evolución entre 1999 y 2001 de los asuntos criminales que implican a
niños testimonia un aumento inquietante del 30%. Este aumento,
combinado con la disminución de los casos seguidos en tribunales
correccionales, muestra el agravamiento de las infracciones de la ley
cometidas por jóvenes.
Tan inquietante como este dato es el elevado índice de reincidencia en
el delito: en 2001 era del 22,5%, lo que atestigua las ineficaces
medidas adoptadas para reinsertar socialmente a niños y jóvenes.
Según la ley en Túnez la edad mínima de responsabilidad penal son 13
años. El Código de Protección del Niño mejora los contenidos con
respecto al código penal, debiendo favorecer la dignidad del menor y
tomando en consideración su edad y la necesidad de facilitar su
reinserción social. Sin embargo, los datos estudiados ponen en duda que
las políticas seguidas ayuden siquiera a reducir el círculo de
marginación social que empuja a los menores hacia la delincuencia.