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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2012

La necesidad de un enfoque anti adultocntrico en la construccin de una democracia participativa

Alberto Quinez
Rebelin


Entre las principales premisas a las que nos enfrentamos al momento de concebir, como ideologa o como real idad , la poltica, es el hecho de que sta aparece como una construccin del mundo adulto. Son los seres humanos adultos tradicionalmente considerados como plenamente desarrollados en el plano fsico, emocional y social-, los que definen las reglas, mecanismos, acceso s e inaccesos, sujetos y modos que se ven implicados en los procesos polticos.

No obstante, lo poltico es todo lo que incluye relaciones de poder, es decir, relaciones de dominacin y/o subordinacin. No se reduce a los procesos que tienen que ver con el control y uso del aparato del Estado, sino a todos los procesos en los que los seres humanos, hombres y mujeres, ven implicados sus intereses, sus necesidades o sus derechos, en el contexto de relaciones desiguales de poder. Con todo, es en la lucha por el control legtimo del aparato de Estado , espacio donde tradicionalmente se dilucidan muchos de los procesos polticos fundamentales de la sociedad.

Es en ese sentido que consideramos de vital importancia aproximarnos, aunque sea de forma exploratoria, ms con preguntas que con respuestas definitivas, a la forma en que debera la niez y la juventud insertarse en la democratizacin de la democracia, en el repensar y rehacer una democracia que ha sido capturada por los grandes conglomerados econmicos y financieros a nivel mundial [1] . Creemos que este enfoque de niez y juventud es tiene una relevancia vital en la construccin de un nuevo poder que trastoque el carcter excluyente del estado democrtico burgu s . Nuestro intento parte de constatar cmo el capitalismo, con la pala nca del sistema andro y adultoc ntrico, crece en los lmites de la acumulacin, concentracin y centralizacin de la riqueza a partir de la desproteccin, explotacin, expoliacin, marginacin y denigracin de contingentes cada vez mayores de nios, nias , adolescentes y jvenes y con toda la connivencia de los aparatos estatales de los distintos pases.

La democracia representati va, que se vuelve excluyente a partir de la burocratizacin de un sector importante de la poblacin , supone que nias, nios, adolescentes y jvenes , son agentes pasivos en la conduccin de la sociedad. Por ser agentes pasivos, sin posibilidad de participacin, son seres dominados , virtualmente excluidos. Tal burocratizacin no slo es una inercia del sistema poltico democrtico-representativo, sino que tambin est signado por la necesidad de concentracin del poder poltico en la ola de globalizaci n neoliberal, fenmeno que se explica por la creciente centralizacin del poder econmico.

La exclusin de la niez tiene dos elementos constitutivos: la marginalizacin, es decir, la construccin de estructuras para reproducir el mundo andro y adulto cntrico ; y la subyugacin, que implica la existencia de mecanismos sui generis a la dominacin y explotacin de la niez en tanto grupo socialmente vulnerable. Resulta claro que la exclusin no se reduce a la esfera de la participaci n en el espacio institucional del poder poltico ; la base econmica misma, teln de fondo de toda construccin social, recrea las condiciones objetivas para que la exclusi n se generalice a nivel de toda la sociedad.

En el tema de l a democracia participativa , construir un proyecto poltico anti adultocntrico implica: a) el reconoci miento de las nias, los nios y las y los jvenes como sujetos histricos; b) el reconocimiento de la s nias, los nios y las y los jvenes como sujetos polticos; c) el reconocimiento de la niez y de la juventud como grupo histricamente excluido; d) el reconocimiento de una heterogeneidad sistmica en el mundo no adulto, especialmente en las juventudes; y, por ltimo, e) la aplicacin de los tratados internacionales y de la legislacin nacional en materia de niez como marco regulatorio fundamental y prioritario en la agenda pblica. Expliquemos estos puntos.

En primer lugar, hay que partir de la niez y las juventudes como grupos conformados por sujetos concretos. Como seala Hinkelammert, la diferencia entre sujeto e individuo, radica en que el individuo est considera do en su situacin histrica, especfica , de cara a su desenvolvimiento ulterior como individuo virtualmente aislado, vinculado a una colectividad slo de forma espuria , contingente . El sujeto por su parte, se reconoce como individuo en una colectividad inmersa en la historia, un individuo que reconoce su realizacin en base a las relaciones que se establecen y se van complementando, entre su especif icidad y la generalidad humana [2] .

A partir de esta aclaracin se comprendern mejor los puntos (a) y (b) arriba sealados. Reconocer a la niez y a las juventudes como sujetos histricos significa retomarlos en su dimensin social especfica, son sus potencialidades y sus limitaciones, con problemticas y fortalezas en la bsqueda de su participacin en la vida social. Por otro lado, reconocerlos como sujetos polticos, significa asumir como principio fundante de una nueva democracia, el poder reivindicativo, profundamente revolucionario, de la niez y de las juventudes, en tanto constructores de una realidad en la que poco a poco van haciendo efectivo todo su poder creador.

En tanto sujetos histricos y polticos hay, pues que darles voz e incidencia. El vocablo infancia tiene races latinas: in no-, fari hablar, expresar -, infante: el q ue no habla, el que no se expresa , por tanto, el que no participa [3] . Si no participa, no es sujeto, es actor: est supeditado. Si est supeditado es disminuido. Es la disminucin de la dignidad humana misma. La niez, la adolescencia y las juventudes deben recobrar la voz o las voces- que el mundo occidental les ha robado.

Con respecto al tercer punto es necesario reconocer a la niez y a las juventudes, con sus especificidades correspondientes, como grupos cuyos derechos han sido histricamente negados y vulnerados. Y esto p asa no slo por la vulneracin stricto sensu, sino tambin por la ausencia de una promocin y restitucin efectiva, por un inacceso sistemtico a la justicia y por el carcter sistmico y estructural de la vulneracin.

Este reconocimiento lleva implcita la construccin de instrumentos legales y polticos de carcter especial, instrumentos que permitan revertir la precaria situacin de los derechos de la niez y de las juventudes. Y no slo revertirla, sino evitar que la tendencia inercial de la economa capitalista, del mundo patriarcal y adultocntrico, convierta a la niez y a las juventudes en sus vctimas propiciatorias.

En cuarto lugar, mencionamos el reconocimien to de la heterogeneidad sistm ica . Lo mencionamos ms a propsito de las juventudes, lo que se explica por el ejercicio progresivo de las facultades. Sin embargo, la construccin y consolidacin de una identidad no es privativo de la las juventudes o de la adolescencia, sino que debera trascender tambin a la niez.

Pero sucede que actualmente la identidad va construyndose a partir de una negacin sistemtica del sujeto, tendencia que slo puede empezar a cuestionarse y superarse con las primeras posibilidades de emancipacin individual y social. Un claro ejemplo es la identidad de gnero, an enraizada casi de forma umbilical con la identidad sexual y el ejercicio de las capacidades reproductivas.

Pero tomando incluso la forma en que esta heterogeneidad se presenta actualmente, las juventudes, dadas las diferencias y contradicciones que las caracterizan, difcilmente pueden ser empaquetadas en un molde, en un solo prototipo o en varios moldes y prototipos. No puede elaborarse una ley, una poltica, un programa, sin incluir de forma participativa y vinculante a esas juventudes que el mundo adulto mismo apenas conoce en su superficie. Lograr esa participacin y que sta sea funcional a la formulacin y ejecucin de polticas pblicas realmente incluyentes y liberadoras, pasa por reconocer que las juventudes se integran al devenir social como una diversidad cuyas necesidades y posibilidades son tambin diversas.

Por ltimo, un Estado realmente democrtico, debe garantizar el cumplimiento del marco jurdico que vela por los derechos humanos de la niez, la adolescencia y las juventudes. Actualmente, estos instrumentos legales, por tanto, enteramente vinculantes con las acciones del sector pblico, son relegados en la conduccin del aparato estatal. Por ejemplo, a pesar de la ratificacin en 1981 de la Convencin para la Erradicacin de todas las Formas de Discriminacin contra la Mujer (CEDAW), no es sino hasta 2011 cuando entra en vigencia la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicacin de la Discriminacin contra las Mujeres (LIE); a pesar de la ratificacin en 1991 de la Convencin Sobre los Derechos del Nio (CDN), no es sino hasta 2009 cuando se aprueba la Ley de Proteccin Integral de la Niez y la Adolescencia (LEPINA) ; y la Convencin Iberoamericana de los Derechos de la Juventud (CIDJ) no ha sido ni siquiera ratificada por el Estado salvadoreo.

Claro que el enfoque tradicional de los derechos humanos tampoco puede ni debe ser absolutizado, precisamente porque carece de un enfoque poltico que permita evidenciar las races de la exclusin y las relaciones de poder que sostienen y reproducen esas estructuras excluyentes. Al enfoque de derechos hay que aadir necesariamente un enfoque crtico de economa poltica que logre vincular la reivindicacin de los derechos humanos con la lucha antisistmica.

Hay algo que no queremos dejar de mencionar y que deliberadamente es nuestra reflexin casi final. Es la importancia que la educacin y la formacin tienen en la construccin de una nueva democracia. No basta ciertamente con re conocer, hay que empoderar a la niez y a las juventudes y ese empoderamiento requiere de poder acceder al conocimiento cientfico de la realidad social y, de ah, partir hacia su transformacin. Esta educacin debe, as mismo, remontar el esquema de la educacin bancaria, la consideracin de las y los estudiantes como agentes pasivos y receptores netos de conocimiento; debe pasar a una educacin liberad ora, horizontal, participativa; una educacin que pon ga en tela de juicio el edificio del pensamiento nico , el paradigma del fin de la historia y la eliminacin del sujeto.

En nuestro pas, no es sino hasta hace muy poco que la temtica relativa a la niez y a las juventudes comienza a ser investigada y, poco a poco, aunque de forma bien escasa todava, incorporada en las polticas pblicas. Tambin la reconstruccin de la democracia se nos viene como algo bastante reciente y como un tema que no ha logrado permear en la conciencia colectiva. Paso a paso ambos temas se irn abriendo camino. An queda mucho qu decir sobre las relaciones y mecanismos que subyacen a estos dos fenmenos. Y hay que decirlo. Creemos que de aqu puede partir el debate.

Alberto Quinez forma parte de la sociacin de Estudiantes de Economa de la Universidad de El Salvador /Juventud Tendencia Revolucionaria


[1] Hinkelammert seala: La democracia surgida para el control de las burocracias sin responsabilidad, ha sido conquistada por las burocracias privadas sin ninguna responsabilidad. Hinkelammert, Franz. Hacia una crtica de la razn mtica . Drada. 2008. Pg. 137.

[2] Hinkelammert, Franz. Ibd. Pgs. 39 40.

[3] Stavchansky Slomianski, Liora. La infancia: una con-di(c)cin histrica . Sin fecha. Pg. 5.



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