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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2012

Asustarnos de nosotros mismos

Jorge Riechmann
Tratar de comprender, tratar de ayudar


En un texto de explicacin biogrfica, Mauricio Rojas exiliado con 24 aos del Chile de Pinochet, para salvar la vida responde a la pregunta sobre su abandono del marxismo (y posterior conversin al liberalismo) con la siguiente respuesta breve, que despus explica por extenso: me asust de m mismo [1].

Se asust de su propio mesianismo milenarista, que le proporcionaba crea una comprensin total de la historia y un rol sublime en una gesta pica de proporciones grandiosas. () Cmo no ser santo, misionero, mrtir o inquisidor de una causa tan bella por la cual, sin duda, vala la pena dar la vida propia y tambin la de muchos otros? (p. 30-31).

Ay, deberamos asustarnos de nosotros mismos en muchas ms ocasiones En cuanto marxistas, en cuanto liberales, en cuanto varones patriarcales, en cuanto cristianos de Occidente, en cuanto europeos progresistas, en cuanto espaoles del posfranquismo, en cuanto madrileos gobernados por Esperanza Aguirre, en cuanto Homo sapiens destructores de la biosfera Nos asustamos demasiado poco. Asustarse de ser marxista es un buen comienzo, pero se queda corto.

(Y en cuanto al propio Mauricio Rojas, asusta bastante ver cmo se refiere al golpe de estado militar de 1973, que destruy la democracia y la legalidad chilena y a l mismo pudo haberle costado la vida, como una lucha fratricida que terminara desquiciando a su pueblo y destruyendo su antigua democracia [2]. Desde este punto de vista, todos los asesinatos deberamos redefinirlos como suicidios autoagresiones letales por parte de la vctima)

Quienes a los veinte aos han sido marxistas autoritarios y mesinicos, y luego se caen del burro, tienen un problema. Pero por qu nos lo trasladan a los dems en forma de anticomunismo primario?

La casi irresistible tentacin de universalizar las propias angustias, fobias, aficiones y manas A partir de mi subjetividad arlequinesca deduzco la condicin humana. Ay, hermano: tratemos de desocupar un poco esa preciosa alcoba del ego

Luigi Nono poda metaforizar en su Prometeo la construccin del Hombre Nuevo en el crisol alqumico de la revolucin comunista. El marxismo ya desde el propio Marx tuvo siempre un alma romntica un poco desbordada, o ms que un poco, es cierto. Claro que no se trata de su nica alma Brecht, ms cachazudo pero no menos marxista que Nono, podra sonrer: el hombre nuevo no es ms que el hombre viejo en situaciones nuevas.

En 1979, Manuel Sacristn reclamaba un cambio poltico-cultural importante para la izquierda comunista: abandonar la escatologa. La principal conversin que los condicionamientos ecolgicos proponen al pensamiento revolucionario consiste en abandonar la espera del Juicio Final, el utopismo, la escatologa, deshacerse de milenarismo. Milenarismo es creerse que la Revolucin Social es la plenitud de los tiempos, un evento a partir del cual quedarn resueltas todas las tensiones entre las personas y entre stas y la naturaleza (). La actitud escatolgica se encuentra en todas las corrientes de la izquierda revolucionaria () [y] se basa en la comprensin de la dialctica real como proceso en el que se terminan todas las tensiones o contradicciones. Lo que hemos aprendido sobre el planeta Tierra confirma la necesidad (que siempre existi) de evitar esa visin quilistica de un futuro paraso armonioso.[3]

Se presenta as una tarea compleja a los movimientos sociales que luchan por la supervivencia y la emancipacin: Por el modo como hemos aprendido finalmente a mirar a la Tierra, sabemos que el agente no puede tener por tarea fundamental el liberar las fuerzas productivas de la sociedad supuestamente aherrojadas por el capitalismo (). Por otro lado, la tarea fundamental del agente revolucionario no puede consistir tampoco en coartar, sin ms complicaciones, las fuerzas productivas (). Esta complejidad de lo que tiene que hacer el sujeto revolucionario () conlleva un cambio de la imagen tradicional del agente. () A juzgar por la complicacin de la tarea fundamental descrita, la operacin del agente revolucionario tendr que describirse de un modo mucho menos fustico y ms inspirado en normas de conducta de tradicin arcaica. Tan arcaica, que se puede resumir en una de las sentencias de Delfos: De nada en demasa (). De modo que si esta reflexin no est completamente equivocada, deberemos proponernos la inversin de algunos valores de la tradicin revolucionaria moderna.[4]

Marx sin ismos , nos sugera Paco Fernndez Buey [5]; y adems, insistamos sobre ello, marxismos (en plural) sin mitos. El mito marxista resume Kenneth Rexroth sera una escatologa final: el fuego de la revolucin, el juicio de la dictadura del proletariado y el terror, la Segunda Venida, cuando la Edad de Oro del comunismo primitivo regrese para ser glorificada de modo inimaginable en un nuevo reino de amor fraternal y divinizacin del hombre[6]. Pero Manuel Sacristn entre otros nos ense, precisamente, un marxismo limpio de tentaciones escatolgicas. Nada de parusas milenaristas, sino un marxismo descredo de automatismos histricos, libre de teleologa revolucionaria, y muy cercano a esa concepcin trgica de la vida que el anarquista Rexroth considera veraz (y yo comparto esa consideracin).

 


Notas:

[1] Mauricio Rojas, El marxismo y las desventuras de la bondad extrema, Cuadernos de pensamiento poltico, FAES, Madrid, octubre-diciembre de 2009, p. 27.

[2] El marxismo y las desventuras de la bondad extrema, op. cit., p. 33.

[3] Sacristn, Comunicacin a las Jornadas de Ecologa y Poltica de 1979, ahora en Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, Icaria, Barcelona 1987, p. 9-10.

[4] Manuel Sacristn, Comunicacin a las jornadas de ecologa y poltica de 1979, p. 12-13.

[5] Francisco Fernndez Buey, Marx sin ismos, Libros del Viejo Topo, Barcelona 1998.

[6] Kenneth Rexroth, Recordando a los clsicos, FCE, Mxico 2001, p. 228.


 

Fuente: http://tratarde.org/asustarnos-de-nosotros-mismos/



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