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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2012

Mientras la derecha se une la izquierda se fragmenta

Marcelo Colussi
Rebelin


Es difcil precisar con exactitud qu significa hoy ser de izquierda. Despus de los terribles golpes sufridos con la cada del campo socialista hacia los 90 del siglo pasado, con la imposicin de las polticas neoliberales que hicieron retroceder enormemente muchas conquistas sociales, con el fin de la Guerra Fra, hoy por hoy es complicado entender exactamente qu es la izquierda. De todos modos, aunque hay una variacin enorme y pueden entrar ah planteos incluso antitticos, est claro que es lo que se enfrenta a las posiciones conservadoras que buscan mantener la regularidad del sistema. Lo que se opone a esto, es la izquierda (izquierda parlamentaria, movimientos armados, organizaciones campesinas, sindicatos combativos, partidos que vienen del estalinismo histrico, nuevos movimientos urbanos como los desocupados, estudiantes movilizados, intelectuales y artistas crticos, etc., etc. La lista es larga). Por el contrario, lo que defiende al sistema, es la derecha.

En ese amplio e impreciso campo de la derecha tambin puede entrar de todo, desde el actual pensamiento neoconservador de los grandes capitales globales al Opus Dei, de los medios de comunicacin comerciales a los empresariados nacionalistas del Tercer Mundo, etc., etc. Pero cuando le suenan seales de alarma, la derecha siempre y en cualquier parte del mundo cierra inmediatamente sus filas y acta como bloque monoltico. En definitiva, cuando vive un ataque est en juego su supervivencia como sector privilegiado; y eso, por lo que se ve, no admite dudas: o se une o la expropian, o depone diferencias y acta como bloque o desaparece. La experiencia nos ensea que siempre, a cara de perro, opta sin titubeos por la primera opcin.

Pero no sucede lo mismo en la izquierda. Por qu? La derecha tiene mucho que perder (sus privilegios de clase justamente), por eso sabe unirse. La izquierda, en tanto expresin de los sectores explotados y excluidos, no tiene nada que perder, ms que sus cadenas, para expresarlo con una frase pica.

Como se ha dicho con cierta malicia, pero no sin una cuota de verdad: si algo define a las izquierdas polticas es su mana de estar siempre dividindose, pelendose por minucias, fragmentndose. Ese es un mal presente siempre y en cualquier parte del mundo, al igual que en la derecha su intuicin de clase para unirse.

La cuestin es por qu?, pero ms importante an: qu hacer al respecto?

Sabido es que la izquierda poltica es siempre un sector bastante marginal en las sociedades; implica una toma de posicin que, si bien tiene algo, o mucho, de afectiva, es ante todo intelectual. Ser de izquierda significa ir contra la corriente. Para decirlo descriptivamente: es ms fcil no complicarse la vida y no pensar en forma contestataria, lo cual sirve, antes que nada, para meterse en problemas. Quien decide incorporar esas categoras de pensamiento en su vida da un salto racional nada desdeable: se tiene que desembarazar de todos los valores que el peso de la tradicin le confiere. Ello implica un profundo paso racional. Luego no siempre, pero s en muchas ocasiones puede venir un cambio sustantivo en la vida cotidiana, en la prctica concreta: un pensamiento de izquierda no implica necesariamente una actuacin revolucionaria; pero es ya un gran paso.

Dado ese paso, es muy probable que se abran nuevos horizontes conceptuales: al empezar a ver el mundo con nuevas categoras, al comenzar la crtica implacable de todo lo existente tal como reclamaba el fundador del marxismo se descubren cantidad de mentiras sociales coaguladas, normalizadas, aceptadas desde siempre como naturales. No hay dudas que un pensamiento de izquierda es progresista y no se escandaliza ante ningn cambio positivo; se supone que es abierto, tolerante, no racista, no sexista, no discriminatorio, no enfermizamente consumista.

Pero sigue estando en juego el tema del poder. No es ninguna novedad que dentro del campo de las izquierdas polticas (que no es lo mismo que las protestas de los pueblos: las movilizaciones espontneas, las reacciones ante injusticias, la pasin por no dejarse doblegar), los miembros que la componen viven muchas veces peleando entre s, discutiendo y fragmentndose. En las fuerzas de la derecha esto no sorprende, porque para nada hay ah un ideario de solidaridad, de igualdad. All, claramente, se trata de la supremaca del ms fuerte. En la izquierda no: el ideal es la equidad. Pero la experiencia ensea otra cosa: grupos pequeos, de cincuenta militantes quiz, con frecuencia se separan, se fragmentan. Las asambleas polticas, los intercambios tericos, los debates a veces pueden ser patticos, con discusiones interminables y bizantinas que no llevan a ningn lado, donde lo que est en juego es, en definitiva, ver quin es ms revolucionario, en tanto las transformaciones reales siguen esperando.

Cmo entenderlo? Luchas de poder? Tambin se da en la izquierda, por supuesto. Lo preocupante es la fragmentacin interminable que pareciera ser su cncer; en vez de unirse, vive dividindose. La consigna pareciera consistir en quin lo dice mejor, quin es ms de izquierda. Y en esa dinmica, en ese principismo se van no pocas energas que debilitan la lucha poltica.

Entendiendo que estas luchas de reconocimiento son humanas, o humanas tal como ha sido entendido esto hasta ahora en la historia de las sociedades basadas en la divisin de clases y patriarcales donde uno triunfa y otro pierde, entendiendo que, hoy por hoy, esa es una matriz dominante, tambin en los que pretenden un cambio estn presentes estas estructuras. Tambin en la izquierda estamos llenos eso, que no son precisamente vicios. Por qu no iba a ser as? No se es tambin machista o racista en la izquierda muchas veces? Cuando se discute por la pureza terica, realmente se discute por eso, o hay ms en juego? No hay figuraciones y pavoneos tambin ah?

Ante esta situacin, la cuestin bsica es ver si existe vacuna preventiva. Por qu vivimos pelendonos por pequeeces que terminan distrayndonos? Ms all de ser ridculo (ni ms ni menos que aquel que se pavonea con un automvil de lujo o con una joya), la cuestin es que todo ello nos paraliza como propuesta de cambio real. Pelearse por una palabra en la declaracin, por ejemplo, es un puro ejercicio intelectual, acadmico, no muy distinto de las discusiones de los telogos medievales que debatan sobre el sexo de los ngeles. Izquierdismo lo llam Lenin; enfermedad infantil del comunismo. Quiz no es una enfermedad en sentido estricto; es una condicin humana, o una condicin de lo que hoy es el ser humano (a veces ridculo espcimen guiado por el fantasma de la lucha de reconocimiento, por imponerse al otro; cuestin que remite finalmente al sentido ltimo del ejercicio del poder: es una aspiracin a superar los lmites, a la perduracin, un desafo a la finitud. El poder nos transforma en dioses).

Es ms fcil dividir que sumar, ms cmodo criticar (al modo destructivo, casi como sinnimo de chisme) que construir. Infinidad de ejemplos ratifican que la izquierda no siempre, claro, pero s en muchas ocasiones cuando tiene que sumar, se fragmenta, cuando tiene que estar con las masas en un momento de calor revolucionario, se queda discutiendo sobre un concepto.

Tragicmica condicin: pensar en forma crtica es buensimo, es un paso adelante en el progreso humano. Pero a veces puede dar lugar a payasadas inconducentes: el sexo de los ngeles o la palabra correcta en la declaracin. Tal vez si de vacuna contra todo ello se trata, podramos decir que no hay vacuna especfica (quiz no es una patologa como deca Lenin). Lo que debemos abrir es una crtica sobre el poder, y buscarle los antdotos a eso. Por qu es tan fcil que nos fascine? Algunos se pavonean con el automvil de lujo o la joya de oro; otros, quiz, con un principismo que por tan puro puede llevar a lo inconducente.

En definitiva, la produccin intelectual es as: no tiene garantas. De miles de libros que se publican, alguno trascender, y la inmensa mayora est condenada a ser regalada por compromiso entre los amigos. Pero ese es el desafo: de entre tantos intrascendentes, alguno vale. De entre tantas y tantas discusiones bizantinas e intrascendentes, alguna dar luz. Eso es la verdadera democracia, genuina, de base. La izquierda muchas veces se agota en estas discusiones, y eso no es malo. La cuestin es no perder de vista que muchas veces es el puro espejismo del poder el que nos gua manifestado aqu no con la joya lujosa sino en la posicin ms principista, ms revolucionaria. Pero en definitiva, motorizados tambin por la recurrente cuestin de la imposicin sobre el otro.

La derecha es pragmtica. Cuando tiene que unirse no se equivoca: se une y le pasa por encima a los intentos de cambio que buscan sacarla de su sitial de privilegio. La izquierda no. Sin caer en un ciego pragmatismo donde el fin justifica los medios, y siendo realistas, si tomamos en serio eso de construir una nueva sociedad, debe partirse por abrir una crtica implacable de nuestra condicin y apuntar a poder rernos sana y productivamente de nuestros propios lmites. Interesa cambiar algo o interesa quin lo dice mejor?


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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