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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-04-2012

Somalia, un vrtice del tringulo de la muerte

Leyde E. Rodrguez Hernndez
Rebelin


Para un acercamiento al problema de Somalia, hay que estudiar la historia reciente de un pas envuelto en un escenario de guerra entre los grupos que lucharon por controlar Mogadiscio, representados por la Unin de las Cortes (Tribunales) Islmicas, surgida en 1996, y la denominada Alianza para la Restauracin de la Paz o Seores de la Guerra. Estos ltimos perdieron una contienda que tuvo sus antecedentes inmediatos en las luchas entre mltiples grupos y etnias que, con particular violencia, provocaron la cada del presidente Mohamed Siad Barre, en enero de 1991.

En aquel perodo lucharon con todas sus fuerzas y medios por el control del poder las facciones del Congreso Unificado de Somalia, dirigidas por el presidente, Al Mehdi Mohamed, y las del general Mohamed Farah Aidid, quien tambin agrup las estructuras tribales y algunas organizaciones somales identificadas con su liderazgo. Es necesario recordar que los Estados Unidos apoyaron a Al Mehdi Mohamed en detrimento del general Mohamed Farah Aidid, porque este haba logrado el dominio de la capital al costo de su destruccin y la muerte de miles de personas.

Desde aquella poca, la intromisin extranjera en el conflicto no ha cesado.

Con los cambios geopolticos en las relaciones internacionales y la emergencia de la unipolaridad estratgica-militar de los Estados Unidos, inmediatamente despus de la desaparicin de la Unin Sovitica, Somalia signific un punto estratgico en los objetivos globales estadounidenses, ya que con la operacin Tormenta del Desierto, en Iraq, haban obtenido ventajas estratgicas en la franja occidental del Golfo Prsico y la Pennsula Arbiga, las cuales deseaban consolidar en el contexto de la expansin del proclamado nuevo orden mundial de la administracin de George Bush, estrategia seguida por los presidentes William Clinton y George W. Bush, que termin en el verdadero desorden mundial heredado por el premio Nobel de la Paz, Barack Obama.

Los estrategas estadounidenses consideran que el control y subordinacin de Somalia permitira asegurar la salida del petrleo hacia el Ocano Indico y, con una presencia militar estable en el pas, podran ejercer una mayor influencia poltica, diplomtica y militar en una regin que forma parte del explosivo arcos de crisis, pero donde yacen enormes reservas de petrleo, an por explorar y explotar, en los desiertos del Ogaden.

Esas motivaciones llevaron a los Estados Unidos, en 1992, al despliegue de una intervencin humanitaria, que George Bush inici y William Clinton continu, con el nombre de Restaurar la esperanza. Esta operacin desembarc los marines estadounidenses en el territorio somal, recibiendo la rpida embestida de la poblacin, por lo que no pudieron lograr el control total de la situacin sobre el terreno. Sin embargo, el peso de los intereses geoeconmicos estimul que los Estados Unidos manipulara el Consejo de Seguridad de la ONU con argumentos humanitarios, abriendo paso, en 1995, a una coalicin integrada por 25 mil soldados de 23 pases que ocuparon el territorio somal. La presencia extranjera recibi nuevamente el rechazo de diversas organizaciones locales contrarias a una injerencia militar en su pas.

Las acciones contra las tropas de la ONU tuvieron su punto lgido en la emboscada que caus la muerte a 24 soldados paquistanes. El gobierno de los Estados Unidos culp al general Aidid con la responsabilidad de todos los ataques sufridos por los militares de la ONU. Para los combatientes somales, Aidid represent la lucha por la independencia y los valores nacionales mancillados por un agresor externo. Por esa razn, se entiende que obtuvo el apoyo de amplios sectores populares somales, cuando dirigi exitosas operaciones militares contra las fuerzas intervencionistas conducidas por los Estados Unidos.

La resistencia popular somal aniquil una compaa de tropas especiales de los Estados Unidos con el saldo de 75 heridos, 18 muertos y un nmero indeterminado de desaparecidos. Las imgenes de los marines muertos arrastrados por las calles de Mogadiscio recorrieron el mundo, pero las cadenas de televisin occidentales no quisieron mostrar los ms de 10 mil somales que perecieron, en las mismas calles, por la metralla y la barbarie de los agresores. El gobierno de William Clinton carg con la responsabilidad histrica del primer fiasco guerrerista en suelo africano del invocado nuevo orden mundial. La administracin estadounidense estuvo obligada a la retirada de sus soldados de la tierra invadida, sin que nunca pudieran aceptar aquella rotunda derrota convertida de por vida en el sndrome somal, todava recordado por quienes en la sociedad norteamericana estuvieron involucrados directamente en ese conflicto.

A pesar de aquel golpe en territorio somal, los Estados Unidos persistieron en su inters de dominar a la irredenta Mogadiscio. S, a un pas desangrado por la guerra, las enfermedades, la pobreza, sin hospitales y escuelas. A todo eso hay que aadir que Somalia es el nico pas que carece de una autoridad central. Las Cortes Islmicas mantienen el control de alrededor del 60 % del territorio, mientras el Gobierno Federal de Transicin (GFT), vigilado por los Estados Unidos, controla solamente una mnima parte de la capital.

Somalia es considerada por las potencias occidentales como un Estado fallido. Esta expresin es utilizada para justificar las polticas econmicas neoliberales, la violacin de la soberana de los pases del sur y la aplicacin de acciones militares con supuestos fines humanitarios.

La Somalia del Cuerno Africano forma parte del denominado Tringulo de la Muerte, que est integrado adems por Etiopa y Kenya. Estos pases sufren una severa escasez de alimentos y necesitan de una ayuda internacional urgente. La situacin ms grave est en Somalia, donde, segn la ONU, 29 000 nios menores de cinco aos han muerto y 3,7 millones de personas necesitan con urgencia asistencia humanitaria. Este terrorfico panorama es vergonzoso para el sistema capitalista globalizado, precisamente en una poca en que, por diferentes vas, se ven amenazados los derechos de la especie humana a su supervivencia.

Es evidente que de Somalia conocemos poco. En los ltimos aos solo se nos habla de un pas de piratas modernos bien armados y con las indumentarias necesarias para apoderarse de embarcaciones y riquezas; pero, para muchos somales, los guardacostas por cuenta propia simbolizan la defensa de las aguas territoriales frente a la pesca ilegal y el vertido de desechos txicos: nuclear, uranio, cadmio, plomo y mercurio, en sus aguas territoriales. Sobre los implicados en estos hechos y el fenmeno de la piratera todava queda mucho por dilucidar, porque, en aguas revueltas, las ganancias van casi siempre al bolsillo de los poderosos pescadores que monitorean al actual gobierno de transicin, una faccin favorable a los intereses estratgicos de los Estados Unidos en esa regin. La realidad es que las sofisticadas fbricas flotantes de las potencias capitalistas se han apropiado de una de las ms ricas zonas de pesca que quedan en el planeta. Los barcos occidentales son ilegales, furtivos y violan las ms elementales leyes internacionales, porque son parte de una creciente iniciativa internacional de pesca delictiva.

El insuficiente conocimiento sobre Somalia, en las dos ltimas dcadas, pudiera explicarse porque sus problemticas internas quedaron diluidas entre una mirada de acontecimientos que acapararon la atencin internacional y que tuvieron un efecto catastrfico para sus pueblos. Me refiero a la ocupacin estadounidense de Iraq y la guerra indiscriminada en Afganistn, que llegaron a convertirse en los principales conflictos de la poltica mundial en franca competencia con la permanente agresin de Israel a los territorios palestinos ocupados. Esos sucesos mayores silenciaron las aterradoras circunstancias que atraviesa Somalia, un pas en el que ms de un milln de personas perdi la vida a causa de la guerra y ms del 40 % de la poblacin emigr hacia otros pases.

Y si lo descrito fuera poco, en los tiempos de Barack Obama, amparado en pretextos de la lucha antiterrorista, continu el bombardeo del territorio somal con aviones no tripulados.

Claro est, la indiferencia, ante tanto infortunio, no es de extraar por una llamada Comunidad Internacional en la que sus jugadores coinciden con el club selecto de las antiguas potencias coloniales. Tal es as que, en abril del 2012, despus de que el denominado Foro de la Poltica Mundial (GPF, por sus siglas en ingls) presentara un informe sobre la situacin somal, para el primer Ministro britnico, David Cameron, Somalia es un pas en caos, violento y sin esperanza, y amenaza los intereses del Reino Unido y de todos. No estamos para imponer soluciones a un pas desde lejos.

El mismsimo Cameron, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, apoyaron a la nueva administracin de Somalia, que entrar en accin, en agosto de 2012, bajo la tutela de los prominentes dirigentes de la Comunidad Internacional. Sin embargo, el mencionado informe del GPF indic que las verdaderas y nicas intenciones de las potencias en Somalia estn centradas en las reservas de entre 5 mil millones y 10 mil millones de barriles de petrleo crudo, por un valor de 500 millones de dlares al precio actual. Adems de las reservas de hierro, estao, uranio, cobre y otros minerales, lo cual es una incitacin justificada para que las potencias capitalistas aseguren una intendencia que les asegure sus intereses estratgicos de control de los recursos naturales en ese pas.

Queda claro que Somalia es un pas maniatado por la llamada Comunidad internacional. As lo confirman los insistentes ataques con aviones drones no tripulados; las operaciones militares secretas de los Estados Unidos, Gran Bretaa y Francia, con el completo apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU; la misin Atalanta, los mercenarios de Etiopia, Kenia, Burundi y Uganda. Pero la rebelda del pueblo somal no ha podido ser apagada. El movimiento de Jvenes muyahidines de la Unin de Cortes Islmicas y el grupo armado Al-Shabaab continan enfrentados a la intervencin extranjera que subyuga al pueblo somal.

Y lo ledo hasta aqu es solo un breve recorrido por la convulsa historia de un vrtice del referido Tringulo de la Muerte: Somalia, un pas sufrido, preterido y esquilmado por las potencias capitalistas occidentales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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