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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-04-2012

Somalia, solo un territorio ms

Andrs Devesa
Rebelin


La libre concurrencia tiene, pues, por resultado ulterior, el feudalismo mercantil. Este orden se establece por compaas privilegiadas que, una vez formadas, reinan conjuntamente con el Soberano, le dan parte en los beneficios del monopolio y reducen a la esclavitud industrial todo lo que est fuera de su seno. Charles Fourier

1. La impostura de la realidad

Parece una obviedad decirlo, pero no est de ms hacerlo: la voracidad del capitalismo carece de lmites. Todo ha de ser puesto en valor y, por tanto, comprado y vendido, desde el agua que bebemos hasta la felicidad. Todo en nombre del progreso y del bienestar, nos dicen, sin importar las consecuencias que conllevan la imposicin del valor, el dinero, la mercanca y el trabajo abstracto sobre la vida. Y esto solo puede llevarse a cabo con nuestra complicidad, aunque sea inconsciente. Es ms, el Capitalismo puede extraer valor hasta de su supuesta negacin. En una misma operacin −econmica e ideolgica, no otra cosa es la publicidad− nos pueden vender coca-cola y revolucin, humanitarismo y genocidio, consumo y solidaridad. Todo vale y nada importa para acumular valor.

Las contradicciones ya no extraan a nadie. El Capitalismo ha sabido salvarse de ellas y hasta hacerlas participar −y cada vez en mayor medida conforme stas aumentan− del crculo de la mercanca. As pues, podemos compadecernos de los pobres nios somales que se mueren de hambre frente a nuestros televisores, e incluso contribuiremos a una oeneg para aliviar la mala conciencia y nos manifestaremos frente a embajadas y solicitaremos ayudas y cancelaciones de deudas, pero seguiremos a gusto con nuestras anteojeras para no ver la relacin necesaria entre los nios famlicos y la continuidad de un mundo que se revela insoportable pero que contina imperturbable. La verdad por s sola no nos hace libres. La verdad hoy es solo una broma macabra. Podemos saber que el hambre en frica y en cualquier otro lugar del mundo no es sino otra de las mltiples excrecencias del Capitalismo, como lo son tambin las guerras, la explotacin y destruccin del territorio y de las formas de vida variadas y ricas que en l se dan y se podran dar. Pero, qu se puede decir ms all de la realidad que se nos impone? Y sobre todo , qu se puede hacer para romper ese crculo infernal ?

Para el Capitalismo, un territorio ajeno a l es algo insoportable, mientras que un territorio en guerra es una fuente rpida de beneficios, es una lgica sencilla. Y qu delicia ver un Estado slido, con capacidad para endeudarse, construir infraestructuras y crear una burocracia que permitan controlar el territorio y a sus gentes para poder ponerlos en valor con ms eficiencia. El Capitalismo es un Totalitarismo que impone sus intereses y obliga a todo el mundo a hablar su lenguaje y a servirle. Que fluyan el petrleo, el coltn, toda clase de mercancas (materiales, inmateriales, humanas), acciones y el sacrosanto Dinero! Si entre tanto mueren millones y se arruina la vida de muchos ms echaremos la culpa a otros, lloraremos un poco y nos lanzaremos a las humanitarias o lucrativas −segn quien las venda− tareas de reconstruccin. A quin le importa la vida de unos cuantos millones de africanos si hay negocio? Este sistema extermina a millones de personas solo para que otros tantos puedan disfrutar de un modo de vida que tambin destruye sus vidas, solo que de forma diferida. Hambre y guerras en el tercer mundo, antidepresivos y cncer en el primero... Todo y mucho ms es necesario para que prosiga la marcha autnoma de la mercanca. Las necesidades bsicas son siempre una gran oportunidad de negocio, tanto como las catstrofes. Aqu y en frica, que, por cierto, no queda tan lejos.

La situacin en la que se encuentra el Cuerno de frica, y particularmente Somalia, desde hace dcadas es un ejemplo ms de cmo acta el Capitalismo y a qu intereses sirve realmente el humanitarismo. Somalia es, en principio, un territorio marginal y marginado en el tablero de ajedrez que son los intereses geoestratgicos del capitalismo. Una zona apartada de la que solo tenemos alguna noticia cuando el hambre y la guerra alcanzan situaciones extremas y los organismos internacionales y las oenegs dan la voz de alarma ante la crisis humanitaria y apelan a la mala conciencia del ciudadano occidental. O bien cuando algn barco pesquero europeo es atacado o secuestrado por un grupo de piratas desharrapados. Por supuesto, los medios de comunicacin y los especialistas de la gestin humanitaria solo abordan los aspectos superficiales de estas crisis, para eso estn. Las cumbres se suceden y nos venden su receta mgica para acabar con el hambre, la guerra y la miseria, consistente en ms de lo mismo: Estado, Desarrollo y Mercado, es decir, intensificar la explotacin del territorio y de sus gentes, de una forma u otra.

2. Violencia y poder

Lejos de ser un territorio en el que hambrunas y muertes fuesen endmicas, Somalia goz de cierta prosperidad desde la Antigedad, siendo bien conocidas sus relaciones comerciales con el Mediterrneo, la Pennsula Arbiga, India y China desde al menos el siglo XV. La ganadera nmada y la agricultura de subsistencia dotaban de un alto grado de autonoma econmica y alimentaria a las poblaciones del interior lo que les permita afrontar con mayor margen de maniobra las sequas, frecuentes en la regin. Como en el resto del continente africano, la ocupacin por las potencias europeas caus graves alteraciones en las formas de vida tradicionales. La descolonizacin, lejos de atenuarlas las aument.

En 1960 se cre la Repblica de Somalia, formada por la Somalia italiana y la Somalia britnica, quedando una parte de la poblacin de etnia somal al otro lado de las fronteras con Kenia, Etiopa y Yibuti. La imposicin de los Estados-nacin y sus fronteras cre unas barreras artificiales al tradicional modo de vida nmada, lo que afect gravemente a la poblacin. En 1969 Siad Barre instauraba su gobierno socialista, que no fue sino una versin autctona del Capitalismo de Estado sovitico. El gobierno de Barre cre una nueva elite de militares y tecncratas y continu la labor de introducir a Somalia en la senda del desarrollo, a la fuerza. A finales de la dcada de los setenta, Somalia dej de ser el aliado preferente de la URSS en la regin, papel que empezara a desempear el nuevo rgimen socialista etope. En la dcada siguiente, Barre gir hacia Estados Unidos y comenz un vasto programa de ajustes diseados por el FMI y el Banco Mundial que terminaron de arruinar la escasa libertad e independencia que an podan tener los somales.

A finales de los ochenta son varias las guerrillas y milicias que se alzan contra el gobierno de Barre en diferentes lugares del pas. El cambio de dcada trae consigo el desmoronamiento del rgimen y la huida del dictador, dejando de existir un gobierno central que controlase todo el territorio del pas y ejerciese la primera atribucin de todo Estado: el monopolio de la violencia. Desde entonces la guerra por el poder y la lgica del beneficio rpido son la ley. Algunos dirn que esto se debe al atraso de esta tierra y de sus gentes, incapaces de dotarse de los mecanismos de regulacin de las sociedades occidentales. La destruccin de las formas tradicionales de vida y la introduccin del individualismo capitalista no tendran, por supuesto, nada que ver. Pero lo cierto es que, donde antes exista una relacin en equilibrio con la tierra, una gestin colectiva de los recursos comunes −como las fuentes de agua− y una vida no abundante en mercancas pero s en otros muchos aspectos y en absoluto msera, ahora impera la ley del ms fuerte y la del mayor beneficio, en su versin ms cruenta. Y entre tanto miles mueren por el hambre o la guerra.

A comienzos de los noventa, los territorios de Somaliland y Putland, al norte del pas, declararon su independencia, aunque sin ser reconocidas nunca por ningn organismo internacional. Estas provincias son las ms estables del pas y albergan reservas petrolferas que podran ser abundantes. En el centro y el sur de Somalia una multitud de seores de la guerra, clanes, mafias y milicias islamistas llevan veinte aos luchando por el poder y por el dinero, cambiando de alianzas y de estrategias segn convenga [1] . En abril de 1992, con la excusa de asegurar la distribucin de ayuda humanitaria a la poblacin para paliar una hambruna, la ONU inici la operacin UNOSOM I, que implicaba un despliegue de cascos azules en Mogadiscio. En mayo de 1993 se dio paso a la UNOSOM II [2] y Estados Unidos comenz a la operacin Restaurar la Esperanza, que fue abortada tras sufrir los marines varias encerronas, entre ellas el famoso derribo de los Black Hawks, y haber costado la vida de miles de somales cuyas vidas a nadie importan. No sera la ltima vez que tropas extranjeras entrasen en Somalia.

Desde que Barre fuera expulsado del poder se han sucedido las conferencias internacionales para estabilizar Somalia. En el ao 2000 se cre en el vecino Yibuti un Gobierno Nacional de Transicin de Somalia que, con el apoyo de las instituciones internacionales y especialmente de Estados Unidos, se presentaba como el legtimo gobierno somal, elegido por un grupo de jerifaltes clnicos y hombres de negocio, la mayora de ellos procedentes del exilio y sin presencia real en el interior del pas. En 2004 las conversaciones de Eldoret-Nairobi (Kenia) dieron lugar a la formacin del Gobierno Federal Transitorio que, pese a contar con ms apoyos dentro del pas, incluido el de varios seores de la guerra, carece tambin de un poder real y todava hoy el territorio que administra se reduce a algunos barrios de Mogadiscio.

En 2006 comenz un nuevo episodio de esta guerra permanente cuando muchos de los seores de la guerra que controlaban diferentes territorios somales, financiados por la CIA [3] , se unieron en la Alianza para la Restauracin de la Paz y Contra el Terrorismo (sic) y comenzaron una ofensiva contra la Unin de Cortes Islmicas, la milicia islamista, que en muchos territorios haba conseguido restaurar el orden [4] y que tom la capital Mogadiscio en junio de 2006. El ejrcito etope, con el beneplcito de los Estados Unidos, invadi Somalia para poner freno a los islamistas, y junto a los seores de la guerra consigui su retirada de Mogadiscio, sin que eso supusiera que el Gobierno de Transicin controlase efectivamente ms que algunos barrios de la capital y las provincias orientales de Galmudug y Jubaland. Los islamistas siguieron controlando buena parte del pas, as como los seores de la guerra, ms que reacios a ceder su poder a un gobierno al que reconocan y negaban al mismo tiempo.

En 2009 fue elegido presidente del Gobierno de Transicin Sharif Sheikh Ahmed, lder del ala moderada de la Unin de Cortes Islmicas, un gobierno de coalicin que pretenda hacer frente a la milicia islamista radical Al Shabab, que controla el sur y parte del centro del pas y que increment su ofensiva por recuperar Mogadiscio. Al Shabab es hoy uno de los principales objetivos de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo, una magnfica excusa para una intervencin militar que se inscribira en el proyecto de reordenacin del Prximo Oriente y de sus territorios perifricos y de control de los recursos energticos de la zona.

La guerra permanente en Somalia desde hace ms de veinte aos es para muchos la consecuencia de un Estado fallido. Se obvia que antes de la aparicin del Estado moderno la gente viva sin hacerse la guerra unos a otros y sin matar a sus vecinos para robarles y comprar ms armas con las que acumular ms poder. Quizs algo tenga que ver con todo esto la imposicin de una ideologa −la del Estado y el Capital− que, en pocos aos, destroz unos modos de vida tradicionales y rompi los equilibrios sociales y econmicos. Detrs siempre estn los intereses polticos y econmicos de elites nativas o forneas −recordemos que Estados Unidos ha combatido o apoyado y financiado alternativamente a las diferentes facciones en lucha [5] , nada nuevo−. El juego del poder, sea a la escala de la tribu o a la del Imperio, pero siempre la voluntad de dominar y enriquecerse, y en su forma ms avanzada, convertir en mercanca todo cuanto se pueda al mayor ritmo posible y sin importar las consecuencias. Somalia solo es una pieza ms que puede ser movida o devorada segn convenga. Y quien finalmente salga vencedor gozar de mayores beneficios.

3. De la dependencia alimentaria a la hambruna crnica

Una sequa extrema, la ms grave en los ltimos sesenta aos, afecta desde otoo de 2010 a gran parte del frica oriental, con especial incidencia en el centro y sur de Somalia. Los medios de comunicacin nos informan de vez en cuando de la grave crisis alimentaria que afecta ya a unos doce millones de personas. Pese a que la ONU haya declarado hace poco el fin de la hambruna y se vanaglorie de la respuesta humanitaria [6] la situacin sigue siendo muy grave. Centenares de miles de personas han tenido que desplazarse ante la imposibilidad de acceder a agua y alimentos, siendo hacinados en campos de refugiados en Kenia y Etiopa. Los cereales han aumentado su precio en los ltimos meses en casi un 300% y la ganadera, uno de los principales medios de subsistencia para miles de somales, se ha visto tambin muy afectada. Una catstrofe humanitaria imposible, nos dicen, de predecir y de evitar y difcilmente gestionable debido a la accin de la guerrilla islamista Al Shabab, que controla buena parte de los territorios ms afectados, y de los seores de la guerra que son quienes controlan de facto la distribucin de la ayuda humanitaria.

Las oenegs apelan a incrementar la ayuda internacional, los expertos especulan acerca de si la sequa est provocada o no por el cambio climtico, los organismos internacionales (desde la FAO a la Unin Africana) destacan la inestabilidad del pas y llaman a su pacificacin, reconstruccin y reintegracin en la comunidad internacional. Unos y otros desvan la atencin para impedir que se pueda pensar lo que sucede desde una perspectiva general y crtica. Hay algunos factores que intervienen para que se produzca una catstrofe como sta y que o bien no se mencionan o bien se abordan interesadamente de forma superficial y aislada. Entre ellos habra que destacar la expoliacin de la tierra y de los medios tradicionales de subsistencia de la poblacin y la pretensin totalitaria del Capitalismo de valorizar econmicamente y a toda costa el territorio y la vida del planeta entero. El crecimiento imparable de la Economa demanda ms energa, ms materias y ms productores, productos y consumidores integrados en el Mercado global. El Dinero y la financiacin han de expandirse por todos los rincones aunque esto signifique el agotamiento de los recursos y la extincin de la vida si es necesario.

La economa tradicional de Somalia estaba basada fundamentalmente en la ganadera nmada, que se complementaba con la pequea agricultura y, en las zonas martimas, con la pesca. El pastoreo nmada se vio sometido a un fuerte impacto en algunas zonas con la colonizacin europea, acentundose posteriormente con la descolonizacin y la creacin de los Estados africanos. La movilidad de los rebaos se vio limitada por el establecimiento de fronteras y por la imposicin a partir de los aos setenta del siglo XX de programas de reasentamiento para los pastores, lo que transform no solo las formas de vida de los somales sino tambin su relacin con la tierra y el propio equilibrio de sta. A comienzos de los aos ochenta, los programas de ajuste estructural impuestos a Somalia por el Banco Mundial y el FMI provocaron tambin un inmenso descalabro en la agricultura. Las privatizaciones y las constantes devaluaciones del cheln somal para adaptarse a los criterios impuestos por las instituciones internacionales llevaron a un aumento considerable de los precios que afect de forma importante a los productos agrcolas. La ayuda alimentaria no fue sino una estrategia ms para destruir los medios tradicionales de subsistencia de la poblacin y hacerla dependiente de las importaciones, es decir, del mercado. Al mismo tiempo, la poltica de privatizaciones llev a la concentracin de la propiedad y a la introduccin de la agricultura industrial para exportacin −sobre todo pltanos y algodn−, que se concentr especialmente en las tierras de regado y que acapar el agua [7] . Pastores nmadas y pequeos agricultores se vieron privados de sus tradicionales modos de vida y obligados a venderse en el Mercado −ya fuese como mano de obra barata en los latifundios y en la escasa industria, o como carne de can de los ejrcitos de la mafia del narcotrfico y los seores de la guerra− o a perecer de hambre.

Estas polticas se han seguido aplicando, con la complicidad de muchas oenegs, hasta la actualidad, intensificndose a principios de los noventa y siendo retomadas con ms fuerza a raz de esta nueva crisis alimentaria. El objetivo fundamental −bajo la tapadera de la ayuda humanitaria y los planes de desarrollo− es obligarles a entrar en el Mercado, a ser productivos en trminos capitalistas. Y quien se niegue puede ser exterminado, como ocurri a comienzos de los noventa en las calles de Mogadiscio. Mientras la propaganda deca que los cascos azules protegan a la poblacin de los seores de la guerra, lo que realmente suceda es que las tropas internacionales, bajo mando pakistan, repriman violentamente a la poblacin de Mogadiscio que protestaba contra las polticas de la ONU y la compra-venta de la ayuda humanitaria [8] , llegando a provocar varios muertos, lo que dio lugar a levantamientos en varios barrios de la ciudad, duramente reprimidos por esos humanitarios cascos azules.

El hambre es en gran medida una creacin humana, un aporte de la civilizacin. Primero se les expropian sus medios de vida en nombre del progreso y del desarrollo, de ese modo, cuando llega la sequa o cualquier otro factor desestabilizador, la poblacin carece recursos para enfrentarse a ella y se vuelve dependiente de la ayuda humanitaria −y de quien distribuye esa falsa ayuda−, entonces ya solo queda aplicar sus programas humanitarios cuyo objetivo es poner en valor el territorio y la poblacin. Es lo que eufemsticamente la FAO llama doble va para la seguridad alimentaria, que consiste en satisfacer las necesidades inmediatas de las poblaciones vulnerables a la vez que se refuerza la capacidad de resistencia a ms largo plazo [9] , obviando que antes del desembarco del Estado moderno y del Capitalismo podan satisfacer todas sus necesidades por s mismos y su capacidad de resistencia y su libertad eran mucho mayores.

Con la excusa de apoyar los medios de vida rurales, el programa de la FAO plantea realmente destruirlos, por medio de medidas tan humanitarias como: incentivar la comercializacin del ganado −prestando especial importancia a las mujeres empresarias−, imponer el trabajo asalariado como medio para proporcionar apoyo a la mano de obra rural en pocas de crisis y crear vas de salida de la pobreza mediante el fomento de redes de seguridad productivas o incentivar actividades generadoras de ingresos, creando as oportunidades para el desarrollo de los medios de vida rurales no agrcolas [10] . La agricultura y ganadera industriales para la exportacin es su apuesta. Bajo el paraguas humanitario se esconde la ideologa del Capital cuyo nico objetivo es incorporar hasta el ltimo de los territorios perifricos a la globalizacin capitalista, sin importar las consecuencias. El Plan de la FAO para la recuperacin del Cuerno de frica no es sino un breve panfleto capitalista que ve en el trabajo asalariado y el Mercado la solucin a todos los problemas: la remuneracin en efectivo por trabajo y los cupones ayudan a combatir la malnutricin , las enfermedades y las estrategias de riesgo para obtener efectivo rpidamente mediante la proteccin y la restauracin de los bienes de subsistencia que constituyen los cimientos de la seguridad alimentaria, los ingresos y la nutricin de las familias [11] . De la destruccin de los modos de vida tradicionales y la enajenacin del territorio que han dejado a la poblacin sin recursos y han dinamitado los lazos comunitarios no se habla, como tampoco se explica cmo y por qu el dinero habra de darles una vida mejor que la que les han estado arrebatando. Y de los beneficios que todo esto aporta a unas cuantas multinacionales y a empresarios e intermediarios locales sin escrpulos, tampoco.

Estas medidas, lejos de favorecer a la poblacin la condenan, solo sirven a los intereses agroindustriales de EE.UU. y de la Unin Europea. Numerosas empresas se forrarn, de nuevo, con el rentable negocio de las ayudas. Una vez preparado el terreno se ceden unos cuantos miles de semillas −a menudo transgnicas, mejoradas dicen ellos−, fertilizantes, maquinaria, etc., como ayuda humanitaria [12] y despus, apoyados por los planes de desarrollo de los organismos internacionales, se quedan con un amplio mercado que antes no exista y que ahora depende de esas exportaciones que primero se donan y ms tarde, cuando consiguen desplazar a los cultivos y tcnicas tradicionales [13] , se venden a precios que la mayora de campesinos no pueden pagar, con lo cual, al no poder devolver los microcrditos y otras ayudas concedidas por los organismos internacionales, quedan en poder de esas multinacionales tan generosas, se convierten en esclavos del dinero. Una vieja historia ya.

Durante dcadas se han arrasado los medios de vida de la poblacin somal, en los que ganadera y agricultura convivan y se complementaban: el pastoreo nmada permita que los pastos se recuperasen de forma natural al no sobreexplotarlos, los pequeos agricultores y los pastores nmadas completaban su dieta mediante el intercambio en pequeos mercados locales, los excrementos del ganado eran el mejor abono para las tierras agrcolas, el agua se gestionaba desde la colectividad, al igual que cualquier conflicto respecto al acceso a la misma. No se trataba de un paraso ni mucho menos, porque la opresin tambin era una realidad entonces, pero en muchos aspectos se puede hablar de una sociedad ms libre y segura. Se trataba de un sistema integrado, escasamente jerarquizado y que permita a la poblacin enfrentarse mejor a situaciones crticas, como las sequas, de hecho en los aos cincuenta y setenta del siglo XX Somalia vivi dos graves sequas que no generaron hambrunas como las de principios de los noventa o la actual. Estos hechos poco importan a los profesionales del humanitarismo. Segn ellos, la agricultura industrial, el desarrollo a ultranza, la tecnologa y el Mercado traern la prosperidad y solucionarn todos los problemas [14] , aunque jams expliquen cmo ni tengan en cuenta las repercusiones reales de sus polticas sobre la poblacin y sobre el territorio. La opinin de quienes sufren esas polticas no les importa en absoluto, estn decididos a salvarles y civilizarles an a su pesar .

4. La moderna piratera industrial

El mar, nico recurso que le queda a una parte de la poblacin somal para subsistir, tambin les est siendo robado, a la par que devastado ecolgicamente. Desde hace aos, numerosas flotas pesqueras esquilman los recursos marinos del Cuerno de frica y les arrebatan a los pescadores somales sus pocos medios de subsistencia. La pesca industrial, ante el agotamiento de una gran parte de los caladeros mundiales debido a su sobreexplotacin, ha centrado su atencin en el ndico, especialmente en los mares que baan la costa oriental africana, una de las pocas zonas martimas que todava alberga importantes bancos de pesca. Se trata de una actividad ilegal que se aprovecha del vaco de poder martimo y que adems utiliza mtodos destructivos como la pesca de arrastre. Grandes empresas europeas, estadounidenses y asiticas son las que llevan a cabo estas prcticas, a menudo ocultndose tras empresas mixtas y funcionando con bandera de pases de la zona como Mozambique o Tanzania.

Dentro de estas empresas hay que destacar a la gran multinacional espaola de los congelados, Pescanova, quien, adelantndose a la mayora de sus competidores, comenz ya en los aos setenta una poltica de establecimiento de empresas mixtas en caladeros de terceros pases, entre ellos Mozambique, donde es el principal inversor extranjero −y mantiene excelentes y rentables relaciones con su gobierno−, y que es su principal base de operaciones para la pesca en los caladeros somales. As, por ejemplo, el Vega 5, barco que fue secuestrado por piratas somales en 2010 perteneca a la firma Efripel Ltda., de nacionalidad mozambiquea y participado por el gobierno de este pas a travs de la empresa estatal Emopesca Ltda., aunque era operado por Pescamar, una empresa mixta en la que tiene participacin Pescanova [15] . El negocio es redondo: la inversin mnima, la legislacin laboral flexible, los riesgos para Pescanova pese a los piratas no son importantes y los beneficios son muchos en un sector en el que es difcil crecer. Adems, Pescanova se puede presentar orgullosa como una empresa modelo que presume de Responsabilidad Social Corporativa al contribuir a aumentar el PIB africano y financiar algn que otro proyecto educativo, social o medioambiental con los que disfrazar su poltica de expolio que nos permite comer atn del ndico.

Ante esta situacin, los pescadores somales comenzaron a hacer frente a los grandes pesqueros y se produjeron algunas escaramuzas ya en los aos noventa. La resistencia se organiz en una Guardia Costera Voluntaria Nacional que se enfrent armada a algunos buques pesqueros [16] , algo que, evidentemente, no poda ser tolerado y que es convenientemente ocultado cuando se habla de la piratera somal. Pero al tiempo que estos pescadores se organizaban para la autodefensa de su territorio se fue desarrollando tambin un fenmeno de piratera auspiciado por mafias y por algunos seores de la guerra y con suculentos beneficios para algunos intermediarios, en su mayora europeos. Una piratera que no es, al igual que el narcotrfico o la trata de blancas, sino otra forma de capitalismo salvaje posible y que, pese a ser combatido propagandsticamente por gobiernos y organismos internacionales, es mayormente consentido por los beneficios econmicos que genera [17] y de los que bancos ingleses y suizos saben mucho. Lo importante es que el dinero circule, no importa tanto el cmo sino el mucho.

Esta piratera de nuevo cuo es utilizada para vender a la opinin pblica occidental la necesidad de defender militarmente el trfico martimo en la zona y, con un cinismo repugnante, contribuir a la proteccin de los barcos del Programa Mundial de Alimentos que transportan ayuda humanitaria a Somalia [18] . As nace en el ao 2008 la operacin Atalanta, un importante despliegue militar naval y areo de la Unin Europea −bajo mando espaol desde diciembre de 2011− que se une a otras flotas militares, como la CTF-151 bajo mando estadounidense, y cuyo objetivo principal ms all de la palabrera humanitaria es defender el expolio que se est llevando a cabo y el que se aventura si las prospecciones petrolferas de Puntland tienen los resultados esperados, as como una posible invasin militar de Somalia con la excusa del terrorismo islamista, la piratera y la crisis humanitaria. Y en esa lnea apunta la ampliacin de la misin y de sus competencias hasta diciembre de 2014. Las operaciones militares de castigo a los piratas incluirn el territorio costero de Somalia y su espacio areo, lo que quiere decir que aviones y fragatas europeas podrn bombardear supuestas bases piratas en tierra firme.

A la pesca ilegal hay que sumar que desde comienzos de la dcada de los noventa empresas europeas vierten ilegalmente residuos txicos, incluidos radiactivos, en aguas somales. Un proceso de vertidos ilegales gestionado en gran parte por mafias italianas [19] y que ha contado con la complicidad de algunas de las facciones en lucha por el poder en Somalia mientras la Unin Europea miraba hacia otro lado y ocultaba este comercio de residuos. Las repercusiones de estos vertidos en la salud de los somales y el medio apenas han sido estudiadas, aunque se prevn catastrficas [20] . En el fondo esto no es algo tan escandaloso, no es sino el funcionamiento normal del Capitalismo, equiparable a la venta de bonos de carbono, esto es, los pases capitalistas desarrollados expolian todo lo expoliable y despus lo devuelven a la periferia en forma de basura para despus gestionar, lucrativamente, esos deshechos. Lo que pueda sucederle a la gente importa poco, salvo que pueda generar ms beneficios. El crculo perfecto de la economa.

5. El petrleo lo mueve todo

Detrs de todo lo que sucede en el Cuerno de frica −y en tantos otros lugares− se aventura siempre la larga sombra de los intereses geoestratgicos de las grandes potencias. Somalia tiene una longitud costera de ms de 3000 km, de los que buena parte se encuentran en el golfo de Adn, entrada al mar Rojo, ocupando as una magnfica posicin estratgica en el comercio martimo entre el Mediterrneo y el ndico. Durante siglos el Cuerno de frica fue el centro donde el comercio entre el interior de frica y el Oriente Medio y el Mediterrneo se cruzaban. A lo largo del ltimo siglo este territorio se fue viendo arrinconado por otros enclaves que ofrecan mejores perspectivas de beneficio a corto plazo que las de esa regin africana. Pero las cosas cambian y el cenit de los hidrocarburos [21] y de determinados minerales [22] pueden hacer que Somalia adquiera un papel relevante ya que es probable que albergue importantes reservas de petrleo, gas, uranio y diversos minerales. Adems, es una importante ruta de salida de estos y otros recursos −especialmente el petrleo de Sudn, Chad y otros pases− desde el interior de frica hacia el ndico. No slo Estados Unidos tendra intereses estratgicos en abrir esta va, tambin la Unin Europea, extremadamente dependiente en materia energtica, y sobre todo China, que importa el 60% del petrleo sudans [23] y cada vez est ms presente en la regin, tienen un especial inters en pacificar el Cuerno de frica, es decir, en ponerlo en valor.

Aunque los datos oficiales aseguran que Somalia carece de reservas comprobadas de gas y petrleo, estudios geolgicos indican que pueden existir reservas, quizs importantes, de hidrocarburos. A finales de los aos ochenta, el gobierno de Siad Barre concedi licencias de exploracin petrolfera a cuatro grandes compaas petroleras norteamericanas: Amoco, Chevron, Phillips y Conoco, a las que se concedieron derechos de exploracin y explotacin en dos tercios del pas. La cada del rgimen de Barre y la guerra paralizaron estas concesiones. Conoco, la petrolera con mayores expectativas de negocio en Somalia actu durante aos como cabeza de puente de los intereses de Estados Unidos en Somalia, llegando durante la Segunda Batalla de Mogadiscio a funcionar sus oficinas en la capital como embajada estadounidense off the record [24] .

En 1991 un estudio geolgico financiado por el Banco Mundial para estudiar el potencial petrolfero de ocho pases africanos situ a Somalia y a Sudn en los primeros puestos de la lista de los posibles productores de petrleo comercial. El anlisis de nueve pozos exploratorios perforados en la provincia de Puntland −frente al golfo de Adn− indicaban que exista un alto potencial de gas y petrleo en la zona [25] . El gobierno independiente de Puntland decret la nulidad de los contratos del gobierno de Siad Barre con las petroleras americanas y desde 2005 empez contactos con diferentes compaas de exploracin, fundamentalmente australianas. El Gobierno Nacional de Transicin consider estas negociaciones una atribucin ilegal de Puntland y negoci por su cuenta con la petrolera china CNOOC. La Africa Oil Corp., que pese a su nombre es una empresa canadiense, consigui hacerse en 2006 con los derechos de exploracin y explotacin de recursos energticos y minerales en las cuencas de Darin y Nogal, en el territorio de Puntland. Pero la cuenca de Nogal es reclamada por el gobierno de la tambin semiindependiente Somaliland, siendo frecuentes las escaramuzas militares entre estas dos regiones de Somalia, lo que durante aos paraliz las tentativas de prospeccin.

En enero de 2012 comenzaron las prospecciones, que se reparten entre Horn Petroleum, una filial de African Oil Corp. con un 60%; Range Resources Ltd 20% y Red Emperor Resources NL con otro 20% [26] . Estas empresas prospectoras suelen ser oscuros holdings que invierten una considerable suma de dinero en unas prospecciones de las que esperan sacar un gran rendimiento al vender los derechos a terceras empresas, stas ya productoras de petroleo. El riesgo es alto, pero los beneficios posibles son considerables y los escrpulos escasos. No importa destruir lo que haya que destruir y matar a cuantos haya que matar si las expectativas de lucro son importantes, es una prctica ms del negocio de los hidrocarburos [27] , por lo que los tcnicos y gelogos suelen ir escoltados por mercenarios locales o extranjeros dispuestos a tirar del gatillo a la primera ocasin. Los sobornos, chantajes, lavados de dinero y dems trapicheos son minucias para la mafia petrolera. Ellos van ms all. Saben que el petrleo es el que hace girar el mundo y no solo se trata del transporte; la industria qumica, la farmacutica, la agricultura industrial y en definitiva la propia sociedad capitalista dependen del petrleo− y por ello son conscientes de que tienen carta blanca.

Si las prospecciones dan los resultados esperados y, efectivamente hay reservas petrolferas importantes en Puntland, las posibilidades de una intervencin humanitaria en Somalia se multiplican. Sera un objetivo demasiado goloso en este momento como para dejarlo arrinconado. Y si para ello se tiene que arrasar Mogadiscio y asesinar a su poblacin, as se har, como se ha hecho con tantas otras ciudades. Todo con el fin de alargar un poco ms la vida de un sistema que se basa en una energa barata pero escasa y cuyas reservas comienzan a descender, quizs en picado. Cualquier reserva importante de petrleo puede equilibrar o desequilibrar fuerzas entre las diferentes potencias, aunque en el fondo no permita ms que una breve prrroga a un sistema agotado que busca perpetuarse y que no dudar en morir matando.

Es importante tener en cuenta que la guerra por los recursos se juega a escala planetaria y, por tanto, lo que suceda en Somalia estar necesariamente relacionado con el desarrollo de los acontecimientos en lugares como Irn, Yemen, Egipto o Sudn, en relacin a los intereses de las grandes potencias. Tanto Estados Unidos como China pueden tener un gran inters en pacificar Somalia en tanto que podra convertirse en un proveedor de petrleo alternativo a la OPEP, ya sea con sus reservas propias si la hubiera o por los oleoductos que conduzcan a sus puertos el petrleo de Sudn y Chad. Y al petrleo habran de aadirse otros recursos minerales escasos como el uranio, el estao o el cobre de los que Somalia puede tener tambin reservas importantes.

6. A modo de conclusin

Todos los males que afectan a Somalia: la guerra civil permanente, el hambre crnica, el expolio al que es sometida y el mucho mayor que previsiblemente llegar son achacados por algunos voceros al hecho de que Somalia sea un estado fallido y no hayan prosperado las instituciones polticas occidentales. Pero la realidad es bien distinta. Cuando el Estado y el Capitalismo hacen su entrada triunfal es cuando la vida en Somalia, como en otros lugares del mundo, toma un giro definitivamente trgico y donde antes exista una vida ms o menos libre, un equilibrio entre la actividad del hombre y su entorno y una estabilidad entre los territorios y sus poblaciones −aunque tambin hubiese aspectos claramente negativos− ahora imperan el caos y la barbarie.

La imposicin de un Estado, sea cual sea su adscripcin ideolgica o geoestratgica, jams traer la libertad a este lugar ni a ningn otro, pero tampoco una vuelta atrs, imposible y tambin indeseable. Podemos seguir llorando al ver las imgenes de frica y exigiendo gobiernos que no se vendan a los intereses de las multinacionales pero si de verdad se quiere detener la espiral de infamia, crimen y destruccin hay que atacar la raz, que no es otra que el Capitalismo y crear una sociedad basada en criterios radicalmente diferentes: Habr que reconstruir la sociedad segn las directrices de una economa moral no separada del resto de actividades, que no altere las relaciones sociales igualitarias establecidas por un rgimen de verdadera libertad, o sea, que favorezca la autosuficiencia local, los intereses colectivos y las estructuras polticas horizontales. Ser una economa de subsistencia y no de acumulacin, donde el truque prime sobre el intercambio con dinero y el equilibrio domine sobre la expansin [28] .

O se corta la cabeza de la hidra o sta, tras haber consumido todos los recursos del planeta, haber arrasado con todas las formas de vida que no se adecen a sus exigencias y haber transformado todos los resquicios del planeta en mercancas, imponiendo la dictadura del Dinero y la rentabilidad, acabar por devorarnos. Y dar igual en qu rincn del planeta nos haya tocado nacer, estaremos todos bien jodidos. Quizs an estemos a tiempo de impedirlo.


[1] Ignacio Gutirrez de Tern: Somalia. Clanes, Islam y Terrorismo internacional. Los libros de la Catarata. Madrid. 2006. pp. 38 y ss.

[2] Diseada como una guarnicin humanitaria para fortalecer la lgica de reconstruccin estatal (sic), Itziar Ruiz-Gimnez Arrieta: La historia de la intevencin humanitaria. El imperialismo altruista. Los libros de la Catarata. Madrid. 2005. p. 186

[3] Jim Lobe: Somalia: Bush Hawks Down, http://www.stumbleupon.com/su/1grJcS/www.afrika.no/Detailed/12404.html

[4] Y por orden hay que entender el ejercicio del monopolio de la violencia y la imposicin de una ley universal y nica, la ley islmica, lo que para algunos es mejor que el vaco legal y la arbitrariedad de los seores de la guerra, pero que no deja de ser una opresin y una violencia, aunque reguladas. Ignacio Gutirrez de Tern: Ibid. p. 84

[5] Alfredo Embid: Guerra y expolio en Somalia: el terrorismo como excusa y la ayuda humanitaria como camuflaje, Boletn armas contra la guerra, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46821

[6] http://www.europapress.es/internacional/noticia-onu-declara-fin-hambruna-somalia-20120203104845.html

[7] Michel Chossudovski: Globalizacin de la pobreza y nuevo orden mundial. Siglo XXI. 2002. pp. 113 y ss.

[8] Somalia: Development by other means, Wildcat 17, 1994

[9] Plan de la FAO para la recuperacin del Cuerno de frica , http://www.fao.org/docrep/meeting/023/MB842S.pdf

[10] Ibdem.

[11] Ibdem.

[12] Nos hemos embarcado ya en la produccin en masa de semillas mejoradas y suministrado 5 000 toneladas de fertilizante, entre otros insumos agrcolas para preparar la prxima temporada de siembra, de octubre a diciembre, Luca Alinovi, oficial encargado de la FAO en Somalia, http://www.fao.org/news/story/es/item/89101/icode/

[13] Recordemos, por ejemplo, la desinteresada donacin de semillas transgnicas que realiz Monsanto a Hait tras el terremoto y el rechazo de muchos campesinos a ese regalo envenenado: http://www.lanbi.org/agricultores-haitianos-rechazan-la-donacion-de-semillas-transgenicas-de-la-multinacional-monsanto-eeuu/

[14] El economista Jeffrey Sachs es un ejemplo de esa ideologa mezquina, as presenta su proyecto Aldeas del Milenio, financiado por filntropos como Ericsson, Airtel, Novartis y Sumitomo Chemical: El proyecto Aldeas del Milenio, que tengo el honor de ayudar a hacer realidad, ha demostrado que es posible empoderar a las comunidades de pastores a travs de inversiones especficas en el manejo del ganado, atencin veterinaria, el desarrollo de negocios, clnicas mviles de salud, escuelas con internado e infraestructura local, como puntos de agua potable, electricidad fuera de la matriz y telefona mvil. Las tecnologas de vanguardia, junto con un slido liderazgo comunitario, pueden generar un desarrollo sostenible en el largo plazo., El Pas, 07/08/2011 http://www.elpais.com/articulo/primer/plano/Hambre/esperanza/Cuerno/Africa/elpepueconeg/20110807elpneglse_9/Tes Bajo su chchara humanitaria se esconde la rapia y el desprecio de las vidas que dicen querer salvar.

[15] http://www.laopinioncoruna.es/mar/2011/01/03/vega-5-constantemente-localizado-pescanova/453604.html

[16] Amy Goodman: La piratera somal comenz en respuesta a la pesca ilegal y los vertidos txicos por parte de barcos occidentales, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=84216

[17] http://internacional.elpais.com/internacional/2012/01/16/actualidad/1326673396_217937.html

[18] http://www.defensa.gob.es/areasTematicas/misiones/enCurso/misiones/mision_09.html

[19] http://www1.american.edu/TED/somalia.htm

[20] Bashir Mohamed Hussein: The evidence of toxic and radioactive wastes dumping in Somalia and its impact on the enjoyment of human rights: A case of study, http://wardheernews.com/Articles_2010/June/Bashir/Toxic_waste_dumping_in_Somalia_and_its_impact_on_human_rights.pdf

[21] Fernando Bulln Mir: El mundo ante el cenit del petrleo, http://www.crisisenergetica.org/staticpages/index.php?page=200509171321310

[22] Chris Clugston: Algo ms que petrleo, http://www.crisisenergetica.org/ficheros/algo_mas_que_petroleo.pdf

[23] http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=99279

[24] Estos edificios utilizados por Conoco pertenecan realmente al empresario Osman Atto, que actuaba como representante local de Conoco y que era adems la principal fuente de financiacin de la milicia del general Aidid a quien supuestamente combatan las tropas norteamericanas. Somalia: Development by other means , Wildcat 17, 1994

[25] http://www.raceandhistory.com/cgi-bin/forum/webbbs_config.pl/noframes/read/15

[26] http://www.rangeresources.com.au/operations/puntland/

[27] Son muchos los ejemplos (Argentina, Per, Brasil, Nigeria, etc) de empresas de prospeccin y petroleras que no dudan en utilizar mtodos legales e ilegales, incluido el asesinato, para lograr arrebatarles sus tierras a pueblos indgenas y para acallar resistencias al expolio y destruccin de la tierra. Para un caso concreto se puede consultar Marc Gavald y Hernn Scandizzo: Patagonia petrolera. El desierto permanente. Bardo ediciones. 2011

[28] Miquel Amors: Urbi et Orbi. Principios del antidesarrollismo, Perspectivas antidesarrollistas. Maldecap y otros, 2011

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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