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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-04-2012

Ofensiva de primavera en Afganistn

Alberto Piris
Repblica.com


El pasado 15 de abril, la guerrilla insurgente desencaden un vasto ataque simultneo contra diversos objetivos en la capital afgana y en varias provincias orientales. Fue la primera sacudida de la anunciada ofensiva de primavera de los talibanes que, a pesar de haber sido afrontada con aparente xito por las fuerzas armadas y de seguridad afganas, que aniquilaron a todos los asaltantes, ha dejado en el aire algunos serios interrogantes que es necesario considerar.

Se trat de la mayor operacin montada por los jefes talibanes, en coordinacin con los combatientes del grupo Haqqani, en los once aos de resistencia armada desde que fueron expulsados del poder por la invasin de la OTAN en 2001. Numerosos guerrilleros, provistos de chalecos explosivos, lanzacohetes, coches bomba y armas porttiles, atacaron por sorpresa varios edificios gubernamentales, embajadas e instalaciones de la OTAN, contra los que mantuvieron un tenso enfrentamiento durante unas 18 horas.

La informacin oficial proporcionada por EE.UU. y la OTAN tras el fin del ataque se ha esforzado por minimizar la importancia de la operacin, insistiendo en que todos los atacantes fueron abatidos y que no fue necesaria la intervencin directa de las fuerzas aliadas. El Secretario de Defensa de EE.UU. declar: No obtuvieron ninguna ganancia tctica. Fueron ataques aislados efectuados con fines simblicos y no recuperaron ningn territorio, as que resultaron ineficaces.

Estas palabras parecen referirse a cualquier otra guerra menos a la que tiene lugar en Afganistn. Las grandes ofensivas de las dos guerras mundiales del pasado siglo, y las guerras en Corea o Vietnam, se desencadenaban para recuperar o ganar territorio, por lo que el xito o el fracaso se medan en kilmetros de avance o retroceso; tambin los partes de guerra aludan al nmero de cadveres enemigos abandonados en las trincheras. Nada de esto es de aplicacin en la guerra de Afganistn. El ataque de la insurgencia buscaba, por encima todo, poner de manifiesto las debilidades del Gobierno de Kabul y de la OTAN; no pretenda apoderarse del piso que ocupa una embajada en Kabul o el edificio del Parlamento nacional. Y ha alcanzado su objetivo a cambio de las 39 bajas sufridas en la accin.

El ataque ha puesto de relieve la fragilidad de las pomposamente denominadas zonas verdes que protegen los centros de mando y gobierno de las fuerzas ocupantes y de las autoridades locales. Si ni siquiera el corazn de Kabul est protegido frente al enemigo qu seguridad pueden garantizar el Gobierno local y sus aliados extranjeros a la poblacin del resto del pas? Esto es lo primero que ha venido a mostrar este ataque ante la opinin pblica mundial.

En segundo lugar, la repercusin de estas acciones tanto en la ciudadana de EE.UU. como entre los afganos tiene efectos notables. Si en 2009 una encuesta del Washington Post revelaba que el 56% de los estadounidenses consideraba necesaria la guerra, en marzo pasado este nmero haba bajado hasta el 35%, mientras que un 60% opinaba que la guerra no mereca ya la pena. El ataque del 15 de abril, habr acentuado an ms estas cifras. Aun sin ganar kilmetros sobre el terreno, la continuada accin guerrillera s gana las mentes de los dos bandos enfrentados: hace ver a los afganos que ellos son los que seguirn all cuando las fuerzas extranjeras abandonen el pas, y muestra a la opinin pblica occidental la inutilidad de la guerra.

Otra debilidad de la OTAN y del Gobierno de Kabul que el ataque ha revelado es la escasa fiabilidad de sus servicios de inteligencia. Con toda seguridad, en la planificacin de la operacin habrn intervenido varios cientos de personas, incluidos los suicidas que protagonizaron las acciones ms audaces en el corazn de Kabul. Se habran estudiado con detalle las rutas de aproximacin y ataque; se habran distribuido previamente armas, vehculos, municin y medios auxiliares; entre la poblacin local se ocultaran los informadores y los grupos de apoyo. Nada de esto fue descubierto por la CIA ni por los servicios afganos de inteligencia, por lo que la sorpresa alcanzada por los atacantes fue total.

Un dato alentador entre tanto desastre: apenas hubo vctimas civiles, probablemente debido a que los asaltantes buscaban objetivos de muy alta significacin y a que las fuerzas de seguridad afgana han mejorado sus procedimientos operativos. No es descartable sospechar que parte de la poblacin, alertada por conductos opacos de lo que se le vena encima, supo protegerse a tiempo.

As estn las cosas en Afganistn, donde los rebeldes perfeccionan sus medios y procedimientos a la vez que lo hacen las fuerzas de seguridad, con lo que se llega a la inslita coyuntura poltica que algunos definen como un punto muerto en perpetua escalada.

Fuente: http://www.republica.com/2012/04/26/ofensiva-de-primavera-en-afganistan_484611/



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