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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-04-2012

Entre el espanto y la ternura

Jos Ernesto Schulman
Rebelin


Nace la Marcha Patritica del pueblo Colombiano, una gran victoria sobre la muerte y el horror, un salto cultural de la izquierda latinoamericana.

Bogot es una ciudad hermosa pero desarticulada totalmente por las torpezas interesadas (un gran negociado que termin con la gobernacin del Polo Democrtico y un grupo de funcionarios presos por corrupcin) de quienes deban reparar avenidas y plazas.

Cuesta moverse de un lado para otro y no es fcil cruzarla al medio da.

Y adems es una ciudad ocupada militarmente. As como lo digo: policas armados con fusiles de grueso calibre, armas de asalto y uniformes de esos que uno vea en las Tortugas Ninjas y que tambin usan las tropas especiales de Santiago de Chile, de Buenos Aires o Asuncin, que en eso no hay muchas diferencias. Pero aqu son todos, y estn ocupando todos los espacios con la conviccin de quien se siente dueo de la democracia, del gobierno, de la situacin.

Es que cincuenta aos de conflicto social y armado no dejan de modelar casi cada uno de los aspectos de la vida humana de este gran pas. De pronto uno comprende que Gabriel Garca Mrquez y Botero no hicieron ms que recrear artsticamente una realidad desconcertante, desmesurada, agobiante a veces, loca de la mejor locura esa que anim al Che o a Ho Chi Minh- otras.

En los ltimos aos, la derecha colombiana, el stablishment, el bloque de poder tan articulado econmica, cultural, poltica y militarmente con los yankees (acaba de entrar en vigencia el TLC que prepararon por aos y que legitima la subordinacin colonial del pas hacia el Imperio) no dejo de lograr victorias: golpe una y otra vez los intentos de establecer una negociacin poltica con la insurgencia, frustr varias veces liberaciones unilaterales de las FARC y asesin a una serie de Comandantes histricos de esa fuerza, Alfonso Cano, Ral Reyes, el Mono Jojoy, creando una imagen triunfalista que se complet con el cambio de presidente: Santos, el poltico liberal dueo de grandes medios de comunicacin y de un apellido ilustre reemplazando al impresentable Uribe, paramilitar y narcotraficante. Santos hablando de derechos humanos, promoviendo leyes de reparacin y de devolucin de tierras (hay cinco millones de campesinos desplazados por el conflicto al que le arrebataron las tierras), sumndose al Unasur y mostrndose amigo de los gobiernos progresistas de la regin que le regalaron la secretara del espacio de articulacin regional ms potente.

Para los observadores objetivos de derecha y de izquierda, para los analistas de los servicios de inteligencia y de las Cancilleras no haba dudas: las Farc estaban desarticuladas y en proceso de extincin y la sociedad civil colombiana haba entrado en un dialogo virtuoso con Santos del que ira conformndose la sociedad post conflicto que dara patente de democrtico al gobierno colombiano.

Y de repente, cuando nadie de estos sectores lo esperaba, pero organizado pacientemente por aos, nacida de cada gota de sangre derramada y de cada metro de tierra arrebatada, surge un movimiento de confluencia de procesos de resistencia mltiples: del movimiento estudiantil que fren la reforma educativa y se uni por encima de sectarismos y divisiones histricas; del movimiento campesino que resurge y resiste a pesar de los millones de desplazados y de los miles de desaparecidos y asesinados (al comenzar el congreso de Marcha Patritica se denunci la desaparicin forzada de Hernn Daz, dirigente campesino del Putumayo, abocado a organizar la delegacin), del espacio de la cultura y el arte que se niega a corromper por la moda dominante, de los barrios y territorios y de la izquierda orgnica que estaba en el Polo y otros que hasta ahora se negaban a toda forma de lucha poltica abierta; y todo estos sectores mostrando un cambio cultural colosal (al que habr que volver en otras notas) donde el posibilismo, el vanguardismo, la construccin desde los referentes y el espacio estatal, estn seriamente daados y dan lugar a nuevos valores culturales ms cercanos a la unidad de las izquierdas, la pluralidad entendida como fortaleza, el antiimperialismo como ideologa del cambio y una mirada atenta a la correlacin de fuerzas nacional y regional.

Y de pronto, cuando nadie lo esperaba, ochenta mil compaeros invaden Bogot pacficamente y caminan por las calles, pasan por medio de los miles de policas militarizados, desoyen las provocaciones que todo el da afirma por la tele y la radio que el Comandante Ivn Mrquez, del secretariado de las Farc, viene marchando con los campesinos, no se dejan arredrar por las descalificaciones de la presidenta del Polo que los ningunea, no se dejan afectar por las diferencias que tienen entre s y caminan. Bajan de la montaa y suben por los ros, cruzan Colombia de norte a sur y de oeste a este, y llegan a la hora sealada al punto exacto: a las dos de la tarde a la Plaza Bolvar, frente a la casa de Gobierno para encontrarse y abrazarse, para levantar los puos y volver a decir que ni un minuto de silencio por los compaeros muertos por el enemigo y toda una vida de lucha para vengarlos y para sentarse a comer el platillo de comida y de pronto saltar de alegra porque est hablando una mujer, una negra, una como ellos que les habla en el mismo idioma de ellos que les dice que ya est, que ya llegaron y que nada va a ser igual en Colombia. Y les creen porque a Piedad Crdoba hay que creerle. Basta mirarle a los ojos para creerle. Basta ver sus ojos flameando de ardor cuando denuncia un asesinato para creerle. Basta verle en medio de la selva, rodeada de militares y gringos, liberando retenidos para creerle. Basta verle hablar con cada militante de igual a igual para creerle.

Ese mismo da, de tardecita, Santos cambi el ministro de Interior. Puede ser que sea casualidad. O puede que no.

Al otro da, la Junta Patritica de la Marcha, empez a trabajar para seguir construyendo la gran fuerza que imponga la paz y abra las puertas de una historia que ha estado cerrada ms de cincuenta aos. Demasiado tiempo, demasiado, hasta para un pas donde la soledad dura cien aos y las guerrillas cuarenta.

Es el tiempo de la paz y el cambio revolucionario.

Cierto que faltar tiempo para eso, pero la Marcha Patritica ha puesto al pueblo Colombiano en marcha y nadie lo va a detener.

Ya no.

Ya no.

Ya no.

 

Toda la informacin veraz sobre la Marcha Patritica en http://www.marchapatriotica.org/

cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com

(*) Jos Ernesto Schulman es militante por los derechos humanos, secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, escritor, educador popular, integrante del Partido Comunista y miembro de su Comit Central


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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