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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-05-2012

Revolucin

Florent Marcellesi
Pblico


Querida Real Academia Espaola:

En su diccionario de la lengua espaola, he visto que define usted la revolucin como un Cambio violento en las instituciones polticas, econmicas o sociales de una nacin. Dado que el mundo vive una poca de profunda crisis de civilizacin con signos persistentes de revueltas histricas e innovadoras frente al orden establecido, permtame que le sugiera algunas actualizaciones a sus definiciones.

La revolucin es un sueo, una esperanza. Antes de llegar a ser cambio social o institucional, la revolucin es primero un viento que recorre nuestros sueos y nuestras mentes: el de un futuro cercano o lejano, diferente y mejor, para nosotras, las generaciones futuras, los pases del Sur, la naturaleza y sus seres vivos. Es una parcela de intimidad personal y colectiva que los poderes mercantiles o institucionales no nos pueden extirpar. Es una vlvula de escape que potencialmente salta al mundo material como una chispa que enciende nuestros gritos de indignacin y reafirma nuestra dignidad. Es el primer paso hacia la esperanza, la utopa concreta, es decir en tiempos grises una locura razonable.

La revolucin es una incgnita necesaria. Seamos sinceros y reconozcmoslo, no sabemos cmo hacer la revolucin. De hecho, lo hemos sabido alguna vez? No hay manual ni escuela de la revolucin, an menos leyes naturales. La revolucin no est escrita ni predeterminada y no responde a ninguna ciencia, an menos en la era de la impredicibilidad causada por la crisis ecolgica. Segn cules sean las condiciones iniciales, nuestros propios actos y las reacciones hostiles, podr cobrar una forma u otra y podr conocer un periodo de transicin tan largo como lo fue la sustitucin del mundo feudal por el capitalismo. En un mundo altamente complejo e interrelacionado, su prctica es una constante bsqueda y aproximacin, crtica y autocrtica, llena de errores y aprendizajes, un caminar preguntando como dicen los zapatistas. A menudo, ni siquiera sabremos si han sido exitosas nuestras pequeas y grandes revoluciones. Quizs lo sepan las generaciones futuras, a la larga, cuando se den la vuelta y escruten la tortuosa senda trazada por el homo y la femina revolucionarius del siglo XXI. Sin duda, esta incertidumbre da vrtigo. A su vez el vrtigo nos confiere la humildad necesaria para imaginar, lejos de cualquier pureza y verdad absoluta, estrategias correctas.

La revolucin es un poder-hacer. Tomemos el poder, s, pero no cualquier poder: el poder de hacer y de ser autnomos como sujetos y comunidades. No tendra que ser un poder de control sobre alguien, ni una sustitucin de una imposicin por otra, ni tampoco solo una lucha por el poder institucional. Se trata ms bien de un empoderamiento personal y colectivo desde abajo: del hombre que aprende a coser, de la mujer que decide parir en casa, de un grupo de amigos que ocupan y cultivan un huerto en plena ciudad, de una red que implanta una moneda social, de las personas trabajadoras que transforman su fbrica en cooperativa, de los que luchan en contra de la privatizacin del agua o de los indignados del 15-M que organizan sus asambleas de barrio. Es una apuesta incierta pero decidida, individual o colectiva, local o global, pacfica y tica, para tomar las riendas de nuestras vidas y del gobierno de lo comn. Dentro de un proceso constituyente consciente y subversivo, es un movimiento constante para dejar de producir injusticia e insostenibilidad y una iniciativa permanente para construir ahora y aqu justicia social y ambiental. Como deca Paul luard, otro mundo es posible y se encuentra en este.

La revolucin es grietas. Imagnense una capa de hielo cubriendo un lago de posibilidades y que gritemos tan fuerte que el hielo comienza a agrietarse, rpida o lentamente, de forma imperceptible o explosiva. Imagnense que todas estas grietas pequeas o masivas lleguen a encontrarse y rompan la capa para dejar ver el lago. En estas brechas fractales, se encuentra lo que algunos socialistas minoritarios y la mayora de los ecologistas llaman el reformismo radical o la revolucin lenta, esta poltica de los pequeos y a veces grandes, por qu no! pasos con objetivos radicales. Es una apuesta por una multitud de microrrupturas pero que, a diferencia de Holloway quin teoriza el agrietamiento del capitalismo, no tendra que rechazar a priori y segn la realidad socio-poltica ninguna va de accin como puede ser la institucional, siempre y cuando sta est sujeta a la estrategia del poder-hacer y de sus gentes y colectivos.

La revolucin pertenece a la gente comn. Para crear grietas, no hace falta vanguardias, ni lites profesionalizadas que hablan en nombre del pueblo pero sin el pueblo. La gente comn en su diversidad es la condicin sine qua non de la revolucin. Sus actos de rebelda diarios, no mediatizados, posibilitan la hegemona cultural que tanto alababa Gramsci. No nos dice Eduardo Galeano que mucha gente pequea en lugares pequeos haciendo cosas pequeas puede cambiar el mundo? S, al mismo nivel y juntas de una forma u otra con aquellas personas y organizaciones que alientan huelgas generales, del consumo o de los cuidados. Rompamos de una vez la divisin entre activistas y no activistas, de entre los que han visto la luz y las masas ignorantes! Todas y todos somos gente comn con capacidad transformadora y con algo que ensear a los dems. No busquemos por tanto un sujeto revolucionario nico y homogneo, mtico y inaprensible. Con empata y modestia, ampliemos nuestra mirada al mundo de los mundos y, como les llama Lipietz, a todas las y los artesanos e ingenieros de la felicidad. All fuera est la multitud de actores y actrices, organizados o no, que, sin ni siquiera a veces reconocerse como tal, son las semillas del cambio y que ya practican a diario otros mundos posibles de forma ruidosa o silenciosa.

La revolucin es red. Sin duda, para construir en positivo, perdurar y tambin superar las contra-revoluciones de todo tipo, esta multitud y estas grietas tienen que saber y poder confluir, de forma puntual y a ms largo plazo. La revolucin ser una red de revoluciones, que teje entre etiquetas y estructuras tradicionales muy variadas relaciones sociales y solidarias, alianzas temticas, espacios de dilogo y puntos de encuentro entre nodos de resistencia y de alternativas. Sin unitarismo exacerbado y hegemonas asfixiantes, es una sed de cooperacin y de apoyo mutuo, combinando flexibilidad y estabilidad, llena de inteligencia colectiva y de horizontalidad. Es una red de redes que hace de la resiliencia un factor clave de su xito para tener, desde abajo y su radicalidad democrtica, capacidad de adaptarse a los probables cambios profundos y bruscos de nuestro entorno social, institucional y natural. Dicho de otro modo, un ecosistema revolucionario descentralizado, interconectado y biomimtico basado en la promocin de lo comn y respetuoso de la pluralidad y singularidad de sus componentes.

Querida compaera acadmica, espero que mis apuntes le sean de utilidad para la revisin de su obra lingstica. Sin ms, le saluda un lector asiduo.


Florent Marcellesi es activista ecologista e investigador, miembro de Equo.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/5175/revolucion-del-lat-revolutio-onis-f/



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