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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2012

Refutacin del artculo Drogas y relativismo cognitivo, de Rolando Astarita
Drogas y prohibicin: echar la culpa a las sustancias, eso s que es reaccionario

Javier Mestre
Rebelin


El texto que public Rolando Astarita el pasado 19 de abril en Rebelin.org, titulado Drogas y relativismo cognitivo , no slo encubre con la ptina del racionalismo materialista la desastrosa, totalitaria y brutal poltica prohibicionista en materia de drogas, sino que la pretende hacer pasar como idea de origen popular y reivindicativo y encuadrarla en la tradicin marxista.

Es tarea de la ciencia y los cientficos decirme qu debo y qu no debo ingerir? Se pueden utilizar supuestos criterios cientficos para obligarme o prohibirme en lo referente a qu introduzco yo en mi cuerpo? Es propio de la izquierda y del marxismo alimentar la idea de que establecer mi dieta farmacolgica es algo que ha de decidir la ciencia?

Hace falta un estudio cientfico para saber que una motocicleta es un artefacto sumamente peligroso? Por si fuera poco, no slo lo es para el que se monta en ella; tambin puede afectar a terceras personas. El que se monta en una moto tiene serias probabilidades de morir a causa de su uso, no digamos de sufrir heridas de mayor o menor gravedad. Y puede tambin causar graves trastornos y la muerte a otras personas. Montar en moto es peligroso! Ernesto Guevara lo saba, lo mismo que su amigo Alberto Granado, cuando decidi recorrer Amrica montado en uno de esos cacharros de dos ruedas. A ratos, en el camino, sinti un gran placer (que probablemente dej huella indeleble en su memoria, o sea, en la bioqumica del cerebro, alterando, entre otros, los ndices de dopamina), y en varias ocasiones tuvo accidentes que podran haber tenido consecuencias graves. Hoy en da, probablemente no podramos disfrutar de los deliciosos diarios de viaje del Che y Granados si a alguien se le hubiera ocurrido la genial idea de prohibir las motos porque la evidencia cientfica puede demostrar su peligrosidad.

El problema de los enrevesados planteamientos de Astarita en su texto un tanto oportunista es que da lecciones de tal modo que demuestra que no ha entendido nada del asunto. Yo no conozco el manual argentino contra el que despotrica; francamente, dudo que se trate de un texto apologtico de las drogas. A partir de lo que Astarita critica, colijo ms bien que ese manual simplemente trata de hacer ver que el uso de las drogas no es una cuestin nicamente bioqumica o farmacolgica; ms bien, se trata de un fenmeno crucialmente atravesado de variables de orden cultural, social, histrico y econmico. Esto es elemental para entender el fenmeno del consumo de drogas prohibidas y sus consecuencias, y es lo que permite aprehender esa realidad sin caer en un discurso tan absurdo como lamentar que no le prohibieran a Ernesto Guevara montar en moto, o quejarse de la baja percepcin de riesgo que pueda tener la gente acerca del uso de tales artefactos tan placenteros como peligrosos.

Entender la cuestin de las drogas como mucho ms que bioqumica del cerebro es, como afirma Astartita con cierto descaro, una forma de relativismo epistemolgico ? Con un grado inaceptable de demagogia, este autor ridiculiza el punto de vista de quienes intentamos entender el uso de drogas teniendo en cuenta factores histricos, sociales, culturales y econmicos; buscando la simpata de las madres antidroga argentinas, pretende que bajar a tierra esta concepcin, segn l relativista , es algo as como que si una madre ve que su hijo est descompuesto y desesperado por ms droga, que no razona, etc., lo importante no es esa realidad, sino la concepcin de la madre que est determinando su percepcin de algo que, tal vez, no exista. En esencia, nadie puede saber si el chico est drogado, debido a que nuestras concepciones estn infestadas de ideologa dominante, que genera pseudos problemas. Por eso, y siempre segn este enfoque, lo ms probable es que chico que est drogado sea uno de esos tantos pseudo problemas, creados por el capitalismo estadounidense. El corolario de esta ingeniosa parodia es la habitual retahla prohibicionista sobre los estudios que demuestran que la cocana... acta sobre los niveles de diferentes neurotransmisores del cerebro! y an ms... que la cocana, aunque cientficos mantienen que los cerebros se recuperan con relativa facilidad si el uso es espordico, puede crear adiccin porque proporciona placer al que la consume!

A partir de esta sarta de manipulaciones y obviedades, el autor desplaza el debate acerca de qu pasa con las drogas hacia una toma de postura filosfica que nada tiene que ver con el problema. Y cae, de este modo, en lo peor que le puede pasar al que se pretende materialista : el reduccionismo. Del mismo modo que la antropologa cultural hace tiempo que mostr cmo Marvin Harris deca autnticas chorradas cuando asociaba los grados de agresividad de los yanomamo a una mayor o menor carencia de protenas en la alimentacin 1 , el enfoque que explica la conducta de los yonkis de hoy en da a partir de la qumica de los opiceos es poco menos que un autntico fraude. El que la prohibicin, de cuyo origen hablaremos algo ms adelante en este texto, junto con otros factores menores de orden sociocultural, sea central en la interpretacin del fenmeno por algunos llamado yonkismo no es de ninguna manera una forma de relativismo ; apenas es una perspectiva intelectualmente honesta y mucho ms cercana al fenmeno que estudia que la que se basa en estereotipos revestidos con la ptina de lo cientfico y que esconden autnticos prejuicios morales y culturales. Se puede ser materialista y an racionalista si se intenta explicar la cosa acudiendo a categoras propias de las ciencias sociales para evitar el reduccionismo absurdo inducido por la creencia en la maldad intrnseca de las sustancias? Por supuesto que s, ya es hora de dejar de marear la perdiz.

Un ejemplo puede bastar, si bien la Historia general de las drogas de Antonio Escohotado, o el trabajo de Juan Carlos Us Drogas y cultura de masas: Espaa (1855-1995) , nos muestran muchos otros en el mismo sentido: el psiquiatra espaol Enrique Gonzlez Duro estudi en su obra Consumo de drogas en Espaa el fenmeno de la adiccin a opiceos en Espaa en los aos sesenta. En este pas se dio la curiosa circunstancia de que no se adhiri plenamente a la Convencin nica de Estupefacientes de 1961 hasta la reforma del Cdigo Penal de 1971, de modo que los adictos a opiceos vivan su adiccin con toda legalidad. Les entregaban morfina a travs de una cartilla. Gonzlez Duro informa de que, de estos adictos, slo reciban especial atencin mdica los pocos que llegaban a niveles de adiccin de hasta cinco y siete gramos diarios de la sustancia pura... cantidades que bastaran para matar por sobredosis a ms de una docena de los adictos actuales por va parenteral, dado el grado infame de pureza que se ofrece en el mercado negro. Lo curioso del caso es que estos grandes adictos eran mdicos, militares que haban regresado de Vietnam con la adiccin, alguna gente de ambientes ms o menos marginales, con frecuencia gente comn que llevaban una vida ms o menos normal. Ninguno de ellos exhiba ninguna conducta ni remotamente comparable con la de los drogadictos actuales, no obligaban a sus familias a una vida de contencin y sacrificio, no delinquan de ningn modo, ni siquiera mostraban episodios comparables a los de tantos alcohlicos cuya adiccin los conduce a comportamientos lamentables ante sus seres queridos. No vivan descompuestos y d esesperados por ms droga. En Espaa, aparecieron la droga y los drogadictos , lo que se suele entender por yonkis, bien entrados los aos setenta, una vez se aplic decididamente el ordenamiento jurdico prohibicionista. En todo este periodo, la bioqumica cerebral de los opiceos sigui siendo la misma. En lo que la gente se inyectaba vari sensiblemente, eso s, el nivel de pureza: en la actualidad, los adictos se meten mucha menos morfina (o diacetil morfina, es decir, herona), pero han aumentado brutalmente sus riesgos de morir por intoxicacin y sobredosis (por un psimo calibrado de la pureza de lo que se compra), o de contraer el SIDA y otras enfermedades. Y aument tremendamente la percepcin social de riesgo en torno a la droga . Antes de la prohibicin, sencillamente el problema apenas exista , ms all de la mala salud de un puado de personas que persistan en el hbito.

Un factor como la prohibicin atae a la experiencia concreta del consumo de drogas de los chicos argentinos de los que habla Astartita? El ejemplo histrico citado, junto con un poco de sentido comn, es una muestra clara de que as es. Y cul es el origen histrico de la prohibicin? Mejor documentacin histrica que la que nos muestra Escohotado en su Historia general de las drogas difcilmente se podr encontrar al acceso de la gente comn. Ah se podr comprobar que el puritanismo estadounidense que encabez el prohibicionismo tena un extraordinario trasfondo racista. Se atac mayormente a las drogas de las que por aquel entonces se consideraban razas pueriles utilizando el ya impresionante podero meditico de la oligarqua estadounidense del primer tercio del siglo XX, que queda muy claramente expuesto en Una historia popular del imperio americano , de Howard Zinn, en lo tocante a algunas de las guerras coloniales del momento. Los mismos medios que sirvieron de acicate para la invasin gringa de Cuba fueron los que, entrado el siglo XX, protagonizaron una campaa contra la Coca Cola, bebida sudista que contuvo cocana hasta 1909 y que era mayoritariamente consumida por negros. A los negros cocainizados se les atribuan todo tipo de crmenes, en especial violaciones de mujeres blancas, mientras se atacaba al mismo tiempo directamente a sus derechos civiles mediante leyes segregacionistas y linchamientos. Ni que decir tiene que chinos y mexicanos eran tambin razas pueriles que se volvan demoniacas con sus drogas tradicionales -opio y marihuana, respectivamente-, y fueron precisamente cocana, opiceos y marihuana las sustancias que protagonizaron la primera ley prohibicionista, la ley Harrison de 1914, que, para evitar enmiendas constitucionales, encubri las restricciones a la libertad en disposiciones de orden administrativo.

Sin embargo, Astarita, en su artculo, interpreta las cosas de otra manera muy distinta, dando la razn a la infame campaa meditica reaccionaria de la poca que bien describe Escohotado en su Historia de las drogas. Segn Astarita, slo cuando empezaron a verse los efectos perniciosos del consumo, a fines del siglo XIX, se levant el clamor pblico por restringir su uso. Recin en 1903 la Coca Cola fue obligada a quitar la cocana de la fabricacin de la bebida. Clamor pblico o clamor de la prensa reaccionaria? Para tejer su idea del supuesto progresismo de la prohibicin, Astarita adorna su punto de vista con las tribulaciones de Engels ante el alcoholismo de la clase obrera inglesa, aunque bien podra haber citado a Marx en El capital , cuando se queja de la escasa pureza en morfina del opio con el que proveen a la clase obrera inglesa 2 .

Tambin vende como progresista la prohibicin apoyndose en el papel de Gran Bretaa en las guerras del opio en China, como si una mera cuestin de provecho comercial colonialista hiciera progresistas a los Manches que mandaban en el gigante asitico. Antonio Escohotado, en su Historia general de las drogas y en el artculo imprescindible La prohibicin, principios y consecuencias (vase la nota 7), explica que, tras la derrota frente a los ingleses, en China, la legalizacin del opio redujo del 160% al 5% el ndice de aumento de las importaciones. Las guerras del opio se produjeron cuando este frmaco era un bien de primera necesidad no sujeto a ninguna restriccin en Europa, ni en la mayor parte del mundo... sin que hubiera ni por asomo ninguna percepcin de un problema de la droga . Siguiendo con este razonamiento, si el problema fuera la sustancia, cmo es que no surgi absolutamente ningn movimiento prohibicionista en Latinoamrica o Europa... antes de que el lobby racista-puritano gringo consiguiera extender la prohibicin al mundo entero? Los movimientos antidroga fuera de EEUU son, en todos los casos, posteriores a la prohibicin, porque esa estampa de las madres sufrientes por sus hijos drogadictos no se generaliza hasta que se mezcla definitivamente la sustancia con el crimen y el estigma. Esto no es relativismo ni negar la consistencia biolgica del ser humano; esto es sentido comn y conocimiento de la Historia.

Mencin especial merecen las alusiones de Astarita a la supuesta utilizacin de las drogas para debilitar afanes revolucionarios. Alude, entre otros casos, a la denuncia de las Panteras Negras de EEUU acerca de la presunta introduccin de drogas en los barrios negros para debilitar la resistencia; la prohibicin garantiza precisamente esto, sin necesidad de la intervencin del Departamento de Estado! Es obvio que cuando las drogas -que se han consumido siempre y seguirn consumindose- se prohben, se distribuyen a travs de un mercado negro que se desarrolla con especial facilidad entre las capas sociales ms marginadas, las que menos tienen que perder. Es el caso de los guetos negros norteamericanos. Las drogas legales estn en las farmacias, las tiendas y los supermercados; las ilegales, se encuentran ms fcilmente en los barrios ms atacados por el paro y la marginacin. De ah que, si somos intelectualmente honrados y creemos que sera conveniente, desde el punto de vista de la militancia, sacar el mercado de drogas de las barriadas marginadas, la nica salida es la legalizacin. Decir otra cosa no es racionalismo , es lo contrario: un prejuicio que slo hace dao a los afectados.

Por otro lado, las organizaciones obreras y de izquierda de finales del siglo XIX y comienzos del XX lucharon sobre todo contra el alcoholismo, pero jams se les ocurri que hubiera un problema con el tro cocana-opiceos-marihuana. Nunca propusieron la prohibicin del alcohol. De hecho, los grupos ms beligerantes en la lucha por la sobriedad eran precisamente anarquistas, en Espaa la Federacin Anarquista Ibrica (FAI); nada ms lejos del ideario crata que la prohibicin. Por si fuera poco, el rgimen prohibicionista como tal no se impuso en la URSS hasta el final del mandato de Gorbachov, como muestra Escohotado en su obra ya citada. Mientras existi un rgimen de tolerancia por simple olvido de la cuestin por parte del poder, no existi problema de las drogas en absoluto en la Unin Sovitica. Fue despus de la prohibicin, sobre todo a partir del golpe de Yeltsin, cuando empezaron a aparecer los drogadictos como los entendemos en el mundo prohibicionista.

En fin, los ejemplos histricos no se terminan... pero surge una cuestin: cmo es posible que lo que comenz como iniciativa de un lobby ultraderechista, puritano y racista, a travs de leyes de corte administrativo que fueron transformndose paulatinamente en preceptos penales, se acabara convirtiendo en una prohibicin general que abarca a toda la Humanidad? Ante esto, dos consideraciones.

La primera: el carcter racista de la prohibicin del tro cocana-opiceos-marihuana posiblemente ayud a que se pusiera en vigor sin grandes cambios en el ordenamiento estadounidense, mientras que la famosa prohibicin del alcohol exigi toda una enmienda constitucional. Esta ltima prohibicin se convirti oficialmente en un gran problema que se resolvi haciendo regresar esta droga a la legalidad. Por qu no se ensay lo mismo con las dems? Porque eran ms dainas? Es sabido que en lo tocante a toxicidad, potencial adictivo y relacin con problemas psiquitricos, el alcohol es una droga dura y peligrosa como la que ms. Es de las pocas cuyo sndrome de abstinencia, por ejemplo, puede resultar en muerte en un tanto por ciento importante de los casos3, cosa que desde luego no sucede con, por ejemplo, los opiceos; por si fuera poco, el sndrome de abstinencia de la cocana se sigue definiendo como psicolgico y el de la marihuana sencillamente no existe. Las causas para la discriminacin negativa de estas drogas hay que encontrarla en otro lado: se trataba de sustancias de algn modo secundarias y propias de grupos sociales minoritarios, cuando no directamente marginados.

La segunda: el arrebato puritano result, a la postre, muy rentable. Polticamente, dio lugar a una guerra de sabrosos rditos propagandsticos. Dio mucho juego a la fontanera de los estados, en particular de EEUU: sin ir ms lejos, el conocido caso Irn-Contra que se sald con la condena de Oliver North, inclua el trfico de opiceos en beneficio de los servicios secretos estadounidenses para armar bajo mano al mismo tiempo a los rebeldes afganos contra la URSS y a la Contra nicaragense. Econmicamente, las drogas prohibidas se han convertido, segn la ONU, en el tercer negocio a escala global, tras el petrleo y las armas; el volumen gigantesco de los activos que maneja este comercio ha inflado sin ninguna duda el volumen de los parasos fiscales, el blanqueo de dinero negro y la corrupcin estatal. Neoliberalismo en estado puro: todo un sector de la economa que escapa a toda regulacin estatal y que casa a la perfeccin con la quiebra de la economa legal en los pases sometidos a ajuste estructural4.

Por otro lado, no se nos puede quedar suelto un argumento de Astarita con el que pretende alimentar el prohibicionismo de las sustancias a cuenta del derecho a la informacin. Si decimos que las condiciones del uso son importantes, no estamos negando los peligros potenciales de las sustancias. Es un mito infame decir que por probar la herona, la cocana o el camo vas a ser un adicto porque se trata de sustancias que anulan completamente el buen discernimiento de un ser humano adulto. Esto es una patraa, por mucho que se disfrace de espantosos anlisis sobre neurotransmisores y se construyan conceptos ad hoc como el de craving para explicar el ansia del adicto por encontrar cocana5. Las encuestas muestran que, por ejemplo, el 32 por ciento de los espaoles de 15 a 64 aos de edad han probado el cannabis alguna vez en su vida, mientras que slo un dos por ciento confiesa consumirlo a diario; es decir, slo el 6,25% de los que prueban el cannabis lo consumen luego diariamente -lo cual probablemente tampoco es lo mismo que decir que son adictos-. Con la cocana pasa algo parecido: el 10,2% de los espaoles dicen haberla probado alguna vez, mientras que slo el 2,6% afirma haberla consumido en el ltimo ao y apenas el 1,2% afirma consumirla diariamente. En el caso de la herona en polvo, el consumo es, en general, muy bajo y marginal, con graves riesgos extraordinarios asociados precisamente a las condiciones sociales del entorno en el que la prohibicin sita su mercado. Aun as, segn el Plan Nacional sobre Drogas espaol, slo uno de cada seis individuos que la prueba pasa a consumirla diariamente6. La conclusin es evidente: a pesar de las distorsiones informativas que la prohibicin impone, el peso de la sustancia en s como vehculo de una adiccin ingobernable, que justificara su prohibicin y el alarmismo como informacin, es precisamente muy relativo y, sin duda, un problema muy minoritario entre los usuarios de las sustancias.

Para ampliar estas ideas, nada mejor que analizar otro de los argumentos de Astarita en el artculo citado. Segn l, el ejemplo de la lucha contra las empresas tabacaleras en EEUU es un claro ejemplo de lucha progresista, a favor de la informacin clara acerca de los peligros de la nicotina. La objetividad de la sustancia se convierte en el eje de su planteamiento. Curiosamente, Astarita no se plantea la prohibicin como solucin para el problema del tabaco. Basta con obligar a las compaas a no engaar a los consumidores. El concepto de prohibicin, tan determinante, brilla por su ausencia en la mayor parte del artculo, como un lastre que arrastra en silencio todo su argumentario. Escohotado, en el interesante artculo ya citado de su web 7 , observa el caso de algunas sustancias psicoactivas, de uso ancestral, que no estn sujetas a prohibicin, sino a olvido , como son las solanceas con atropina y escopolamina: No generan actualmente incidentes criminales ni el menor inters colectivo . Para poner las cosas en su sitio, es importante la informacin veraz y la limitacin de la publicidad, nunca la prohibicin. El problema de las tabaqueras no es el tabaco, es su carcter de empresas multinacionales obsesionadas con el lucro, pero esto sucede tambin con todo el sector farmacutico, el armamentstico, petrolero o de la automocin. El problema no es el tabaco, es el capitalismo. Ms pernicioso que vender esa droga es tener que vender millones de automviles al ao, que causan ms de un milln de muertos por ao, contaminan el ambiente de las ciudades y contribuyen al efecto invernadero... 8 En cualquier caso, nunca se puede pedir al mercado negro la transparencia e informacin veraz que los activistas estadounidenses han conseguido para el mercado del tabaco.


En conclusin

No se puede pretender hacer pasar por racionalismo la ignorancia. Para pensar no se deben confundir las cosas. Definir el objeto de estudio no es fcil, y aqu no caben reduccionismos. Si queremos pensar verdaderamente qu pasa con las drogas, es un grave error ignorar los asuntos cruciales para poder entender aunque sea un poco del asunto.

No se puede ignorar la importancia de la prohibicin para dar lugar al problema. No se puede ignorar la importancia del uso y de las condiciones del uso frente a la naturaleza de las sustancias. Casi cualquier cosa que ingerimos o utilizamos puede ser peligrosa, todo depende de cmo se use, de las condiciones del acceso y de las construcciones socioculturales, ideolgicas, que visten su uso. No se puede ignorar la Historia, que muestra hasta la saciedad las consecuencias brutales del prohibicionismo, y seala con el dedo a sus verdaderos beneficiarios. No se puede olvidar la importancia del negocio que se ha generado, de dimensiones catastrficas, y lo que implica para los estados y los pueblos.

Refugiarse en la supuesta maldad intrnseca de los compuestos qumicos con la excusa del objetivismo cientfico es querer cerrar los ojos, y las asociaciones de vctimas deben abrirlos de una vez. Ante todo, mucho antes que de la droga, son vctimas de la prohibicin y lo que sta genera en el capitalismo. Si las drogas se legalizan, habr sin duda problemas de salud de una pequea porcin de usuarios, pero desaparecern la mayor parte de los problemas ms graves que afrontan las familias de los drogadictos actuales, relacionados todos con la prohibicin: el oscurantismo y falta de informacin veraz, la adulteracin y el uso de sucedneos infames como el crack (con los daos colaterales que implican para la salud), la relacin con la delincuencia y las redes criminales, la ubicacin de los principales mercados de drogas en las zonas marginales de la sociedad, fuera de todo control y del acceso de las redes de cuidado y prevencin...

Por ltimo, queda un cuestin que hemos dejado para el final porque tiene que ser objeto de un desarrollo detallado en otros textos ms adelante, pero que no se nos puede quedar en el tintero. Hasta el momento, han sido pensadores de corte liberal o ultraliberal quienes han defendido con los mejores argumentos y la mayor seriedad la libertad personal en este asunto. El propio Antonio Escohotado en Espaa, o el psiquiatra Thomas Szasz, autor del interesante ensayo Nuestro derecho a las drogas, son ejemplos claros de esto. Sin embargo, ya encontramos entre algunos de los autores ms interesantes de la izquierda marxista planteamientos que pretenden hacer regresar a Marx a sus orgenes republicanos y a hacer de la libertad individual una de las mximas de la izquierda, que no se ha de entregar nunca ms al enemigo9. Con el asunto de las drogas, es central el respeto al derecho del ser humano adulto a buscar la felicidad por los medios que considere adecuados, y al autogobierno del propio cuerpo; hablamos por tanto de un socialismo de mujeres y hombres adultos, que toman libremente sus propias decisiones, y cuya dieta alimentaria y farmacolgica sea esencialmente autodeterminada, sin perjuicio de que el Estado y la colectividad en general pongan a su disposicin toda la informacin veraz necesaria para que cada uno decida con pleno uso de sus facultades.


Notas:

1. Excelente refutacin de las tesis de Harris, que jams conoci directamente a los Yanomamo, por parte del discpulo de Levy Strauss Jacques Lizot, en su artculo Guerra y protena entre los yanomami, publicado en la revista Archipilago, N 7 (1991), pginas 54 a 64.

2. Nota 39 al pie del captulo XXII del libro I de El Capital: Leyendo los informes de la ltima Comisin parlamentara inglesa encargada de investigar la adulteracin de vveres, vemos que en Inglaterra se llega incluso a falsificar los medicamentos, sin que esto sea, ni mucho menos, una excepcin. As, por ejemplo, examinando 34 pruebas de opio compradas en otras tantas boticas de Londres, result que 31 estaban adulteradas con adormidera, harina de trigo, pasta de goma, arcilla, arena, etc. Muchas no contenan ni un solo tomo de morfina. Curioso que Marx no celebrara la ausencia de morfina en la mercanca vendida a los obreros...

3. Vase, por ejemplo, Evolucin clnica y factores pronstico en el sndrome de abstinencia alcohlica , tesis doctoral de Rafael Monte Secades, Universidad de A Corua (Espaa), 2008.

4. Dos textos interesantes acerca de todo esto:

Sobre las relaciones entre actividades encubiertas de los estados y trfico de drogas, y para hacerse una idea del volumen econmico del asunto, vase Quin se beneficia del comercio de opio afgano? , artculo de 2006 de Michel Chossudovsky disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=38222.

Sobre la relacin entre narcotrfico y ajuste estructural, la entrevista a Michel Chossudovsky para la agencia Alai-Amlatina titulada Las movilizaciones en Washington contra el FMI y el banco mundial, que se puede encontrar en http://www.rebelion.org/hemeroteca/sociales/chossudovsky_washington.htm.

5. Antonio Escohotado, en su Historia de las drogas , relata el caso de la prohibicin del caf en la Rusia zarista entre los siglos XVIII y XIX. Las penas por consumir esta droga incluan la mutilacin de orejas y nariz. La Historia cuenta que no era infrecuente encontrar en la Rusia de aquellos tiempos autnticos consumidores compulsivos, a menudo desorejados, cuya descripcin perfectamente encaja con el famoso craving de los cocainmanos.

6. Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y Drogas en Espaa (EDADES-2009). Plan Nacional sobre Drogas, Gobierno de Espaa. Se puede descargar en: http://www.pnsd.msc.es/Categoria2/observa/estudios/home.htm.

7. La prohibicin, principios y consecuencias, en: http://www.escohotado.com/articles/laprohibicionprincipiosyconsecuencias.htm

8. Muy interesante a este respecto es el documental Super size me , de Morgan Spurlock, que muestra de qu son capaces las multinacionales de comida rpida como McDonalds para incrementar sus beneficios, aunque sea a costa de un severo dao a la salud de los consumidores.

9. Es el caso de Carlos Fernndez Liria y Luis Alegre Zahonero con su importante volumen El orden del capital , editorial Akal, 2010.


Obras citadas:

Gonzlez Duro, Enrique. Consumo de drogas en Espaa. 1979. Editorial Villalar.

Escohotado, Antonio. Historia general de las drogas. 1989. Alianza Editorial.

Us, Juan Carlos. Drogas y cultura de masas: Espaa (1855-1995). 1996. Editorial Taurus.

Zinn, Howard. Una historia popular del imperio americano. 2010. Ediciones Sinsentido.

Szasz, Thomas. Nuestro derecho a las drogas. 2001. Editorial Anagrama.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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