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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2012

Romper la deuda

Pablo Bustinduy
Madrilonia


Cada ao, un nuevo dficit. Cada cuatro o cinco aos, un nuevo prstamo. Y cada nuevo prstamo brindaba a la aristocracia financiera una nueva ocasin de estafar a un Estado mantenido artificialmente al borde de la bancarrota; ste no tena ms remedio que contratar con los banqueros en las condiciones ms desfavorables.

Karl Marx, La lucha de clases en Francia, 1848-1850


Hace unas semanas, el FMI lanz un mensaje apocalptico sobre la insostenibilidad de nuestro sistema de pensiones.Vivir ms es bueno, pero conlleva un riesgo financiero importante: as explic su director de Asuntos Monetarios y Mercados de Capitales que el aumento de la esperanza de vida en los pases ricos supondr una carga insostenible para los actuales modelos de cotizacin. Poco importa que el presupuesto mismo de la frase sea mentira, y que en los Lndern del Este de Alemania, donde se aplicaron precisamente las soluciones sugeridas por el FMI (recortes de prestaciones, retraso de la edad de jubilacin, flexibilizacin del derecho laboral), la esperanza de vida de los ciudadanos con rentas ms bajas haya cado en la ltima dcada de 77,9 a 74,1 aos.

La obscenidad ideolgica de la frase est en su misma superficie, en la naturalidad con que confunde dos movimientos que pareceran en principio antagnicos y opuestos entre s. Por un lado, la frase coloca la vida frente a las finanzas (ese pero sintomtico y adversativo: vivir est bien, siempre y cuando no interfiera con la lgica de los mercados), como dos factores de una relacin inversa. Por el otro, dice con una rotundidad casi inconsciente que la vida es de por s un objeto financiero, y no cualquier objeto, sino la forma predilecta de la gramtica especuladora: un riesgo. Juntos, esos dos movimientos describen un hecho fundamental de nuestro presente: all donde la vida deja de ser productiva se convierte en una amenaza potencial. Cuando la fuerza social no se deja integrar o subsumir en la lgica financiera, la vida misma se convierte en una interferencia que debe ser neutralizada.

El gobierno sigue camuflando ese proceso bajo la lgica del sacrificio, y dice excluir a los inmigrantes sin permiso de residencia del derecho a la salud (al igual que destruye el derecho laboral, la universidad, la investigacin o la dependencia) para ganar la confianza de los mercados. Los mercados, cada vez que alguien les pilla con el micro abierto, explican con total sinceridad qu piensan de ese sacrificio: mientras Goldman Sachs explicaba que vivimos el mejor momento en una generacin, la gestora de fondos Carmel Asset Management afirmaba con todas las letras, en un informe sobre el estado de la economa espaola, que si la crisis estalla en Espaa en 2012, tal como esperamos, podemos generar un retorno del 300%. La realidad es que la quiebra del Estado es un negocio para el casino financiero de los derivados, donde se apuestan gigantescas sumas de dinero contra la supervivencia misma de un pas que, desde el pinchazo inmobiliario, ha dejado de ser rentable. Moraleja: la sangre de los sacrificios es real, pero la ficcin ideolgica que los sostiene, toda esa retrica barata de la austeridad, la emergencia nacional y la confianza de los mercados, es una construccin grotesca, incapaz de soportar su propio peso.

Por eso intentar mezclar los dos relatos, el financiero y el del futuro poltico y social del pas, es negarse a comprender la esencia misma del problema. Ya no hay salida a la crisis: lo que hay es una incompatibilidad de fondo entre dos lgicas enfrentadas por su propia supervivencia. Mientras no se asuman los trminos reales del conflicto, mientras no se reconozca que esa incompatibilidad no es pasajera ni circunstancial, sino el corazn mismo y el hecho decisivo de nuestro presente, no haremos otra cosa que recorrer una y otra vez la misma espiral enfermiza de la deuda -hasta que no quede nada que sacrificar.

La clave, en realidad, es entender que la deuda no es un concepto econmico, sino un paradigma de gobierno. La deuda es la lgica que dirige el sacrificio: desmantelar lo que queda de los sistemas fordistas de proteccin social a cambio de absolutamente nada. La deuda es el horizonte de ese conflicto entre el capital financiero y la vida social que no se puede suturar, y que por tanto no propone solucin ni proyecto de sociedad alguno, salvo el reforzamiento sin lmite de los mecanismos de coercin y la represin de todo aquel que se ponga enfrente. Es la deriva autoritaria que transforma a jubilados y nias de instituto en el enemigo, produce muertos por balas de goma, incentiva la delacin del vecino y permite que la polica no solo reprima los cuerpos, sino que genere su propio discurso y se imponga a s misma sus propios objetivos.

Frente a la regresin infinita de los recortes, frente a esa distopa de violencia y miseria, surge la idea de una rebelin masiva. En una entrevista publicada en Madrilonia, el antroplogo David Graeber explica que la primera palabra conocida para significar la libertad es amargi, que en sumerio quiere decir libre de deudas. La deuda es una gramtica poltica que debe ser enfrentada en su raz, reducida a aicos, rota en mil pedazos. La batalla no es por la deuda: es por lo que pasar cuando rompamos su hechizo y pongamos a cero el contador social.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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