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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-05-2012

Llanto y más llanto

Iván Gutiérrez
Rebelión


Durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez arreció la campaña dirigida a modificar el régimen de Recalculo de las Prestaciones Sociales de los trabajadores. La estabilidad macroeconómica, la confianza de los mercados, la creación de empleos productivos y la inversión extranjera fueron los argumentos usados para darle fundamentos a aquel objetivo.

Luego, en el segundo mandato del Doctor Caldera, la campaña continuó, agregándose como elemento justificador la severa crisis fiscal por la que atravesaba el país, producto de la caída de los precios del petróleo. El Estado se veía en problemas para honrar sus compromisos laborales. Se hablaba de un país quebrado, con muchas dificultades para financiar su funcionamiento. A ello se sumaba que PDVSA, luego de veinte años de nacionalizada no declaraba dividendos ni le era aplicada el valor fiscal de exportación, razón por la que su contribución era menor, incluso, a la de las trasnacionales. Esos recursos quedaban represados en la propia industria mientras que en el país el gobierno rasguñaba para poder pagar sueldos y salarios

En honor a la verdad, si la Reforma del Régimen de prestaciones sociales no se hizo sino hasta 1997, fue porque el sector sindical y buena parte del político, se opusieron. Pero lo sistemático de la campaña, más la grave situación fiscal, terminaron por convencer a la mayoría necesaria para alcanzar el cambio propuesto.

En mi caso, defendí aquella reforma, convencido que con ella lograríamos avanzar en superar la crisis. Además, una inflación del 100% anulaba cualquier efecto positivo del recalculo ya que su capacidad de compra era “licuada” por tan alta inflación. De muy poco servía que recibieras más bolívares si cada día valían menos.

El camino escogido para venderle la reforma al país fue el acuerdo social y político expresado a través de la tripartita. Acuerdo si, pero bajo la hegemonía económica y política de los sectores dominantes, la cual se impuso.

Se reivindica el carácter abierto de aquel proceso, pero se oculta el dominio total de los espacios de la comunicación y las políticas por parte de quienes eran los amos del poder. Al final lo que llego al Congreso fue un acuerdo que este debía suscribir, como en efecto hizo.

El sector empresarial alegaba que el sistema de recalculo encarecía costos de producción a un punto que desestimulaban la inversión y por tanto, la creación de nuevos empleos. En realidad, con una reforma de este tipo lo que se persigue es abaratar el despido, sobre todo en el caso de nuestro mercado laboral, de una alta rotación.

Los empresarios, en el “acuerdo”, se comprometieron a crear más empleos. Hicieron lo contrario: provocaron despidos masivos, ahondando la crisis política que terminó por llevarse en los cachos al acuerdo de Punto Fijo. Luego miraron hacia Chávez, pensando que lo mediatizarían, como habían hecho con los gobiernos anteriores. Pero se cayeron de un coco.

Frente a la Reforma de la Ley Orgánica del Trabajo anunciada este 1 de mayo, el mundo empresarial ha reaccionado con los mismos argumentos que ha usado a lo largo de la historia ante cualquier propuesta que beneficie al trabajador. Pero esta vez sus argumentos fueron rebatidos de poder a poder. No pudieron acorralar al gobierno con el cuento de la inversión y la confianza. Ni al gobierno ni al país.

Es verdad que necesitamos crear empleos estables, bien remunerados y productivos, pero la experiencia dicta que si ello se hace sobre la base de la expoliación del factor trabajo, valga decir, el ser humano, el asunto no funciona socialmente y se hace insostenible políticamente. Los empresarios son necesarios pero no son Dioses que tengan en sus manos la vida de quienes están bajo su dependencia. El hecho que generen empleos no lo convierten en seres extraordinarios, puesto que lo hacen a cambio de beneficios.

Está la parte política: Los sectores empresariales han sido vanguardia de quienes se han empeñado en derrocar, tumbar al gobierno. Desde sus filas se estimulan, financian y organizan todo tipos de intentos por alcanzar aquel objetivo. Esto complica cualquier intento de apertura a un diálogo, puesto que es muy difícil hacerlo con quien sabes oculta el puñal que usará contra ti en la primera oportunidad que consiga. Obviamente, una condición es que cesen en esta actitud, de manera creíble, convincente.

Políticos, sindicalistas, y comunicadores ubicados abiertamente en la oposición también se extraviaron ante la reforma a la LOT. Sindicalistas hablando como patronos, desenfocados, sin atinar a armar una argumentación mínimamente consistente, dan cuenta del estado por el que atraviesa este sector. Fue también el caso de comunicadores sociales que no pudieron hilvanar una argumentación sólida, ideas que fuesen más allá del gran odio que los embarga y no los deja pensar.

Ni hablar del candidato “pudiera”. Es decir, aquel que si su adversario muere o no se presenta, “pudiera aumentar su chance” según afirman un grupo de analistas tan sesudos que se los llevaron a Francia para que asesoraran a Sarkosy.

Según el candidato “pudiera”, la Reforma fue un engaño porque no cambió nada: ¿entonces, por qué tanto escándalo y tanto llanto?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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