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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2012

La revolución y los petardos

Pablo Stefanoni
Página 7


A veces parece exagerado que nos concentremos tanto en las posiciones utópicas sobre el proceso de cambio en Bolivia, ya que no parecen incidir en las políticas públicas. Pero el problema es que son las minorías activas las que marcan el ritmo de los debates. Si no fuera así, el “vivir bien” en su forma de retórica vacía (incapaz incluso de construir una utopía de sociedad diferente) no tendría el efecto que tiene. Tampoco las actuales imágenes sobre una supuesta oposición de izquierda liderada por la COB que tiene cierto asidero en el exterior: más asidero cuando más lejos se está de Bolivia, sin lugar a dudas.

En una reciente clase pública en la que participé en la Facultad de filosofía y Letras de la UBA, en Buenos Aires, con motivo de los 60 años de la Revolución Nacional, los términos del debate fueron marcados por un lado, por algunos activos compañeros trotskistas –de varias fracciones, entre ellas el PTS con alguna presencia en Bolivia, e incluso un compañero de grupo lorista en Argentina-. Las posiciones parecían salir de un manual leído cinco minutos antes de entrar al aula.

Por el otro, la discusión estuvo teñida por las posiciones reconductistas de Pablo Regalsky, uno de los autores de "Las mascaradas del poder", que quieren volver a una ideal edad de oro del proceso de cambio, cuando los cocaleros no eran tan malos como ahora. Así, el debate se fue por las ramas, como era de esperar.

Desde estas versiones del trotskismo (Trotsky no está para defenderse), pervive el clásico relato de la vanguardia obrera con total desprecio por la realidad de la actual “condición obrera” boliviana; menos aún podemos encontrar una reflexión sensata sobre la actual COB, que simplemente puede cortar calles montándose en conflictos ajenos (como el de los médicos, comprado incomprensiblemente por el gobierno). Incluso pueden confundir la revolución con el ruido de los petardos. Eso vale para algún turista gringo despistado pero no para quienes militamos por el cambio social.

Desde la posición “reconductista” escuchamos y leemos un relato sin sujetos, o mejor dicho basado en sujetos alejados de la realidad sociopolítica boliviana; sin ninguna referencia al “capitalismo andino” que da cuenta de la mayoría de los actores realmente existentes, ni los procesos de urbanización y de acumulación mercantil. Frente a eso todo parece reducirse a buscar un sujeto menos contaminado: los indígenas del TIPNIS (y señalar esto, por si acaso, no implica apoyar que la carretera pase por el medio del territorio indígena ni habilite la expansión de los cocales).

En medio del paro de la COB, un dirigente fabril que supuestamente debía correr por izquierda al MAS decía estos días en un programa de TV que el gobierno no hace lo suficiente por abrir nuevos mercados. Por otro lado, ahora ser súper revolucionario es pedir un aumento salarial absurdo - más de mil dólares mensuales de salario mínimo- sin la menor discusión del modelo productivo. La apuesta cobista no es a la radicalización sino a la descomposición, y esa descomposición no es la vía para ninguna profundización del cambio. Como tampoco lo es la decepción de algunos sectores de las clases medias que simplemente se golpean el pecho por haber votado al MAS.

Es evidente que el proceso de cambio entró en una meseta y que el gobierno es responsable en parte de ello. Pero no vamos avanzar con competencias snob a ver quién cita a autores más sofisticados del mundo intelectual europeo. Y no se trata de hacer antieuropeísmo ni "arielismo", ni generar ilusiones exageradas en “epistemologías desde el sur” sino de dialogar con el pensamiento universal para construir conceptos útiles para transformar nuestra realidad.

Las decepciones a menudo tienen que ver con los excesos utópicos previos. Así, después vienen el 8 a 0 del Bolívar… si creemos como solemos escuchar en el minibús que “llego en 5 minutos” a Calacoto cuando estoy por el Prado, quizás también pueda pensar que basta tener litio para fabricar autos eléctricos súper modernos en dos años. Esa es una vía de la frustración permanente.

Sin duda, Bolivia está mejor que casi nunca antes, y la “utopía reflexiva” podría ir construyendo la vía para un futuro mejor, combinando la potencia de los movimientos sociales con la construcción institucional. Y así quizás logremos “vivir más mejor” como decía un amigo. Quizás no seamos el relevo de Occidente, ni alumbremos el lado oscuro de la luna, pero todos estemos un poco más felices.

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