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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2005

La sociedad de la comunicacin
El escuchador

Vicente Romano
Rebelin


En la sociedad de la comunicacin, donde hasta los nios llevan su telfono mvil y su radio porttil, en donde apenas quedan hogares que no estn provistos de radio, televisin, equipo de msica , video y ordenador personal, donde resulta casi imposible escapar al acoso de los medios y del reclamo publicitario, se apunta ya una nueva profesin: la del escuchador . Y ha hecho su aparicin en Japn, en la sociedad puntera de las tecnologas de la informacin y la comunicacin.

Se trata de personas que, sin poseer ningn ttulo acadmico, se aposta en las esquinas de las calles ms concurridas de Tokio con un cartel colgado del pecho que reza: Te escucho. Parece que cada vez son ms los viandantes que se paran y vacan ante ellos sus corazones. Se descargan as de las angustias y problemas que los afligen. Porque en esta sociedad de la comunicacin cada vez es ms raro encontrar a alguien que quiera escuchar. En la era de las prisas y de la velocidad, ni familiares, ni amigos, ni maestros ni compaeros de trabajo tienen tiempo para pararse o or a los dems. Que cada cual se las arregle como pueda.

En Espaa an no se han institucionalizado. Mas el nmero de personas que busca ansiosamente una oreja que las escuche, lo que se denomina con el eufemismo de palizas, aumenta cada da. Hasta el punto de que empezamos a huir de ellos. Ante la prctica desaparicin del antiguo confesor y el elevado coste del que lo ha suplantado en los tiempos modernos, esto es, el psiquiatra, la funcin del escuchador la desempean los programas radiofnicos nocturnos, eso que se llama radio ntima. Durante unas cuantas horas de la noche, mientras la mayora duerme, los insomnes y los trabajadores nocturnos llenan gratuitamente los programas hablando sin parar y sin pudor de sus cuitas. Pero sin recibir la menor respuesta ni consejo de ayuda de las directoras, que repiten una y otra vez yo escucho, como los escuchadores de Tokio.

As que la soledad la necesidad de comunicacin con otras personas, tambin se convierte en negocio lucrativo para el capital. Las carencias humanas se convierten en una buena fuente de ganancias para la economa libre de mercado. Todava no hemos llegado a la deshumanizacin de las ciudades norteamericanas donde, como en Nueva Cork, se difundi hace unos aos el siguiente anuncio televisivo: Reach out yor hand and tuch somebody (extiende la mano y toca a alguien). As puedes sentir que el prjimo existe.




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