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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2012

Las voces annimas y el papel del crtico

Beatriz Leal Riesco
Rebelin


Cuando el siglo XXI era todava una realidad incierta, la vida resultaba ms sencilla para el analista cultural (intelectual?). Hemos caminado un buen trecho del siglo que ha visto la mayor revolucin tecnolgica de la historia y, con seguridad, albergar una de las ms profundas reestructuraciones socioeconmicas mundiales. Han regresado los tiempos convulsos teidos por el sabor agrio de la inquietud y la excitacin de la revuelta. La agitacin ciudadana ha pasado de acto de protesta a forma de existencia, aunando a hombres y mujeres ms all de su procedencia, raza, creencia o ideologa. Las plazas y los patios, las cooperativas y las casas ocupadas, los centros culturales y las asociaciones vecinales, son espacios que favorecen y sostienen un debate que ser largo. Las voces no tienen nombre, y si lo tienen, permtase el sarcasmo, se les ha detrado el aura de la jet. Estamos ante una situacin nica en la creacin del discurso: democrtico, apartado de las lites, libre en su expresividad y comprometido, fuertemente implicado con su entorno y los problemas globales. Hemos de darnos cuenta de su poder y del tiempo con el que contamos antes de que aquellos que detentan el poder econmico y poltico den con las herramientas de control adecuadas para detener la marcha de este presente tecnolgico y liberado. Las redes sociales y las nuevas tecnologas, inicialmente fruto de un desarrollo consumista desaforado y sostenido por angustiosas desigualdades entre los pases ricos y los pobres, han logrado equiparar de manera extraordinaria las posibilidades creativas del ser humano independientemente de su lugar de residencia o de su pertenencia a una clase social favorecida.

Es cierto, cada vez se paga ms en las subastas de arte por obras clsicas y contemporneas, pero las razones son cada vez menos de base artstica y ms de fundamento econmico. En el hipottico (?) caso de que el euro caiga, lo harn detrs tantas otras divisas siendo nicamente el oro y las obras de arte los que se libren de la quema. De ah que antiguos coleccionistas privados se peleen con nefitos de las economa emergentes y con galeras por otra versin del Grito de Munch, mientras los museos escarban en sus fondos con la esperanza de hallar un Tiziano o una versin desconocida de Leonardo que atraiga a hordas de visitantes extasiados. Los precios que hemos visto en la ltima edicin de Christies han sorprendido incluso a los ms creyentes del dogma de la soberana del objeto artstico como inversin de status presente y futuro lquido.

El turismo cultural mantuvo en la poca de vacas gordas a una Institucin de Arte empeada en fundar museos temticos en cada todos los rincones de Occidente, tarea continuada hoy por los pases emergentes, fieles devotos del crecimiento infinito y sus virtudes. Museos provinciales, regionales, estatales, locales todos ellos se encuentran ahora en franca decadencia, sustituidos por eventos que se adaptan a las necesidades reales de la poblacin con ms flexibilidad, entre los que festivales musicales y cinematogrficos llevan la delantera. Los subsidios y financiacin pblica desaparecen, y el sistema de donantes privados que adulan a Hacienda con sus obras sociales es una de las aplicaciones ms abyectas de la caridad como legitimadora de la desigualdad entre seres humanos. La Institucin Arte, incapaz de responder a las peticiones de una poblacin que dedica mucho ms tiempo a navegar por la red y conversar con sus amigos al respecto del ltimo vdeo, la ltima pelcula o el ltimo bloguero descubierto la noche anterior, debe reestructurarse y escuchar las voces de esa mayora agitada si pretende sobrevivir.

Nos sobran exposiciones reaccionarias de pintores vanguardistas sin ms valor que haber nacido en un momento histrico vanagloriados ad infinitum por historiadores y crticos; estamos cansados de ver retrospectivas de genios mil y una veces citados; nos sentimos estafados ante la obligacin de asistir a muestras de grupos autoproclamados revolucionarios y engullidos por el mercado del arte sin contemplaciones; nos agotan las expresiones de radicalidad estereotipada que luchan por universales triviales sin calidad artstica y, sin embargo, seguimos acudiendo obligados a estar al da sobre las propuestas ms contemporneas. As es como vivimos los analistas culturales y los crticos de arte; conscientes de que, hoy ms que nunca gracias a la democratizacin en el acceso a los recursos histricos, a un aumento generalizado de la calidad de vida y de la poblacin mundial, existe una explosin de creatividad y artistas. La comodidad de la que gozaban los analistas culturales se siente amenazada y cada vez ms lejana cuando Internet permite que un artculo de autora despreciable circule por la Red reuniendo a ms lectores que la ltima crtica dominical del The New York Times. No se trata de una paradoja sino de la constatacin de que los gustos y opiniones de la poblacin estn adquiriendo por fin la fuerza que directores de museos, tericos de arte y empresarios culturales haban detentado durante siglos. El arte ha vuelto al lugar y a las manos de aquellos a los que se les haba detrado: el pueblo. La libertad de expresin y produccin, la posibilidad de circulacin sin censura de las obras de arte; todo ello obliga a crticos e intelectuales a seguir muy de cerca los cambios que se estn produciendo y darles el eco que merecen. Hace unos aos haba quien afirmaba, jactndose de la abundancia y obligado por el aburrimiento, que el fin del arte haba llegado y que apenas quedaba lugar para el intelectual en nuestra sociedad. Ms que nunca se hace evidente el engao y la manipulacin. Si ha llegado un fin es el de los patronos de la produccin artstica, diseminndose como la plvora a todos los puntos del planeta. Sentimos, y no somos pocos, que nos tomasen por ilusos, aunque el resultado est de nuestro lado y son ellos los que estn empezando a sufrir sus efectos. Por eso ahora y por mucho que algunos se empeen, tenemos la obligacin de luchar por un mundo liberado y artstico donde el lujo de dejarnos engaar es inadmisible. En esta lucha, intelectuales y crticos tenemos el deber, inevitable y solidario, de alzar nuestras voces

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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