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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-05-2005

Paisaje de las empresas que dejaron ruinas
Arboles y no ruinas

Osvaldo Bayer
Pgina 12


Vuelvo a pisar tierra santafesina, mi querida provincia, esas pampas anchas trabajadas, ese Paran donde se ve el cielo, esos recuerdos de cabalgatas de sol a sol. Llego a Villa Constitucin. Me llevan a ver las ruinas de Cilsa, la fbrica que produca los mejores textiles del pas. No se puede creer el espectculo. Ruinas, como el Berln del 45. Ruinas de una fbrica llena de obreras en permanente produccin. Un orgullo para todos. En ruinas. La Argentina que nos dejaron los 90. La de los sobresueldos suculentos en los bolsillos de los aprovechados funcionarios. Se rob todo, se destruy todo. Ah est, en el suelo, el trabajo. Cercanos se oyen los gritos, las risas y los llantos de nios de villas miseria. Todo en medio de un paisaje verde, rico de rboles, de plantas, del ro que se asoma por todos lados. Pero las ruinas. Un arco desnudo sostiene todava el nombre de Cilsa.

Pero, qu pas? La explicacin es corta. El dueo se mud. Se llev parte de las mquinas. Hasta que una vez aparecieron gras que destruyeron todo. Todo. Paredes, techos, ventanas, y se llevaron las mquinas restantes y despus se robaron todos los hierros de la construccin. As de simple. Y quin fue? Gente interesada, es la respuesta. Alguien insina: estuvo metida la polica. Y ahora vienen los pobres de las villas y se llevan ladrillos, cascotes. Todo ha quedado abandonado. Pero el ser humano no se rinde ante los destructores en provecho propio. Jvenes estudiantes y viejos luchadores de esa Villa Constitucin que tiene tanto para contar de sus luchas obreras se han unido. Quieren hacer de ese enorme paisaje natural, manchado por las ruinas y la hipocresa social, un parque ecolgico con todos los ejemplares de los rboles y las plantas autctonas. As volvern los animales silvestres que habitaron en otros siglos. Piensan tambin levantar en medio del idilio una casa de la cultura, con biblioteca y cursos, como hacan los obreros de todas partes del mundo cuando llegaron hace ms de un siglo y crearon la Sociedad de Oficios varios con un saln para debatir, una biblioteca y un conjunto filodramtico para solaz de la gente. Y a esto, la gente joven de alma de Villa Constitucin quiere agregar lugares para el deporte: ftbol y tenis para la juventud y bochas para los viejos. Para que vengan tambin los chicos y los viejos de las villas miseria que hacen un cordn a ese paraso.

Un rin ecolgico para Villa Constitucin, que puede convertirse en el corazn solidario de la ciudad. Ese conjunto de jvenes constituyentes nos convoc a gente de toda la Repblica a ver eso y dar la mano para que todo sea posible. Representantes estudiantiles, de sindicatos de la lucha, docentes, de partidos polticos que suean todava, libertarios que siempre aparecen a pesar de los siglos. Se habla del egosmo de la destruccin y del desprecio del sistema por la gente. Pero tambin se habla de los rboles, como futuro. De esa especie indestructible, pura nobleza, que atrae lluvias y mariposas, pjaros con trinos. Destruyeron el trabajo dice un estudiante con cara de algo de Moreno y otro poco de Castelli, pero nosotros le vamos a plantar rboles.

Pienso en las conversaciones de Alexander von Humboldt con los pueblos originarios en su viaje americano. Con admiracin recordaba el sabio el cuidado de la naturaleza de esos seres y el dolor de ellos ante el avance de la conquista espaola, a caonazos, con esclavitud y la cruz y la espada.

Una enorme casa de la cultura rodeada de verde eterno se merece esa Villa Constitucin humillada por las ruinas de la que fue la fbrica de los mejores productos textiles del pas.

De Villa Constitucin seguimos el recorrido santafesino. Esta vez al norte. A Reconquista. All queremos asistir al homenaje a Gastn Gori, fallecido hace poco tiempo, y autor de esa investigacin profunda que fue La Forestal y que lleva el subttulo de La tragedia del quebracho colorado. Exactamente el mismo ejemplo de lo que pas en Villa Constitucin. En toda esa zona cercana a Reconquista domin la empresa inglesa que explot el quebracho y, despus de hacer ganancias fabulosas y explotar en forma indigna a los hacheros, se march cuando ya no quedaban ni las races de ese rbol tan noble, de madera dura como el hierro. Qued la tierra envilecida, las ruinas de las fbricas de tanino, los obreros sin trabajo y los pueblos en extrema soledad. Los ingleses ni siquiera les pagaron la indemnizacin justa que estableca la ley, slo una parte de ella.

Gastn Gori fue el primer investigador histrico en la Argentina que hizo un profundo libro donde detalla esa explotacin de la naturaleza, de los seres humanos y principalmente la masacre que har la polica privada de la empresa extranjera y el Ejrcito argentino. Es pattica la connivencia del gobernador radical Mosca con la empresa britnica. El mirar impvido, sin reaccionar, el castigo, las torturas y la muerte de los sufridos hacheros. Gori describe luego la miseria y desolacin que dej el latifundio ingls en la regin. Veamos slo un pueblo, llamado La Sarnosita. La Sarnosita es slo un nombre. Y vendrn despus decenas de kilmetros hasta completar cien de trayecto en la soledad, poblados minsculos, estaciones ferroviarias decadas, algn ranchero donde se cobijan la pobreza o la miseria de la gente nativa, enclavado el casero chato y ralo en latifundios ex La Forestal, en esas herencias de soledad de las tierras apenas holladas por el viajero, por el hachero o por el que cuida ganado, sufrido de garrapatas o de cachaps (...) Despus viene la penosa decadencia de Colmena, donde no ha quedado de La Forestal otra cosa que la memoria de miserias, baldo y el ranchero disperso, sin nada que recuerde el champagne con que all se obsequiaba a funcionarios pblicos, sin que queden vestigios de edificios que existieron y que demoli el inters movido por intenciones ajenas a la prosperidad de ese viejo reducto de trabajadores forestales. Y as sigue el texto, recorriendo el espanto. Este captulo de la explotacin del trabajador y de la tierra argentina por especuladores capitalistas debera aprenderse en nuestras escuelas. Y el sacrificio obrero que slo luch por ms dignidad.

Hay que tener en cuenta el sacrificio de esos hacheros para derribar los quebrachos duros como piedra y acero. Y picados por toda clase de bichos de esas regiones. Adems, la solidaridad que hubo entre ellos y cmo jugaron su vida y su libertad. Ms todava: las torturas y palizas a que fueron sometidos antes de ser asesinados por los uniformados. No, todo el mundo se call la boca: las legislaturas y parlamentos, el gobernador Mosca y sus ministros, el presidente Yrigoyen. Ni el Ejrcito ni la Unin Cvica Radical pidieron jams disculpas por esta experiencia tan triste de nuestra historia. En el libro de Gori est el testimonio del sindicalista libertario Borda, quien seala que la polica pagada por los ingleses estaba integrada por el bandidaje de toda laya que contrabandeaba alcohol, tabaco y armas desde Brasil y Paraguay. Describe el asesinato del obrero anarquista Francisco Coronel, y la ayuda solidaria de todas las sociedades de oficios varios integradas en la FORA anarquista de Buenos Aires.

Cilsa en Villa Constitucin y sus antecedentes de La Forestal del norte de la misma provincia santafesina dejaron ruinas. Las ruinas de un sistema que sigue dominando el mundo. Un mundo de hambre, miserias y balas. Transformemos las ruinas en rboles para que las nuevas generaciones tengan belleza y alegra. Y como expresaba el diario La Protesta, donde se denunciaba los crmenes de La Forestal trabajo para todos a travs de la solidaridad y la paz eterna

* Escritor anarquista


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