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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2012

El crecimiento

Jaime Richart
Rebelin


Razonaba ayer contra el consumo, contra la mana de consumir como receta de algunos economistas. Hoy le toca a uno de los principios econmico-polticos ms funestos de los ltimos cien aos para la humanidad y el planeta: el "crecimiento".

Visto el nivel de degradacin que ha alcanzado el planeta por culpa de ambos, el crecimiento comparte el mismo grado de perversin que hay hoy da en el consumo segn los parmetros de la economa poltica.

La propia formulacin que hacen los economistas del capital acerca del crecimiento y del consumo indica que son ajenos a aspectos que el buen sentido clama hoy a gritos. Pues, a cunto crecimiento y a cunto consumo se refieren? hasta cundo y hasta dnde? dnde ponen el tope cuando todo est globalizado, todo depende de todo y la supervivencia de la humanidad depende de que las economas de los pases por separado y todas en conjunto precisamente dejen de crecer?

Pero a ellos les da igual, les importa un adarme el impacto del crecimiento incesante en la vida orgnica, en la vida individual, colectiva y planetaria. Los lmites -ellos mismos lo dicen- no son cosa suya: cuanto ms se crezca, mejor. El remedio contra el impacto del crecimiento lo dejan para otros, otros especialistas: psiclogos, psiquiatras y moralistas, que son justamente los que menos influencia y fuerza tienen ya en la sociedad pero a los que cada da recurre ms la ciudadana. Por eso a los economistas de los tiempos actuales hago responsables de todos los desastres. Incluso antes que a polticos y medios, todos concertados para que crecimiento y consumo ilimitados, o slo frenados por las veleidades del mercado, sean el objetivo.

Pese a que el ser humano alardee de ella, a semejante y funesto estrabismo no se le puede llamar racionalidad. El instinto, hoy ms exacerbado que nunca y respaldado por la fuerza bruta inusitada, nos gobierna. Pero es el instinto bajo, no el inclinado al bien y por antonomasia el colectivo. Esa manera de aconsejar y de actuar, la de perseguir a toda costa y a cualquier precio un crecimiento econmico sin ms lmites que los que imponen los mercados (que pasan por libre pero en realidad estn todos intervenidos), coincide con lo que cualquier texto sagrado de cualquier religin, y tambin cualquier sabidura, llama necedad. Lo mismo que es de necios mostrarse incapaces de frenarse y dejar de adorar al dios Mercado; al final, otro dios tan nefasto como el que se inventaron judos y cristianos...

En definitiva, cualquier gobernante, rico o economista con una inteligencia desarrollada se ha percatado ya de que el desafo de todas las sociedades capitalistas del siglo XXI no es crecer y consumir. El reto est en ingenirselas para repartir bastante ms equitativamente lo que hay, evitando precisamente consumir sin ms y crecer ms. Y no ya slo por razones humanistas y por sensibilidad ecologista, sino por la cuenta que les trae a los gobiernos y a los opulentos: para impedir que, ante tanto abuso y tanta injusticia, con los sutiles recursos con que cuentan hoy miles de millones de seres humanos para desplegar una estrategia eficaz frente a los poderes fcticos ms o menos en la sombra y los directamente opresores, acaben al unsono lanzndose a la calle a la toma de todos los palacios de invierno del planeta. Pues por esa senda caminamos...

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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