El juicio contra el vicepresidente iraquí y miembro del bloque Iraqiya, Tareq al-Hashemi, acusado de participar en la formación de milicias sunníes que supuestamente habrían llevado a cabo asesinatos religiosos contra grupos chiíes en el país, comenzó el martes 14 de mayo en Bagdad.
El acusado, uno de los políticos sunníes más importantes del país, negó estar implicado en los asesinatos cometidos por grupos suníes, y alegó que las acusaciones eran una maniobra política dirigida por el Primer Ministro, Nuri al-Maliki, de tendencia chií. En este sentido, agregó que, sospechosamente, la orden de detención había sido lanzada justo el día después de que las tropas de ocupación estadounidenses abandonaran el país.
Para evitar su captura, Tareq al-Hashemi se ha enfrascado en una gira por la región que, de momento, le ha permitido escapar de las fuerzas de seguridad de Iraq. Inicialmente, se refugió en la Región Autónoma del Kurdistán (norte de Iraq), de donde procede, con el consentimiento del Presidente de la región, Masud Barzani. De hecho, la tensión entre la región kurda y el Gobierno de Bagdad avanza a pasos agigantados, temiéndose una clara ruptura entre ambos ejecutivos, especialmente tras las declaraciones de Masud Barzani en las que tildó de dictador a Nuri al-Maliki.
Posteriormente, Tareq al-Hashemi dio el salto a Qatar (1 de abril de 2012), burlando a la justicia bajo el alegato de llevar a cabo una visita diplomática. Inmediatamente, Bagdad exigió a Doha la extradición del prófugo, la cual fue denegada ya que, según fuentes diplomáticas qataríes, “la diplomacia manda y el cargo de Tareq al-Hashemi le otorga una inmunidad que impide que Qatar le pueda entregar” .
Su viaje oficial le llevó a pasar brevemente por Arabia Saudí y en la actualidad de encuentra en Turquía.
Sin embargo, el asunto se está enmarañando, mostrando una vez más la compleja situación política que atraviesa Iraq y gran parte del mundo árabe, en la que la utilización del sectarismo sigue estando a la orden del día y siendo utilizado para enfrentar a las ramas del Islam suní y chií.
La gravedad sobre la tensión que está generando el enfrentamiento Maliki- Hachemi ha alcanzado un nivel importante al haber emitido la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) una “alerta roja” que facilita su detención más allá de las fronteras iraquíes, reiterando que Al-Hashemi es “sospechoso de haber organizado y financiado ataques terroristas en el país” .
Esta alerta roja no obliga a Turquía a extraditar de inmediato al vicepresidente iraquí, pero como Estado firmante del tratado de la Interpol (al igual que Iraq), debería acceder a esta demanda. Así, según el secretario general de la organización internacional, Ronald K. Noble, “la alerta roja de Interpol va a restringir de forma importante la capacidad de Tareq al-Hashemi para viajar y atravesar las fronteras internacionales”, pues, aunque la alerta roja no suponga de facto una orden de detención internacional que deben acatar los 190 Estados miembro, sí que supone un llamamiento a la hora de que ayuden a localizar y entregar a la Justicia al vicepresidente sunní.
En respuesta, el Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, ha declarado que Tareq al-Hashemi no será detenido por las Fuerzas de Seguridad turcas ni extraditado a Iraq, entre otros motivos, porque dice que el acusado se encuentra recibiendo un tratamiento médico debido a su débil estado de salud. Su homólogo iraquí ha criticado abiertamente esta decisión, aunque ha matizado que “Iraq no tiene ningún problema con Turquía”.
Nuri Al-Maliki ha declarado que no quiere tener "antagonismos con Turquía, Irán, Estados Unidos, Arabia Saudí ni ningún otro país, pero lo que ha pasado y las declaraciones vertidas por Turquía no muestran respeto mutuo” . A este respecto, el implicado Tareq Al-Hashemi ha asegurado que no se someterá “a la presión y el chantaje”.
La actual disputa política está convirtiéndose en un enfrentamiento cada vez más regional, que está abarcando a Iraq, Turquía, Qatar y Arabia Saudí; y de una forma encubierta a Irán y Estados Unidos. De hecho, es curioso constatar que la oposición al régimen de Nuri al-Maliki encuentra apoyo en sus vecinos sunníes, mientras que la sombra de Irán parece alargarse sobre Bagdad.
Asimismo, Estados Unidos se encuentra en una difícil tesitura: por un lado, es consciente de los lazos que vinculan al Ejecutivo de coalición liderada por la formación chií de Al-Maliki con Irán -de ahí su cada vez mayor amistad con la Región Autónoma del Kurdistán (con la que históricamente ha vivido numerosos desencuentros) y con la pro-occidental Turquía-; pero por otro, también es consciente de la inestabilidad del aún estado bélico de Iraq tras el derrocamiento de Saddam Hussein. Por ello, parece preferir mantener su apoyo al rígido Nuri al-Maliki, quien, de momento, parece saber estar imponiéndose en el complejo escenario creado en las altas instancias del país.