| Si la izquierda real es responsable debe saber que estamos en un momento que hay que buscar lo que une. |
Dado que no puedo hallar justicia, no encuentro otro modo de reaccionar que poner un fin decente (a mi vida), antes de tener que comenzar a rebuscar en la basura para encontrar comida", dejó escrito en una nota el jubilado griego Dimitris Christoulas antes de pegarse un tiro hace poco más de un mes ante el parlamento griego. En la misma nota, comparaba al actual gobierno griego con el que colaboró con los nazis en los años 40.
Este trágico suceso es solo un ejemplo de la desesperada situación en que se encuentra la población griega. La enorme deuda del país, acumulada por la desastrosa gestión de los partidos sistémicos griegos, el PASOK y Nueva Democracia, y por la voracidad de los mercados, ha colocado a la ciudadanía ante un desalentador futuro. Y parece ser que los griegos han comenzado a pensar que no pueden ser los responsables de la crisis quienes pretendan arbitrar las medidas para salir de la misma.
Las recientes elecciones han abierto un nuevo panorama en la política griega, dado el hundimiento del bipartidismo neoliberal y el fuerte crecimiento de fuerzas políticas que cuestionan el sistema. Provoca indignación que al mismo tiempo que respetables y equilibrados políticos de toda Europa se dedican a destrozar el sistema social, con medidas tan extremas como las que estamos viviendo en España, se califique en los medios de comunicación, de manera peyorativa, como radicales a las fuerzas políticas de la izquierda real griega.
Parece ser que radicales son los que pretenden mantener el bienestar de la ciudadanía y que, sin embargo, quienes destrozan el sistema desde dentro, después de arramblar con lo que pueden, merecen el calificativo de políticos moderados. Como siempre, las trampas del lenguaje que utiliza la ideología dominante a través de sus medios de comunicación. Aunque, ciertamente, y ya sin matices peyorativos, es la hora de los radicales, en su sentido político verdadero. Es decir de aquellas opciones políticas que van a la raíz de los problemas para intentar solucionarlos, pues no otra es la definición de radical que da Marx en su magnífica Crítica de la filosofía del derecho de Hegel.
LAS ELECCIONES griegas merecen, desde mi punto de vista, una doble reflexión. Por un lado, parece que Grecia, siguiendo los pasos de Islandia, ha decidido poner fin al imperio de políticas neoliberales, encarnadas por la partitocracia tradicional. Grecia sale de esa espiral irracional en la que se suceden en el gobierno dos partidos que, de hecho, como en España, comparten una misma visión de la política, que nadan en la corrupción y que siempre favorecen los intereses de los poderosos, independientemente del apellido político que se coloquen. Centro-derecha y centro-izquierda son desenmascarados como dos matices de una misma política. Más brutal, como estamos viendo en España, en el centro-derecha, por vocación histórica, más vergonzante en el centro-izquierda, por mala conciencia ideológica.
Pero lo que resulta más interesante, y de lo que debemos extraer lecciones en nuestro país, es que la izquierda real se ha situado, sumando sus votos, por encima del 30%. Es decir que si esa izquierda real fuera capaz de establecer un programa de mínimos frente a la crisis y acudir unida a las citas electorales, conseguiría una aplastante victoria. Especialmente si tenemos en cuenta el aberrante sistema electoral griego, que concede 50 diputados adicionales al partido ganador. Curiosa Europa, que manda observadores para vigilar la limpieza de los procesos electorales por todo el planeta y, sin embargo, utiliza procedimientos altamente fraudulentos en su propia casa, de lo que Grecia y España son dos buenos ejemplos.
Convergencia. Esa debiera ser la palabra clave en Grecia, y en España. Resulta irritante que, ante la invitación de la fuerza mayoritaria de la izquierda, Syriza, a explorar la posibilidad de un gobierno común, el Partido Comunista se niegue de plano siquiera a hablar. Si la izquierda real es responsable debe saber que estamos en un momento histórico, que sobran los matices, que hay que buscar lo que une, porque, además, lo que une es lo que beneficiará a la mayoría social. Ante una crisis de las dimensiones que estamos viviendo, ante la profundidad de las agresiones, no cabe otra salida que la convergencia. Sobra, especialmente, el sectarismo.
En Grecia, la izquierda debe comprenderlo. Y en España también, sin ninguna duda. Sería incomprensible que los partidos de la izquierda real se dedicaran a cultivar sus exiguos jardines, a solazarse en su insignificancia, y no estuvieran a la altura de las circunstancias. En Aragón IU y CHA, CHA e IU, parecieron entenderlo en las pasadas elecciones. Esperemos que no se tratara de un mero cálculo electoral, de una jugada institucional vacía de horizonte político.
Lo que muchos ciudadanos, muchas ciudadanas, esperamos de ellos, de CHA, de IU, de IA, también de Syriza, de los comunistas griegos y de otras fuerzas de la izquierda, es que estén a la altura de la circunstancia histórica. Otra cosa no haría sino sembrar más desaliento.
Fuente: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/grecia-en-horizonte_757954.html