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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2012

Charla en la inauguracin del ao acadmico del Departamento de ciencias histricas de la Universidad de Chile
Una historia para el presente y el futuro

Sergio Grez Toso
Rebelin


La Direccin del Departamento de Ciencias Histricas me ha honrado al proponerme que dirija estas palabras a los mechones y mechonas que ingresan este ao, y en general a todos los estudiantes de nuestra carrera. No obstante el carcter oficial de la tarea que se me ha encargado, quiero dejar establecido de partida que las ideas que compartir con Uds. no comprometen a nadie ms que a m ya que ellas no representan necesariamente a la mayora de los profesores del Departamento. Al contrario, de seguro una cantidad importante de mis colegas discreparan de ellas. Y no es extrao que as sea ya que con el correr del tiempo Uds., jvenes estudiantes, apreciarn plenamente que el pluralismo de opiniones y la variedad de enfoques epistemolgicos son algunos de los valores ms importantes de nuestra Universidad. Estas son caractersticas esenciales de su ethos laico, republicano y democrtico.

En esta ocasin tan especial quisiera hablarles acerca de la relacin entre la Historia (entendida como historiografa o conocimiento razonado del pasado conforme a las reglas de la disciplina encargada de su estudio) y la poltica.

Tal vez ustedes se preguntarn, qu tiene que ver una disciplina intelectual con la poltica? Por qu sacar a colacin cuestiones ajenas al contenido de nuestro oficio? Aunque espero que la relacin entre historia y poltica se aclare un poco al trmino de mi intervencin, es preciso subrayar que en la actualidad esta relacin aparece muy prstina en Chile. Lo vivido el ao pasado por el movimiento estudiantil y por otros movimientos sociales, pone de relieve la inevitable dimensin poltica de la Historia y, desde mi particular punto de vista, la necesidad de hacer historias con sentido til para las necesidades de nuestro tiempo presente.

Pero, vamos por orden.

Podramos sintetizar la cuestin de la relacin entre historia y poltica en varias preguntas fundamentales:

Es posible una historia neutra, completamente objetiva, asptica, desprovista de sentido ideolgico?

Es factible una historiografa autnoma, que exprese una visin independiente del mundo, basada en demostraciones irrefutables, desembarazada de la ideologa y de la Filosofa?, tal como ha sido postulado por algunos historiadores de la Escuela de los Anales?

Es viable una historia por la historia, sin orientaciones polticas, basada solo en sus principios cientficos?

Me parece que este el punto de partida para intentar elucidar la relacin entre historia y poltica en el Chile actual.

Para comenzar una aproximacin a este tema dar un rodeo inicial.

Debemos comenzar por preguntarnos qu es la historia?

Existen muchas definiciones. Una posible es el estudio razonado y sistemtico de las sociedades humanas a travs del tiempo. La historia sera la ciencia del tiempo humano.

Pero esta definicin requiere algunas precisiones.

La historia no es una ciencia exacta sino ms bien una forma de memoria, que se diferencia de las memorias sueltas o colectivas que se generan en todas las sociedades y grupos sociales porque es sistemtica, cientfica (o con pretensiones de serlo), responde a reglas de una disciplina y es sometida al juicio crtico de una comunidad acadmica.

Pero la historia, a la par de constituirse en saber cientfico, es tambin un espacio de interpretaciones y en tanto tal un campo de batalla donde se produce el choque entre distintas visiones, intereses e ideologas. Aunque la memoria colectiva de una sociedad o grupo humano no debe confundirse con la historiografa ya que es mucho ms amplia que esta ltima y no necesariamente coincide con la verdad histrica-, podemos hablar de una batalla por la memoria a propsito del enfrentamiento entre distintas interpretaciones historiogrficas.

En las antpodas de la neutralidad ideal encontramos las historias comprometidas polticamente. La forma extrema la constituyen las llamadas historias oficiales o institucionales, aquellas que son producidas por poderes a fin de legitimar su influencia o dominacin, que encarnan y justifican un rgimen (poder) por la historia (saber) que ellas producen. Segn Marc Ferro, la historia institucional es la transcripcin de una necesidad (casi instintiva) de cada grupo social o institucin (Iglesia, Estado, partido, etnia, empresa, fuerzas armadas, etc.) que de esa manera justifica su existencia .

Al llegar a este punto podramos preguntarnos junto a Jacques Le Goff si acaso es necesario y posible optar entre una historia-saber objetivo y una historia militante . Le Goff nos recuerda que otro historiador francs, el marxista Jean Chesneaux, propuso una historia para la revolucin Pero, objeta Le Goff, la historia es una ciencia, tiene que evitar su identificacin con la poltica y tiene que ayudar al trabajo del historiador a dominar su condicionamiento por parte de la sociedad. Sin ello la historia ser el peor instrumento del poder .

Le Goff expresa un rechazo categrico de la historia militante.

Sin embargo, matizando o anticipndose a una lectura rgida de su posicin, este historiador afirma la necesidad de reivindicar la presencia del saber histrico en toda actividad cientfica y en toda praxis: en las ciencias, en la accin social, poltica, etc. Pero en diversas formas, ya que cada ciencia posee su horizonte de verdad que la historia tiene que respetar. La libertad y espontaneidad de la accin poltica dice Le Goff- no deben ser obstaculizadas por la historia y es mejor que la historia en tanto ciencia del tiempo sea el componente indispensable en toda actividad humana como saber falible, imperfecto, discutible, nunca del todo inocente, pero cuyas normas de verdad y condiciones profesionales de elaboracin y ejercicio puedan ser calificadas como cientficas . Marc Ferro propone algo muy similar a Le Goff. Abogando por una historia autnoma, nos habla de una ya vieja aspiracin de historiadores que han tratado de expresar una visin independiente del mundo y basar sus anlisis en fundamentos o demostraciones irrefutables, liberndose de la filosofa, sin limitarse al estudio de las representaciones. Una historia poltica y socialmente autnoma, o sea, cientfica . Quisiera estar plenamente de acuerdo con estas proposiciones, pero me asalta una duda: es factible la existencia de una historia absolutamente neutra, asptica, cientficamente pura, cuando estamos frente a temas desgarradores? Es posible, por ejemplo, la neutralidad frente a los genocidios y masacres que han jalonado la existencia de las sociedades humanas? Creo que no. Existe una historicidad de la historiografa. Los factores sociales, polticos y culturales por citar solo algunos- condicionan, inevitablemente, las preguntas, la seleccin de las fuentes y la interpretacin de los hechos que hace el historiador. No obstante esta limitante, me cuento entre aquellos que piensan que el historiador tiene el deber de decir la verdad aun cuando ella contrare sus hiptesis iniciales. La vieja definicin de Polibio de la historia como maestra de vida, luz de verdad, me sigue pareciendo vlida a condicin de despojarla de todo misticismo o mesianismo disciplinario. A pesar de los postulados posmodernos (an muy en boga), segn los cuales no existen hechos objetivos y que todo depende del cristal con que se miren las cosas, contino postulando que la historia debe buscar la verdad en los hechos puesto que, como muy justamente sostiene Eric Hobsbawm:

[...] sin la distincin entre lo que es y lo que no es as no puede haber historia. Roma venci y destruy a Cartago en las guerras pnicas, y no viceversa. Cmo reunimos e interpretamos nuestra muestra escogida de datos verificables (que pueden incluir no solo lo que pas, sino lo que la gente pens de ello) es otra cosa .

Introduzcamos estos conceptos al anlisis de la relacin entre historia, poltica y ciudadana en el Chile actual (entendiendo por tal el pas surgido de la llamada transicin a la democracia de 1990 en adelante).

Al igual que muchas veces en el pasado, esta relacin la percibimos claramente presente en los debates de la vida nacional. Pero esta vez, con un elemento novedoso, ausente en pocas anteriores. Ya no se trata, como en el siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX de una disputa historiogrfico-poltica entre representantes de distintas facciones de las clases dominantes, como la que opona, por ejemplo a liberales y conservadores. Tampoco se trata de un enfrentamiento entre la historiografa tradicional y una historiografa militante (marxista clsica) ligada orgnica e ideolgicamente a los partidos de izquierda.

Esta vez el contrapunto historiogrfico y la batalla poltica se dan entre distintas versiones de la historiografa tradicional (de rasgos predominantemente conservadores) y los exponentes de una heterognea corriente de nueva Historia, autodefinida por su preocupacin por los sectores populares.

Este enfrentamiento es lo que se ha conceptualizado como una batalla por la memoria cuyo epicentro ha sido la interpretacin de la Historia de Chile Contemporneo, ms precisamente de la segunda mitad del siglo XX, aunque con proyecciones hacia tiempos ms remotos.

La expresin ms clara de este enfrentamiento poltico-historiogrfico comenz en 1999 con la publicacin del primer Manifiesto de historiadores, que fue la respuesta que once colegas (a los que posteriormente se sumaron varias decenas ms) dimos a la Carta a los chilenos dada a conocer por el ex dictador Pinochet a fines de 1998 cuando se encontraba detenido en Londres, y a los Fascculos de Historia de Chile publicados en La Segunda por su ex ministro de Educacin, el historiador Gonzalo Vial.

Este Manifiesto fue una refutacin a las manipulaciones y tergiversaciones ms significativas de la Historia de Chile Contemporneo contenidas en los textos de ambos personajes. En lo ms substantivo, el Manifiesto se aboc a mostrar los hechos ocultados por Vial y Pinochet en sus escritos (como las violaciones sistemticas de los DD.HH. y el atropello a la soberana popular por la dictadura), a desmitificar ciertas afirmaciones contenidas en esos textos, y a develar las manipulaciones y acomodos de la Historia en que incurrieron ambos personeros de la dictadura para proyectar una visin historiogrfica acorde con su proyecto poltico.

Ejercicios similares fueron el segundo y el tercero manifiestos de historiadores: el segundo, subtitulado Contra los que torturan a nombre de la Patria, referido al Informe Valech y a las FF.AA., publicado en diciembre de 2004. Y el tercero, dado a conocer en abril de 2007, La dictadura militar y el juicio de la historia, que adems de hacer un anlisis de la obra de la dictadura, tambin abord el rol histrico de las FF.AA. chilenas.

A estos manifiestos se sumaron posteriormente tres Declaraciones de historiadores e historiadoras en apoyo al pueblo mapuche (enero de 2008, agosto de 2009 y septiembre de 2010), acompaadas de sendas manifestaciones de historiadores, profesores y estudiantes de Historia en las calles de Santiago.

Poco despus, en noviembre de 2010, impulsamos una Declaracin de 850 historiadores y profesores de historia en protesta por la reduccin del 25% de las horas de Historia y Geografa y Ciencias Sociales en la Enseanza Bsica y Media, anunciada pocos das antes por el Ministro Lavn. Declaracin seguida por una manifestacin de cerca de 2.000 personas en Santiago y de otras manifestaciones en La Serena, Valparaso, Via del Mar, Concepcin, Valdivia y otras ciudades, que sirvi de punto de partida para mltiples acciones que lograron revertir la medida que pretenda imponer de manera inconsulta a la comunidad educacional el Ministro de Educacin de aquella poca.

Ms recientemente, al calor de las grandes movilizaciones por la Educacin, en agosto de 2011 por iniciativa de nuestro Departamento de Ciencias Histricas, vio a la luz una declaracin titulada Historiadores por la Educacin Pblica en Chile y pocos das ms tarde, gracias a un impulso transversal, el Manifiesto de historiadores Revolucin anti-neoliberal social estudiantil en Chile, como una forma concreta de acompaar al movimiento que se desarrollaba de manera impetuosa en todo el pas.

Todas estas iniciativas provenientes de un rea de la historiografa chilena ilustran adecuadamente la relacin que existe entre la disciplina de la Historia y la construccin de ciudadana en el tiempo presente, cuestin a la que me referir a continuacin

Dicen que una caracterstica del tiempo histrico que estamos viviendo es la ausencia de memoria colectiva, esto es, la carencia de conciencia acerca de las races histricas de los grupos humanos; la sensacin de estar viviendo un presente de tiempo muy corto, fugaz e inmediatista, y, correlativamente con ello, una incapacidad casi patolgica de los individuos por proyectarse hacia el futuro ms all de su funcin de consumidores.

De ser rigurosamente cierta esta visin e incontrarrestable esta situacin, el rol y la importancia social de los historiadores estara en franca decadencia, y lo que es ms grave, la humanidad habra quedado atrapada en un fin de la historia representado por el capitalismo globalizado, el pensamiento nico y la posmodernidad neoliberal.

Sin embargo, da a da se acumulan ms evidencias de resistencia a este orden de cosas, como tambin de una necesidad social de recordar y redescubrir el pasado colectivo, una exigencia de conocimiento histrico que se manifiesta en numerosos grupos de la sociedad chilena.

Pero tal vez, la historia que requiere el ciudadano de nuestros das, o ms exactamente, la historia que precisan las personas para acceder efectivamente a la categora de ciudadanos, no puede ser el relato de un pasado muerto que ya no guarda relacin alguna con las preocupaciones actuales, sino una trama donde la relacin entre el presente y el pasado es muy activa, una historia puesta al servicio de las preguntas que el presente le plantea al pasado a travs de la labor de los historiadores.

Afortunadamente, la evidente dimensin poltica de la historia hace de esta disciplina un tema de constante actualidad, ya que el conocimiento histrico es un mbito donde tambin estn presentes las luchas por la hegemona y el poder.

Resulta casi obvio afirmar que quienes impongan su visin del pasado tendrn mayores posibilidades de modelar los comportamientos del presente y disear las vas de desarrollo futuro. Por lo mismo, esta capacidad operativa del conocimiento histrico jugar su papel de distintas formas segn las circunstancias: a veces de manera directamente inducida, premeditadamente instrumental, como opera el saber en las historias oficiales, pero en otras ocasiones, de manera ms sutil porque el conocimiento vulgar, esto es, el saber comn sobre el pasado de una nacin, un pueblo, una clase social o de cualquier grupo humano, inevitablemente, suele inspirar el sentido comn de las personas, su vida colectiva, su ser social.

Este conocimiento atesorado a travs del tiempo- se traduce en constitucin de identidades, tradiciones y comportamientos colectivos e individuales, lo que no hace aventurado sostener que aquellos grupos carentes de una slida memoria colectiva corren peligro de des-construirse, perder su fisonoma, diluir sus identidades en modelos propuestos por actores ms fuertes y pujantes.

El combate por la historia (o por el saber histrico) es un combate poltico ya que si bien la memoria colectiva de un pueblo no est constituida en lo fundamental por el saber histrico cientfico producido por los historiadores, no cabe duda que este influye en la formacin de identidades y tradiciones. A modo de ejemplo, basta sealar el peso que tienen en la formacin de la conciencia ciudadana las visiones hegemnicas de la historia nacional expresadas a travs de los textos escolares para entender la trascendencia cultural y poltica de esta lucha, ms all del plano estrictamente acadmico e historiogrfico.

Es cierto que si analizamos ms finamente la realidad de cualquier sociedad relativamente compleja, descubriremos una pluralidad de memorias emblemticas o colectivas , siendo algunas de ellas antagnicas entre s. Pero no es menos cierto que en la memoria colectiva de los pueblos queda un sedimento comn que, en definitiva, constituye su memoria histrica. Existe, pues, un vasto campo de disputa entre distintas miradas y maneras de concebir la sociedad respecto de la o de las memorias colectivas hegemnicas que se constituirn como conciencia histrica o sentido comn historiogrfico desde los niveles ms simples hasta los ms elaborados.

Estas motivaciones ciudadanas (o si se quiere, polticas) explican las iniciativas de historiadores e historiadoras que mencionbamos anteriormente. Son respuestas desde la disciplina de la Historia, pero tambin desde nuestra posicin de ciudadanos comprometidos con la defensa de los DD.HH. y la soberana popular.

No se trata de reemplazar el rol y las funciones de la poltica por el rol y las funciones de la historiografa y los historiadores ya que estos no pueden hacerlo. Los historiadores crticos no pueden (ni deben) sustituir o asumir las mismas funciones de los movimientos sociales y de las organizaciones polticas. Si se lo proponen, solo pueden acompaar esos movimientos, aportando su saber disciplinario y guardando cierta distancia crtica. Pero jams sustituirlos. Pero pueden y deben hacer un aporte muy significativo en la batalla por la memoria histrica y en la conformacin de una ciudadana crtica y reflexiva.

Deben, por ejemplo, contribuir a hacer fracasar las maniobras polticas para lograr una verdad mnima sobre la historia reciente de Chile en la que puedan reconocerse todos los sectores del pas. Recordemos que con ese fin se intent hace algunos aos juntar en una Mesa de dilogo a vctimas y victimarios del perodo dictatorial para que de comn acuerdo hicieran emerger una verdad puramente arqueolgica y forense, que calmara las ansias de verdad y justicia de la poblacin. La operacin aparte sus objetivos polticos inmediatos- pretenda cooptar la memoria pblica a travs de una memoria unificada, una suerte de historia oficial que limara los desgarramientos de la nacin y que entregara una visin aceptable para lograr la ansiada unidad nacional, saldando cuentas, de una vez por todas, con los aspectos ms ariscos del enfrentamiento social y poltico de las ltimas dcadas.

Pero la maniobra no logr los frutos esperados por sus mentores. De la llamada mesa de dilogo no eman porque era imposible que eso ocurriera- una historia oficial o suerte de mnimo comn denominador historiogrfico, ni tampoco logr con sus magros resultados sobre el paradero de los detenidos desaparecidos frenar o desviar por un callejn sin salida el reclamo de verdad y de justicia presente en la sociedad chilena. Los complejos juegos polticos entre bambalinas se encaminaron ms bien a ceder una cuota mnima de justicia y a cumplir el rito del enjuiciamiento a Pinochet exigido por la comunidad internacional, pero sobreseyndolo finalmente por razones de salud. Posteriormente, cada cierto tiempo, desde los sectores que apoyaron a la dictadura, han surgido varias propuestas de solucin al problema de los Derechos Humanos, que en definitiva sera un punto final que garantizara la impunidad de numerosos autores de crmenes contra la humanidad. Aunque estas iniciativas no han prosperado, es posible que en el futuro haya nuevos intentos en la misma direccin.

Los historiadores crticos tenemos pues, mucha tarea por delante junto a todos los que desean una verdad verdadera, plena, y tambin justicia, sin las condicionantes y acomodos de la razn de Estado de la clase poltica (civil y militar) y de sus intelectuales.

Debemos hacerlo para que no ocurra lo que el historiador cataln Josep Fontana advierte retomado las palabras de un gran historiador francs fusilado por los nazis debido a su activa participacin en la resistencia contra la ocupacin hitleriana:

Sera triste que tuvisemos que repetir la queja que Marc Bloch formulara en nombre de los historiadores de su tiempo. No nos hemos atrevido a ser en la plaza pblica la voz que clama en el desierto (). Hemos preferido encerrarnos en la quietud de nuestros talleres (). No nos queda, a la mayor parte, ms que el derecho a decir que fuimos buenos obreros. Pero hemos sido tambin buenos ciudadanos? .

Actualmente en Chile se est empezando a producir un cambio de tendencia histrica. El neoliberalismo imperante desde hace casi cuatro dcadas sufre una crisis de legitimidad social al igual que el sistema de democracia restringida, tutelada y de baja intensidad instalado desde 1990. El pacto de gobernabilidad contrado en la segunda mitad de los aos 80 por la Derecha pinochetista y la Concertacin, est colapsando a medida que aumenta el desprestigio de ese duopolio de coadministradores del poder. Por su parte, los movimientos sociales, profundamente aletargados durante ms de dos dcadas debido a la accin mancomunada del modelo econmico neoliberal, del recuerdo del terror de la dictadura, de las trabas y cortapisas legales e institucionales para la expresin de las demandas sociales, de la virtual dictadura meditica impuesta por los grandes grupos econmicos y de poder, y del control y cooptacin de esos movimientos por los partidos de la Concertacin y sus gobiernos, comienzan, por fin!, a despertar.

Para hacer frente a los problemas tericos y polticos que plantea la nueva realidad se requiere de una historiografa crtica que acompae a los movimientos sociales, no para dar soluciones que son propias de la reflexin y de la accin poltica sino, simplemente, para entregar insumos que ayuden a la reflexin. La historiografa crtica debe conservar la rigurosidad e independencia disciplinares que le son propias, pero tambin debe estar consciente de los condicionamientos sociales que pesan sobre su produccin. Los historiadores estamos obligados a reconocer que nuestro posicionamiento es una tarea azarosa y complicada por la tensin objetiva que existe entre la historia y la poltica, debido a las tentativas de esta ltima para hacer de Clo su esclava obediente. De esa manera el especialista no anulara al ciudadano, ni la poltica reducir a la historiografa a un mero relato instrumental.

Asumiendo estas tensiones, quienes estamos profundamente convencidos acerca de la responsabilidad social de los historiadores y de la necesidad de escribir historias con sentido, que sirvan a los hombres y mujeres para entender la realidad presente y construir sus proyectos de futuro, debemos desechar las visiones que conciben a la historiografa como una mera tcnica literaria o perfomance intelectual para el deleite de sus cultores y de un reducido nmero de especialistas o estetas. Debemos escribir una historia socialmente til, una historia ligada a las preocupaciones ciudadanas del presente, una historia que, sin perjuicio de su calidad acadmica, sea capaz de interpelar en un lenguaje comprensible a personas de mediana formacin intelectual. Una historia para comprender el pasado, pero por sobre todo para entender el presente y proyectar el futuro. Una historia crtica y reflexiva, destructora de mitos y conformismos.

Solo esa historia puede ser una historia para la ciudadana, especialmente en sociedades tan escindidas como la del Chile actual.

A Uds. que inician el camino, los invito a construir juntos esa historia.

Facultad de Filosofa y Humanidades de la Universidad de Chile. Santiago, 17 de mayo de 2012.

Charla inaugural del ao acadmico 2012 del Departamento de Ciencias Histricas Santiago, Facultad de Filosofa y Humanidades de la Universidad de Chile, 17 de mayo de 2012.

Sergio Grez Toso es Dr. en Historia, acadmico del Departamento de Ciencias Histricas de la Universidad de Chile, Coordinador del Doctorado en Historia de la Facultad de Filosofa y Humanidades de la misma universidad.

Correo electrnico: [email protected]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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