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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2012

El corazn enfermo de Fernando Londoo

Carlos Meneses Reyes
Rebelin


La nacin colombiana se conmovi por la explotacin de una bomba colocada en uno de los miles de automotores blindados que circulan por la ciudad capital, protegiendo ora al poltico reinante, o al impune; ora al acaudalado narcotraficante, o testaferro; ora al funcionario publico o privado, gobernante; ora al jerarca militar, o su familia; ora al amenazado dirigente de izquierda y lo que queda de esperanza.

La gravedad de lo enunciado es que la bomba explot en Bogota; sede del militarismo imperante en Colombia. A donde, segn los maquilladores mediticos tan solo podr haber unos cuatro mil simpatizantes de las guerrillas. Ciudad fortificada, a la que sesenta aos de lucha armada prolongada en Colombia o de guerra de guerrillas aducen, no asientan. Es la ciudad vitrina a inversionistas. Lo grave del asunto es que un vendedor ambulante-con o sin peluca-pasmosamente se acerca y adhiere un explosivo gel a un vehiculo sobreprotegido; en lugar concurrido de la capital colombiana, previamente escogido. Calculado para que mueran transentes, civiles desarmados y porque no decirlo para que no muera el objetivo del atentado, al interior del vehiculo; puesto que con al menos dos dedos de frente, a Calvo Sotelo, el franquista, lo volaron desde una alcantarilla, framente escogida cuando su automotor blindado, pas por all y a Anastasio Somoza B, con un mortero dirigido, que tambin lo levant. Por ello la pregunta que todos se formulan, a quien servia ese bombazo contra el ex ministro Fernando Londoo; sino a los enemigos de la negociacin poltica para la solucin del conflicto armado, de la guerra, en Colombia.

Como la mas-media cree que los colombianos y colombianas somos enajenados con sus mensajes subliminalizados, no cay en terreno abonado la versin inmediata que el atroz acto provena de la insurgencia armada. En momentos en que quiranlo o no, la captura en combate de un periodista corresponsal de guerra ha generado el debate pblico sobre la objetividad y verdad de la informacin; la posicin gubernamental apost al margen de espera para sealar al autor de ese mensaje terrorista de muerte. Elemental!

 

Pero la mas-media lo centr en la versin que dara una de las victimas del atentado: Don Fernando Londoo. Con verdadera decepcin ciudadana escuch su acusacin manifiesta. Seal, como la sutura abierta de su propia herida, sin mayores elementos de juicio, a las Farc-ep; haciendo eco a la mas-media y la daina versin fouchista policial. No le bast la apreciacin pausada de su hija al declarar que aunque sabia de procedencias de amenazas farianas contra su padre, en el caso del atentado no poda afirmar que fueran ellos. Y qu mueve a un ponderado hombre publico- independientemente de sus posiciones polticas fascistoides y de derecha- para atizar odios en Colombia?. Cmo entender que un ungido del poder econmico y poltico sea inferior a (sus) las circunstancias?. Cmo creerle y aceptar, que un probo oficial civil que de alguna manera fue revestido de autoridad, analice que en la mente de su depredadores estaba el improbable caso de salir vivo de tan doloroso trance y que dado eso haba salido y pueda lanzar el temerario- tanto para su conciencia como para la de los colombianos- Yo Acuso?. Pero en poltica pesan son los hechos y sus efectos. Al lanzar su deshilvanada acusacin se coloca en contravia a la posicin gubernamental. Opta por la consecuencial postura de la derecha terrorista en Colombia; no tanto porque la suerte de una solucin poltica a la guerra en Colombia este en la existencia o no, de un marco legal para la paz; en el engendro o no de un fuero militar como cuestin poltica. El efecto poltico negativo a su impvida acusacin redund en cobarde silencio de sus conmilitones. Que mas efecto poltico que el saber que los colombianos y colombianas no tragamos entero.

 

Pero el hecho terrorfico de la bomba en Bogota continua causando los efectos buscados. Que la opinin publica y las gentes callen. Que las plumas no escriban, puesto que existen temas, como el abordado, que son prohibitivos. Estamos sumidos en los terrorficos trinos de los twiters, contra la libertad de expresin y de conciencia poltica, religiosa, de genero, de minoras; la intolerancia de la homofoba y libertad sexual.

 

Tras el bombazo en Bogota, se suceden los atropellos. Cuando existe clara y consecuente movilizacin de masas por la salida poltica al conflicto colombiano e irrumpen niveles calificados de organizacin poltica con vocacin de servicio popular; aparecen los anuncios agoreros de golpes militares de salidas golpistas de facto, para obstaculizar la inevitable salida civilizada a los padecimientos de la nacin colombiana.

 

Claro que abrigamos la no repeticin de un nuevo genocidio poltico contra el Movimiento Poltico y Partidario La Marcha Popular. No podemos aceptar que en Colombia se continu con la acusacin de la Combinacin de las formas de lucha

Desde entonces el estigma que cualquier organizacin poltica de izquierda, de masas, revolucionaria, que surge, proviene, o es creacin, o hace parte de la insurgencia guerrillera.

Expliquemos que una cosa es la existencia de las distintas formas de lucha en Colombia: digamos la lucha legal, parlamentaria, institucional, gremial, reivindicativa, sindical, de masas y otra cosa la lucha ilegal, subversiva, en franca rebelin armada y generadora de oposicin poltica armada contra el establecimiento estatal y no un gobierno en particular.

En el quehacer poltico aplica la formula universal de la divisin del trabajo. El quid para una metodologa explicativa radica en que un partido poltico, cuya naturaleza es esencialmente legal, aplica una forma de lucha legal. De otro lado, que en la existencia de una forma de lucha ilegal, su naturaleza es esencialmente ilegal, subversiva contra el orden poltico imperante. Un dirigente guerrillero, es clandestino. Un dirigente poltico de izquierda, lo es legal. Lo de guerrillero con corbata o guerrillero de caf, corresponde al estigma por confundir el caf con la leche. O se es una u otra cosa, no un caf con leche.

El anatema, la condena del Estableshiment colombiano y del Imperio, radica en que la izquierda en Colombia reivindica la existencia de las distintas formas de lucha!. Ojo, aspecto muy diferente a la fementida combinacinde las formas de lucha. De manera que la izquierda en Colombia reivindica que la lucha armada es una forma de lucha (ilegal) en Colombia. Puede que en otras latitudes no lo sea. Pero en Colombia si .Puede que no estemos de acuerdo con sus mtodos de vigencia armada. Pero en Colombia es una realidad palpable su existencia en todo el territorio nacional y su incidencia de peso especifico, en la vida poltica del pas. Por supuesto que la existencia de la guerrilla, su presencia, permanencia en el tiempo y en el territorio nacional debe ir acorde con el presupuesto del Derecho Internacional. Al respecto es mucho el acervo probatorio documental y de estudios existentes acerca del carcter beligerante de las guerrillas (insurgencia) en Colombia. Sobre ello nos hemos dedicado en otros escritos.

Pero importa es la circunstancia de imperativo humanitario de salvaguardar el nacimiento en Colombia de un nuevo movimiento poltico legal y de masas. Ya existe el Movimiento Poltico y Social Marcha Patritica. Ya esta conformado El Consejo Patritico Nacional, que nace como un nuevo partido poltico en Colombia. De todos nosotros, colombianos y colombianas, depende el que no se repita otro genocidio poltico. El Polo Democrtico Alternativo, ha sabido asimilar la posicin correcta frente a la existencia o surgimiento del nuevo actor poltico en la izquierda colombiana.

Aunque en la guerra la primera sacrificada es la Verdad, la opinin pblica nacional e internacional clama porque se esclarezca lo del bombazo en Bogota. Mas que injusto, angustiante, que el ciudadano colombiano Fernando Londoo no sepa cual es el margen de sus enemigos: si la suerte siniestra del sacrificado lvaro Gmez H en la extrema derecha; o la enunciada distincin de respeto a los objetivos civiles de la insurgencia colombiana. No el militarismo, sino la Fiscalia y el Derecho, tienen el reto.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante unalicencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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