Portada :: Cuba :: CINCO CUBANOS PRESOS DEL IMPERIO
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2012

Madres y esposas de Los 5 en larga y angustiosa espera

Wilkie Delgado Correa
Rebelin


En esta ocasin, cuando ya se acerca el 14mo. aniversario de la detencin de los cinco Hroes cubanos, bien vale la pena reflexionar sobre esta realidad que pensbamos que, por imperativo de justicia y hasta de sentido comn, no sera tan prolongada. El tiempo ha transcurrido con la pesada carga que cada ser humano lleva sobre los hombres con una sensacin especial de pasado, presente y futuro. Ese tiempo encerrado en una crcel pesa mucho ms sobre la existencia. Cuando se trata de una condena injusta, el alma y la razn del hombre se rebelan, pues debe sufrir las desgarraduras que causa la injusticia. En tales circunstancias son muchas las influencias internas y externas que pueden aliviar las penas.

Los cinco cubanos presos en los Estados Unidos tienen en sus madres, junto a otros mecanismos de defensa, el escudo protector y el abrigo espiritual para enfrentar la soledad de los das y aos dentro de las celdas. Cunta razn tena Jos Mart al afirmar que la madre, est lejos y cerca de nosotros, es el sostn de nuestra vida.

Magali y Mirta todava soportan con estoicismo el peso de los aos, alentadas por la esperanza de la libertad probable de sus hijos Fernando y Antonio. Irma, a pesar de la libertad de Ren, debe seguir sufriendo una libertad supervisada que constituye en esencia una condena adicional, a lo que se une la pena infinita por la grave enfermedad de su hijo Roberto. Todas tienen ante s mismas las condenas atroces contra sus hijos, experimentan en sus existencias todo el dolor que provoca el encarcelamiento injusto de sus hijos en los Estados Unidos, sienten el orgullo de verles dignos y enfrentados a una suerte aciaga por cumplir el sagrado deber de defender a su patria contra el terrorismo practicado sistemticamente desde territorio norteamericano, y les acompaan ay, carne de su carne y sangre de su sangre!- en sus batallas por lograr la libertad plena que nunca debieron perder. Confan, ms all de toda la realidad adversa que est presente en el seno del imperio, que la verdad haga posible el triunfo de la justicia o que un acto mnimo de clemencia del presidente Obama, permitan que se abran las puertas de las prisiones de alta seguridad de ese pas y se produzca el anhelado retorno a casa. A Nereida y a Carmen, madres de Ramn y Gerardo, no les alcanz la vida para seguir soando y esperando ese da feliz que acaso durante mucho tiempo entrevieron entre penumbras y zozobras.

Cuando ese da llegue, -pues tiene que llegar indefectiblemente- ser ocasin para que Ren, Antonio y Fernando, abracen a sus madres para decirles: Madre, mrame t, aqu me tienes junto a ti: fiel y digno como me formaste. Ser ocasin para que Gerardo visite la tumba de Carmen y le diga en un susurro: Mamucha querida, llegu al fin demasiado tarde, t recordndome siempre a pesar de los muchos olvidos que te poblaron la mente en tus das finales, pero aqu me tienes ntegro y libre de las traiciones que me ofrecieron con los encantos de serpientes. Aqu me tienes digno y fiel como me formaste. Tambin ser la ocasin para que Ramn llegue hasta la tumba de Nereida, su madre, quien no pudo conocer en su momento la noble misin de su hijo, y le exprese: Perdname, madre, he vuelto de la misin que me alej de ti. Nunca lo supiste, aunque tal vez la verdad alguna vez te rond en la cabeza. Madre, aqu est tu hijo: fiel y digno como me formaste.

Hoy, despus del largo tiempo transcurrido, tres madres esperan con la urgencia de los aos que las hacen vulnerables, pero con las verdades que las hacen espiritualmente fuertes y combativas en defensa de sus hijos, y aun tienen la esperanza de que el bien se imponga al mal en este tiempo signado por el odio torvo de un imperio que es capaz de encadenar a la justicia, torturarla, violarla y mantenerla secuestrada.

Las madres esperan ver libres a sus hijos, y a la justicia tambin. La libertad debe llegar como un rayo de luz que ilumine la imagen de los 5 Hroes y, a la vez, a la propia imagen de la justicia norteamericana.

Pero, adems de la historia de las madres, hay que resaltar la de las esposas, pues esta es una nueva historia homrica. Cada tiempo histrico tiene sus cantores y su Odisea. Homero inmortaliz la lealtad y paciencia de Penlope durante su espera por Ulises que libraba sus batallas contra seres y monstruos enemigos que, conocidos y desconocidos, se encontraba en tierras lejanas.

La heroicidad de Ulises y su retorno a su medio hogareo, resultaron compensados, debe decirse premiados, por la fidelidad de su esposa Penlope.

Homero supo atrapar el destino honorable de dos seres que, cada cual en su lugar, representan valores eternos para la humanidad. Pero en la historia contada y cantada por Homero, no acabaron las experiencias iguales o parecidas vividas por otros seres a lo largo de la historia de la humanidad. Estas deben haberse repetido ms de una vez, aunque no siempre hayan tenido la belleza y el esplendor interiores del relato original.

En sntesis, en la Odisea, poema pico griego, Homero se cuentan las aventuras de Odiseo (Ulises en la tradicin latina) y el regreso del hroe griego al hogar diez aos despus de la guerra de Troya. En ese perodo se enfrent a diversos peligros, como al cclope devorador de hombres Polifemo, y a la diosa Calipso, que le prometa la inmortalidad si renunciaba a volver a casa.

Por su parte Penlope, aunque su marido estuvo ausente durante tan largo tiempo a consecuencia de la guerra, nunca dud que Ulises regresara y mantuvo su fidelidad.

En la Odisea el mal es derrotado, triunfa la justicia, y la familia, tristemente separada, se rene de nuevo.

En la historia ms reciente de la cual todos somos testigos, una historia semejante e igualmente emocionante ocurre en Cuba y en Estados Unidos. Las Penlopes cubanas de ahora se nombran Olga, Rosa Aurora, Adriana y Elizabeth, y son las esposas de cuatro de los Cinco Hroes cubanos presos injustamente en los Estados Unidos, en cuyo territorio libraban, inermes, una lucha contra el terrorismo. Se enfrentaban all a nuevos Polifemos pertenecientes a la mafia terrorista de Miami. All, una vez apresados, declinaron las propuestas de Calipso, esta vez representada por las autoridades y justicia norteamericanas, dispuesta a concederles el perdn y vaya a Ud. a saber cuntas cosas materiales- a cambio de que accedieran a traicionar sus principios y se declarasen espas de su pas.

Al trmino de casi catorce aos de prisin, las esposas, esas Penlopes contemporneas, permaneces fieles no slo esperando el regreso de Gerardo, Ren, Ramn, Fernando, y tambin de Antonio, esos nuevos Ulises de nuestro tiempo, sino que trabajan y luchan cada da porque se abran las puertas de las crceles y ellos puedan regresar con la frente alta, como mismo entraron a la prisin, y con la misma dignidad con la que han cumplido y cumplirn la condena injusta, hasta que dure.

Como tiene que cumplirse inexorablemente la fidelidad de los personajes de esta historia reciente de los Cinco Hroes, al igual que en el poema de Homero, es cuestin de esperar, pero luchando en todas partes y por cualquier va tica, que esta vez tambin vuelvan los Hroes, como hizo Ulises, y las Penlopes cubanas les reciban con el abrazo de un amor fiel e invencible. Ser el momento entonces para festejar el triunfo de la justicia, la dignificacin de la familia y la victoria de la solidaridad humana con las causas nobles y sus hroes.

Pero en tanto esta historia no tenga el merecido desenlace feliz, debemos recordar todos los das que las madres y las esposas de los 5 estn en larga y angustiosa espera, y los cinco se encuentran en un cautiverio injusto y criminal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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