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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2012

La nica solucin de Grecia es "disolver el pueblo"

Bruno Guigue
Oumma.com

Traducido del francs para Rebelin por Caty R.


Para los alemanes y franceses, el espantapjaros de la crisis griega tiene un doble valor pedaggico: frena las reivindicaciones sociales con la amenaza de la austeridad y absuelve a las lites dirigentes del fracaso del euro achacndolo con desdn a un pueblo de la periferia europea.

El pueblo es soberano, es dueo del poder y decide libremente su futuro, siguen vigentes esas frmulas que definen la esencia de la democracia? Si hay que plantear el asunto es porque la actualidad inmediata multiplica los ejemplos de lo contrario. Lo menos que se puede decir es que la idea de que la soberana slo reside en el pueblo, en la actualidad se ve muy debilitada. Y ese rechazo de la democracia resulta tanto ms paradjico en cuanto que ocurre en su cuna histrica, en el centro de su encarnacin presuntamente ejemplar: Europa.

Del rechazo de la democracia por parte de las lites dirigentes la actual crisis griega presenta un ejemplo impresionante: maliciosamente, en efecto, remite a la construccin europea a su pecado original (1). Como un retorno de lo reprimido el voto expresado en las ltimas elecciones, ms que el dficit presupuestario, subraya sobre todo el dficit acumulado de democracia del que la imposicin comunitaria es el ltimo avatar.

Al infligir una dolorosa derrota a los partidos del gobierno, el pueblo griego denuncia la empresa punitiva organizada por las finanzas internacionales. Rechaza el rescate, a costa de una poblacin empobrecida por la austeridad, de esos bancos podridos que alimentaron la corrupcin y el clientelismo. Mejor todava, al votar por la izquierda radical en un grado inesperado, el pueblo descalifica un sistema econmico y social cuya permanencia estara garantizada por la austeridad exigida por Bruselas.

Pero ms profundamente el pueblo griego subray ante los poderosos, aqu y en otros sitios, que es l, y solo l, el que est al mando. La economa es un asunto lo bastante importante para que decida el pueblo o debe ser regulada por otros? En ese caso, qu valor tiene un plan de recuperacin econmica que el pueblo no quiere? Si la democracia tiene sentido, la respuesta es obvia: ese plan no vale nada.

El discurso dominante ha transmitido con claridad el punto de vista de la banca alemana que incrimina la irresponsabilidad griega, pero es ms bien la irresponsabilidad de los medios financieros la que es patente. No solo porque su especulacin es el origen del marasmo planetario, sino porque adems no responden de sus actos ante nadie. La extensin de su poder es inversamente proporcional al control del que son objeto. La confianza de los mercados, esa abstraccin tras la que se esconde la spera codicia de quienes poseen el capital, hace las veces de sufragio universal.

El poder econmico internacional que no se somete a ninguna ley sin duda querra que los gobiernos le obedecieran, pero cuando los pueblos tienen la oportunidad de expresar su voluntad, por qu van a plegarse a su voluntad? Con qu legitimidad los obreros y los funcionarios griegos deben pasar privaciones para rescatar a los bancos que son triplemente responsables de la crisis: alimentando la mala gestin poltica, especulando sin vergenza y por aadidura exigiendo a un pas exange tasas usureras que perpetan la crisis?

Se podra objetar que al rechazar el plan de austeridad mientras pretenden permanecer en la Eurozona, los griegos quieren conservar las ventajas y evitar los inconvenientes del sistema comunitario. Un poco tramposos soaran con una tutela financiera que les permitiera perpetuar sus malos hbitos. Pero se omite un dato esencial en el que los medios de comunicacin no hacen hincapi porque descompone la versin oficial: ni el conjunto del pueblo griego ni las fuerzas polticas contrarias a la austeridad son responsable en absoluto de la incuria de quienes arruinaron el pas.

Y todava ms, esas fuerzas que pertenecen mayoritariamente a la izquierda radical no son favorables a un statu quo fiscal y social en el que los ms ricos sean los principales beneficiarios, a los cuales denuncian precisamente por su responsabilidad en los desequilibrios internos. En un pas en el que los armadores forrados y la iglesia ortodoxa, de lejos el primer terrateniente, no pagan impuestos, es obvio que la ausencia de un reparto equitativo de la carga fiscal es el centro del problema.

De la resolucin de ese problema, unida a una refundacin del Estado sobre bases saneadas, depende la recuperacin econmica del pas, y no de una ensima versin de la imposicin europea cuyo nico resultado sera ahogar la economa griega en la recesin. Si el pueblo griego es capaz de restaurar el pacto social e imponer que cada uno participe segn sus posibilidades, incluidas las clases medias, el tiempo lo dir. Pero est claro que al votar a la izquierda radical una parte considerable del electorado seala al mismo tiempo su rechazo de una poltica de austeridad mortfera y su deseo de una reforma social profunda.

No es de extraar, por lo tanto, que este aspecto del enfrentamiento poltico en Grecia sea completamente ocultado por los centinelas del capital que son los medios de comunicacin dominantes. Infantilizando al pueblo griego, la versin periodstica habitual nos presenta la lucha entre las fuerzas polticas como un oscuro embrollo donde la irresponsabilidad poltica redoblara la irresponsabilidad econmica de toda la poblacin.

En el fondo todo se presenta como si el terremoto de las ltimas elecciones legislativas, en las que los partidos de izquierda hostiles a la austeridad totalizan el 32% de los votos, debiera difuminarse en una mezcolanza engaosa, como si una corrupcin poltica indistinta mostrase la inconsciencia de un pueblo frvolo y manirroto. Para el mentiroso esta superchera no es menos efectiva, ya que permite legitimar moralmente las restricciones infligidas a los pobres de Grecia a los ojos de una poblacin europea abocada a pagar los platos rotos de la crisis del euro.

Para los alemanes y franceses, el espantapjaros de la crisis griega tiene un doble valor pedaggico: frena las reivindicaciones sociales con la amenaza de la austeridad y absuelve a las lites dirigentes del fracaso del euro achacndolo con desdn a un pueblo de la periferia europea. Mientras que la crisis griega es un efecto combinado de la injusticia social, la crisis mundial y la camisa de fuerza monetaria europea, de esta manera se imputa a la irracionalidad intrnseca de una poblacin aferrada a sus privilegios arcaicos.

Al olvidar que la mitad de la poblacin activa est en paro y que los pobres son todava ms pobres despus de cinco aos de recesin, las lites dirigentes europeas practican una especie de doble negacin: en primer lugar negacin de la realidad al seguir exigiendo al pueblo griego, en nombre de una supuesta responsabilidad colectiva, su empobrecimiento absoluto, como si esa poltica pudiera producir otra cosa distinta de un rechazo obstinado en nombre del instinto de supervivencia y del simple sentido comn.

Despus negacin de la democracia, ya que la Troika (CE, BCE; FMI) nunca tiene en cuenta la aprobacin previa del plan de austeridad como primera condicin para su puesta en marcha, sino como una formalidad sin importancia. En realidad la Troika nunca ha propuesto al pueblo griego remediar sus males, sino que le ha impuesto un tratamiento de caballo, a riesgo de matar al animal, cuidando sobre todo los intereses dominantes. Es intil preguntar a los griegos si estn de acuerdo en sacrificar su existencia en beneficio de los bancos, puesto que nadie duda de cul ser la respuesta. Simplemente se espera que los representantes den su acuerdo formal para poner en marcha el plan de austeridad sin pensar ni por un segundo que pueda ser de otra manera.

Y que tengan cuidado esos representantes si tienen la osada de rebelarse, la llamada al orden no se har esperar y la amenaza del apocalipsis financiero desempea el papel de una poderosa incitacin a la ortodoxia capitalista. Recordemos que el primer referndum sobre el plan de austeridad, anunciado a bombo y platillo en 2011, fue patticamente anulado por el Primer Ministro socialista. Ante la bronca organizada por los dirigentes europeos y sus repetidores mediticos, Papandreu cambi la chaqueta en un abrir y cerrar de ojos.

Dar la palabra al pueblo sobre su propio futuro?, aplicar el principio de la soberana popular? Esas ideas absurdas ya se han retirado de la mesa, hay que decirlo. Es cierto que la mala fortuna del referndum franco-irlands en 2005 dej un mal recuerdo a los que prefieren decidir en lugar del pueblo. Incluso si al da siguiente de la eleccin de Sarkozy la voluntad popular expresada por el 55% de los franceses de un NO al tratado constitucional, fue inmediatamente burlada por el charlatn en jefe de la derecha sin complejos.

La democracia solo es grata a los ojos de las lites dirigentes cuando se ajusta estrictamente a sus intereses. El veredicto popular? Para ellos, su virtud es la de confirmar, nunca afirmar. En la democracia sabiamente ordenada que nos promete la dominacin de los mercados, el propio pueblo es una oficina de registro, no la fuente de toda legitimidad. La poblacin no decide nada, avala dcilmente y adems por medio de representantes interpuestos, puesto que la va de la consulta directa le est vetada.

Por otra parte, sabe el pueblo lo que es bueno para l? Se ve fcilmente el resultado impensable de esta representacin: el pueblo, siempre tentado por el populismo, es un gigante sordo y ciego cuyos ojos y orejas deben ser las lites que con firmeza, precisamente para no consolidar ninguna de sus ambiciones, marcarn lmites razonables a sus deseos un tanto confusos. Al pueblo eternamente insatisfecho, pueril e inconstante, no hay que devolverle constantemente al buen camino?

Esta nueva versin del despotismo ilustrado es lo que aparece ante nuestros ojos: si por casualidad el pueblo seducido por los pjaros de mal agero vota mal, basta con anular el resultado de la votacin y confiar a sus representantes el cuidado de borrar el resultado de una ofuscacin pasajera. Pero la operacin no siempre est exenta de riesgos, as que, despus de todo, es mejor que el pueblo no vote. Para evitar sorpresas desagradables no hay nada ms seguro que reducirle al silencio; como la guerra de Troya, el referndum no habr existido.

Qu pena que todava no se hayan sustituido las elecciones por un plebiscito a favor del capital en las salas de operaciones del mercado! Al no poder suprimir las instituciones democrticas que se conquistaron con una lucha feroz, las potencias del dinero se dedican a despojarlas de su sustancia. Que voten lo que quieran, en el fondo importa poco puesto que el poder que el pueblo cree ejercer solo es un espejismo. Desmintiendo la frmula gaullista, nuestras lites nos lo dicen: el autntico poder ya no reside en esas cajas mgicas que son las urnas, sino en ese recoge-todo que es la Bolsa de Valores.

Porque, totalmente desprestigiada, la soberana popular est ubicada bajo la tutela de la moneda nica. Los griegos no quieren aceite de ricino comunitario? Lo tragarn de todas formas. El pueblo est seguro de que quiere lo que afirma querer? Se le demostrar que se equivoca. En la poca de la Unin Sovitica, la doctrina Brzhnev afirmaba que las democracias populares de Europa del Este slo disfrutaban de una soberana limitada. Parece que ahora el conjunto de los pueblos europeos tambin est limitado por el mismo rgimen.

Pero todo el problema consiste en saber si una soberana limitada sigue siendo una soberana. La respuesta es negativa, el pueblo es soberano o no lo es, y si lo es no puede ser a medias. Rousseau lo comprendi perfectamente y para l la soberana es indivisible e inalienable, si un pueblo se despoja de una parte de su soberana est abdicando en beneficio de la tirana. Por supuesto la tirana actual no es la de las testas coronadas de la monarqua absolutista, pero no es menos temible, oculta tras los falsos argumentos de un presunto racionalismo econmico y de un modelo social supuestamente insuperable.

Esta inslita empresa de dominacin que se adorna con las virtudes de la democracia es su mayor enemiga, puesto que la tirana actual de los mercados solo tolera la democracia como un elemento auxiliar, como un dcil servidor de sus intereses. Se satisface plenamente con un sistema al estilo estadounidense en el que los fundamentos de la sociedad nunca estn en cuestin, el debate se limita a saber quin soltar ms dlares para financiar la campaa electoral. Sin embargo, la soberana popular solo tiene un sentido preciso si va sobre lo esencial y no sobre lo accesorio, es decir, si fija los lmites a las desigualdades del tener, el poder y el saber.

Mejor que esa democracia intransigente, las lites contemporneas prefieren una presunta democracia que no es ms que el taparrabos de la dominacin capitalista internacional. Y esa limitacin deliberada de la democracia sirve tanto para uso externo como interno. Democracia limitada en el interior, democracia controlada en el exterior, este es el doble lema de las esferas dirigentes internacionales que presiden, entre otros, los destinos de Europa. As, domesticada dentro de las fronteras occidentales, la democracia es objeto de una vigilancia universal.

Como se atreva a amenazar el orden establecido o a sacudirse el yugo de los intereses dominantes, se abrasar. Con un cinismo sin precedentes, las lites dirigentes europeas se saltan la soberana popular de los dems tan alegremente como rechazan la legitimidad de la propia. Por eso se acomodan sin problemas a las dictaduras del exterior, fijan su desprecio por la voluntad popular en el interior y censuran por todas partes la democracia cuando esta no desempea el papel asignado.

Desde ese punto de vista es sorprendente cmo presentaron los medios de comunicacin franceses, durante varios das, los resultados de las ltimas elecciones griegas. Mientras que el acontecimiento principal resida en la derrota de los partidos tradicionales en beneficio de la izquierda radical, dieron claramente la impresin de que el nico hecho digno de comentario era el resultado del 7% obtenido por un partido de extrema derecha. De la expresin democrtica del pueblo griego, por qu sealar nicamente ese aspecto, ciertamente inquietante y nauseabundo, pero en absoluto esencial?

Quiz es necesario desacreditar, a cualquier precio, ante la opinin pblica francesa el proceso electoral por el que los griegos, al conceder el 32% de los votos a las fuerzas de izquierda que rechazan la austeridad, sealan al mismo tiempo la esperanza de una reforma social y la confianza en la democracia? La soberana popular de los griegos, que fueron los primeros en formular el concepto, seguramente no se podr domesticar fcilmente. Y la nica solucin de la que disponen los dirigentes europeos para satisfacer la voracidad de los mercados ser en el fondo la que sugera Bertolt Brecht en una clebre boutade: disolver el pueblo (y elegir uno nuevo, N. de T).

Nota de la traductora:

(1) El pecado original es lo que se ha llamado dficit democrtico, es decir, que los rganos decisorios de la UE escapan, desde la poca de la CEE, al control de los ciudadanos.

Bruno Guigue, en la actualidad profesor de Filosofa, es titulado en Geopoltica por la cole National dAdministration (ENA), ensayista, colaborador asiduo de Oumma.com y autor de los siguientes libros: Aux origines du conflit isralo-arabe, LEconomie solidaire, Faut-il brler Lnine?, Proche-Orient: la guerre des mots y Les raisons de lesclavage, todos publicados por LHarmattan.

Fuente: http://oumma.com/12784/grece-une-seule-solution-dissoudre-peuple



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