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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2012

El regreso de la burguesa nacional en el imaginario del comunismo argentino

Jos Schulman
Rebelin


Hubo, hace casi un siglo atrs, un debate crucial para la cultura comunista latinoamericana. La discusin se realiz a la otra orilla del Ro de la Plata, en un Montevideo que recibi a delegados de los nacientes partidos comunista de la Amrica del Sur, convocados por el Secretariado de la Internacional Comunista, que tena su asiento en Mosc, pero que envo al evento a un suizo, Humbert Drosz, en su primer viaje a la regin. El suizo present una tesis, inspirada en los debates chinos acerca de la construccin de un frente nico anticolonialista, que propiciaba la identificacin de la lejana Asia con el sur de Latino Amrica y por ello l hablaba de una burguesa nacional con existencia real y an ms, con capacidades de confrontacin con la burguesa trasnacional, colonialista, imperialista, en procura de la creacin de un mercado nacional; y por ello, plausible de incorporacin a un frente democrtico nacional.

La ponencia fue triunfante y as los partidos comunistas de la regin, con sus ms y sus menos, pasaron a esperar la maduracin de una burguesa nacional que alguna vez debera comprender su rol histrico, unirse a la clase obrera y as emprender un camino de liberacin nacional que nos diera un verdadero y serio capitalismo latinoamericano, tras cuya desarrollo, se podra al fin- convocar a la lucha por la revolucin socialista. Como se sabe, los partidos comunistas de la regin se pasaron dcadas esperando que ocurriera su vaticinio y algunos, ni siquiera pudieron ver el carcter revolucionario de la lucha contra la dictadura de Batista en Cuba y hablaban de la excepcionalidad de dicha revolucin socialista de liberacin nacional, como aos despus la caracterizaron los mejores pensadores de la Revolucin Cubana, empezando por Fernando Martnez Heredia o el inolvidable revolucionario salvadoreo Shafick Jorge Handal en un libro que tuvo gran impacto en la Argentina de los 80: Los caminos de la unidad; acaso porque el dogmatismo burocrtico e inquisidor prohibi su lectura a los militantes de la Juventud y el Partido Comunista, transformndolo en un verdadero objeto del deseo militante.

Pero hay que decir que en aquellos debates de 1929 hubo otra postura, la de Jos Carlos Maritegui, quien en sus Tesis Antimperialistas propiciaba otra lectura de la historia de la Conquista, la Colonia y el Capitalismo latinoamericano. En Amrica Latina no hay burguesa nacional, porque han nacido, como clase, en una posicin subalterna al Imperio, que los lleva a unir su destino con el de los dominadores y no con los dominados; por lo que no hay etapas previas para la lucha por el socialismo.

En palabras de Maritegui: nuestra misin es explicar y demostrar a las masas que slo la revolucin socialista opondr al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera...y concluye con una sntesis brillante ...somos antimperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagnico, llamado a sucederlo, porque en la lucha contra los imperialismos extranjeros cumplimos nuestros deberes de solidaridad con las masas revolucionarias de Europa. Y sobre las ilusiones en la burguesa nacional: las burguesas nacionales, que ven en la cooperacin con el imperialismo la mejor fuente de provechos, se sienten lo bastante dueas del poder poltico para no preocuparse seriamente de la soberana nacional y que por ello no tienen ninguna predisposicin a admitir la necesidad de luchar por la segunda independencia  [1]. La historia real del desarrollismo, los Planes de la Alianza para el Progreso, la actitud hacia el terrorismo de Estado y el neoliberalismo de los noventa, dieron razn al peruano y dejaron en ridculo al suizo y sus adeptos.

En la Argentina, la combinacin de confusiones sobre la estructura econmica social capitalista desde finales del siglo XIX- y no atrasada por el predominio del latifundio y la dependencia al Imperialismo como afirmaba el marxismo dogmtico- articulada a la incomprensin del sentido profundo del ciclo de golpes de estado (secuencia de gobiernos militares, gobiernos civiles de modo tal que la debilidad de los gobiernos militares era resuelta con un llamado a las elecciones y las claudicaciones de los gobiernos civiles concesiones, reformas sociales arrancadas por la lucha popular- con un nuevo golpe militar) como modo especfico de dominacin del bloque de poder argentino, aliment el gran mito de la burguesa nacional, supuestamente virtuosa, comprometida con la ampliacin del mercado interno y las libertades democrticas.

Es de esa confusin terica, y no de claudicaciones ticas, que nace la recurrente posicin del Partido Comunista Argentino de apoyar lo positivo y combatir lo negativo de los gobiernos civiles y de poner la derrota de las dictaduras militares por encima de cualquier otra consideracin estratgica, lo que lo llev a ser furgn de cola de los partidos de la burguesa nacional democrticos y antimperialistas, como supuestamente eran la Unin Cvica Radical y el Peronismo. Es que el horizonte era el capitalismo normal. En 1942 se afirma Nosotros, comunistas, estamos dispuestos a no plantear ninguna demanda poltica o social que trabe o impida el desarrollo libre y progresista del capitalismo. Por desarrollo progresista entendemos un desarrollo que impulse y vivifique los recursos naturales del pas y que tome en consideracin sus intereses y, en particular los de su poblacin laboriosa en palabras de su secretario Gernimo Arnedo lvarez [2].

Tuvo esa poltica, momentos trgicos como el llamado a la convergencia cvico militar frente a la dictadura del 76 o la convocatoria a votar a Luder del 83; errores que cruzaron todo lmite y fueron la causa inicial de los debates hacia el XVI Congreso que comenzaron discutiendo errores puntuales para ir al cuestionamiento de una estrategia mantenida desde 1928 y an ms, sobre un modo de leer el marxismo que nos haba apartado de Maritegui, Gramsci y an del Che Guevara. El reencuentro de los comunistas argentinos con esta tradicin revolucionaria, dialctica, ajena a los determinismos maniqueos, fue fructfera y nos permiti comprender el sentido profundo del gobierno de Alfonsn, el abandono de la autoproclamacin de vanguardia y la necesidad de la unidad de las izquierdas, el comienzo de la construccin de un frente de liberacin nacional y social con norte en la revolucin socialista que tuvo en el Frente del Pueblo, el Frente Va y los dos tiempos de Izquierda Unida, antecedentes valiosos que seguramente recuperarn aquellos que prosigan la histrica tarea de crear fuerza antimperialista consecuente entre nosotros. Tambin pudimos entender lo que nos haba pasado como clase y como pueblo en el periodo del Terrorismo de estado; y lo que le pas al sujeto burgus que despliega sus negocios en la Argentina. Los aos del Terrorismo de Estado y del neoliberalismo, que lo realiz plenamente siguiendo el concepto marxista de que los fenmenos tienen un momento de fundacin y otro de desarrollo pleno de sus potencialidades- produjeron cambios muy profundos en el sujeto burgus: ocasionaron un cambio de relacin de fuerzas al interior del bloque de poder, dndole preeminencia al sector ms subordinado o directamente parte del capital trasnacional que privilegi a su vez el negocio financiero primero y el extractivista despus; la anoma que introdujo la dictadura y la impunidad dura que garantizaron Alfonsn, Menem y De la Ra han potenciado el costado mafioso de la burguesa que no tuvo reparos en rapiar todo lo que pudo con las privatizaciones y que tambin se introdujo plenamente en el negocio de la droga, la prostitucin y el trafico de seres humanos.

Durante los ltimos aos se hicieron populares en la literatura comunista conceptos poltico didcticos tales como burguesa mafiosa o lumpen burguesa, buscando dar cuentas del fenmeno real y sealando el error conceptual de base de quienes hablan de un capitalismo serio, con centralidad en la burguesa nacional, ayer Lilita Carri, hoy Cristina Fernndez.

En un articulo, Quin est matando a los militantes populares en la Argentina?, publicado por Nuestra Propuesta [3] intent dar cuentas de este proceso del siguiente modo: Y desde el golpe de Estado del 76 y el gobierno de Carlos Menem, domina de un modo ms totalizador y no solo domina, tambin ha producido cambios estructurales en las clases propietarias de modo tal que mut fuertemente la burguesa local. Durante aos se sostuvo el mito de la existencia de una supuesta burguesa nacional (emparentada con el mercado interno y con relativa autonoma de los grandes grupos trasnacionales), ya en los 30 Jos Carlos Maritegui demostraba que la burguesa local latinoamericana naci y creci subordinada al imperialismo (ingls primero y yanqui despus) pero para finales de los ochenta ni rastros haba de aquel supuesto; en su lugar haba aparecido una nueva burguesa local, mafiosa, corrupta, enlazada y subordinada por mil caminos con el Imperio, al que algunos prefieren llamar lumpen burguesa [4]. Una burguesa que ha colocado el negocio ilegal ya no en los mrgenes del modo de produccin, como fue en los periodos del llamado capitalismo distributivo (que de distributivo tena poco y que conviene no olvidar- era contra el que luchaban los treinta mil desaparecidos y la generacin del Cordobazo), sino en el centro mismo de su modelo de valorizacin del capital, de su ciclo de negocios. En los noventa esta lumpen burguesa se apoder del patrimonio histrico de los argentinos por medio de la deuda externa y las privatizaciones; y cundo ese mecanismo se fue agotando, luego de robarse los ahorros de millones de argentinos en el 2001 (transform los dlares depositados en un tercio a pagar en cmodas cuotas) vir a la produccin de la soja transgnica y la minera a cielo abierto, haciendo de la comercializacin de los comodotties, producidos a bajo precio por los bajos salarios pagados en pesos argentinos que se exportan y cobran en divisas fuertes, el modo de enriquecimiento. Es esta lumpen burguesa la que mata en Ledesma. Y mata de un modo directo puesto que el Jefe de Seguridad de la empresa encabez el accionar de las fuerzas policiales jujeas en el campito en disputa. Cuatro muertos. Es esta lumpen burguesa la que mat a Mariano Ferreyra, cierto que con la complicidad de la Polica Federal, puesto que una parte de la burocracia sindical hace tiempo que es parte del poder, es una especie de burocracia gerencial asociada a todos los negocios de la burguesa dominante. Es esta clepto burguesa la que incita a la Polica de Formosa, Santa Cruz, Santa Fe, Neuqun, Buenos Aires y otras a reprimir, torturar y asesinar. Y lo puede hacer porque el modo de construir hegemona al interior del Partido Justicialista y del bloque de poder que ha desarrollado el kirchnerismo, incluye acuerdos de convivencia con los caciques y punteros peronistas del gran Buenos Aires, como el fascista Otaeche, y los gobernadores del interior, como el no menos fascista Infran de Formosa o el socio de las mineras Gioja de San Juan. El gobierno pas en su relacin con las Fuerzas de represin por diversas etapas, casi todas ellas caracterizadas por la negociacin con las cpulas de preservar privilegios y espacios de autonoma a cambio de favores polticos como la promesa de la Federal de no matar en publico que acordaron con Anbal Fernndez por aos. No subestimamos los cambios introducidos por la Ministra Nilda Garr primero en las Fuerzas Armadas y ahora en algunos, pocos, mbitos de las fuerzas de seguridad. Pero el problema es de tal dimensin, la fuerza de la inercia de una cultura represora cultivada por ms de un siglo, el complejo entramado de relaciones entre todas las fuerzas de seguridad con el Poder Econmico, los punteros polticos, las mafias de la prostitucin y el narco trfico, etc. es tan grande que en este caso ms que en ningn otro, o se cambia todo o no se cambia nada. Y por ahora, los cambios son parciales, tardos (siempre llegan luego que la Federal o las Policas Provinciales matan compaeros) y por ello, el proceso de constitucin de un nuevo modo de reprimir sigue adelante, no sabemos si avalado o consentido por el gobierno nacional; lo que si podemos afirmar que el gobierno nacional no lo enfrenta vigorosamente, y esa es al menos por hoy- su responsabilidad puntual en la muerte de los compaeros o la desaparicin de Julio Lpez al que, como temamos, lo han desaparecido por tercera vez: la primera vez fueron los grupos de Tareas de Etchecolatz, la segunda en el 2006 no sabemos quin y la tercera es que ni la Presidenta ni los medios oficialistas lo nombran como debieran. Todos los das debieran decir: hoy falta Julio Lpez, desaparecido por luchar contra la dictadura primero y por luchar contra la impunidad despus.

No haca otra cosa que dar cuenta de un relato terico construido colectivamente desde el XVI Congreso hasta aqu y puntualmente de los debates de los militantes comunistas que actan en el movimiento de derechos humanos; pareca que pisaba un territorio firme y comn para todos los comunistas. Es por ello que sufr enorme sorpresa escuchar de labios del secretario del Partido Comunista [5] las siguientes afirmaciones: nosotros estamos con este gobierno, que trata de representar a los sectores de la burguesa nacional en contra de los sectores de la burguesa monopolista trasnacionalizada neoliberal, que trata de desestabilizar para volver a la dcada de los 90 y ms adelante insistir con la misma idea: Cristina est dando continuidad a ese proceso (el iniciado por Nstor Kirchner. N.A.); claro que un gobierno burgus pero burgus de esa burguesa nacional que trata de reconstituirse y confrontar con la burguesa monopolista y que trata de generar un proyecto de pas que fue abandonado hace mucho tiempo; te acords de la Argentina Potencia que el peronismo encarn?, bueno, ahora si se quiere, hay elementos que apuntan a ese tipo de proyecto y que contrapone y choca con el modelo neoliberal

La realidad dista de darle la razn a quienes afirman que el gobierno nacional representa alguna supuesta burguesa nacional. La apertura de la economa y las privatizaciones abrieron el juego a las compras y ventas y al aterrizaje de grupos extranjeros en los 90. La primera oleada de ventas, que incluy la mayora de las privatizaciones, ocurri entre 1993 y 1995. Luego hubo otro gran perodo de ventas, entre los aos 1996 y 1998 y un ltimo entre el 2003/2007.

En esos aos, holdings, fondos de inversin y empresas se quedaron con marcas emblemticas como Villavicencio, Terrabusi, Bagley y Canale, petroleras como Comercial del Plata y EG3, bancos como el Ro, el Francs o el Roberts, automotrices como Sevel, la refinera Astra, la fbrica de pinturas Alba, y bodegas como Peaflor, Trivento, Norton, Navarro Correas, Etchart y Graffigna. Empresas europeas como Repsol, Telecom, Telefnica, Endesa, Gas Natural, Electricit de France (EDF) y el grupo Suez coparon el mercado de servicios pblicos. Las dos ltimas ya se fueron del pas. La avanzada brasilea se qued con Loma Negra, Alpargatas, Quilmes, los frigorficos Swift, CEPA, Quickfood y Col-Car y la petrolera Perez Companc, que fue absorbida por la estatal Petrobras. El banco Ita se qued con el Buen Ayre, y la siderrgica Acindar, que perteneca a la familia Acevedo, fue absorbida por la brasilea Belgo Mineira. Ambas forman parte ahora del grupo Arcelor Mittal. La firma agroindustrial Los Grobo, con el fin de expandirse en el Mercosur, incorpor como socio al grupo PCP. Fue la primera firma en recibir capitales extranjeros durante la presidencia de Cristina Kirchner. La cadena de materiales para la construccin Blaisten pas a manos de la chilena Cencosud, que controla tambin las cadenas Jumbo, Disco, Easy y Sper Vea. Otra cadena trasandina, Falabella, se qued con Pintureras Rex. Dentro de la industria alimenticia, el grupo chileno CCU se qued con las cervezas Bieckert, Imperial y Palermo, y otra empresa del pas vecino, Bethia, adquiri la lctea Milkaut. La incursin mexicana tuvo un actor excluyente: Carlos Slim, el hombre ms rico del mundo. A travs de Telmex, se qued con la compaa de telefona celular CTI, Techtel y Ertach. No fue el nico que realiz compras en la Argentina. Otra empresa mexicana, Bimbo, compr la panificadora Fargo; Televisa le compr a la familia Vigil la Editorial Atlntida, y otro empresario mexicano, Angel Gonzlez, le compr Canal 9 a Daniel Hadad.

La lista podra estirarse ms an con las operaciones que tuvieron menos trascendencia meditica. Rubn Ordez, consultor de estrategias de negocios, dice que existe una extranjerizacin menos visible, ms silenciosa, que toca a las pequeas y medianas empresas. En los campos esto se ve muchsimo, pero tambin se percibe en la industria, complet. Claudio Meja, de la Compaa Argentina de Tierras, dice que la venta de campos a extranjeros se mantiene en los niveles histricos, pero creci mucho la incursin de fondos de inversin en la produccin.

Y todo esto consolida el perfil productivo sin cuestionarlo. En una conferencia de la Unin Industrial del ao pasado, el propio Paolo Rocca, de Techint, dijo, entre otras cosas, que era necesaria una mayor industrializacin porque la primarizacin de la economa puede ser un atractivo en el corto plazo, pero en el fondo es un acuerdo con el diablo. Rocca coincidi con muchos economistas que juzgan que la matriz productiva local es la misma de hace dcadas: un pas productor de alimentos y otros bienes bsicos baratos [6].

A lo que se debe sumar un nivel indito de concentracin y extranjerizacin de la economa argentina. De las 200 empresas que ms facturaron en el pas en 2007, 128 eran de capital extranjero, cuando diez aos antes, eran 104. Esas 200 compaas facturaron $ 455.547 millones en 2007, de los cuales el 77,3% fue de empresas extranjeras, segn un informe elaborado por la CTA. [7] Y la tendencia sigui en la misma direccin: cada vez ms concentracin y ms transnacionalizacin; es el capitalismo real, que en su crisis sistmica consolida y aumenta sus razgos constitutivos.

Y a nadie debiera extraar; es la profeca de Carlos Marx, quien vaticin en su obra cumbre, El Capital, que la dinmica del capitalismo traera concentracin y transnacionalizacin sin parar hasta generar una crisis general que hoy asoma por Europa y los EE.UU. para espanto del progresismo que no deja de inventar ilusiones auto justificatorias que le permiten seguir soando con encontrar solucin a la crisis del capitalismo, cuando ya es obvio que hay que buscar la superacin revolucionaria de un sistema que ya no tiene nada que dar, ni en la economa, ni en el cuidado del medio ambiente, ni en el respeto a los derechos humanos a la humanidad. Es la hora del socialismo y no de los capitalismos humanizados, con centro en ninguna burguesa nacional [8].

En un anlisis reciente, posterior al Acto de Vlez, el profesor Atilio Born advierte sobre los riesgos de las polticas de apoyo crtico al peronismo: . el Partido Comunista (PC), transita por el estrecho y peligroso sendero del apoyo crtico al gobierno de Cristina Fernndez. algunas fuerzas polticas, no slo el PC, piensen que hay un gobierno en disputa y que hay que aprovechar las fisuras e inconsistencias del gobierno de Cristina Fernndez para avanzar en una agenda de radicalizacin de las transformaciones en curso. Es una apuesta riesgosa y la probabilidad de un desenlace exitoso es incierta, si bien no pocas veces la historia adopta cursos inesperados que toman por sorpresa an a los actores ms prevenidos.Esta dispersin de la izquierda marxista afecta tambin a otros espacios del progresismo, atravesado por similares contradicciones. Con el agravante que por su gran labilidad ideolgica son fuerzas fcilmente cooptables por el kirchnerismo. El Partido Humanista y sectores importantes del Nuevo Encuentro, por ejemplo, se aproximaron tanto en sus polticas de alianzas con el cristinismo que sin darse cuenta terminaron instalados al interior del Frente para la Victoria de la presidenta Cristina Fernndez.. el peronismo en sus sucesivas encarnaciones: el populismo keynesiano del primer Pern, el ultraneoliberalismo de Menem y el kirchnerismo neodesarrollista, es un Jpiter poltico que atrae a su campo gravitacional cualquier fuerza que, seducida por su retrica tan desafiante como inconsecuente o por sus componentes ms reformistas, intente acompaar sus polticas con la secreta esperanza de conducirlas por una ruta ajena al itinerario trazado por el capital. (las negritas son del autor). Pero si el peligro para quienes piensan en sostener alianzas tcticas con tan poderoso aliado es su desaparicin, fundido en el magma de un populismo en permanente reconversin y en donde los elementos de derecha adquieren cada vez mayor fuerza, el riesgo para quienes deciden enfrentarlo radicalmente como si fuera un gobierno de derecha ms -como si Cristina fuera Caldern o Chinchilla- y mantenerse lejos de su campo gravitacional es quedar reducidos a una expresin eternamente condenada a ser una secta testimonial, de irreprochable radicalismo pero privada por completo de toda relevancia prctica [9]

Cierto es que el proceso abierto en la Argentina es desafiante para la prctica poltica, pero como no habr prctica revolucionaria sin teora revolucionaria se requiere la conceptualizacin correcta del proceso, siendo esta tarea la primer prctica poltica necesaria: no se puede transformar lo que no se conoce y para ello hace falta superar sin vacilaciones todo resabio de la cultura del frente democrtico nacional basada, a su vez, en la ilusin de la existencia de una burguesa nacional. El fallido de mentar la Argentina Potencia, el slogan emblema del grupo fascistoide Isabel/Lpez Rega/Rodrigo que anticip, prepar y creo las mejores condiciones para que el golpe del 24 de marzo se diera, ilustra la confusin que se genera al pensar en trminos de un proceso histrico donde supuestamente juega su partido la burguesa nacional y el peronismo sera la expresin poltica de un movimiento de liberacin nacional, al cual, como se propone al convocar a participar del acto de Vlez Sarfield [10], los comunistas deberan formar parte lo que no podra concretarse de otro modo que en una posicin subalterna a la hegemona de quienes representan a la clepto burguesa mafiosa- so pena de quedar fuera de la historia, atentar contra el proceso latinoamericano de liberacin, volver al gorilismo [11], etc. etc.; discurso que no tiene ninguna originalidad puesto que fue el discurso de Abelardo Ramos de los 70 y de los sectores ms atrasados ideolgicamente de la Juventud Peronista, tan lejos de la visin de John William Cooke que pensaba en trminos de contradiccin insalvable entre la burocracia poltica y sindical y la base peronista. El regreso del concepto de burguesa nacional y la idea que el proyecto de esta burguesa nacional resignifica, recupera, el proyecto de Argentina Potencia, le da sentido al posicionamiento de apoyo crtico [12] del Partido Comunista; le pone lgica y coherencia; claro que tambin entraa el peligro del retorno a una estrategia poltica que fracas histricamente en la Argentina y que Ernesto Giudice, en su Carta a mis Camaradas de 1973, llamaba a tirar al cuarto de los objetos inservibles [13]: la cultura poltica del frente democrtico nacional, de la revolucin por etapas, de la ilusin en un capitalismo normal, de la alianza con la burguesa nacional y de la confianza en el progresismo, como si continuara siendo una reserva estratgica de la izquierda (como crean Codovilla y sus herederos) y no la pata dcil del Imperio al interior del movimiento popular, como lo demostraron los Partidos Socialistas de Europa y el Alfonsinismo y el Frente Grande, en la Argentina de fin del siglo pasado, cultura que nos propusimos superar con el viraje iniciado con el XVI Congreso y sostenido en las prcticas polticas y los debates de casi treinta aos.

Es por todo ello que estamos habilitados a preguntarnos: Por qu razn funcionara ahora lo que fracas durante casi todo el siglo XX?

Notas:

[1] Ambas citas de mi trabajo: Maritegui y los comunistas argentinos. Suplemento sobre Maritegui en separata de Nuestra Propuesta.

[2] dem.separata de Nuestra Propuesta sobre Maritegui.

[3] Nuestra Propuesta del 15/03/2009

[4] El concepto lumpen burguesa fue desarrollado en los 50 por Ernest Mandel y retomado en los 60/70 por Andre Gunder Frank. Por entonces supona diferencias entre nuestras burguesas perifricas y las centrales; con el desarrollo de la crisis, las diferencias se han borrado pero como todo aditamento al concepto de burguesa es una calificacin poltica que intenta resaltar la centralidad que lo mafioso tiene en el ciclo de negocios y la ausencia completa de lmites en su relacin de subordinacin a la burguesa hegemnica. Desde Marx en adelante, para el pensamiento crtico la burguesa es un sujeto universal y nico, solamente se admiten conceptos como burguesa brasilera o lumpen burguesa o nacional por razones polticas y/o pedaggicas. Jorge Beinstein, conversacin con el autor sobre el tema en debate.

[5] Las referencias son transcripciones del audio colgado en la pagina web del Programa Marca de Radio que dirige Eduardo Aliverti y que entrevist a Patricio Echegaray el cinco de mayo de 2012la parte citada comienza aproximadamente en el minuto 22 y va hasta el minuto 26.. www.marcaderadio.com.ar

[6] Nota de Fabio Amico en Nuestra Propuesta del 9/06/2011

[7] La desnacionalizacin de empresas. Publicado en La Nacin el 21/06/2009. Rafael Mathus Ruiz

[8] Las subordinaciones de comunistas y otros marxistas argentinos ante el "nacionalismo burgus"(?) han terminado siempre expresando (al final o al comienzo o al...) claudicaciones ante el imperialismo. Es as porque el capitalismo local forma parte de una coherencia sistmica superior: el capitalismo global articulado en torno de sus polos imperialistas. Subordinarse al gobierno bajo el argumento de la nacionalizacin de YPF es tragarse el sapo de la articulacin de una poltica energtica y minera acordada con transnacionales y grandes potencias capitalistas articulada a su vez con temas como la ley antiterrorista o la base norteamericana en Chaco. Demasiado grande el sapo. En fin, subordinarse al progresismo, es claudicar ante sus ilusiones negadoras de la radicalidad de la crisis mundial. Jorge Beinstein. conversacin ya citada.

[9] Atilio Born. Argentina: dilemas de la izquierda marxista. Amrica Latina en movimiento, pg. 475.mayo de 2012.ALAI, Ecuador. versin digital. http://alainet.org/publica/alai475w.pdf

[11] Vanse las agraviantes declaraciones de Hebe contra Bayer, ante sus crticas al gobierno nacional y la perdida de autonoma de algunos organismos de derechos humanos.

[12] En Marca de Radio Patricio Echegaray lo present como adhesin y apoyo explcito al gobierno pero conceptualmente coincido con Born en que el posicionamiento se encuadra en la estrategia de apoyo crtico

[13] es hora de que la poltica del frente democrtico nacional vaya a parar al rincn de los objetos intiles para la revolucin en la ArgentinaErnesto Giudice. Carta a mis Camaradas. 1973

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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