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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-05-2012

El capital corporativo y el desarrollismo al asalto de la Amazonia

Luismi Uharte
Rebelin


UHE Belo Monte, un bem de todos, asegura una de las propagandas de la corporacin empresarial Norte Energia, futura propietaria de la tercera hidroelctrica ms grande del mundo, que est siendo levantada en plena amazonia brasilea.

La presa de Belo Monte es un viejo proyecto de la dictadura militar de fines de los setenta, que fue rescatado por el gobierno de Lula. Tras la de las 3 Gargantas en China y la de Itaip (Brasil-Paraguay), ser la tercera ms potente del mundo, con una produccin superior a los 11.000 MW.

Es un proyecto que se inserta en el Programa de Aceleracin del Crecimiento del gobierno de Lula y ahora de Dilma Rousseff y responde a la filosofa neo-desarrollista del Ejecutivo, de combinar capital pblico y privado (nacional e internacional) para impulsar proyectos de infraestructura funcionales a las industrias estratgicas como la minera, etc.

En este caso, Norte Energia es el consorcio empresarial pblico-privado que lidera el proyecto, y en el que comparten acciones el grupo elctrico estatal Eletrobras con capital privado, como la multinacional Iberdrola.

Impactos mltiples

El rechazo al proyecto ha sido intenso y ha trascendido las fronteras brasileas, debido a los enormes impactos previstos en una obra de tal magnitud. Ni el gobierno militar ni los neoliberales pudieron llevarla a cabo y paradjicamente es un gobierno progresista el que est consiguiendo que el proyecto sea irreversible.

En Brasil, los conflictos en torno a la construccin de presas son recurrentes ya que casi un 90% de la electricidad producida en el pas procede de fuentes hidroelctricas, nos manifestaron dos portavoces del MAB (Movimento dos Atingidos por Barragens), un movimiento que lucha por los derechos de las personas afectadas por la construccin de presas. En la mayora de los casos, los gobiernos de turno no han otorgado indemnizaciones justas a los miles de afectados directos, adems de ignorar a los miles de afectados indirectos, es decir, aquellos que no ven inundadas sus tierras pero que son sustancialmente perjudicados en su vida diaria (colapso de sus fuentes de trabajo, degradacin de su ecosistema).

En el caso de Belo Monte, los impactos son mltiples y algunos ya se estn sintiendo, como es el caso de la desestructuracin social y el colapso de servicios bsicos (salud, etc.) debido a la llegada masiva de miles de personas en busca de empleo, como ha ocurrido en la ciudad de Altamira, con un aumento de mas de un 40% de la poblacin en apenas 2 aos. A su vez, los ms de 8.000 trabajadores que a da de hoy estn empleados en la construccin, llegaron solos, sin sus familias y esto ha provocado, en un contexto social de notable pobreza, un aumento exponencial de la prostitucin.

Las psimas condiciones laborales son otro de los puntos negativos, como nos manifest un trabajador recin despedido. Transporte deficiente, comida en mal estado, horarios prolongados, constantes accidentes laborales han provocado huelgas espontneas que no son acompaadas por el sindicato oficial, subordinado a la patronal. Los nuevos lderes de los sindicatos alternativos, son expulsados sistemticamente. Esta es una situacin que se repite en centenares de obras del pas, segn Atengoras Lopes, representante del sector de la construccin civil del sindicato Conlutas.

La destruccin ambiental, segn Oswaldo Sev de la Universidad de Campinas, afectar a 1.500 km2 (un 33% de selva nativa), adems de los impactos sociales asociados al desplazamiento de ms de 20.000 personas de sus hogares. A esto hay que aadir los impactos indirectos por el desvo de ms de 100 km del ro Xing, que afectar radicalmente la vida de poblaciones pesqueras y agrcolas y la de los pueblos indgenas que habitan en las riberas.

Cooptacin

Hasta el ao 2010, la resistencia de los pueblos indgenas, del MAB y de la coordinadora de movimientos sociales Xingu Vivo, consigui frenar el proyecto. La corporacin en articulacin con el gobierno, cambi entonces de estrategia, optando por la cooptacin masiva de diversos sectores. A da de hoy el movimiento indgena, otrora vanguardia de la resistencia, est desactivado tras la compra de sus lderes y la entrega de cheques mensuales por parte de la empresa, como confirma el Consejo Indigena Misionario. Tambin han comprado a algunos lderes de barrios pobres, pero fundamentalmente ha invertido en la financiacin de las fuerzas de seguridad. Las calles de Altamira estn plagadas de camionetas nuevas de la polica con el logo de la corporacin Norte Energia, ofreciendo una imagen muy agresiva y explcita del poder del capital.

Mientras tanto, miles de desempleados esperan la oportunidad de trabajar unos meses en alguno de los canteros de obra, con la ilusin de se produzca un mnimo derrame econmico.

En este contexto, la paralizacin del proyecto se ha tornado sumamente difcil, por lo que se ha convertido en asunto prioritario la lucha por unas indemnizaciones justas y la reubicacin en viviendas dignas de los miles de afectados, segn Moises Da Costa, uno de los coordinadores del MAB en Belo Monte.

Con Belo Monte, recuerda el profesor Bermann, se repite la promesa de redencin y salida del subdesarrollo que ya se hizo con la explotacin de la goma primero y la construccin de la carretera transamaznica posteriormente. Lo que s es seguro es que la hidroelctrica proveer energa barata al complejo minero-metalrgico transnacional (bauxita, aluminio) ubicado en la regin. Mientras tanto, los grafiteros de Altamira ya rebautizaron al proyecto como Belo Monstro.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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