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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-05-2012

La mujer, un error de Dios?

Hernando Calvo Ospina


Y Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, dice la mitologa cristiana en la Biblia. O sea, hombre y perfecto. Adn, lo llam.

Como lo vio tan solito en la inmensa extensin del Paraso, le sac una costilla y se la convirti en un ser con algunas diferencias corporales. Le dijo que era una mujer, y que Eva se llamaba.

Dios les advirti que podran aprovechar y disfrutar de todo, menos de la fruta prohibida. Dios saba que Adn nunca le iba a desobedecer. Pero, a pesar de ser un dios, no imagin que con Eva era otro cuento, porque no la hizo a su semejanza. Era una simple humana y, como tal, imperfecta.

Eva lleg a este mundo feliz, gozando con todo. Se diverta con los animales, y hasta con Adn cuando l se lo permita. Curiosa, y deseosa de aprender, descubri que su fruta no era igual a la de su compaero. Adn ni cuenta se haba dado.

Y mientras reconoca a su cuerpo, sinti agradables sensaciones en su fruta. Esto la hizo reflexionar: si a ella le aportaba placer, por qu ese seor canoso, barbudo, de ojos claros, de piel blanca y que esconda casi todo su cuerpo detrs de una nube, deca que era prohibida?

Lo que no poda saber Eva, es que Dios desconoca la imperfeccin y el placer. Y que mucho menos saba de mujeres, porque nunca haba tenido una.

Fue as como Eva, entre risas, tocaditas y besos, hizo pecar a Adn. Este no pudo aguantar la tentacin de devorar esa manzana que se esconda entre las piernas de Eva. La pasaron tan bien que se sintieron en el paraso.

Parece que Dios, a pesar de poder conocer el futuro, no saba lo que iba a suceder. Entonces apareci lleno de ira, algo extremadamente extrao en un ser autodefinido como perfecto. Y los expuls del Paraso.

Tambin los castig. Adn tuvo que irse a trabajar, para ganarse la comida con el sudor de la frente. A Eva la sentenci a parir con dolor, una decisin bastante sdica.

Optimista, llena de inteligencia y con la piel viva, Eva le argument a Adn: esto de pecar es tan sabroso que vale la pena seguir. Por lo tanto se dedicaron a gozar, y a procrear hijos e hijas. As, siguiendo el ejemplo de sus padres, pecando entre hermanos, el mundo se fue poblando.

El verdadero problema para las Evas empez cuando alguien le cont a los Adanes que ellos eran invento directo de Dios. Fue as como los hombres se creyeron representantes de Dios ante la mujer, con derecho a decidir, mandar y castigar.

El clmax fue cuando apareci la Biblia, donde machos escribieron que las mujeres deben obediencia y servilismo a los hombres, porque Dios lo decidi desde siempre.

Para completar, a partir de las primeras pginas del Antiguo Testamento, se dice que Eva merece persecucin y humillaciones por haber orientado aquel pecado original.

Inocencio III fue Papa de 1198 hasta el ao 1216. Por su encargo, dos idelogos alemanes de la Inquisicin escribieron que el harn de Satn estaba lleno de brujas. Seguidamente, los curas asaron a miles de mujeres en lea verde, por el mismo pecado de Eva: toda brujera proviene de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable

Durante casi siete siglos, desde el ao 1234 hasta comienzos del siglo XX, los representantes de Dios en Roma prohibieron a las mujeres cantar en las iglesias. El motivo? Eran impuras, por arrastrar con el pecado de Eva.

Un poquito antes, Honorio II, Papa entre los aos 1124 y 1130, haba sentenciado: Las mujeres no deben hablar. Sus labios llevan el estigma de Eva, que perdi a los hombres. Debe ser por eso que el Vaticano les sigue negando el derecho a dar la misa.

Honorio, quizs se gui por lo que haba asegurado San Juan Crisstomo, quien vivi entre los aos 347 y 407 de nuestra era: Cuando la primera mujer habl, provoc el pecado original. San Jernimo dijo que todas las mujeres son malignas. San Bernardo asegur que las mujeres silban como serpientes. Ya San Pablo, ese Apstol de Jesucristo que recibe tantos rezos de tantas mujeres, les haba dado tres derechos: obedecer, servir y callar.

Parece que algunas Evas no se dieron por enteradas

(*) Este es el primer texto de un libro, en creacin, que contendr una serie de historias sobre mujeres latinoamericanas.

Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor colombiano residente en Francia. Colaborador de Le Monde Diplomatique.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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