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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-05-2012

Sobre el 15M, las movilizaciones contra los recortes y la izquierda
Ocupemos la izquierda parlamentaria: Occupy IU

Javier Mestre
Rebelin


Vamos despacio porque vamos lejos fue una consigna importante en la primera gran toma de la Puerta del Sol de Madrid. Prometa una articulacin paciente, persistente en el tiempo, de un movimiento con ganas de llegar a cambiar las cosas de raz. La ciudadana activamente ciudadana, que se empea en ejercer la soberana por encima del espeso entramado de servidumbres y poderes que caracteriza al actual sistema poltico y social, es la que forma el 15M y busca modos de intervenir en la realidad con un programa que quizs pudiera resumirse en el sentido etimolgico de la palabra democracia . El 15M tiene mucho de toma de conciencia, de iluminacin que permite pensar y posicionarse polticamente; y no se ha quedado corto en este aspecto. La gente ha construido un discurso hecho de epigramas que han impugnado con eficacia el discurso meditico dominante y que nos han acercado a todos a uno de los meollos fundamentales que ha de tener en cuenta cualquier planteamiento que pretenda ser al tiempo crtico con el sistema y capaz de proponer alternativas: la profunda incompatibilidad entre capitalismo y democracia real.

De ah que no sea de extraar que el movimiento se haya nutrido, en parte, de activistas de la izquierda que se abofeteaban la cara como para despertar: por fin parece que salimos del gueto, por fin acciones que aglutinan a mucha gente nueva ! La agitacin social inici un prometedor ciclo de expansin que quizs poda recordar otros tiempos ms politizados , tiempos de transicin, de lucha en la calle. Y no es para menos, porque la tormenta que han montado las elites para despojarnos de nuestras ms importantes riquezas (que son, por cierto, pblicas ) viene huracanada.

Pero no hay que tomarse a broma la respuesta de una individua como Esperanza Aguirre ante las muestras de fortaleza ciudadana del 15M: invoca constantemente el resultado de las elecciones generales espaolas. La votacin del pasado 20 de noviembre, efemride fascista por excelencia en la piel de toro de la que hablaba Espriu, inyect liquidez poltica a los gestores de la que ya se adivinaba como segunda tanda de ajustes. Por muy amaado que est, que lo est, el sistema electoral, poltico y meditico (atado y bien atado, que dira Franco), la mayora absoluta del PP fue un blsamo de legitimidad para los ajustadores. El poder no se ha inquietado demasiado con las manifestaciones masivas y las asambleas en las plazas, nuestra democracia constitucional tiene cintura de sobra y tanto movimiento no ha trastocado las previsiones electorales.

Podemos ocupar las plazas y el calendario, pero estamos muy lejos de conseguir una victoria poltica. Casi no somos capaces ni tan siquiera de atenuar el desastre, no digamos de detenerlo. La agenda de la revolucin capitalista sigue adelante inexorablemente y nuestros rituales no le hacen mucha mella, la verdad. Esto no es un fracaso del 15M. Lo es de toda la sociedad, de los sindicatos, de la izquierda social, de los trabajadores del sector pblico organizados, de los movimientos en defensa de la sanidad y la escuela pblicas. Es una derrota de todos. Y el resultado es aterrador: el empobrecimiento generalizado del pueblo, la destruccin de los cimientos que pudieran quedar de la mnima decencia social, la desesperanza de una generacin entera.

Cul es el camino para quebrar este statu quo que nos empuja hacia el abismo? En el primer aniversario de la sorprendente S panish revolution , esta necesidad es perentoria, y el momento puntual de reocupacin de las plazas, los das del calendario y hasta de una parte considerable del tiempo de los medios informativos, no parece que haya logrado inducir algn efecto visible en el desarrollo de la agenda de destruccin de los gobernantes. No estamos ante una revolucin social desencadenada por la revuelta pacfica de las plazas, por mucho que s se han revolucionado las vidas de muchas personas, que han encontrado un camino existencial en el que la lucha social cobra un nuevo sentido. La verdadera revolucin social en marcha, para nuestra desgracia, es la que estn poniendo en marcha los ultras del capitalismo matn y financiero.

La batalla del poder poltico

Uno de los factores a tener en cuenta para calcular qu puede pasar a partir de la movilizacin social impulsada por el 15M y por la reaccin ante los recortes es el extremo pragmatismo con que actan los poderes establecidos para defender sus programas con la intransigencia de los peores dogmticos. Se les puede parar los pies desde las calles? Cul es el nivel de fuerza que son capaces y estn dispuestos a desplegar? Hasta qu punto deberan llegar las movilizaciones para ser eficaces y derrotar a quienes nos hunden? El despliegue poltico y meditico de los gobernantes es impresionante, abrumador; llevan la iniciativa y nos sacuden como si furamos un pgil en estado de shock, al borde del KO. En este contexto, las movilizaciones ciudadanas apenas han supuesto un poco de aire. Nos ponemos en pie tozudamente para recibir los golpes con la dignidad del que se niega a besar la lona, pero por ahora somos un peso pluma en un ring de pesos pesados.

Juan Andrade, brillante historiador contemporneo, en su reciente libro El PCE y el PSOE en (la) transicin (Siglo XXI), cuenta el proceso por medio del cual el PCE, que fue un importante instrumento de lucha popular contra el franquismo, perdi la capacidad que tena de interlocucin con la sociedad a travs de la movilizacin y las organizaciones ciudadanas y se entreg por completo a la mediacin de los medios de comunicacin. Esto tuvo gravsimas consecuencias para el partido. Por un lado, dej de ser una organizacin de lucha social; se convirti en una camarilla de cuadros de cara visible con unas bases mayormente instrumentalizadas y en permanente conflicto interno. Por otro, los poderes oligrquicos, dominadores absolutos del espacio meditico, condicionaron mediante un juego atroz de premios y castigos sus planteamientos ideolgicos y su discurso pblico, que dio un giro tremendo, a travs del que se llam eurocomunismo , hacia el pragmatismo ms pedestre y la renuncia a los postulados clsicos comunistas de revolucin social. El PCE, en pocos aos, se vio a las puertas de la desaparicin poltica y desde el posfranquismo hasta hoy, a travs de Izquierda Unida, vive una guerra interminable en su interior entre los autnticos herederos del espritu pragmtico y pactista del eurocomunismo, la faccin que manda, y quienes pretenden que vuelva a ser una organizacin verdaderamente combativa. Paradjicamente, el PCE recuper algo de fuerza precisamente a travs de la movilizacin social contra el ingreso en la OTAN, que hizo posible la creacin de Izquierda Unida como movimiento poltico y social , que se deca entonces, no como mero partido poltico. Pero cualquiera que haya conocido de cerca la batalla interna de esa organizacin, sabe que enseguida comenzaron las presiones del aparato , acomodado en las prebendas del magro espacio poltico-electoral de la izquierda institucional, y de los medios a los que durante la transicin se haba entregado la interlocucin del PCE con la sociedad. El paroxismo se alcanz con la atroz campaa encabezada por el grupo PRISA contra Julio Anguita, que desemboc en su neutralizacin cardiaca en favor del ala derecha del exmovimiento poltico y social, ya convertido por completo en otro partido al uso.

La fragilidad de la izquierda poltica parlamentaria espaola es enorme porque tiene sus partes cociendo en el caldo meditico, siempre cocinado por el enemigo. Hace tiempo que perdi sus propios canales de incidencia directa en la sociedad. Al abandono de la lucha, que queda aparcada en un plano muy secundario de la actividad poltica, le corresponde la consagracin de una especie de casta profesionalizada siempre dispuesta al pragmatismo, al apao en nombre del sera mucho peor si gobernara la derecha... como si el PSOE destacara por sus planteamientos izquierdistas. El estado de derribo interno de las organizaciones de base de IU se ha constatado con el vergonzoso pacto de la organizacin con el PSOE en Andaluca, que se prepar arteramente en las alturas de ambos partidos y se intent legitimar a travs de un referndum sesgado, celebrado despus de cerrar y poner en marcha el pacto y que se bas en un censo de militantes de IU que dejaba de lado a una parte muy importante de la organizacin, posiblemente la ms combativa, que se articula en torno a CUT-BAI y la figura poltica de Snchez Gordillo. No se ha de olvidar, por cierto, que este ltimo haba derrotado contundentemente al aparato de IU en la eleccin de candidatos en Sevilla y fue como nmero uno de la lista electoral de la esa provincia andaluza. Ahora, el apoyo incondicional de la cpula de Izquierda Unida a los recortes propuestos por la Junta de Andaluca, que han conseguido sin problemas el visto bueno de los tijeretistas de Madrid, ha sacado los colores a muchos militantes de la organizacin, que estn pasando mucha vergenza, cuando no rabia, en las movilizaciones sociales contra la destruccin neoliberal.

As, el presidente de la Junta de Extremadura, Jos Antonio Monago (PP), respondi con inquina a la oposicin de IU-Extremadura a sus recortes invocando los de la Junta de Andaluca, avalados por el aparato de la organizacin de izquierda en esa regin y por la cpula federal de IU, siempre tan empeada en propiciar los acuerdos con el PSOE. IU Extremadura haba consultado de verdad a sus bases tras las ltimas elecciones autonmicas. Los militantes, sin trampa ni cartn, sin apaos cupulares, tras un debate amplio y abierto, decidieron que no apoyaran ni al PSOE ni al PP (que no haba conseguido la mayora absoluta por no mucho) en la investidura del gobierno regional, de modo que gobern el PP, el ms votado. Y es cierto que probablemente estemos ante un PP debilitado, menos radical que en otras regiones, cuya propuesta de recortes no es, ni mucho menos, peor que la presentada por la Comunidad Andaluza. IU Extremadura ha sufrido y sufre en cualquier caso un persistente ataque de IU federal, de los principales medios de comunicacin progres (Pblico y El Pas, sobre todo) y del PSOE extremeo y sus satlites sociales por su atrevimiento al optar por sealar en la prctica lo que ya es un clamor en las calles del 15M desde hace tiempo: PSOE y PP, la misma mierda es. Precisamente la debilidad de IU en el entramado de las luchas sociales, su exagerada dependencia de los medios y de las dinmicas personalistas, de aparato , son las que han puesto en un brete tremendo a la organizacin extremea, que sufre por dentro y por fuera el haber atinado con una decisin mucho ms certera, valiente y de futuro que la de la cpula andaluza y estatal.

Vemos pues que la relacin de la izquierda parlamentaria espaola, IU principalmente -y excluyendo del concepto, por supuesto, al PSOE-, con el pueblo movilizado, no deja de ser difcil; con frecuencia resulta abiertamente conflictiva. Sectores muy amplios del 15M no quieren saber nada de las figuras de los partidos, reina una profunda desconfianza. Tras la pifia de Andaluca, que recuerda tantas otras del pasado y que mancha con el estigma de la corrupcin y del pesebreo institucional a IU, la distancia entre voto y movilizacin social puede volverse infranqueable.

Es esta una cuestin de peso si queremos transformar la sociedad? El poder es muy poderoso. Muy fctico y muy poderoso. Y sienten ah arriba que la correlacin de fuerzas actual les es muy favorable para apretar como nunca la cabeza de la clase trabajadora. Sostener la movilizacin social en estos tiempos de tremenda precariedad es muy complicado. Podemos salir un da, dos, tres, a la calle. Si me apuras, una semana. Podemos hacer de vez en cuando una huelga general. Y todo esto puede servir para incrementar despacito, con intensidad variable, la conciencia social. Pero es muy complicado llegar as a objetivos polticos concretos. En Espaa, por si fuera poco, tenemos enfrente la tradicin capciosa del PSOE, cuyos dirigentes ya encabezan las manifestaciones contra los recortes sociales tras una legislatura en la que no se quedaron cortos con las tijeras y pactaron con el PP la constitucionalizacin del golpe de estado de los mercados. El juego democrtico es, de este modo, un punto fuerte del sistema, pero al mismo tiempo parece el nico camino para poner en cuestin el orden plutocrtico sin derramamiento de sangre si se consigue romper la hegemona bipartidista por la izquierda. El ejemplo griego muestra que el poder todava no se ha desprendido del todo de la ptina de la democracia, hasta el punto de que un resultado electoral puede resultar decisivo.

Construir la alternativa

La brecha entre la organizacin social, el movimiento de calle, y la izquierda parlamentaria espaola es una de las claves de la debilidad actual de la clase obrera de este pas. Coser la herida es el punto de partida para poder plantar cara a los poderes econmicos y romper desde la legitimidad democrtica su monlogo tan sdico como dogmtico. Hay que conseguir establecer una correlacin directa entre las organizaciones ciudadanas y un voto con garantas de que vaya a representar, por encima de todo, los intereses del pueblo. Ese es el verdadero sentido de la izquierda poltica, el que rompi la transicin cuando la casta dirigente del PCE proveniente del exilio margin a los activistas del interior y, a cambio de la integracin en el sistema, devast las redes de interlocucin con la sociedad que la militancia haba forjado con enorme sacrificio. Se trata de desprofesionalizar la izquierda parlamentaria, de buscar la organizacin que no acepte ninguna francachela, que no sirva para que nadie encuentre el empleo de su vida o haga carrera poltica . Hay que construir de una vez el hilo directo entre las movilizaciones y el voto, de modo que se rompa el repetitivo hechizo del PSOE y se llegue a plantear, por fin, la necesidad de una nueva asamblea constituyente y una rpida recuperacin de la soberana popular.

En este sentido, el peso de la Historia es importante, no podemos hacer como que vivimos en un lugar como cualquier otro. Tras 35 aos de cada libre, todava tiene leve pulso el cuerpo del PCE, que logr convertirse en su momento en el mejor de los instrumentos de la lucha popular democrtica. Ms tarde lo intent de nuevo a travs de su frente de izquierda fallido, IU. Es un enfermo en lucha a pie de muerte. Lo constituye una interminable guerra intestina que lo neutraliza como organizacin popular. En esa brega, los liberados, los que se ganan la vida en el cotarro, suelen tener las de ganar. Los militantes voluntariosos, que se buscan el pan en otro lado, con frecuencia desisten (desistimos) en el empeo de cambiar la direccin y romper con la pringosa herencia del eurocomunismo.

Es imprescindible construir un frente de izquierda que d dimensin electoral, esperanza poltica de fondo, a las luchas ciudadanas como el 15M y la batalla contra los recortes sociales. Y para ello hay que plantearse la posibilidad de recuperar a la izquierda parlamentaria, en especial Izquierda Unida, para la causa. No s si sera lo ms prctico, pero hay que planterselo con claridad en las plazas. Cmo vamos a construir una alternativa desde la movilizacin que pueda llegar a, como ha dicho recientemente Manel Mrquez, derrotar a las fuerzas dominantes en su terreno? Cul ha de ser nuestra Syriza, para cuando las cosas estn lo suficientemente calientes? Quizs sea necesario plantearse que hay que ocupar otra plaza, en este caso virtual, para convertirla en la plaza del pueblo, territorio liberado para la accin sobre las instituciones. Ocupar masivamente los partidos de la izquierda parlamentaria y formar con ellos un frente amplio y democrtico; IU podra valer como matriz para esa unin. Recuperar la herencia del PCE para sus orgenes, para la clase trabajadora, para el 99 por ciento del que se habla en el 15M. Eso implicara desbancar a una cpula gastada por una trayectoria ms que dudosa, el mayor lastre de esa organizacin. Y darle otros estatutos, otro carcter y un programa verdaderamente transformador, aplicando todo lo que hemos aprendido de ciudadana, democracia y lucha en estos tiempos. La refundacin de verdad, que nunca podr partir de los cuadros y la correlacin de fuerzas actuales. Tendr que producirse por invasin brbara. Occupy IU, a ocupar la izquierda parlamentaria.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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