El proyecto obtuvo el respaldo del poderoso Bloque Ruralista, integrado por legisladores que representan a los grandes exportadores de soja, así como productores medios, quienes argumentan la necesidad de defender el “agronegocio”. “El mundo entero está preocupado con el retroceso que va a traer este código forestal…Brasil no está obligada a obedecer a la opinión pública mundial, pero debe dar una respuesta” a los problemas ecológicos, declaró Pedro Abramovay, coordinador de la ong Avaaz.
Brasil es considerada la mayor potencia ambiental del mundo, gracias a su biodiversidad albergada principalmente en la región amazónica, de unos 4 millones de km2, y amenazada por el avance de la explotación de soja y el talado de sus bosques con maderas muy bien cotizadas en el mercado externo.