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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2005

Globalizacin: La dictadura de las multinacionales

Arturo Van den Eynde
IAR Noticias

Las 200 empresas multinacionales mas poderosas dictan la poltica mundial y el comportamiento de gobiernos y ejrcitos. El comercio mundial (en ms de un 50%) y la inversin de capital en el extranjero (en ms de un 75%) se concentran en tres nicos polos: EEUU, Japn y la UE. Y excluye reas enormes del planeta, en frica por ejemplo, marginndolas de los flujos de mercancas y de capitales. Las cadenas del viejo colonialismo militar reaparecen en la etapa de la globalizacin como cadenas financieras y econmicas.


D espus de algunos titubeos, la palabra globalizacin se ha impuesto, dirase que definitivamente, para designar los cambios econmicos producidos en las dos ltimas dcadas del siglo XX, y los cambios polticos, sociales y culturales relacionados.

Puede que la impresionante manifestacin de Seattle contra la reunin de la Organizacin Mundial del Comercio haya sido el momento simblico de una toma de conciencia colectiva e internacional. Antes de la que ha dado en llamarse "primera movilizacin del siglo XXI", hubo otras acciones que se describieron como protestas o revueltas contra la globalizacin, pero lo eran en un sentido objetivo, por as decir, independiente de la intencin explcita de los protagonistas.

En cambio, en Seattle haba ya conciencia de resistir y protestar contra la globalizacin capitalista, y conciencia del mbito realmente global de la protesta.

Polmicas

Podemos considerar casi zanjada la polmica que se vena desarrollando en los medios de izquierda acerca de la realidad o no de un globalizacin entendida como una etapa especial, como un salto, en la evolucin econmica del sistema dominante, que se habra producido ms o menos en el ltimo cuarto del siglo que acaba y vendra a definir los datos de partida del nuevo siglo, del que comienza.

En la polmica de los aos noventa, algunos autores vinculaban las posiciones de izquierda a la negacin de la globalizacin: "un mito" segn algunos, "nada ms que imperialismo" segn otros. El ltimo libro de Marta Harnecker todava rinde cuentas de esta polmica, y cita a Hirst y Thompson como los ms voluntariosos defensores de esta negacin, y muy merecidamente a Franois Chesnais como el especialista que ms ha hecho para que la realidad de la globalizacin fuese aceptada y considerada desde una ptica marxista.(2)

La verdad de esa larga polmica es que quienes, desde la izquierda, se obstinaban en negar la realidad de un salto en la interpenetracin mundial del capitalismo, en el proceso histrico de formacin de un mercado mundial o en la divisin internacional del trabajo, lo que realmente lograban demostrar eran las limitaciones y las contradicciones del salto dado.

Ciertamente, la globalizacin del sistema capitalista no es la creacin de un mbito econmico mundial barrido por corrientes niveladoras, integradoras y enriquecedoras, como pretenden los entusiastas del mercado.

De un lado tiene limitaciones insalvables, por ejemplo, el porcentaje de la produccin mundial destinado a la exportacin, an hoy, ronda tan slo el 15%(3).

De otro lado, presenta desigualdades crecientes, pues el comercio mundial (en ms de un 50%) y la inversin de capital en el extranjero (en ms de un 75%) se concentran en tres nicos polos: EEUU, Japn y la UE. Y excluye reas enormes del planeta, en frica por ejemplo, marginndolas de los flujos de mercancas y de capitales.

Negando los mitos de la globalizacin, este sector de la izquierda cay en pensar que la propia globalizacin era un mito. Queriendo destacar las limitaciones y contradicciones del hecho, vino a decir que el hecho no exista.

Hoy las cosas estn ms en su punto: la globalizacin es una realidad econmica, un verdadero salto en la concentracin mundial del capital, pero un hecho contradictorio, atravesado por fuertes corrientes desniveladoras, desintegradoras y excluyentes de pases y de seres humanos.

Hasta hace poco la izquierda mantena viva otra polmica. La globalizacin econmica, para algunos, vendra a ser un resultado perverso de las polticas neoliberales de ciertos gobiernos de la derecha. Y apenas nada ms. Quiz James Petras fuese el ms conocido defensor de este punto de vista.

La conexin compleja entre los hechos econmicos, sociales y polticos, los cambios tecnolgicos, los efectos de la concurrencia capitalista sobre la concentracin de los capitales, el agotamiento de otras vas de desarrollo del capitalismo, etc., se dejaba entonces en la sombra.

Pero ahora asistimos a una conciencia mayor en los movimientos sociales y partidos de la izquierda, del carcter "global" de la propia globalizacin, en el sentido de que se trata de un proceso con dimensiones polticas, pero tambin tcnicas, econmicas, sociales y culturales; en definitiva, de un giro histrico notable del capitalismo.

Si admitimos que la cumbre internacional convocada desde Chiapas fue, antes de Seattle, la convocatoria ms significativa de los tiempos que corren, cabe recordar su lema: Por la humanidad contra el neoliberalismo. Poner la atencin en las polticas neoliberales, con preferencia a la globalizacin, era caracterstico de toda la izquierda de los aos noventa.

En Seattle, en cambio, la protesta contra las nuevas propuestas "liberalizadoras" de la Organizacin Mundial del Comercio ya se llam protesta contra la globalizacin.

Es un progreso. A travs de las polmicas, la izquierda est admitiendo que la globalizacin designa un giro econmico notable en el desarrollo del sistema capitalista y est ya investigando sus caractersticas, sus efectos de todo orden y buscando las mejores estrategias a seguir.

Empresas mayores que Estados

Adems, las primeras definiciones de la globalizacin eran todava muy abstractas. Manejaban conceptos demasiado amplios de manera muy poco precisa: "subordinacin de la poltica a la economa", "funcionamiento del capital como unidad mundial en tiempo real", "capitalismo especulativo", o la que hizo mayor fortuna: "dictadura de los mercados"(4). En los ltimos tiempos se suele identificar con otra idea: "la economa Internet" o "nueva economa".

Cada una de estas definiciones pone el acento en una particularidad real de la globalizacin, y ofrece un punto de partida para su investigacin en profundidad.

Pero poco a poco, todas estas lneas de investigacin han ido confluyendo en torno a un hecho primordial, el ms fundamental de esta etapa econmica: el dominio abrumador de un reducido nmero de empresas transnacionales de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, sobre la produccin, el comercio y las finanzas mundiales.

La concentracin del capital mundial en estos grupos o Compaas, en una proporcin aplastante, que implica modificaciones de todo tipo, en la economa, en la sociedad, en la vida poltica, en la cultura, etc., es seguramente el aspecto ms definitorio de la globalizacin.

Se trata de algo muy concreto. Aproximadamente un tercio de todo el comercio mundial se realiza dentro de las 37.000 "multinacionales" censadas en 1994(5), entre sus casas matrices y sus filiales, y otro tercio entre unas y otras, en definitiva dentro del sector multinacional.

Pero incluso estas cifras son pobres para retratar la realidad de la globalizacin. Hay que quedarse con las 200 mayores empresas, por ejemplo, para lograr una imagen realista del sistema econmico que gobierna la vida material de los seis mil millones de seres humanos que habitamos este planeta. Clairmont y Cavanagh(6) tienen el mrito de haber sealado a los verdaderos amos del mundo, al revelar el poder real, concreto, fsico, de los 200 mayores grupos transnacionales.

La cifra de negocio anual de estos gigantes es nada menos que la cuarta parte (26,3%) de la produccin mundial, crece a un ritmo doble de lo que crece el Producto Interior Bruto de los 29 pases industrializados que integran la OCDE, y supera ya a la produccin total sumada de los otros 182 pases que no forman parte de la OCDE, pero donde vive la inmensa mayora de la humanidad.

Aqu no estamos ya en el terreno de los conceptos, sino en el de las fuerzas fsicas, con sus nombres y apellidos y sus modos de actuar, confrontados a la realidad de un poder que se eleva sobre todos los dems poderes humanos de una manera muy clara y agresiva.

Por eso no es un slogan izquierdista ni una frase de efecto decir que la globalizacin es la dictadura econmica mundial de 200 multinacionales, ms o menos. Y poco a poco, entre las fuerzas sociales y polticas que resisten a los efectos de la globalizacin y se preguntan sobre las alternativas, se est llegando precisamente a esta conclusin. Nombres y apellidos

La lista de estos 200 gigantes est en perpetuo movimiento, precisamente porque las fusiones y absorciones entre ellas, y entre las mayores de ellas, constituyen uno de los medios principales de mantenerse en la cumbre de esta pirmide del poder econmico. Pero, para dar nombres, enumeremos, por ejemplo, a algunas de las mayores empresas transnacionales de carcter no financiero: Shell, General Motors, Ford, Exxon, IBM, Exxon, AT&T, Mitsubishi, Mitsui, Merck, Toyota, Philip Morris, General Electric, Unilever, Fiat, British Petroleum, Mobil, Nestl, Philips, Intel, DuPont, Standard, Bayer, Alcatel Alston, Volkswagen, Matsushita, Basf, Siemens, Sony, Brown Bovery, Bat, Elf, Coca-Cola... entre las clsicas; Microsoft, Cisco, Oracle, entre las nuevas. Entre los bancos: IBJ/DKB/Fuji, el Deutsche, BNP/Paribas, UBS, Citigroup, Bank of America, Tokio/Mitsubishi...

Dimensiones de estos gigantes? Si nos atenemos a sus ventas, las de General Motors han superado la produccin nacional de Dinamarca y de cerca de otros doscientos pases. Si nos fijamos en su valor burstil, slo haba en marzo de este ao, en todo el mundo, diez Estados cuya produccin nacional superase en valor al de las acciones de la empresa de sistemas de Internet Cisco Systems.

Si hablamos de beneficios, los que reparti entre sus accionistas la General Electric en 1997 superaban la produccin anual compartida por los 40 millones de habitantes del Congo-Zaire. Si hablamos de empleados, los de la General Motors superan a las fuerzas armadas de muchos Estados del mundo.

Pero detrs de los nombres de las empresas que dominan el mundo estn los nombres y apellidos de sus propietarios. Y llegados a este punto, la globalizacin nos enfrenta con una oligarqua mundial de una riqueza y de un poder tan concentrados como no se vieron en ninguna otra etapa histrica de la humanidad.

Casi nada queda de la vieja aristocracia de siglos atrs, si no tuvo la precaucin de participar de las grandes empresas capitalistas, cosa que s han hecho las familias reales de Gran Bretaa y Holanda, o algunas dinastas rabes.

Estas dinastas supieron transformar sus viejos privilegios de sangre en acciones contantes y sonantes. Pero ahora el sistema capitalista cre a lo largo del siglo XX nuevas dinastas, mucho ms poderosas que las de siglos atrs.

Sus apellidos ya no nos remiten a unas tierras, sino a un automvil, un chocolate, una nevera o una cerveza. Entre los ms ricos de los ricos, muchos nombres de familia estn en los escaparates del capitalismo: Guinness, Ford, Philip, Merck, Ferrero, Henkel, Peugeot, Bosch, Dassault, Michelin, Heineken o Barilla...

Son sus mayores accionistas. Y hay otros apellidos no menos, sino ms conocidos que los nombres de sus empresas, como el del ser humano supuestamente ms rico del mundo, al menos hasta este mes de abril: Billy Gates (Microsoft), o el famossimo especulador Georges Soros, o Larry Ellison, de Oracle, que segn dicen ha destronado a Gates. En fin, junto a estos novsimos ricos hay familias industriales y financieras muy antiguas, casi con solera: las de los Agnelli, amos de la Fiat, los Quandt (40% de BMW), los Rothschild, los Rockefeller de la Stardard Oil, en Espaa los Botn del BSCH.

Cuando se cita ese dato espeluznante de que 225 de entre estos multimillonarios poseen fortunas personales superiores a los ingresos anuales de 2.500 millones de personas, las ms pobres del planeta, hablamos de su injusta e insultante riqueza.

Pero cuando los relacionamos con la propiedad de esas 200 empresas que concentran una desproporcionada parte del capital mundial, entonces hablamos ya de su poder, no slo de su riqueza.

Ms escandalosa que su riqueza es el hecho de que, para mantenerla y acrecentarla, dirigen en provecho privado una parte tan notable de la fuerza productiva de la humanidad, que convierte al resto de las personas en sbditos suyos, y como tales, explotados, expoliados o empobrecidos. Mercado y monopolios

Explicar la globalizacin como un triunfo del mercado no deja de ser una irona. Estamos hablando de empresas cuyo dominio sobre el mercado presenta muy pocas fisuras. A travs de una escalada de macrofusiones, va quedando en cada sector econmico un nmero tan reducido de empresas que, por acuerdo mutuo, estn en condiciones de determinar para bastante tiempo, no slo los precios de venta, sino incluso los precios de compra.

Imponen a las empresas menores que les suministran materias primas y auxiliares, componentes y productos semiacabados, precios de compra imposibles.

Se habla de "triunfo del mercado" en un sentido propagandstico, cuando los gobiernos desmantelan los viejos monopolios nacionales y liberalizan el sector. Pero la consecuencia es la ocupacin del sector, a una escala continental o mundial, por media docena de compaas multinacionales que dejan muy poca libertad al mercado.

Con ocasin de la reciente fusin entre Volvo y Renault, se hizo patente que entre slo tres grupos transnacionales copaban el 65% de todo el mercado mundial de camiones. Y entre cinco cubren casi el 60% del de automviles. Las 10 primeras empresas de comunicaciones controlan el 86% del mercado...

Pero la conciencia de que la globalizacin no es tanto libertad de mercado como concentracin monopolista de alcance mundial est sobre todo vinculada al proceso que las autoridades norteamericanas de vigilancia de la competencia emprendieron contra Billy Gates y su empresa Microsoft.

La poltica de Billy Gates, que encarna como nadie al capitalismo actual, es un ejemplo de utilizacin de una elevadsima cuota de mercado (en este caso en Software) para imponer otro producto suyo (Explorer) contra los de la competencia. Este poder puede servir para innovar (en teora), lo mismo que para controlar y suprimir, si cabe, la investigacin.

Precisamente la creciente importancia de la conexin informtica entre empresas y particulares se ha convertido en un terreno especialmente propicio para prcticas monopolistas. La red que, en principio pareca un nuevo espacio de libertad, es objeto hoy de la especulacin de las mayores empresas del mundo, en casi todos los sectores. Aspiran a convertirla en una red cautiva desde la cual imponer la circulacin de sus productos y excluir los de la competencia.(7)

Especulacin y produccin

Los primeros anlisis de la globalizacin comenzaban por destacar, sobre todo, la amplitud y la violencia de los movimientos especulativos del capital, a lo ancho del mundo, y las dimensiones del capital de especulacin, que apenas entraba en la inversin productiva.

La importancia del fenmeno era tal que algunos vieron la globalizacin como un capitalismo donde el beneficio especulativo dirigira la produccin. Se pona tanto nfasis en este aspecto parcial de la realidad, que a veces se ocultaba la otra cara de la moneda: que este parsito insaciable que es el capital especulativo, no puede alimentarse de meros ttulos (acciones, bonos, etc.) sino que devora materia viva.

Por grande que sea la especulacin, no vive del aire, sino que consume la parte de la produccin que queda como beneficio de las empresas. El capital ocioso slo puede reventar como un globo vaco o vivir alimentndose de las ganancias del capital productivo (del que es un parsito).

Poco a poco ha ido quedando tambin ms claro que los agentes principales de la especulacin son las mismas empresas multinacionales, financieras o no. La inversin meramente especulativa es una parte complementaria de la actividad econmica principal de casi todas estas 200 empresas, financieras, industriales, o comerciales, hacia la que canalizan su capital "sobrante" (que no pueden invertir con los mismos mrgenes de ganancia en su actividad principal) o inmovilizado, como ocurre con los fondos de pensiones.

Como la mayor parte de los movimientos especulativos son anticipaciones de decisiones de poltica industrial o comercial, los grupos transnacionales se parecen a aquellos que en las apuestas sobre carreras y combates son a la vez apostadores y competidores, por lo que ganan casi siempre.

Las compras o ventas de ttulos, divisas, bonos, etc., por parte de los especuladores ligados a las grandes transnacionales anticipan las fusiones, ampliaciones o crisis de sus propias empresas, sea para ampliar las ganancias, sea para compensar las prdidas.

En los ltimos aos se ha hablado sobre todo de estos fondos privados de pensiones. Los fondos de pensiones estn formados por una parte del salario aplazado del trabajador, que la empresa negocia en la esfera financiera, antes de retornarlo a sus asalariados (si no hay quiebra) como pensin de jubilacin. Parece que las dimensiones de estos fondos superan ya las de los bancos. Los de las tres grandes del automvil norteamericano (Ford, General Motors y Chrysler) en 1995 doblaban de sobra "las reservas del Estado japons, que es el Estado que tiene ms reservas en el mundo".(8)

Ms recientemente destacan los intentos de las grandes empresas de pagar a sus empleados en acciones a largo plazo (Telefnica), convirtiendo as una parte del salario en capital de especulacin, animando la tendencia observable en Estados Unidos a convertir el ahorro popular en capital de especulacin, incluso de especulacin de alto riesgo.

Colonizacin y destruccin de recursos

Las multinacionales tienen patria: la de sus propietarios mayoritarios. De eso no debe caber la menor duda. Las 200 mayores tienen sus sedes bien establecidas en tan slo 17 pases de los 211 Estados independientes que cuenta la tierra. Pero 176 de ellas, segn Clairmont, estn radicadas en slo 6 potencias financieras. Bastante ms de una tercera parte (74) son norteamericanas.

Para que no quede duda de que se trata de lo ms parecido a un club de 200 bandidos, la nica multinacional espaola contada entre ellas es Telefnica, es decir una empresa cuyos beneficios estn asociados, segn los sindicatos, a la sobreexplotacin del trabajo precario; segn los consumidores, al monopolismo y al fraude; segn los pases latinoamericanos donde se ha instalado, al colonialismo; una empresa en cuya direccin reina, segn los partidos de izquierda, el nepotismo poltico y la corrupcin.

Despus de Estados Unidos, el Estado donde estn radicadas ms multinacionales es Japn, con 152 de las 500 mayores no estadounidenses; hay 75 inglesas, 47 francesas, 42 alemanas, 22 canadienses, y 15 italianas, por lo que el Grupo de los Siete (el G-7) viene a representar al 80% de las multinacionales. Fuera de este grupo, apenas Suiza, Corea, Suecia, Australia, y Holanda pasan de la docena.(9)

El caso es que la nacionalidad de las 200 multinacionales traza un mapa del reparto del poder en el mundo entre los Estados, con ms precisin que cualquier otra circunstancia econmica (demografa, crecimiento de la produccin, recursos naturales, nivel cultural...).

Todos sabemos el peso de la tecnologa en la eficiencia productiva. Imaginemos que un Estado quiere competir en este terreno, dedicando medios humanos y financieros a la investigacin. Pero acaso un Estado, como fuerza econmica, puede medir sus recursos con los de uno de estos gigantes del capital privado, capaz de monopolizar la investigacin cientfica en varios pases? Hoy los pases industrializados acaparan el 97% de las patentes, monopolizando el progreso.

Como consecuencia, la desigualdad entre pases ricos y pobres no puede verse como un punto de partida. Debe considerarse como un efecto constante y creciente del sistema econmico mundial. Si en 1960, el 20% ms rico de la humanidad dispona de una riqueza 30 veces mayor que el 20% ms pobre, hoy la proporcin es de 74 veces.(10)

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, tericamente creados para facilitar el crdito a los pases necesitados para su desarrollo o en crisis y emergencias, se convierten en instituciones que indirectamente potencian el dominio de las grandes multinacionales.

Naciones que son por recursos naturales y humanos verdaderas potencias, como Brasil, Mxico o Pakistn, permanecen sometidas a travs del crdito (la Deuda externa). El crdito se renueva sobre la base de condiciones cada vez ms duras y precisas, pero siempre favorables a la implantacin de las multinacionales de los pases acreedores en los pases deudores. Y la ayuda al desarrollo, nada generosa, se utiliza con los mismos fines.

De este modo, las lneas areas, telefnicas, elctricas, frreas, y hasta la tierra, los bosques y los ros de los pases ms poblados del mundo van pasando a manos de las compaas transnacionales, acentuando su dependencia econmica y sus dificultades para abordar un desarrollo autnomo y sostenido.

Las movilizaciones del pueblo mapuche contra la presa de Biobo, de los bolivianos de Cochabamba contra las tarifas del agua, han sacado a la luz el poder que las multinacionales (en estos casos espaolas: la FECSA-Enher en Chile, y la Abengoa en Bolivia) han llegado a adquirir en estos pases y en muchos otros, y de la manera destructiva en que lo utilizan.

En los gravsimos conflictos por la tierra que vive Latinoamrica desde Mxico hasta el sur de Chile, en la resistencia a la deforestacin de sus selvas, en las luchas en torno a los precios del caf o de otros productos agrcolas, lo que subyace es la penetracin de capital transnacional interesado en el control de las materias primas del planeta. Como poderes extranjeros arrasan la cultura y la naturaleza que encuentran a su paso, con ms violencia que los conquistadores de hace cinco siglos.

El peso adquirido por las multinacionales bien podra llamarse recolonizacin. Las cadenas del viejo colonialismo militar, tras un parntesis de independencia, reaparecen en la etapa de la globalizacin como cadenas financieras y econmicas, pero no por ello menos pesadas. Deslocalizacin, paro y precariedad

El efecto social que nos es ms prximo es el crecimiento del paro y la precariedad, cuyo salto en las ltimas dcadas debe considerarse el reverso de la concentracin del capital internacional que llamamos globalizacin.

La globalizacin no extiende la produccin, la concentra. Incluso los momentos de auge econmico de las ltimas tres dcadas presentan ndices de crecimiento de la produccin inferiores a los de las dos dcadas anteriores.

Al concentrarse la produccin, aumenta la productividad del trabajo, pero al precio de expulsar mano de obra en proporciones siempre mayores hacia empleos menos cualificados y peor pagados, precarios o sencillamente al paro. Las reformas laborales que han ido recortando los derechos adquiridos de los trabajadores a fuerza de luchas sindicales y polticas, han sido hechas para adaptar la legislacin a las condiciones que queran imponer las mayores empresas.

Desde los primeros aos ochenta, todava antes de que se produjesen los cambios de legislacin laboral ms importantes en Europa, se hizo notar una caracterstica del capital transnacional: su deslocalizacin, su facilidad, no absoluta por supuesto, pero s real, de desplazar sus inversiones productivas de un pas a otro, de una ciudad a otra, a la busca de las llamadas "ventajas comparativas".

Y entre ellas, una legislacin laboral ventajosa para la empresa era y es una de las ms importantes. As, desde la dcada de los ochenta comenz una sorda pugna entre los Estados y las ciudades para atraer la inversin de las mayores de estas empresas, lo que contribuy no poco a recortar los derechos obreros.

En los EEUU, donde lleg ms lejos esta tendencia, los sindicatos practicaron una poltica suicida llamada de "concesiones", por la que competan entre ellos, los de una ciudad contra los de otra, ofreciendo a las empresas acuerdos ventajosos para retenerlas o para conseguir sus inversiones, con un coste elevado para los asalariados.

Y si esto hacan algunos sindicatos, no puede chocarnos que los parlamentos, unos tras otros, fuesen adaptando el mercado laboral a las pautas que reclamaban las empresas multinacionales con tal de mover fcilmente sus inversiones: del coste humano ya se ocuparan los subsidios de desempleo...

Hoy, por desgracia, nuestros sindicalistas estn acostumbrados a or las amenazas fundadas, o incluso los faroles de su empresa transnacional: "si no os parece bien, llevaremos la produccin a tal o cual pas". Poltica y economa La idea de que la globalizacin sustituye la economa por la poltica podra muy bien ceder su sitio a otra idea ms precisa: el poder poltico de la inmensa mayora de los Estados hoy existentes nada o casi nada puede frente a empresas de dimensiones superiores a los Estados. Al menos, mientras esos gobiernos y esas empresas se muevan en un mismo terreno, el de la economa capitalista mundial. Y qu gobiernos se sienten en condiciones de moverse fuera de la esfera del mercado mundial capitalista? En todo caso, no los que hoy conocemos.

Todos los gobiernos que hoy existen tratan de establecer convenios con las empresas multinacionales, en una relacin de fuerzas muy desequilibrada a favor de las ltimas. La poltica fiscal, el precio de los terrenos, la calidad y la programacin de las infraestructuras, la legislacin laboral, la docilidad de los sindicatos, la venalidad de los polticos y de la justicia, y otros muchos factores entran en juego cuando la Volkswagen, por ejemplo, trata con el gobierno de Madrid y el de Praga para decidir sus inversiones.

Antes se deca: "lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos". Pero esta asociacin entre el inters de las grandes empresas y el inters nacional slo tiene sentido en seis o siete pases en todo el mundo. En los dems, el inters de la multinacional extranjera pesa ms en la balanza que el llamado inters nacional.

En estos momentos, Gran Bretaa vive una crisis laboral por la decisin de la BMW de abandonar la Rover, que cuenta con 18.000 obreros y de la que dependen hasta 50.000 empleados en la industria auxiliar. La empresa alemana haba exigido al gobierno de Tony Blair que entrase en el euro, y al no conseguirlo, opt por vender su filial inglesa a una compaa gestora.

La operacin implica despidos por encima de los 5.000. Pero uno de los posibles compradores finales, Ford, tambin planea cerrar una factora inglesa (y ms de 3.000 despidos). Para colmo, Honda anunci por las mismas fechas recortes de su produccin en Inglaterra de hasta el 50%.

En una de las grandes potencias industriales, decisiones de poltica econmica nacional al ms alto nivel, como lo es la adhesin o no a la unidad monetaria europea, se discuten entre un gobierno a la defensiva y unas pocas empresas multinacionales extranjeras prepotentes. El empleo y el salario para decenas de miles de hogares ingleses estn en juego. Casos como ste, se dan todos los das, y no slo en los pases pobres ni medianos.

Las decisiones polticas de Estados ms dbiles son todava ms manejables. En 1989 la Siemens AG destin una pequea partida de sus superbeneficios (una propina de 369 millones de pesetas) a uno de los patrones de Filesa para que el gobierno de Felipe Gonzlez adaptase los planes del tren de alta velocidad espaol (AVE) a los intereses de la empresa alemana.

Esta prctica es de lo ms corriente. Lo raro es que un tribunal llegue a sacarla a la luz. Lo imposible es que ninguna justicia basada en el derecho de propiedad privada llegue a impedir que la voluntad de los gobiernos, partidos y parlamentos se acabe rindiendo ante propinas tan generosas.

Ni siquiera el poder poltico del ms fuerte de los Estados hace temblar a quienes se saben verdaderos amos del mundo, en cuanto a poder econmico. De cara a la galera, la condena de Microsoft por monopolismo puede pasar por ejemplo de supremaca del poder poltico sobre el econmico.

Pero resortes muy poderosos actan detrs del escenario judicial. La empresa de Billy Gates recientemente form un lobby en Washington con la misin de comprar la voluntad de polticos influyentes de los dos partidos.

Una empresa cuyo valor en bolsa ha perdido sumas comparables al valor de la produccin nacional anual espaola, acaso no puede destinar fondos capaces de garantizar que la administracin presidencial norteamericana que surja de las prximas elecciones sea ms propicia a los intereses de Microsoft? Por supuesto que puede hacerlo, y que as se financian las campaas.

Mientras la poltica se mueva dentro de las reglas de juego del sistema capitalista (propiedad privada, beneficio, mercado), la supeditacin creciente de la poltica de los Estados al inters econmico de las empresas es una consecuencia de la concentracin del capital mundial en 200 o poco ms de ellas. Guerras

Como algunas de las mayores compaas de prensa, radio y televisin pertenecen a este selecto club de las multinacionales, y como los restantes medios de difusin dependen de las otras grandes empresas, no podemos esperar que nos informen de los intereses ms srdidos que estn en juego en las guerras.

Una parte de los aspectos polticos e incluso ideolgicos implicados en las guerras de nuestros das aparecen en los medios de comunicacin, aunque evidentemente deformados, cuando no falsificados. Pero la censura es mayor, sin ningn gnero de dudas, en lo que toca a los mviles econmicos de las guerras y la implicacin de las empresas.

Y sin embargo, la guerra, que la humanidad padece como una explosin de irracional barbarie, no deja de figurar como un mercado importantsimo en las previsiones de algunas de las instituciones ms influyentes de nuestra poca, concretamente de las multinacionales.

Y no slo de las empresas de armamentos. Los propios mviles de la guerra son valorados, aprobados o descartados, por las mayores empresas mundiales.

La guerra del Golfo en 1991 es el ejemplo ms claro, pero no el nico caso. Se luch por el control de las fuentes y de los precios del petrleo. Y la participacin de los Estados fue "estimulada" con las generosas donaciones que el grupo kuwait KIO distribuy a los polticos, y tambin con ofertas variadas de participacin en los previsibles negocios de la reconstruccin.

Tambin la guerra de Chechenia es una guerra petrolera por la ruta del crudo del Mar Caspio. La implicacin personal de lo que los rusos llaman "la familia" del Kremlin en las empresas rusas del sector (Lukoil, Gazprom) explica su obstinacin en exterminar a este pueblo que se interpone entre Mosc y los oleoductos.

Pero la escandalosa complicidad occidental tampoco puede separarse de la asociacin de las principales petroleras angloamericanas en el consorcio internacional que explota el petrleo transportado por Rusia a travs de Chechenia.

Basta considerar el elevado nmero de petroleras que hay entre las mayores transnacionales para comprender tambin la importancia de esta materia prima en todos los escenarios de guerra, en las maniobras estratgicas de las grandes potencias y alianzas (la OTAN en el Este de Europa), y en otros dramticos acontecimientos recientes como el genocidio de Timor Oriental.

Todos estos hechos, ms que otros, han potenciado la conciencia de que la globalizacin, como proceso econmico, se confunde con la concentracin del capital en un nmero tan reducido de empresas que, por su talla y su poder, se elevan sobre muchos de los actuales Estados, y de esta manera modifican tambin las condiciones polticas y culturales de nuestra vida.

Esta conciencia no aporta todava soluciones, sino incgnitas. Muchos de los recursos empleados por los pueblos, sus ciudadanos, sus trabajadores, los sindicatos y partidos, en las condiciones histricas anteriores, se revelan ahora poco eficaces y requieren una reconsideracin y una renovacin.

Pasando del terreno econmico al poltico, parece que la resistencia y la protesta contra la globalizacin se encuentra en fase de tanteos y de reflexin, o quiz de respuestas parciales, lejos todava de una alternativa global.

Pero es legtimo pensar que a una alternativa global slo llegaremos despus de muchos tanteos y a base de combinar muchas alternativas parciales. Y quiz desarrollando en la propia sociedad civil un poder de otra naturaleza que el de los actuales Estados, no slo capaz de cambiarlos sino de sustituirles por un poder de mayor envergadura social.

Quiz sea este poder de una sociedad civil alternativa el que, desarrollndose, llegue un da a estar en condiciones de medirse con el poder, hoy por hoy incontenible, de la oligarqua financiera mundial que a travs de unas pocas centenas de compaas capitalistas tiene a la humanidad en un puo.

* Arturo Van den Eynde (1945-2003) Ver biografa

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1. Autor del libro Globalizacin. La dictadura mundial de 200 empresas, Barcelona 1999.

2. Marta Harnecker, La izquierda en el umbral del siglo XXI, Madrid 1999. Sin embargo, a Franois Chesnais no le gustaba el trmino de "globalizacin" y propuso sin xito el de mundializacin en su principal trabajo: Franois Chesnais, La Mondialisation du capital, Pars 1994.

3. Richard Du Boff & Edward Herman.

4. Ignace Ramonet.

5. UNCTNC, 1994.

6. F.F. Clairmont y J. Cavanagh, Sous les ailes du capitalisme planetaire, 1994, y F.F. Clairmont, Ces firmes gants qui se jouent des Etats, 1999.

7. Van den Eynde, Mitos de la Nueva Economa, en La Aurora, mayo de 2000

8. Harnecker, citando al US News and World Report.

9. Forbes abril de 1999.

10. PNUD, 1999.



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