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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2012

Interpretando las elecciones egipcias
Desconcertantes dilemas

Esam Al-Amin
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


El pueblo egipcio sigue an en el estado de shock en el que entr desde que, a finales de la pasada semana, se anunciaron los resultados de las elecciones presidenciales. Se resisten a aceptar un resultado por el cual el General Ahmad Shafiq, el ltimo Primer Ministro del depuesto dictador Hosni Mubarak, ha recibido ms de 5,5 millones de votos, es decir, alrededor del 24% de los votos emitidos, un 1% menos que el candidato favorito de los Hermanos Musulmanes, el Dr. Muhammad Mursi.

Una vez que la polvareda se ha asentado, se han ido revelando algunos hechos notables que sealan hacia una operacin extremadamente sofisticada que asegur que Shafiq recibiera los suficientes votos como para ir a la segunda vuelta (que solo pudo llevarse a cabo gracias al aparato de seguridad egipcio con el apoyo del ejrcito y los residuos del prohibido Partido Democrtico Nacional de Mubarak).

Esto es lo que podra haber sucedido.

El primer hecho importante es que el nmero total de votantes registrados se increment en ms de 4,5 millones de personas en menos de tres meses. En Egipto, cuando una persona llega a los dieciocho aos es automticamente aadida a las listas de votantes registrados. Los egipcios emiten su voto utilizando el nmero de identificacin nacional que se le da al nacer a cada ciudadano. Entre finales de noviembre de 2011 y enero de 2012, los ciudadanos acudieron a las urnas para elegir el parlamento en tres fases diferentes, con nueve provincias distintas en cada una de las fases. Despus de cada votacin, el jefe de la comisin electoral declaraba los resultados empezando por la cifra total de votantes registrados.

Al final de cada fase, la cifra total de votantes registrados se anunci pblicamente de la siguiente manera: 13.614.525 tras la fase uno; 18.831.129, tras la fase dos; y 14.039.300 tras la fase tres, alcanzando un total de 46.484.954. Sin embargo, despus de las elecciones presidenciales, el jefe de la comisin electoral anunci esta semana que la cifra total de votantes registrados era de 50.996.746, un increble aumento de 4.511.792 (alrededor del 80% del total de votos recibido por Shafiq). Cuando al secretario de la comisin electoral, el juez Hatem Bagato, le preguntaron en una conferencia de prensa sobre esta discrepancia, minti descaradamente, afirmando que la cifra total de votantes registrados el pasado noviembre era de 50,1 millones.

En segundo lugar, en Egipto, las elecciones se celebran en dos das consecutivos. Al final del primer da, las urnas con los votos se dejan en los colegios electorales hasta la maana siguiente. Durante las elecciones parlamentarias, a los representantes de las diferentes campaas se les permita quedarse en las salas para controlar las urnas y asegurar que no pudiera perpetrarse fraude alguno. Sin embargo, en esta ocasin, el ejrcito forz la evacuacin de todas las circunscripciones sin hacer caso de las airadas protestas de los observadores y sin permitir que ninguno ellos permaneciera en las salas a lo largo de ms de doce horas. No es inconcebible que las urnas se alteraran durante la noche. Si se hubieran manipulado las urnas, aadiendo una media de 500 papeletas en cada una de ellas, eso totalizara ms de 4,5 millones de votos fraudulentos, igual al nmero de los dudosos votantes registrados aadidos.

Adems, cada vez es ms evidente que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) nunca ha hecho nada por transferir el poder real a un presidente civil elegido. Segn un embajador europeo en El Cairo, cuando le pregunt recientemente a un miembro del CSFA cmo reaccionara el ejrcito ante la eleccin de un islamista o un civil perteneciente a las fuerzas revolucionarias, la respuesta fue un enftico eso no va a suceder. Al Presidente Jimmy Carter se le dio la misma respuesta a primeros de ao cuando se reuni con la cpula del CSFA. Interpret errneamente esa respuesta como que el CSFA no iba a entregar el poder ni incluso a celebrar elecciones ms que presentando su propio candidato para despus gobernar despus. En una entrevista reciente, el antiguo jefe de inteligencia y vicepresidente de Mubarak Omar Suleiman declar al peridico elaborado en Londres, Al-Hayat, que no tena dudas de que si un islamista sala elegido presidente sera inevitable un golpe de estado.

Revolucionarios frente a contrarrevolucionarios e islamistas frente a laicos

Hace tiempo ya, desde el referndum de marzo de 2011, que se esfumaron los das de la unidad revolucionaria. Desde esa fatdica fecha, hay claramente tres fuerzas polticas principales dentro de la sociedad, a saber, el CSFA, los partidos polticos islmicos dirigidos por los Hermanos Musulmanes (HM) y las fuerzas revolucionarias mayoritariamente laicas, entre las que se incluyen los grupos de jvenes, los nacionalistas, los liberales y los izquierdistas. Siempre que dos de esos grupos distintos se unen es normalmente a expensas de un tercero.

Durante los decisivos das revolucionarios, todos los egipcios se unieron y el CSFA tuvo que abandonar a Mubarak y situarse al lado del pueblo. Pero, durante la mayor parte del pasado ao, los HM apoyaron en muchas ocasiones al CSFA mientras ste se dedicaba a aplastar a los grupos revolucionarios y se ignoraban sus demandas. Cuando el CSFA intent imponer principios supraconstitucionales sobre todos los partidos polticos a fin de proteger sus intereses, los HM se situaron al lado de los grupos revolucionarios obligando al CSFA a retirar el documento presentado y a fijar una fecha para traspasar el poder a un presidente civil. Cuando los HM intentaron imponer un comit de redaccin de la constitucin dominado por islamistas, el CSFA se situ junto a los grupos laicos revolucionarios contra los islamistas, obligndoles a cambiar de direccin.

Sin embargo, durante la mayor parte del pasado ao, los grupos revolucionarios, tanto islmicos como laicos, no alcanzaron a entender que su revolucin no haba concluido y que tenan que seguir unidos contra el estado de la seguridad. En cambio, se agotaron los unos a los otros discutiendo acerca de las tcticas a seguir y la futura naturaleza del estado, provocando una intensa desconfianza entre los partidos. Mientras tanto, pasaron por alto el hecho de que, aunque se haba depuesto e incluso juzgado penalmente a la cabeza del rgimen y a algunos elementos corruptos, el cuerpo segua an profundamente arraigado, esperando a que otra cabeza le creciera para aplastar la naciente revolucin.

Interpretando los resultados electorales

Aunque los resultados de las elecciones presidenciales no acabaran falseados, el resultado final, a pesar del sentimiento de fatalidad reinante, debera evaluarse de forma muy diferente. Los resultados finales fueron estos: Los candidatos pertenecientes a las alternativas revolucionarios recibieron casi las dos terceras partes de los votos (Muhammad Mursi, 25%; el naserista Hamdein Sabahi, el 21%; el islamista independiente Abdelmoneim Abol Fotouh, el 18%; otros candidatos, el 2%). Por otra parte, los residuos del rgimen anterior recibieron menos de la tercera parte (Shafiq, el 24% y Amr Musa, el 10%, aunque no todos los que votaron por este ltimo estaban necesariamente contra la revolucin). Si los candidatos a favor de la revolucin se hubieran unido alrededor de un nico candidato, habran aplastado a la oposicin desde la primera vuelta. Pero la profunda desconfianza que fue engendrndose a lo largo de gran parte del pasado ao hizo que esa fusin resultase imposible.

Adems, los egipcios han acudido a las urnas en tres ocasiones desde la cada de Mubarak. En marzo de 2011 aprobaron de forma abrumadora el referndum constitucional que despejaba el sendero poltico por el que el pas podra caminar. Se decantaron mayoritariamente por los partidos islmicos votando a su favor por un margen de 77 a 23%. Desde noviembre hasta enero de este ao, los egipcios votaron de nuevo abrumadoramente a favor de los candidatos islmicos para el parlamento, quienes cosecharon el 75% de los escaos. Aunque los candidatos de los HM recibieron casi once millones de votos durante las elecciones parlamentarias, su candidato presidencial obtuvo solo 5,7 millones de votos, una sorprendente prdida de ms de cinco millones de votos. Una cada tan enorme de los apoyos en solo cuatro meses es algo extrao cuando no imposible en cualquier contexto poltico. Pero los muchos pasos en falso dados por los HM, junto con la muy negativa campaa contra los partidos islmicos emprendida por los medios de comunicacin estatales, todava controlados en gran medida por los cargos nombrados por Mubarak, lo hicieron posible.

Aunque los votos islmicos representaron casi 19 millones de votos de los 27 millones obtenidos en las elecciones parlamentarias, en las elecciones presidenciales alcanzaron como mucho entre 9 y 10 millones de 23 millones de votos, una prdida espectacular de la mitad de su potencial electorado en solo unos meses. Aunque esta prdida est directamente relacionada con la hasta ahora pobre actuacin parlamentaria y con la actitud desdeosa de los HM hacia sus compaeros de revolucin, sirvi para enviar un firme mensaje al liderazgo del grupo de que necesitaban actuar con rapidez para reparar los daos causados por su actitud arrogante hacia los otros grupos revolucionarios.

Posibles escenarios para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales

El General Shafiq ha mostrado claramente su desdn tanto hacia los partidos islmicos como hacia la revolucin que les llev al poder. En ms de una ocasin declar que ve a Mubarak como modelo y que, una vez en el poder, no dudara en utilizar el aparato de seguridad y el ejrcito para restaurar el orden y poner fin a las protestas. Por tanto, su tctica ha sido presentarse como la ltima esperanza de las fuerzas laicas a fin de detener la invasin del estado religioso. Musa, que qued en un distante quinto puesto en las elecciones recogiendo 2,4 millones de votos, se ha visto tambin obligado a hacer un llamamiento por la derrota de un posible e inminente estado religioso en referencia directa al candidato de los HM. En su intento de proyectar esta eleccin como lo laico frente a lo religioso, contina utilizando la tctica de la era Mubarak de tratar de inculcar temor en la sociedad, especialmente entre los cristianos de Egipto, entregndole as a Shafiq los 13 millones de votos que en la primera vuelta haban recogido entre Shafiq, Musa y Sabahi. En directa amenaza a los HM, Shafiq hizo saber que, en caso de necesidad, no dudara en disolver el parlamento para poner fin al dominio de los grupos islmicos.

Por otra parte, Mursi, el candidato de los HM, se presenta a s mismo como la ltima esperanza para que la revolucin limpie la corrupcin que impregna al estado, deshacindose de los restos del rgimen de Mubarak y embarcndose en nuevas reformas para cumplir los objetivos de la revolucin. Si los egipcios que votaron a favor de los candidatos revolucionarios le creen, puede entonces recibir hasta 15 millones de los votos de la primera vuelta. Excluyendo los posibles fraudes, la mayor parte de los votos de Musa (2,4 millones) acabaran en las filas de Shafiq, mientras que la mayora de los votos de Abol Fotouh (4,1 millones) podran ir a parar a Mursi.

Sin embargo, los decisivos votos del nacionalista izquierdista Sabahi (4,8 millones) estn a disposicin de quien los quiera. Este candidato, firme defensor de la revolucin, se ha negado hasta ahora a apoyar a Mursi e incluso muchos de sus seguidores han tomado las calles para rechazar a ambos candidatos. Muchos otros grupos revolucionarios, incluidos los seguidores de Abol Fotouh, rechazan a Shafiq y creen que se manipularon los votos de la primera vuelta. Tambin salieron a las calles. No se sabe hasta dnde pueden llegar y lo intensas que pueden ser estas protestas. Si se extienden y recrean los primeros das de la revolucin, entonces podra introducirse un nuevo factor que fuerce al CSFA a actuar, bien para aplastar violentamente a los manifestantes o bien para cancelar las elecciones o ambas cosas.

Por otra parte, muchos jvenes y grupos a favor de la revolucin han estado negociando intensamente con Mursi para que ofrezca garantas a los seguidores de esos grupos. A cambio de su apoyo, deber aceptar varias firmes demandas referidas a: comprometerse a gobernar a travs de un consejo presidencial que incluya a todas las corrientes ideolgicas, dar seguridades de gobernar de forma democrtica, libertad de expresin, garantizar los derechos de las mujeres y de la comunidad cristiana, as como la promesa de no presentarse para un segundo mandato. Adems, el parlamento, bajo dominio de los HM, debe nombrar de inmediato a un comit para que redacte la constitucin que debera adoptar decisiones acerca de importantes aspectos conflictivos hasta alcanzar el consenso, incluida la naturaleza civil del estado.

En ltima instancia, este crtico momento podra ser potencialmente y a la postre una bendicin si los Hermanos Musulmanes y el resto de los grupos revolucionarios saben aprovecharlo bien. Es hora ya de que los socios revolucionarios vuelvan a unirse para salvar la revolucin egipcia. No se trata solo de las esperanzas y aspiraciones del pueblo de Egipto y de los rabes de toda la regin sino tambin de las de los pueblos libres de todo el planeta, para quienes la juventud de la Plaza Tahrir ser siempre un motivo de inspiracin.

Esam Al-Amin es un escritor independiente colaborador de numerosas pginas en Internet. Puede contactarse con l en: [email protected]

Fuente original: http://www.counterpunch.org/2012/05/29/reading-the-egyptian-elections/



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