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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2012

Siria
Guerra meditica y freedom fighters

Jos Steinsleger
La Jornada


La crisis poltica de Siria nos permite retomar la inquietud planteada a inicios del ao pasado, cuando en Tnez y El Cairo cayeron los gobiernos dictatoriales de Zine Abidine Ben Al y de Hosni Mubarak: ya no importa a quin beneficia o perjudica una insurreccin? (Egipto y la toma del cielo por asalto, La Jornada, 16/2/11).

En las grandes tragedias humanas, nada ms fcil que estar contra los unos o los otros, y nada ms cmodo que optar por la neutralidad, o el desgarrado esnobismo british del colega Robert Fisk, quien a raz de la masacre en la localidad de Houla, asegura: Pronto olvidaremos el nuevo horror en Siria (La Jornada, 29/5/12).

A quines tena en mente el corresponsal del diario ingls The Independent? Con su proverbial talento literario, Fisk mezcl caticamente todas las masacres que hubo durante 30 aos en el mundo rabe, y dio por sentado que sus lectores estn muy al tanto de lo que acontece en Siria, pas donde Lawrence de Arabia dej de ser un romntico agente del Foreign Office.

Aludiendo a la matanza de Houla, Fisk dice: El paralelismo con Argelia es estremecedor (), y estbamos muy preocupados de que insurgentes estilo Al Qaeda se aduearan de Argelia, as es que al final Estados Unidos apoy a los militares argelinos del mismo modo que los rusos apoyan hoy a los militares sirios () s es una guerra civil. Entendi? Yo tampoco.

En asuntos de guerra, el trmino estremecedor suena perfecto. Qu otra sensacin depara cualquier masacre de civiles inermes, con mujeres violadas y nios degollados? En los manuales (occidentales) de estilo al uso, las expresiones son muy floridas: ataques indiscriminados contra la poblacin inerme, contexto de violencia generalizada, ensangrentada nacin, condenar la violencia venga de donde venga, etctera.

Insertas en la llamada guerra meditica, vertidas al alimn, todas esas expresiones permiten que las mentes de Occidente se conviertan en un pandemnium semntico y verbal: Yugoslavia y Afganistn, Irak, Lbano y Sudn, Palestina y Libia. Qu ms da? La guerra.

Sin embargo, y en el caso de Siria, resulta interesante atender lo previsto en su blog por el analista espaol Juanlu Gonzlez: El objetivo final es organizar una nueva campaa de bombardeos como la que lograron en Libia con intoxicaciones similares; pero necesitan an ms manipulacin meditica, y no creo que vaya a tener lugar a no ser que haya una gran atencin por parte de los medios de comunicacin sobre una masacre.

Echando mano a cables de Wikileaks, Juanlu repara en que el Pentgono reconoca en diciembre pasado: los rebeldes sirios son bien pocos (no hay mucho del Ejrcito Sirio de Liberacin que entrenar en estos momentos), admitiendo sin pudor que trabajan con total descaro en el pas:

Las operaciones que se estn llevando a cabo se realizan sin prudencia (sic), y al contar con la colaboracin delictiva (sic) de toda la prensa occidental, pueden desestabilizar al pas con la complicidad de unos medios que se encargan de lavar el cerebro de la opinin pblica con absoluta impunidad

Sigue: Que las fuerzas alauitas (N de la R, del gobierno de Bashar Assad) colapsen por dentro, pero vendindolas como acto de represin del rgimen que pretende que renuncie a su propia y legtima defensa, vendindola como actos de represin contra su propia poblacin.

En todo caso, Juanlu concluye que es difcil crear una situacin como la de Libia porque la poblacin siria y su ejrcito estn muy cohesionados, el apoyo de la poblacin a los sublevados en armas es mnimo y, sobre todo, porque es bien complicado que las brigadas mediticas engaen a todos todo el tiempo.

En un estudio sobre existencialismo y alienacin literaria, el crtico estadunidense Sydney Finkelstein se detuvo en una novela corta de William Styron (La larga marcha, 1952). Una de las pocas que, a su juicio, registr el impacto de la guerra de Corea (1950-53).

Finkelstein subraya que en el curso de aquella guerra se aviv en la poblacin una histeria tal como no se haba credo necesaria durante la Segunda Guerra Mundial. En la guerra antifascista no haba habido una poltica de contestar a la brutalidad fascista con una brutalidad e inhumanidad semejante.

El hecho de que la guerra de Corea fuese contra el comunismo, y de que el comunismo era por su propia naturaleza la peor de las barbaries, llev a que cualquier tctica brbara quedaba justificada. Bsicamente, la novela de Styron describe la nueva despreocupacin por la vida humana, y la brutalidad del entrenamiento militar.

En sintona, el dramaturgo John Osborne escribi aos despus en la revista Life: Estamos obligando a nuestros hombres en el campo de batalla a actos del ms completo salvajismo.

Seguiremos, en las siguientes entregas, desmenuzando el papel de la guerra meditica en Siria, y el de los nuevos actores militares que las potencias occidentales empezaron a dar cuerda en Libia: los freedom fighters, los mercenarios.

Fuente original: http://www.jornada.unam.mx/2012/05/30/opinion/023a2pol



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