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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2012

Existe futuro en el sindicalismo?

Daniel Mari Ripa
Rebelin


La huelga general del 29-M ha devuelto la legitimidad perdida a UGT y CCOO, pero los sindicatos se enfrentan al reto de renovarse o morir. El Pacto de las Pensiones en Enero de 2011 haba dejado a la ciudadana sumida en un sentimiento de orfandad. La recuerdo como una fecha especial, explica Pablo Padilla, miembro de Juventud Sin Futuro, refirindose a la manifestacin convocada por la CGT tras ese pacto, algo era diferente, haba mucha ms gente y mucho ms enfadada. Sobre ese caldo de cultivo surgi un 15M que desbord durante meses a los sindicatos mayoritarios, a pesar de quedarse a las puertas de los centros de trabajo.

No se deberan engaar las cpulas sindicales: los sindicatos no solo estn desprestigiados entre la derecha. Tambin en la izquierda, en muchos sectores sociales e incluso entre buena parte de sus afiliados. Los trabajadores los consideran imprescindibles, y ms con la crisis, pero cuestionan sus polticas y sobre todo a los liberados sindicales, a quienes califican de jetas, intiles, un mal menor, preocupados slo por lo suyo o despreocupados por jvenes y parados (D. Ripa, Atlntica XXII, Mayo, 2012). Aunque a quien ms guste el discurso antisindical sea a Esperanza Aguirre, liberados, subvenciones o fondos para formacin siguen siendo muy polmicos entre trabajadores, investigadores o ciudadana en general. No se aportan cifras oficiales del nmero de liberados sindicales que hay en Espaa, pero algunas fuentes los sitan entre 5.000 y 10.000 (en H. Montero, La Razn, 18 Febrero, 2012, a partir de fuentes de la CEOE y de UGT). Respecto a las aportaciones pblicas que reciben los sindicatos mayoritarios se sabe que en 2011 fueron 255 millones de euros (en F. Cancio, La Razn, 19 Abril, 2012, a partir del BOE y Boletines autonmicos), a pesar de que el gobierno del PP ha rebajado la aportacin ms de un cincuenta por ciento en 2012.

Jos Palacios (CNT), participante en la histrica huelga de la construccin asturiana de 1977, demanda eliminar esas subvenciones porque nunca sern gratis, posicin compartida por una buena parte del sindicalismo alternativo. Rubn Vega, profesor de Historia Contempornea de la Universidad de Oviedo, explica que compran adhesin y docilidad, pero recuerda que los sindicatos ya dependan de la financiacin pblica cuando hicieron la Huelga General del 14-D de 1988 y all conquistaron derechos nuevos como las pensiones no contributivas.

EL RETROCESO DEL MOVIMIENTO OBRERO: O ESTS HIPERIDEOLOGIZADO O TE HACES DE LEGLITAS

Palacios recuerda que en los 70 haba precariedad, pero un entorno favorable, la conciencia de clase, sin el cual no se genera ms que miseria y un pueblo solidario de verdad, que asuma y se implicaba en las luchas. Pero probablemente alude a un hecho inexorable histricamente: el declive del movimiento obrero. Rubn Vega se lamenta de que todas las reformas del Estatuto de Trabajadores fueron recortes de derechos y retrocesos, no ha habido un solo avance. Recuerda que el ideal del capital no son sindicatos ni dciles ni rebeldes, sino que no existan, lo que explica la deslocalizacin a pases como China, India o Filipinas. Aade que es un proceso global: el movimiento obrero est en una situacin prcticamente de extincin y de impotencia absoluta. Aunque cree que va a resurgir en Asia (China ya vivi en 2010 una oleada de huelgas victoriosas), ste no va a tener el aliento utpico por un mundo ms justo y que explica por qu la gente dedic su tiempo, sacrific su vida, fue a la crcel, fue represaliada, o sus familias, y sin embargo volva a la lucha, consiguiendo conquistas para el conjunto de la ciudadana, no slo para los trabajadores. Todo ello lleva a que en parte los sindicatos representen bien a lo que es la clase trabajadora hoy en da, explica Jos Luis Carretero, miembro de Solidaridad Obrera, sindicato que en 2010 paraliz el metro de Madrid durante una semana. Por ello, de la transformacin social profunda hay que hablar siempre, incluso en los peores momentos.

Han desaparecido las grandes catedrales industriales que empleaban a miles de trabajadores, las masas obreras han dado paso a los empleados dispersos y silenciosos y el discurso neoliberal se ha hecho hegemnico y ha fomentado el individualismo. El discurso neoliberal hegemnico lo resume David Garca Arstegui, fundador hace una dcada de la Coordinadora Informtica desde CGT y Solidaridad Obrera, Qu vas tatuado, que te drogas? No pasa nada, pero ven a currar todas las horas que haga falta. Qu has triunfado? Bien. Qu te vas a la calle? Tienes una oportunidad para el cambio. En ese contexto, donde el trabajo ya no es el centro de la vida, a no ser que seas una persona hiperideologizada, no te planteas tener sindicatos sino un Leglitas para, si te despiden, tener abogado gratis. Ms all, si ser precario es un proceso supuestamente temporal, y la negociacin colectiva se extenda automticamente, para qu organizarse? El resultado? Puedes ser muy radical y extremista en la calle, pero en el centro de trabajo eres muy dcil y no tienes que sindicarte, porque crees que slo vas a estar una temporadita y que te puedes ir cuando quieras, explica Carretero. Es ms, no vas a dedicar ni un cuarto de hora a reunirte en una asamblea con otra gente, porque crees que eso no tiene valor de cambio, aade Emilio Len, activista del 15M y miembro de la ejecutiva de la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI)

Pero la historia es tristemente paradjica y a veces retrocede. Ahora, dos siglos despus del nacimiento del movimiento obrero, una reforma laboral que cercena la negociacin colectiva nos lleva muchas vueltas de tuerca ms hasta la casilla de salida, a un mundo del trabajo sin derechos, individualizado, sentencia Rubn Vega.

EXCLUIDOS AL CUADRADO

Sea la culpa de su burocratizacin o del individualismo de los nuevos asalariados, lo cierto es que los sindicatos estn un tanto al margen de los cambios en el mercado de trabajo, han olvidado al trabajo de los cuidados que tiene lugar en el hogar (realizado mayoritariamente por mujeres), y su afiliacin y su influencia se concentra en las grandes empresas del sector industrial y en la Administracin pblica, lo que algunos llaman aristocracia obrera. Entre los parados y los jvenes explotados, casi como sus bisabuelos, su presencia y su prestigio son ms bien escasos.

Carlos Delcls, profesor de Ciencia Poltica de la Universitat Pompeu Fabra, alerta de la existencia de una cultura de insiders (los de dentro) y outsiders (los de fuera) en el sindicalismo mayoritario, donde defienden los intereses de los suyos a coste de las dems, jvenes, mujeres e inmigrantes, como se demuestra en la aceptacin por CCOO y UGT de la doble escala salarial, en funcin de la fecha de incorporacin a la empresa. Para Antonio Antn, profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid, es ms fruto de su impotencia para transformar la creciente precarizacin de nuevos sectores laborales, centrndose en los de tradicin sindical. Arstegui, en todo caso, cree que el sindicalismo s ha entrado en algunos sectores precarios, y pone como ejemplo la huelga conjunta exitosa- de las subcontratas de limpieza del Metro de Madrid en 2008. Exigieron un acuerdo conjunto que garantizase las mismas condiciones para todas ellas, evitando que se enfrentara a unos trabajadores frente a otros para rebajar sus condiciones a la baja. Donde lo ha hecho muy mal es en los sectores diseados para desintegrar el sindicalismo, al crtico y al hegemnico, como telemarketing o el informtico, donde apenas se tiene contacto entre los propios trabajadores. Vega explica el cambio histrico del modelo productivo capitalista. Las fbricas son ncleos donde ahora slo se ensamblan piezas que a veces vienen de muy lejos, otras de proveedores y microempresas del mismo entorno. As, para quienes trabajan en subcontratas, por ejemplo de Vokswagen (VW), cualquier reivindicacin que implique que su empresa no pueda abastecer a la empresa matriz implica automticamente que VW rescinda el contrato, contrate a otro proveedor y el propietario cierre la fbrica. En ese contexto, qu capacidad tienen esos trabajadores para plantear reivindicaciones cuando su propio empresario es un eslabn intermedio emparedado entre dos presiones? Y qu accin sindical cabe?.Ahora en las empresas convive gente de la limpieza de una subcontrata, a su vez contratados por una ETT, y temporales por 6 meses. Y los vigilantes son una subcontrata distinta. Todos con su convenio distinto. Y luego el de informtica est como autnomo, explica Carretero. La apuesta del sindicalismo para combatir esa precariedad, que se cebaba principalmente en los jvenes y mujeres, consista en asegurar el acceso al mercado de trabajo de esos sectores, para luego buscar frmulas de mejorar sus condiciones, por lo que cualquier empleo era solucin. Sin embargo, reflexiona Len, la precariedad es central a este sistema econmico, es la apuesta de las polticas neoliberales, por lo que mujeres y precarios han sido la punta de lanza para la inclusin de nuevas modalidades contractuales que han profundizado ms si cabe la precariedad.

Todos los sindicatos mantienen por su parte la misma estructura que en los siglos XIX y XX. Pablo Padilla, impulsor del 15-M desde el colectivo Juventud sin Futuro, es explcito: Los sindicatos mayoritarios solo representan y defienden los intereses de un modelo de trabajador en extincin. A los precarios no saben ni dnde encuadrarte cuando quieres afiliarte, aade Jos Pablo Calleja, socilogo de la Universidad de Oviedo. Al no encontrar un espacio donde desarrollar tu labor, ni en las secciones sindicales ni sectoriales, los excluidos fuera por el mercado laboral vuelvan a estar excluidos dentro de los sindicatos, una exclusin al cuadrado, lo que lleva a una sobre-representacin de trabajadores de modelos clsicos en los rganos de decisin de los sindicatos, culmina Len (CSI). Los das y horarios de las asambleas (habitualmente entre semana y a primera hora de la tarde) y su formato tienen un trasfondo poltico muy importante, permitiendo la participacin slo de determinado tipo de trabajadores (fijos, funcionarios...). Lo que se agrava si a eso le aades gente que no tiene trabajo y que se encuentra en las reuniones a un seor preocupado porque le han bajado medio punto en el convenio, seala Arstegui, que para romper esa inercia, relata su experiencia, les dije, da igual qu trabajo y qu convenio tengas, los que se consideren informticos que se inscriban en esta lista de correo. Y as, con gente de Madrid, Barcelona y Zaragoza montamos la Coordinadora Informtica.

Adems, los amagos de acercamiento a jvenes pretendan formar lderes sindicales muy afines y poco contestatarios a la par que los crticos eran apartados, recuerda Pedro Lobera, ex secretario general del sindicato aragons OSTA. Len seala tambin varias ausencias en los discursos sindicales: los cuidados, el trabajo no remunerado que tiene lugar en el hogar en gran parte por mujeres-; la crisis ecolgica, da igual que se produzcan o consuman armas que semillas transgnicas; las luchas campesinas y la cuestin agraria.

15-M, RECHAZO Y CONFLUENCIA

El 15-M naci hace ahora justamente un ao tomando las plazas con un discurso tan contrario a los sindicatos como a los partidos. Ahora, con las plazas vacas, los jvenes indignados que mantienen vivo el movimiento - con un perfil mucho ms ideolgico y politizado siguen manifestando su rechazo a los sindicatos mayoritarios e incluso se han manifestado frente a sus sedes, pero el 15-M ha mostrado una cierta confluencia con el mundo sindical, sobre todo con los sindicatos minoritarios.

La huelga general del 29-M, apoyada en la agitacin social previa causada por el 15-M, permiti para Delcls piquetes ms potentes y con ms jvenes, inmigrantes y mujeres que en el pasado. En el paro participaron grupos y activistas del 15-M, pero con su propio perfil,, bajo la iniciativa Toma la huelga, y conformando bloques crticos dentro de las manifestaciones de los sindicatos mayoritarios. Para el 15-M, esta sindicalizacin represent un cambio en relacin a un movimiento que se haba quedado a las puertas de los centros de trabajo. Su mbito de actuacin se centra en los trabajadores precarios, un sector que engorda cada da y en el que los sindicatos mayoritarios no tienen presencia. Se estn poniendo en marcha proyectos como la Oficina Precaria de Juventud sin Futuro, para ayuda y asesoramiento y que buscara, al igual que sucede con los desahucios, visibilizar situaciones precarias en empresas de la zona. En opinin de Arstegui, no sera descabellado el surgimiento de un sindicato 15M, bajo los parmetros movimentistas y sin los pjaros iniciales, lo que tambin va a ser un toque de atencin a los sindicatos minoritarios, algo que para Beatriz Quirs, presidenta de la Junta de Personal Docente de Asturias por SUATEA, ya ha sucedido en Amrica Latina, con la vinculacin entre movimientos sociales y trabajadores.

En todo caso, las cupulas sindicales siguen tratando con desconfianza a estos indignados sindicalistas porque los tienen, seala Calleja, por un grupo de idealistas desorganizados haciendo uso de su derecho al pataleo. Para Len, los sectores ms reticentes al 15-M se han mantenido donde estaban y con el reflujo del 15M vuelven a tomar el control sin modificar un pice su concepcin y sus prcticas. Algunos ven probable la incorporacin de afiliacin joven a los sindicatos o a su entorno tras esta huelga general, aunque varios entrevistados ven una distancia insalvable. Estos, siguen viendo al 15M como un buen laboratorio para seguir desarrollando experiencias innovadoras.

LA MOVILIZACIN PUEDE DESBORDAR A CCOO Y UGT?

La recuperacin de la legitimidad de CCOO y UGT tras la huelga y el 1 de Mayo puede ser un regalo envenenado. Para Antn ahora estn en una encrucijada: continuar con la actual protesta y movilizacin, con una perspectiva prolongada, o refugiarse en la pasividad con algn acuerdo parcial insustancial o regresivo salvando as sus aparatos y moderando la movilizacin ante un potencial estallido social. Para Adrin Redondo, Secretario de Juventud de CCOO en Asturias, la cuestin no es tan sencilla: si haces la segunda huelga y luego no se consigue nada, igual mucha gente se te echa para atrs. Por ello, son muy mal negocio para los sindicatos porque hay mucho que perder si se fracasa y poco que ganar si tiene un xito relativo, aade Calleja. Considera que la fuerza de un sindicato reside ms en su amenaza de movilizacin que en la movilizacin en s misma. Adems, no siempre una mayor combatividad augura ms xitos para frenar la ofensiva neoliberal, seala Vega, recordando la huelga minera de 9 meses contra Margaret Tatcher, saldada con una derrota sindical aplastante y el comienzo de la liquidacin del Estado del bienestar de ese pas. Quien si contina realizando nuevas amenazas es el Gobierno de Rajoy. Para Len, el correlato de la reforma laboral es el esbozo de una nueva legislacin represiva, que equipara la protesta social al delito; sin represin, la ampliacin del nmero de gente que participa en la protesta tendra que hacer inviable la aplicacin de ese programa de ajuste en tan poco tiempo.

Delcls pide reconfigurar el concepto de huelga para abrirlo a trabajadores precarios del sector servicios, jvenes o mujeres, con grandes dificultades para participar en las huelgas, caminando hacia una huelga metropolitana, que mire a la ciudad como la fbrica y se centre en parar los puntos neurlgicos de la economa y en integrar las huelgas de consumo. Si el capital no conoce fronteras, habra que unificar las luchas de manera transfronteriza, ya que otro gallo cantara si todos los trabajadores de Volkswagen fueran capaces de parar al mismo tiempo, resume Vega, que ve las Huelgas Generales de 24 horas como una teatralizacin de la protesta y que resta eficacia a las de empresa por la externalizacin. Las huelgas de cuidados tambin son sealadas como otro aspecto clave.

Pero nadie parece dudar de que los nuevos tiempos exigen cambios y que la renovacin es indispensable para mantener vivo e influyente al movimiento sindical cuando ms se le necesita. Redondo, una persona activa en movimientos sociales, tambin lo tiene claro, aunque no cree que los cambios tengan que incluir el fin de las subvenciones (generan servicios importantes y son auditadas) y de los liberados (son una conquista), puntualizando que su sindicato (CCOO Asturies) podra mantener su estructura sin subvenciones. Posicin que comparten quienes creen que suprimir las subvenciones debilitara al sindicalismo, que negocia con empresas potentes con abogados y asesores, apoyadas por su asociacin de empresarios, quienes ms ayudas reciben, recuerda Lobera (OSTA). En todo caso, Calleja, cree que los sindicatos han de renovarse o morirn. Entre las medidas a adoptar, defiende la vuelta a su puesto de trabajo tras cierto tiempo para no perder el contacto con la realidad laboral.

YA NO TAN MINORITARIOS

La crisis y el pactismo de UGT Y CCOO estn sin duda entre las causas de un cierto auge de los sindicatos minoritarios y alternativos. Aunque todava muy fragmentados y descentralizados convocaron manifestaciones masivas, al margen de los mayoritarios, durante la pasada huelga general en lugares como Madrid, Barcelona, Zaragoza y Gijn. Pero el fenmeno viene de ms atrs. En Asturias por ejemplo, un sindicato obrerista de corte radical que naci como una escisin de CCOO, la Corriente Sindical de Izquierdas(CSI), es desde hace tiempo el ms votado y el mayoritario entre los funcionarios de la Administracin autonmica, suceso similar al que sucede con LAB en Navarra. Junto a CGT o CNT, han apostado por un sindicalismo de pequea escala, reivindicaciones sindicales en pequeos centros de trabajo, con concentraciones y campaas paralelas apoyadas por movimientos sociales, como en la Pizzera La Competencia de Oviedo en 2010 o el Palacio de los Nios de esa ciudad al ao siguiente, ambas saldadas exitosamente. Lo mismo ocurre en la enseanza pblica con SUATEA, un sindicato alternativo asturianista. Ambos funcionan sin subvenciones pblicas ni liberados, aunque SUATEA admite liberaciones con un lmite temporal de cinco aos, siempre que compaginen con jornadas de trabajo en el centro.

En todo caso, el avance de los minoritarios es ms lento de lo que a muchos les gustara. Por ello, Carretero (Solidaridad Obrera) clama por la independencia psicolgica y organizativa de CCOO y UGT. Cree que aunque la gente es crtica con estos dos sindicatos, todava le dan miedo otras cosas. Las causas? Nos ven como los radicales de siempre, muy divididos y muy dbiles, piensan que no hay referentes. De ah viene su apuesta por la unidad del sindicalismo alternativo y su confluencia con el 15M, al que perciben con cario. Adems, se atisba la llegada de nuevos agentes al juego: los parados, tras el previsible fracaso del Gobierno para reducir el desempleo, o el personal laboral de la Administracin, hasta ahora inmune. Para incorporarlos, los sindicatos primero tendrn que ser ms perceptivos a la complejidad de la sociedad, seala Arstegui, como hace el SAT en Andaluca, que engloba desde anarquistas hasta a alcaldes de IU, desde cooperativistas, a campesinos, precarios o funcionarios.

Beatriz Quirs (SUATEA), cree, no obstante, que las propuestas de este otro sindicalismo tienen cada vez ms audiencia en la sociedad, que en el caso de su sindicato valora su valenta al no haberse dejado llevar por la ola de mercantilizacin de la educacin, y apuesta por ampliar la democracia directa, con representantes revocables en asamblea, y el carcter sociopoltico de estas organizaciones, comprometindose con internacionalistas, feministas, ecologistas o grupos de reivindicacin lingstica, algo que hace con xito LAB en Euskadi y Navarra. Varios entrevistados plantean necesidad de constituir una plataforma estatal o autonmica estable entre los minoritarios y de superar la autoconsideracin de lobby de CCOO y UGT. Finalmente, frente a un sindicalismo centrado en aquellos que ya tienen empleo, Padilla se plantea cmo se combinan los derechos renta bsica, transporte gratuito- con entrar y salir del mercado de trabajo?. El testigo lo coge Redondo, que apuesta por volver al pasado para conquistar el futuro: hay que recuperar las antiguas Comisiones Obreras de los 70, interesadas por todos los derechos sociales que afectaran al trabajador, para alcanzar a travs del territorio a la gente que no tiene cobertura sindical diaria.

Daniel Mari Ripa. Investigador Severo Ochoa (FICYT). Departamento de Psicologa de la Universidad de Oviedo.

*Agradecimientos: Al periodista Xuan Cndano, por sus interesantes aportaciones a este documento, as como a la quincena de personas entrevistadas en la elaboracin de este texto y que compartieron con el autor sus visiones sobre el devenir del sindicalismo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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