En momentos donde el modelo neoliberal ha demostrado hasta dónde nos
pueden arrastrar las dinámicas del capitalismo, la ideología que lo
sustenta sigue viva, no sólo con las propuestas y acciones del gobierno,
sino en los análisis de los especialistas. Específicamente, algunos
economistas del país han endosado de manera acrítica la implementación
de los llamados bancos de microcrédito para ayudar a los pobres. Esta
idea de un “Banco de los Pobres” comparte con la ideología neoliberal la
visión de que el bienestar de las personas es en buena medida
determinado por el comportamiento individual ante una serie de
incentivos proveídos.
A primera vista, la celebrada estrategia de microcrédito, que le hizo
ganar a su máximo portavoz, Muhammad Yunus, un Nobel de la Paz, parece
equiparar el campo de juego para aquellos con escasos recursos y cuya
deteriorada posición económica les imposibilita obtener préstamos por
parte de la banca tradicional. ¡Qué noble corazón debe tener nuestro
Premio Nobel y sus seguidores al querer prestarles a aquellos que no
tienen una colateral con que garantizar el repago de su préstamo con
interés!
Y bueno, el filantrópico Nobel parece aferrarse a una postura
refrescante, radical y con base humana cuando dice en una entrevista
para medios españoles que “miramos lo que hacen los bancos
convencionales y luego hacemos justo lo contrario”. ¿Se refiere a no
cobrar una tasa de interés o a proveer equipos, instalaciones y personal
libre de costo a las comunidades para satisfacer sus necesidades
inmediatas? Pues no. Su acto caritativo se reduce a un nuevo modelo para
hacer dinero donde lo refrescante se limita a que, mientras los bancos
comerciales se dirigen con sus préstamos “a los ricos, nosotros [nos
dirigimos] a los pobres, si se centran en los hombres, nosotros en las
mujeres” y así por el estilo.
Pensar que el microcrédito es la solución a la pobreza es no reconocer
un sistema capitalista donde conviven la pobreza y la riqueza, hogares
vacíos junto a personas viviendo en la calle, y personas desempleadas
junto a capacidad productiva que se esta enmoheciendo por la falta de
uso.
Pero no... el gurú Yunus nos dice que “hay que ser fieles a los
principios del sistema capitalista”, principios que él sigue al pie de
la letra al identificar nuevos nichos para explotarlos y hacer dinero.
Utiliza la deuda, la misma que ha desempeñado un papel siniestro en los
últimos 35 años y que ahora asfixia a pueblos mediante medidas de
austeridad, para ofrecerles una alternativa a los pobres. En fin,
concibe el éxito o fracaso de los pobres en términos de ese
comportamiento individual que mencionamos al comienzo, que en este caso
parte de cómo utilicen el dinero que se les ha prestado a interés.
No dudamos que hayan casos de éxito individual. Lo que sí dudamos es
que se resuelva el problema de la pobreza para la mayoría sin examinar
las causas estructurales entendidas dentro de los entornos históricos
específicos. En países como India, donde hay un crecimiento espectacular
conviviendo con una pobreza y asimetría en la distribución de la
riqueza extrema, el microcrédito ha terminado insertándose mayormente en
la economía informal (más del 80% de la fuerza trabajadora en India
trabaja en ese sector). Esto se ha traducido en muchos casos en
condiciones de trabajo infrahumanas debido a la falta de protecciones en
ese sector.
Puerto Rico, que sin lugar a dudas tiene un sector informal
significante, tendría como mínimo que tomar en cuenta la experiencia de
países como India. Es por eso que la propuesta de traer este tipo de
crédito que provee incentivos sin un mínimo de reconocimiento de los
aspectos potencialmente negativos, representa una irresponsabilidad
teórica y social. Para comenzar a contemplar esto como una opción mejor
dejémonos guiar por la opinión de Bertolt Brecht que nos decía que peor
que robar un banco es fundar un banco.
El autor es candidato al Ph.D. en Economía en la Universidad de Massachusetts
http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=B9A912F6C5A89BE282F846606C43FD11
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