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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-06-2012

Reflexiones gramscianas sobre el buen sentido y el sentido comn
Un rgimen capitalista "de chiste"

John Brown
Iohannes Maurus


Es caracterstico de los fines de rgimen que el poder establecido acte de una forma cada vez ms absurda e irracional, como si ya nada le importara el consenso de la poblacin. Es algo que la historia ha contemplado desde la Roma bajoimperial hasta nuestros das con gran regularidad, desde Calgula a Berlusconi. Rara vez un sistema caracterizado por su alta racionalidad ha cado sin antes haberse corrompido progresivamente y acceder a una fase en que el discurso dominante se hiciera insensato, incapaz de producir un mnimo de buen sentido y menos an de informar el sentido comn. Buen sentido y sentido comn guardan una estrecha relacin, pero no son trminos idnticos. El buen sentido es una facultad de juicio sobre la realidad que no necesita mediaciones conceptuales complejas. El buen sentido no descubre verdades, pero s es capaz de reconocerlas. El buen sentido impide cometer errores absurdos. El buen sentido no se puede compartir porque est siempre ya compartido. Deca Descartes con cierta irona que el buen sentido ("le bon sens") es la cosa mejor repartida del mundo pues nadie se queja de tener menos buen sentido que otro. El sentido comn es otra cosa. El sentido comn es lo que nos hace pensar como los dems, mantener una identidad o al menos una cercana de criterios dentro de una sociedad, de tal modo que los mecanismos bsicos de cooperacin y comunicacin, aunque tambin las instituciones de la dominacin y la explotacin cuando estas existen, puedan funcionar adecuadamente. El sentido comn puede ser torvo, oscuro y fantico cuando el rgimen social imperante se caracteriza por la dominacin de uno o de unos pocos, tambin puede ser generoso y abierto a la diferencia, si est determinado prevalementemente por la cooperacin entre iguales.

Antonio Gramsci tematiz la distincin entre buen sentido y sentido comn en los Cuadernos de la crcel. Se vale para introducirla de un ejemplo literario procedente del captulo sobre la peste de Los Novios (I promessi sposi) de Manzoni. Uno de los personajes confiesa privadamente que se niega a aceptar la creencia supersticiosa en unos individuos malvados que contagian voluntariamente la peste (los "untori" o "untadores"), pero se niega a hacer la misma declaracin en pblico. Cita Gramsci a Manzoni: "el buen sentido exista, pero permaneca oculto, por miedo al sentido comn". El sentido comn es "la filosofa de quienes no son filsofos"; es el resultado de una estratificacin histrica de diversos discursos cuya coherencia no est garantizada. Las filosofas, los discursos polticos que tienden a la hegemona, procuran dar coherencia al sentido comn sin conseguirlo nunca enteramente. Hasta un aparato ideolgico como la Iglesia Catlica ha tenido que aceptar en su seno una multitud de catolicismos que se distinguen entre s en funcin de los ambientes sociales y culturales. El sentido comn gramsciano es, as, un espacio conservador e inerte en el que cuesta introducir nuevas ideas:

"el sentido comn (senso comune) es un concepto equvoco, contradictorio, multiforme, y referirse al sentido comn como prueba de verdad es un sinsentido. Podr afirmarse con exactitud que una determinada verdad se ha hecho de sentido comn para indicar que se ha difundido ms all del crculo de los grupos intelectuales, pero en ese caso no se hace sino una constatacin de carcter histrico y una afirmacin de racionalidad histrica; en este caso, y siempre que se emplee con sobriedad, el argumento tiene su valor, precisamente porque el sentido comn es groseramente contrario a las novedades y conservador y haber logrado que penetre una verdad nueva prueba que esta verdad posee una considerable fuerza de expansividad y de evidencia." (Q,8, 173)

Una idea hegemnica puede as instalarse en el sentido comn y participar de su inercia y de su conservadurismo. Tal ha sido el caso de los principales temas ideolgicos del capitalismo: el mercado, la libre empresa, la libertad de contratar, la libertad de elegir; o del Estado capitalista: representacin, Estado de derecho, derechos humanos etc.. Todos ellos haban adquirido hasta hoy la condicin de autnticos prejuicios populares anclados en el sentido comn, reproduciendo as eficazmente los principales mecanismos de dominacin y explotacin capitalistas. El buen sentido de cada uno ha tenido que adaptarse a este marco de ideas y representaciones, de modo que, incluso cuando el buen sentido del individuo las rechazaba, ste tena, sin embargo que conformarse a ellas en pblico para no parecer "irrealista" o "radical". Esto era posible en la medida en que el capitalismo conserv cierta racionalidad y mientras la conserv. Como recuerdan Marx y Engels en el Manifiesto, el capitalismo ha sido una enorme fuerza expansiva de la capacidad productiva y de la socializacin del trabajo y ha producido un incremento de la potencia humana de una magnitud tal que ninguna otra civilizacin se le puede comparar. Incluso, en trminos de civilizacin, lleg a producir bajo la presin del movimiento obrero y la amenaza del socialismo del siglo XX sistemas sociales con un elevado grado de libertad y de prosperidad en los pases del centro imperialista (bsicamente, Europa occidental, Estados Unidos, Japn). El neoliberalismo vino a poner un lmite a las conquistas sociales obtenidas hasta los aos 60 dentro del capitalismo y a invertir la tendencia, liquidando o vaciando de contenido las distintas instituciones de representacin democrtica del trabajo (sindicatos, partidos, parlamentos) que haban ido desarrollndose y los derechos obtenidos a travs de ellas. El proceso se acelera en su segunda fase coincidente con el hundimiento del socialismo real para llegar a finales de los 90 a un modelo puro de rgimen neoliberal impulsado por la acumulacin financiera. Frente a un capitalismo que organizaba y racionalizaba la produccin y dentro de ese mismo proceso llegaba a transacciones y compromisos con la sociedad, nos encontramos hoy con un capitalismo de hegemona financiera cuyo principal mecanismo de extraccin de plusvala es hoy el sistema de la deuda tanto pblica como privada.

En el marco del sistema de la deuda, el capitalismo ha perdido toda racionalidad social, pues es incapaz de imponer su propia "verdad" en el comn de la sociedad, en el espacio donde se forma el sentido comn. No slo se rebelan los "buenos sentidos" individuales contra l, sino que cada vez penetran ms en la compacta masa de un sentido comn an dominado por las representaciones que reproducen el orden capitalista, exigencias que son contradictorias con l. Se trata de exigencias polticas de democracia, de exigencias morales de dignidad e igualdad, de la exigencia incluso biolgica de un derecho a vivir y a participar de la riqueza colectiva, de un derecho tambin a disfrutar de los frutos de un intelecto comn en el que todos participamos y al que todos aportamos y que las relaciones de propiedad intentan arrebatarnos. El capitalismo de la deuda ya no puede ofrecer nada, sino ms deuda y con ella ms tristeza, ms impotencia. En lugar del brillante porvenir del capitalismo progresista del siglo XIX y XX, tenemos ante nuestros ojos un porvenir de miseria y destruccin del tejido social. En cierto modo, esto siempre ha sido as y el capitalismo slo ha sido "civilizado" y ha podido hacer triunfar su racionalidad gracias a la permanente resistencia de los trabajadores. Hoy esta resistencia adquiere una nueva forma. Sigue teniendo como nos los estn mostrando los gloriosos mineros de Asturias, la forma de una lucha sindical tradicional, pero asume tambin de manera hoy hegemnica formas socialmente difusas de expresin que se traducen en ocupaciones de espacios urbanos o en obstrucciones de los flujos materiales y simblicos del rgimen capitalista. Este nueva resistencia es la de un trabajo cada vez ms social, inmaterial e intelectual. La disociacin gramsciana entre "sentido comn" del pueblo y verdades de los "intelectuales" y los aparatos hegemnicos ha perdido hoy pertinencia. Hoy la verdad del intelectual colectivo circula en las redes de colaboracin y rompe la inercia del sentido comn. El sentido comn pierde su pasividad y se transforma en intelectual colectivo de masas, en lo que Marx denomin "General Intellect" o entendimiento general. Simultneamente, el capitalismo abandona el campo de la racionalidad y de la verdad anclada en el sentido comn de la produccin. Disociado de una produccin cada vez ms socializada y basada en el acceso generalizado a los comunes productivos (lenguaje(s), conocimiento(s), experiencia(s), recursos naturales y producidos etc.), el capitalismo, bajo su forma hegemnicamente financiera, existe ya slo como parsito, como vampiro. Expulsado cada vez ms del sentido comn por un buen sentido de masas que reclama el derecho a vivir en libertad.

Esto es lo que explica las formas ridculas que caracterizan a la actual representacin del mando capitalista. Venizelos, el antiguo ministro de defensa del Pasok convertido en ministro de economa para llevar adelante una guerra econmica contra la poblacin, proclama en la actual campaa electoral que los ciudadanos deben votarle porque l fue el artfice de los acuerdos que condujeron al "memorndum" de medidas de austeridad. Sin el menor pudor y sin ningn otro argumento, pide que el voten por ser el artfice del actual desastre. Pero, ms cerca de nosotros, Mariano Rajoy recordaba el da mismo en que la prima de riesgo espaola alcanzaba los 500 puntos, que "no estamos al borde de ningn abismo". A quienes pertenecemos a cierta generacin, esta absurda declaracin nos hizo sonreir. Cmo no recordar el famoso chiste de Franco en el que el sanguinario antecesor de nuestro Jefe del Estado a ttulo de Paquidermicida proclamaba: "Espaoles, en el 36 estbamos al borde del abismo, con el Rgimen del 18 de julio hemos dado un gran paso adelante...". El poder es de chiste. Un poder de chiste, ridculo no puede ya influir en el sentido comn tanto menos cuanto su propia racionalidad -capitalista- es contraria al nuevo sentido comn productivo. Hoy, al capitalismo como forma de sociedad se le aplica la dura sentencia de Spinoza contra los regmenes que han perdido su racionalidad y su dignidas poltica siendo para los sbditos motivo de risa o desprecio: "mientras que, cuando concurren determinadas condiciones el Estado inspira a los sbditos temor y respeto, si estas mismas condiciones dejan de darse, ya no hay temor ni respeto, de modo que el propio Estado deja de existir".(Tratado Poltico, IV,4).

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.be/2012/06/un-regimen-capitalista-de-chiste.html


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