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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-06-2012

Apuntes para debates necesarios sobre democracia, contestacin y movimiento universitario
En la universidad hay cosas que pasan antes

Jordi Mir Garcia
mientrastanto.e


El movimiento universitario siempre est

Al analizar el perodo de movilizacin social que estamos viviendo y que tuvo su punto de inflexin en el 15 de mayo de 2011 y las acampadas posteriores, nos encontramos con una cierta paradoja: esta movilizacin tiene un elemento clave en la participacin de la juventud y de los estudiantes activos, pero podramos decir que el movimiento universitario, como tal, no apareci claramente en escena hasta la huelga de universidades del 17 noviembre de 2011. Despus vendran otras, como la del 29 de febrero de 2012, con una de las mayores manifestaciones que se recuerdan, y las del 3, 10 y, sobre todo, del 22 de mayo, cuando, por primera vez en la historia de la Espaa democrtica, todos los sectores de la enseanza pblica (desde los 0-3 aos hasta la universidad) se sumaron a la huelga convocada por los sindicatos.

Sin embargo, una lectura que slo se fijara en las convocatorias dedicadas a la universidad, no estara viendo lo ms importante. El movimiento universitario estuvo presente desde el inicio de las movilizaciones que han dado vida a este perodo de movilizacin que identificamos con la fecha del 15M y todo lo que all empez a suceder. Algunas de sus organizaciones ya haban promovido iniciativas movilizadoras como la plataforma Juventud sin Futuro en abril de 2011. Despus vendran la manifestacin del 15M y las acampadas, cuya organizacin, duracin e impacto difcilmente podramos entender sin la participacin de personas que estn ahora en la universidad o que continan organizadas en espacios en relacionados con ella. Sus reivindicaciones y dinmicas de actuacin, desarrolladas a lo largo de los ltimos aos, estuvieron y estn muy presentes en estas movilizaciones que, segn los datos del CIS [1], son tan bien valoradas por la sociedad espaola. No es casualidad que las tres primeras personas detenidas con motivo de la huelga general del 29 de marzo de 2012 y pasadas a prisin preventiva durante ms de un mes fueran estudiantes universitarios, ya que aquella huelga fue mucho ms que una huelga de trabajadores y las autoridades se concentraron en la represin de los colectivos ms activos en la contestacin, aunque para ello, como dijo el ministro del Interior, hubo que forzar el ordenamiento jurdico para que ingrese en prisin alguna persona [2].

Los estudiantes crticos llevan aos trabajando y reclamando cambios en un modelo en el que hay muchas cosas que no les gustan y otras que quieren defender. Reclaman ms y mejor democracia dentro y fuera de la universidad y son defensores de un modelo pblico de educacin superior que ven amenazado por un triple camino de privatizacin. El primero tiene que ver con el gobierno de la institucin. Se est produciendo una incorporacin de actores privados en rganos directivos que asumen nuevas competencias y ms relevancia como el Consejo Social, donde hay representantes de diferentes sectores de la sociedad con un peso importante del sector empresarial. A este proceso de incorporacin hay que sumar lo que est ocurriendo con otros rganos de gobierno ms plurales, y donde los estudiantes tienen mayor presencia, como el claustro, que ven reducida su importancia. El segundo es la financiacin externa de msters, investigacin y docencia por parte de las empresas. Ya en los aos de bonanza econmica preocupaba la relacin entre universidad y empresas por la excesiva influencia que stas podan tener al configurar los objetivos de la investigacin y por su tendencia a financiar slo aquellos proyectos que les resultasen tiles econmicamente. En un momento como el actual, en el que los recursos disminuyen, preocupa todava ms cmo vamos a asegurar la investigacin y la docencia en aquellos sectores que consideramos fundamentales ms all de los intereses legtimos del sector privado. Y el tercer camino de esta privatizacin es la creciente participacin de los estudiantes y sus familias en el coste de sus estudios, una forma de copago que supone una transferencia de recursos de las familias a la universidad. La situacin actual vuelve a poner en primer plano estas reivindicaciones que cobran mayor actualidad con la anunciada subida de matrculas o con las limitaciones para el servicio que pueden suponer los recortes en el personal docente e investigador y en el de administracin y servicios.

Permisividad o desconsideracin?

Hay quien repite una y otra vez que, cuando se produce algn alboroto en las manifestaciones, la causa de ello ha de buscarse en dos motivos fundamentales: en el hecho de que Barcelona se haya convertido en la capital antisistema del mundo y en la permisividad con la que han sido tratados los supuestos alborotadores en los ltimos aos. Barcelona es una ciudad punto de encuentro para muchas iniciativas y son muchos los extranjeros que en los ltimos aos han decidido pasar por aqu e incluso instalarse. Para amantes de teoras que vinculan a estos colectivos con supuestos grupos anarcoitalianos [3], recomendara un paseo por el Eixample y Grcia, barrios donde se pueden encontrar cantidad de negocios abiertos en los ltimos aos por personas de origen italiano y que no son difciles de detectar: poco que ver, pues, con tapaderas de centros de apoyo a grupos antisistema. En la universidad se puede detectar tambin el aumento en la ltima dcada de investigadores y profesorado de origen italiano; un apunte personal: en el grupo de investigacin al que pertenezco hay tres personas italianas, de lejos la nacionalidad no espaola dominante. A lo mejor hay que pensar en otros elementos para explicar esta presencia: por ejemplo, en la situacin de la universidad en Italia, en la dificultad para hacer carrera acadmica, conseguir becas y desarrollar investigacin en determinadas reas. Y aparte de trabajar, muchas de estas personas se integran en el tejido asociativo y en los espacios de activismo cultural-poltico que ofrece esta ciudad.

En cuanto a la supuesta permisividad, no dejamos de or frases del tipo: Hemos dejado que esto ocurriera o las autoridades no han sido lo suficientemente duras para evitarlo.... Muchas de las personas (en su mayora, desde la clase poltica y los grandes medios de comunicacin) que hablan de esta permisividad suelen aprovechar cada ocasin para pasar cuentas con el antiguo gobierno tripartito en Catalua, y especialmente con una de sus partes, Iniciativa per Catalunya Verds-Esquerra Unida i Alternativa, sobre su gestin al frente de la Conselleria de Interior. Pero convendra recordar que, durante los aos del Tripartito, los Mossos d'Esquadra realizaron algunas de las intervenciones ms contundentes de su historia. Por ejemplo, hay una fecha, el 18 de marzo de 2009, que est marcada a porra para una generacin del movimiento universitario y ms all de l: aquel da, los que all estbamos vivimos algo que no hubiramos podido imaginar en una sociedad que se quiere democrtica, y son muchos los testimonios que han dado cuenta de aquella tarde-noche. No fue un hecho aislado: se enmarc en la respuesta de las fuerzas policiales, del gobierno y de la direccin de las universidades para hacer frente a una movilizacin que cuestionaba tanto la evolucin de la universidad espaola como la creacin del Espacio Europeo de Educacin Superior. A mi entender no se puede hablar de permisividad. Si se quiere hacer un anlisis serio de cmo han sido tratados determinados sectores crticos de los estudiantes universitarios, tal vez llegaremos a otro tipo de conclusin que se acercara a la idea de desconsideracin: la desconsideracin de la dureza con la que fueron tratados los estudiantes crticos tanto en la calle como en los espacios acadmicos de gobierno. Sin duda, el curso 2008-2009 result doloroso y es posible que todas las personas que lo vivieron, desde un lado u otro, guarden un amargo recuerdo de l. Hasta me atrevo a pensar que, en aquellos meses, se rompieron muchas cosas, entre las cuales la confianza en el dilogo como herramienta para solucionar problemas y encarar el futuro. De modo que lo que ocurre hoy sera ms el fruto de lo que pas entonces que el resultado de la tan citada permisividad que se menciona un da s y otro tambin. Qu ensearon las autoridades en todo aqul proceso? Qu aprendieron los universitarios? [4]

El cuestionamiento de los modelos establecidos y las instituciones

Seguramente este es el momento de nuestra historia reciente en el que ms jvenes cuestionan el modelo de sociedad que hemos creado, desconfan de las instituciones y de las autoridades acadmicas. No es slo un problema de la universidad. Pero es en la universidad, como tambin en otros sectores de enseanza, donde se debe actuar si queremos abordar esta situacin. Y no hacerlo con presin, con autoridad, con exclusin, eso ya se ha hecho, y por ese camino hemos llegado hasta aqu. Hasta ahora se han tomado en consideracin las reclamaciones planteadas por los estudiantes? No pregunto si se han aceptado, slo si se han considerado, si se han discutido, si han merecido un trabajo conjunto. Formulo esta pregunta puesto que el problema, entiendo, no est en rechazar lo que se propone, sino en hacer odos sordos y evitar siquiera discutir abiertamente con ellos sobre sus propuestas. Entre nuestros jvenes aumenta el sentimiento de incapacidad e imposibilidad para encontrar los caminos que puedan ser tiles para transformar aquello que no les gusta de su sociedad y de su universidad. Si, adems de ser minora, en los espacios de gobierno se les impide hacer llegar sus propuestas y debatirlas, los estudiantes tienen muy poco que hacer en las instituciones. En las acadmicas y en todas las dems. Es por eso por lo que los universitarios se ven abocados al camino de movilizacin. Sin embargo, si ni siquiera as pueden conseguir una cierta incidencia en el debate acadmico-poltico, qu queda por hacer?

Debates necesarios: legalidad, legitimidad y violencia

En los ltimos meses se ha hecho habitual hablar de movilizaciones, represin y violencia. Y no es difcil encontrar estudiantes que no llevaran a cabo actuaciones de violencia contra objetos, pero que las pueden entender. Por qu? Porque nuestra sociedad sigue sin afrontar un debate en profundidad sobre la violencia, o, mejor dicho, sobre los diferentes tipos de violencia que existen y la distinta manera de enjuiciarlos. Para entendernos, no slo la violencia fsica de los que queman contenedores de basura o de las actuaciones desproporcionadas de la polica, sino la violencia que deja sin casa, la que quita el trabajo, la que cierra o reduce los servicios mdicos, la que aumenta los precios en la universidad, la que reduce la asistencia a las personas que lo necesitan, la que establece condiciones de trabajo que consideramos injustas o que comete fraude fiscal. Las divergencias en la consideracin pblica de estas diferentes realidades de nuestra sociedad resultan inasumibles para muchas personas y son motivo de gran debate en el movimiento universitario. Hay demasiada distancia entre lo que muchas personas consideran injusto y no legtimo y lo que se acepta como legal y no se cuestiona en el debate meditico y poltico. Resulta imprescindible reducir esa distancia, de otro modo el abismo ser irrecuperable.

Hoy, en el interior del movimiento estudiantil, podemos ver como en algunos momentos, y en algunos sectores, cierta ansia, voluntad de inmediatez, incluso desesperacin fundamentada en diversas causas, lleva a actitudes que muchos desde posiciones de noviolencia constructiva no compartimos. Pero hasta ahora todo se ha podido abordar desde la palabra y con voluntad de proximidad. En nuestra sociedad empiezan a producirse algunos movimientos en relacin con el necesario debate sobre la violencia, determinados en buena medida por la movilizacin social y por las fracturas en hegemonas existentes. Pero son cambios todava lentos e insuficientes, por lo que es menester debatir ms a fondo sobre la cuestin e implicar a todos los mbitos e instituciones de la sociedad, incluida, cmo no, la universidad. Un argumento ms para revitalizarla como espacio de participacin poltica.

La demanda de una verdadera democracia

En la universidad hay muchas cosas que acostumbran a pasar antes que en otros mbitos de la sociedad, tambin en lo que se refiere a la actitud poltica de los jvenes. La universidad es seguramente el espacio ideal, como tambin lo podran ser otros, los barrios por ejemplo, para la incorporacin de los jvenes a la poltica. La universidad tiene reconocida la participacin del estudiantado en sus rganos de gobierno, desde las facultades a las que pertenecen como estudiantes de determinadas carreras hasta el consejo de gobierno, el consejo social y el claustro. Esta arquitectura institucional podra permitir una presencia relevante del estudiantado en el gobierno de la universidad, adems de contribuir a una democracia representativa y participativa de gran calidad en la que los jvenes se formaran y capacitaran para tambin participar en la poltica de nuestra sociedad. Sin embargo, y lamentablemente, eso ocurre en muy pocos casos, de manera que convendra que nos preguntramos sobre la representatividad de los estudiantes en estos espacios, es decir, sobre cunta presencia tienen en trminos numricos y si realmente ejercen la representacin de los representados. En cuanto al nmero, suele ser reducido y, desde luego, muy inferior al que reclam el movimiento universitario antifranquista para dar vida a una universidad democrtica vertebrada en torno a unos rganos de gobierno con representaciones equilibradas para el conjunto de la comunidad. Hoy en da est muy extendida la idea de que los estudiantes no tienen porqu decidir sobre cuestiones de la universidad que, aunque les afecten, son responsabilidad de la direccin. Con ello se deja claro, por un lado, que ellos no pueden ser gobierno, y, por el otro, que su posicin no es relevante. Y para fundamentar esta idea se insiste en remarcar su temporalidad en la institucin, a diferencia de los personales docente y administrativo.

Se puede y se debe discutir sobre el modelo de gobierno de las universidades, sobre la eficiencia de los rganos dirigentes y la necesidad o no de incluir en ellos a otros sectores de la sociedad. Pero me parece difcil de argumentar que los estudiantes no deban y puedan participar del gobierno de una institucin de la que son parte fundamental y para lo que estn capacitados. Lo planteo desde una posicin de principios y, a la vez, prctica. Si esto nos lo creemos, deberan cambiar muchas cosas en nuestra universidad. Una parte mayoritaria de los estudiantes ha renunciado por accin u omisin a preocuparse y participar del gobierno de la universidad, porque no le encuentra el sentido, no obtiene resultados o porque piensa que no es su papel. La parte minoritaria que s lo hace, tambin est ah por diferentes motivos. Pero incluso los ms desinteresados, los ms puros en sus motivos, ven claramente como estos espacios acaban resultando excluyentes en demasiadas ocasiones. Puede que esta sea una percepcin minoritaria, pero, aunque as sea, resulta profundamente hiriente para aquellas personas que aceptan una democracia efectivamente representativa y trabajan para poder hacerla ms participativa, de mayor calidad y ms cercana al conjunto de las personas implicadas.

Democracia como equilibrio inestable en el que todas las partes son necesarias

La democracia es un proceso profundamente inestable porque son muchos los equilibrios que deben hacerse para mantenerla y para que pueda avanzar. Cuando las partes no estn comprometidas con ella o tienen percepciones diferentes de lo que debe ser, se pone en riesgo. Y esto es lo que pasa tambin en nuestras universidades al plantearse la participacin estudiantil: lo que para unos es exceso de participacin, para otros es insuficiencia; lo que para unos es exceso de democracia, para otros es insuficiencia de la misma. Una vez roto el equilibrio inestable, el riesgo de malas prcticas se multiplica para ambas partes, por lo que la democracia pasa a ser una competicin por el poder y el triunfo: si unos no respetan las buenas prcticas, por qu tienen que hacerlo los otros? Si unos desautorizan a los otros, por qu los otros no pueden hacer lo mismo? No es extrao escuchar en los rganos de gobierno de la universidad cuestionamientos cruzados dedicados a la legitimidad de un rector o decano y de los estudiantes presentes, aunque unos y otros hayan llegado por procesos electorales a su condicin de representantes. En lugar de actuar de manera inclusiva, abiertos al conjunto de la comunidad, son demasiado habituales comportamientos de unos y otros que suponen un cerrarse en s mismos; incluso excluir o enfrentarse a los propios compaeros de comunidad por no compartir totalmente sus posiciones. Las identidades se construyen a la defensiva y cuesta ponerlas a trabajar conjuntamente. Precisamente, cuando una de las caractersticas de este periodo de movilizacin est siendo, en muchas ocasiones, que las identidades de proyecto se impongan a las de resistencia. Que las personas y colectivos con ganas de movilizarse y actuar hayan primado lo que une ms que lo que separa, aunque lo que une pueda incluso suponer cierta renuncia. El movimiento universitario ha vivido tambin efectos positivos del 15M, como puede ser la aproximacin de nuevas personas y la existencia de menos prejuicios, pero seguramente las condiciones de su actividad cotidiana en espacios con roles tan marcados como las universidades y el peso de las trayectorias parece que no acaba de favorecer algunos de estos cambios.

Todas las partes en confrontacin dentro de la universidad, y pienso fundamentalmente en esta divisin tradicional entre rectorados y direcciones de facultades, y estudiantes movilizados, deberan valorar si lo que exigen a la otra es cumplido por la suya y asumir que si verdaderamente nos queremos como sociedad democrtica, que respeta la pluralidad y que fomenta la participacin, los malas prcticas aqu citadas deberan ser desterradas. La universidad tiene que depurarse de estos comportamientos y todos sus integrantes deberan ser conscientes de los equilibrios inestables que nos sustentan como comunidad. La bsqueda de esos equilibrios en muchos casos nos debera llevar a movimientos de cesin para no forzar la situacin y as evitar el desequilibrio, la fractura, la distancia. Estoy pensando en una universidad como espacio de formacin de toda la comunidad, donde todos aprendemos de todos. Una universidad que incorpore esos criterios a la hora de valorar sin paternalismos los comportamientos de los estudiantes, ya que a veces se espera de ellos actuaciones que no tienen ni el personal docente e investigador ni el de administracin y servicios. Del mismo modo, convendra que los estudiantes movilizados y sectores crticos aceptaran los esfuerzos que pueden ser necesarios dentro de determinados espacios para llegar a comportamientos ms participativos o democrticos. Tienen mucho que aprender sobre eso, tambin, personas con altos cargos acadmicos que no los han practicado. Mi experiencia me dice que, si se desarrollan honestamente, los procesos democrticos participativos pueden requerir ms tiempo que otros mecanismos, pero resultan mucho ms fructferos y enriquecedores para todas las partes.

A manera de eplogo: preguntas para el examen final de este curso 2011-2012

El curso 2011-2012 ha estado marcado en la universidad espaola por diferentes polticas relativas a la reduccin de plantillas del profesorado y el personal de administracin y servicios no estable y por los probables anuncios de aumento de precios y tasas. Ahora, en su recta final, la convulsin es mxima con la aprobacin por el Ejecutivo del Decreto-ley 14/2012 [5] de 20 de abril ratificado por el parlamento espaol el pasado da 17 mayo. Desde muchos sectores de la universidad es visto como un ataque y son diferentes los motivos de queja. Las rectoras y rectores de las universidades espaolas, que ya haban manifestado conjuntamente su rechazo al procedimiento [6], han llegado a plantar al ministro de Educacin, Cultura y Deporte, Jos Ignacio Wert, en el Consejo de Universidades al entender que se estaba evitando el debate sobre el decreto [7]. En esta recta final del curso, el movimiento universitario est impulsando movilizaciones en muchas universidades con especial atencin al aumento de precios que podra llegar al 66%. Desde rganos de gobierno de diferentes universidades han surgido posicionamientos contrarios a las medidas recogidas en el Decreto-ley [8] e incluso propuestas para la desobediencia y para evitar los perjuicios que pueden suponer [9]. Como en ningn otro momento de los ltimos aos, la comunidad universitaria est expresando su malestar por las polticas que ya se estn aplicando o por las que vendrn.

Vivimos tiempos de incertidumbre, inseguridad y temor por la situacin que ya tenemos en nuestra sociedad y, an ms, por la que puede llegar a producirse. Las movilizaciones que estamos viendo en las universidades de todo el Estado tienen que ver con la respuesta a una prdida de derechos y a la defensa de un modelo de universidad y sociedad. Estudiantes muy diversos en su sensibilidad poltica y en maneras de hacer coinciden en su disconformidad con la subida prevista de los precios de grados y msters, que ya sabemos que no podr ir acompaada de un mayor nmero de becas para conseguir efectos redistributivos. Hay gobiernos de universidades [10] y gobiernos autonmicos [11] que han declarado no estar de acuerdo con esta subida e, incluso, estar dispuestos a no aplicarla de manera efectiva.

Tenemos estudiantes que creen en su universidad y que slo aspiran a mejorarla, muchos ya no para ellos directamente sino para las generaciones venideras. Es gente comprometida con su comunidad, universitaria y ciudadana. Cmo comunidad sabremos gestionar este malestar? Los rectorados que se quejan por no haber sido tenidos en cuenta al prepararse las medidas ahora anunciadas sabrn ver que algo parecido les pasa a sus estudiantes cuando, por ejemplo, se decide eliminar la convocatoria de septiembre de la evaluacin? Sabremos ver que de la crtica compartida a la subida de precios podra salir una respuesta comn, una manera de hacer conjunta? Llegaremos a asumir que aquello que afecta a una comunidad debera ser tratado comunitariamente y que no es conveniente para nadie que sean los menos favorecidos (personal no estable docente, investigador y de administracin y servicios, o estudiantes) los que asuman los costes? La evaluacin de estas y otras cuestiones a final de curso. Continuamos.

Notas

[1] http://www.cis.es/cis/opencm/ES/1_encuestas/estudios/ver.jsp?estudio=12604

[2] http://www.europapress.es/nacional/noticia-interior-admite-hubo-forzar-ordenamiento-juridico-encarcelar-quienes-causaron-destrozos-barcelona-20120425195233.html

[3] Sobre la supuesta matriz anarcoitaliana de los disturbios acaecidos en Barcelona el pasado 29 de marzo, remito al lector al artculo de Carlo Pisacane, Enric Juliana, los anarcoitalianos y el cataln assenyat, en mientrastanto.e, n. 102, mayo de 2012, consultable en: http://mientrastanto.org/boletin-102/notas/enric-juliana-los-anarcoitalianos-y-el-catalan-assenyat

[4] Sobre el balance de la contestacin de ese curso se puede consultar un artculo escrito para el Boletn ECOS, n. 7, mayo-julio de 2009, con el ttulo Notas para el balance de un curso de contestacin en las universidades pblicas espaolas, consultable en: http://www.fuhem.es/media/ecosocial/File/Dossieres/DOSSIER%20movimientos%20sociales_jun09.pdf

[5] http://www.boe.es/boe/dias/2012/04/21/pdfs/BOE-A-2012-5337.pdf

[6] http://www.upf.edu/enoticies/es/1112/0504.html

[7] http://www.crue.org/opencms/opencms/handle404?exporturi=/export/sites/Crue/doc_portada/Mayo_2012/Comunicado_CRUE_Consejo_Universidades.pdf&%5d

[8] Es el caso, entre otras, de la Universidad Complutense de Madrid, cuyo Consejo de Gobierno ha hecho pblico el siguiente comunicado: http://firgoa.usc.es/drupal/node/50819

[9] En el Consejo de Departamento de Filosofa de la Universidad Autnoma de Madrid se aprob la siguiente resolucin sobre el RDL 14/ 2012 el 7 de mayo de 2012: http://tomalafacultad.files.wordpress.com/2012/05/resolucion-consejo-depto-7-mayo-2012-sobre-rdl-20-de-abril.pdf

[10] Puede resultar ilustrativo el Comunicado del Equipo de Gobierno de la Universidad de Malaga cuya rectora, Adelaida de la Calle, es la presidenta de la Conferencia de Rectores de la Universidades de Espaa (CRUE): http://www.uma.es/contenido.php?clase=p&tipo=n&idm=29&id=2942

[11] El Gobierno de Euskadi se ha pronuciado en este sentido, como se puede ver en: http://www.deia.com/2012/04/19/sociedad/euskadi/-el-gobierno-vasco-dice-que-no-aplicara-la-subida-de-las-tasas-universitarias-

Jordi Mir ensea en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y es miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la misma universidad

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-103/notas/en-la-universidad-hay-cosas-que-pasan-antes-apuntes-para-debates-necesarios-sobre-



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