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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-06-2012

Elogio de la impuntualidad

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


Todos los italianos, de derechas o de izquierdas, reconocen por igual el gran logro de Mussolini: la puntualidad de los trenes en Italia. Y Adolf Eichmann, el gestor nazi de las deportaciones a los lager, siempre se vanaglori de que sus trenes cargados de judos eran los ms puntuales del Tercer Reich.

Pues bien, hace unos das lea una noticia en torno a las medidas de las compaas ferroviarias en Espaa para reducir los a veces inevitables retrasos que se producen durante los recorridos. El esfuerzo por la puntualidad es un esfuerzo por eliminar o al menos reducir la contingencia, por combatir desde la razn contable todos los factores inesperados que no se someten a ella: el esfuerzo, por tanto, para lograr que los ferrocarriles se desplacen en un espacio vaco, sin resistencias, casi sin atmsfera o al menos sin naturaleza. Ferrocarrils, la empresa de la Generalitat de Catalunya, se muestra muy orgullosa de su gestin, pues registra una puntualidad del 99,59%. Al azar o al error no le dejan ya, por tanto, sino un estrechsimo margen del 0,41%, contra el que, en todo caso, la direccin de la compaa ha decidido intervenir con energa.

Cules son las contingencias que se ocultan bajo este mnimo porcentaje estadstico del 0,41%? Entre otros, el suicidio. En los ltimos cinco aos, en efecto, 20 personas han decidido poner fin a su vida utilizando a este propsito las vas de los ferrocarriles catalanes. Naturalmente la voluntad de los suicidas no es la de provocar retrasos y naturalmente Ferrocarrils no puede -o no puede todava- impedir este uso irregular, abusivo y gratuito de sus servicios, ni reclamar ninguna indemnizacin a los infractores. Pero puede acelerar los trmites administrativos, hasta ahora lentos y exigentes, para retirar los cadveres y abreviar los tiempos de espera y, en consecuencia, la extensin del incumplimiento horario. Con este objetivo, el presidente de Ferrocarrils acaba de alcanzar un acuerdo con el gobierno de Catalunya y el Tribunal Superior de Justicia para que la polica local pueda retirar el obstculo sin necesidad de una autorizacin judicial: de esta manera, los 40 minutos de media que hasta ahora requera la operacin se vern reducidos a poqusimos minutos, como el cambio de ruedas en el box de un circuito de Frmula-1. Nosotros nos tenemos que preocupar de los vivos, ha declarado tajante y responsable Puig y Tic, el presidente de la empresa.

RENFE, la compaa estatal, celosa de su homloga catalana, est tratando de alcanzar un acuerdo semejante a nivel nacional. En toda Espaa, el nmero de atropellos en los ltimos cinco aos se eleva a 264, con un balance de 214 muertos y 50 heridos. El caso de RENFE es adems particularmente trgico, pues la operacin de levantamiento de los cadveres en sus lneas consume ms de 2 horas de media, con el consiguiente perjuicio econmico y de prestigio para la empresa. La bsqueda responsable de la mxima puntualidad exige, por tanto, una lucha permanente, si no contra los suicidas, s contra sus cadveres, concebidos como puros obstculos en un espacio que debera estar vaco. Hasta ahora los jueces, poco sensibles (segn la lgica empresarial), se empeaban en considerar estos cuerpos diferentes de las piedras o los perros; a partir de estos acuerdos, ninguna consideracin filosfica podr introducir distinciones que entorpezcan o retrasen la normal marcha de los trenes hacia su destino final.

As concebida, como puro clculo contable en un espacio vaco, la puntualidad adquiere, s, una dimensin muy mussoliniana. Por un lado, la pretensin fustica de que es posible administrar la contingencia, condicin misma de la actividad racional, se convierte en lo que los griegos llamaban hybris (el exceso sacrlego mediante el cual un hombre se mide con los dioses) cuando se propone reducir a cero la intervencin contaminante del azar en un mundo que, no lo olvidemos, es l mismo fruto del azar. Pero al mismo tiempo, esta pretensin sacrlega de eliminar toda contingencia obliga precisamente a considerar la humanidad misma como una pura contingencia cuya potencial impuntualidad, siempre imprevisible, habra que vigilar y reprimir. No es verdad que la compaa ferroviaria tenga que preocuparse slo de los vivos; si se preocupara de verdad de los vivos, se preocupara de los padres, los novios o los hermanos del suicida. Lo que a Ferrocarrils le preocupa son los clientes, y el hecho de que esos clientes estn vivos y adems viajen en el tren es un dato tan irrelevante para la gestin empresarial como el dolor que lleva al suicida a arrojarse al paso de una locomotora. Cuando la puntualidad acaba por convertirse en una lucha abstracta contra el tiempo -que pretende robarnos dinero-, tan indiferente es lo que transporten los trenes (pasajeros, ganado o judos) como indiferente es lo que obstaculice su camino: se trate de lo que se trate, hay que retirarlo de la va.

A una compaa ferroviaria hay que exigirle puntualidad y los ciudadanos deben poder reclamar adems en caso de demora. Pero cuando una compaa ferroviaria considera que su misin no es satisfacer las necesidades humanas de desplazamiento en el espacio sino la de luchar contra la contingencia y vencer al tiempo con todos sus obstculos, incluidos esos cogulos vivos que llamamos cuerpos, esa compaa ferroviaria, en su impulso y espritu, se distingue muy poco de una ideologa totalitaria. El capitalismo es una ideologa totalitaria. Como Jerjes, como Che-Huan-Ti, como Hitler, pasa por encima de todo aquello -montaas, dioses, hombres- que no sirve de manera directa al despliegue de su plan imperial.

Tenemos necesidad de que los trenes lleguen puntuales. Pero tenemos mucha ms necesidad de que los trenes no se muevan en un espacio vaco; de que todos las instituciones -incluso las que implican una mayor inversin de clculo contable o de racionalidad tecnolgica- reconozcan la existencia y precedencia de un mundo impuntual en el que la contingencia es inevitable y no siempre es un mal. Me he pasado todo el ao -como todos los aos- esperando el florecimiento de las jacarands; este ao ha llegado con retraso y mi impaciencia, que no ha dejado de hervir en todas direcciones, se ha visto recompensada de pronto por una sorpresa morada y frondosa. Hay tres cosas que seguirn siendo siempre impuntuales: las flores, los enamorados y la muerte. Un tren que pase por encima de esas tres cosas es un tren que no slo no debemos tomar sino que debemos a toda costa hacer descarrilar.

Que habr que descarrilar, como dice Silvio, por un manotazo del pueblo para que un hombre se vea con una mujer.



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