Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Revoluciones en el mundo rabe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-06-2012

Siria: entrevista a Santiago Alba Rico
Los pueblos tambin conspiran

Miguel Riera
El Viejo Topo


En los ltimos meses Internet se ha visto asaltado por agrias discusiones sobre la posicin de Santiago Alba Rico en relacin con los acontecimientos que se han vivido en Siria. Alba es, indiscutiblemente, un observador privilegiado. Habla rabe, vive en Tnez y ha viajado por todos los pases de la zona. Vivi de cerca la revolucin tunecina, y est en contacto con diversas izquierdas rabes. De l podr decirse lo que se quiera, salvo que no est bien informado.

Me gustara que empezaras relatando cmo y cundo se inici la revuelta en Siria.

El 15 y 16 de marzo -fecha oficial del comienzo de la llamada revolucin siria- se convocaron manifestaciones en Damasco y otras ciudades, a las que acudieron algunos centenares de personas, sobre todo de la izquierda laica, inmediatamente dispersadas por la polica. Pero puede decirse que la revuelta comienza el da 18 en Deraa, una ciudad de 300.000 habitantes en el suroeste de Siria, junto a la frontera con Jordania, el llamado Viernes de la dignidad, en el que miles de personas salen a la calle a protestar por la detencin un da antes de quince nios que haban escrito sobre un muro, obviamente influenciados por las imgenes de Egipto y Tnez, la conocida consigna: el pueblo quiere derrocar el rgimen. La polica mat a cuatro de los manifestantes. A partir de ese momento, y como consecuencia de la feroz represin del rgimen, que dispara sobre las comitivas fnebres de las vctimas, las protestas se multiplican en Deraa y se extienden a otras ciudades.

Qu objetivo poltico tenan esas protestas?

Las primeras pedan el fin de la ley de Emergencia, en vigor desde 1963, y la liberacin de los presos. Enseguida reformas democrticas y la eliminacin de la corrupcin, vinculada a la familia gobernante. En las primersimas revueltas en Deraa, tras la muerte de los cuatro manifestantes del 18 de marzo, los jvenes quemaron oficinas del partido Baaz, smbolo de la opresin, y sucursales de la compaa telefnica Siriatel, propiedad de Rami Mahluf, primo del presidente Al-Asad y uno de los emblemas de la poltica econmica liberalizadora del ltimo decenio que ha beneficiado a unas pocas familias y empobrecido a la mayor parte de los sirios. Como ocurri en Tnez y Egipto, las revueltas, completamente espontneas y desencadenadas al margen de los partidos y fuerzas polticas, se fueron radicalizando a medida que pasaban los das y aumentaba la represin. De la demanda de justicia y democratizacin se pas a reclamar la cada del rgimen. Y como ocurri en Tnez y Egipto con las intervenciones pblicas de Ben Ali y Moubarak, el decepcionante discurso de Bachar Al-Asad del 30 de marzo acusando a una minora de los desrdenes, fue decisivo en esta radicalizacin.

Dices que inicialmente las revueltas fueron espontneas hay un momento en que empiecen a ser organizadas por fuerzas con intereses polticos?

Creo que hay que hablar de una doble separacin: la que existe entre el exilio y el interior y la que existe entre las fuerzas polticas ya activas antes de las revueltas (desde la oposicin reunida en la Declaracin de Damasco a los partidos marxistas) y los marcos de auto-organizacin nacidos al calor de las revueltas. En los barrios y las ciudades ms movilizadas (Homs, Deraa, Hama, Idlib, etc.) se forman enseguida los llamados Comits de Coordinacin Local que ms tarde se unirn en una Coordinacin General de la Revolucin. Por su parte, las fuerzas tradicionales tardan mucho en formar el llamado Consejo Nacional Sirio, fundado a finales de agosto de 2011 a partir de una coalicin de partidos, organizaciones y personalidades independientes incapaces tanto de ponerse de acuerdo entre s como de coordinar la lucha cotidiana de los Comits Locales. Este CNS, dominado por los Hermanos Musulmanes y que no ha logrado obtener el reconocimiento internacional deseado, pese a su creciente sumisin a los pases occidentales y al Consejo de Cooperacin del Golfo, trabaja desde el exilio y se opone adems al otro grupo opositor importante, la Coordinadora Nacional para el Cambio Democrtico, cuyo dirigente ms visible es Haythem Manaa, conocido intelectual y militante de DDHH, residente tambin en Francia. De este ltimo grupo forman parte, adems, partidos y organizaciones de izquierdas con representacin en el interior del pas: entre ellos el Partido rabe Socialista Democrtico, el Partido Comunista del Trabajo Sirio, el Baaz Democrtico rabe Socialista, la Coalicin de Izquierda Marxista o el Partido de la Izquierda Kurda en Siria. La voluntad de dirigir o incluso manipular polticamente las movilizaciones pacficas desde fuera es patente, como lo demuestra la eleccin de los lemas con los que se convocan las manifestaciones de los viernes (coincidentes muchas veces con la errtica poltica del CNS), pero uno de los peligros de deriva de la lucha popular procede precisamente de su fuerza originaria; del hecho de que los Comits Locales no slo no mantienen una relacin orgnica con el CNS sino que cada vez se sienten menos representados por l. En una situacin de represin feroz y militarizacin creciente de la contestacin, la ausencia de una coordinacin poltica entre el exterior y el interior, entre oposicin tradicional y Comits, aumenta el riesgo de despolitizacin y des-civilizacin de las protestas, que en su mayor parte siguen siendo -en todo caso- pacficas.

Vayamos por partes. Hay fuerzas de izquierda, marxistas, que apoyen a Al-Asad?

S, las hay, y para empezar el propio Partido Comunista Sirio o al menos el ala Bakdash, del nombre del que fue su dirigente hasta 1995. Tras el golpe de Estado de Hafiz Al-Asad en 1970, el PCS acept integrarse en el llamado Frente Nacional Progresista, cuyo presidente era el propio Al-Asad, lo que llev en 1972 a la escisin de Riyad At-Turk, dirigente hasta 2005 del Partido Comunista Sirio (Bur Poltico) de oposicin. La ruptura entre los dos sectores se acentu en 1976, tras la intervencin del ejrcito sirio en Lbano a favor de las falanges maronitas cristianas contra los palestinos. Mientras que Riyad At-Turk, an vivo, pas 18 aos en prisin bajo Al-Asad padre y ao y medio bajo Al-Asad hijo, el PCS-Bakdash apoy y sigue apoyando el rgimen. Recordemos que, hasta la reciente reforma, la constitucin siria defina como socialista el rgimen econmico del pas y siete partidos legales, todos de inspiracin socialista o panarabista, formaban parte de ese llamado Frente Nacional Progresista obligado constitucionalmente a reconocer el papel dirigente del partido Baaz en el poder.

Puede hablarse entonces de una incipiente guerra civil? O estamos hablando de otra cosa?

No se puede ignorar el peligro, pero creo que es ms justo seguir hablando de una revolucin popular sin liderazgo, como la define Elias Khoury, contra un rgimen que juega desde el principio con la dimensin geoestratgica de Siria y con la retrica resistente para continuar las masacres e impedir la democratizacin del pas. Esta revolucin popular se ha convertido en un objeto de intervencin por parte de innumerables fuerzas, ninguna de las cuales quiere que triunfe, y la convergencia de todas estas presiones, mantenida en el tiempo, ha ido generando toda una serie de efectos parsitos o deformativos que impiden ver con claridad el corazn original de un proceso todava vivo. Bachar Al-Asad ha explotado desde el inicio el fantasma de la guerra civil y de la sectarizacin mientras empleaba todos los medios sobre el terreno para que la amenaza -que slo l podra conjurar, segn la propaganda- se hiciera realidad. Al igual que ha explotado el fantasma de la intervencin exterior, una intervencin exterior que siempre ha existido en Siria (por parte de occidente y tambin de Irn y Rusia), pero que cada vez parece ms claro no va adoptar, al contrario que en Libia, la forma de una agresin militar. Ni Israel ni EEUU ni la UE estn interesados en una situacin de caos en la zona y asestarn golpes controlados a un rgimen cuyas estructuras prefieren mantener intactas. En todo caso, la conjuncin de estos factores -represin feroz, divisin de la oposicin, acciones armadas del Ejrcito Libre de Siria, identificacin popular de la dictadura con la corriente alauita, temor de las minoras al islamismo y apoyo todava al rgimen por parte de la burguesa urbana de Damasco y Alepo- alimentan sin duda el embrin de un conflicto civil.

Se ha dicho que Qatar y Arabia Saud estn ayudando y entregando armas Si es as, a quin?

Al contrario que EEUU y la UE, que se han negado, al menos oficialmente, a entregar armas, Qatar y Arabia Saud pidieron durante un tiempo que se armase al Ejrcito Libre de Siria. Como es sabido, las dos tiranas del Golfo ni siquiera fueron capaces de obtener esto de las potencias occidentales en la reunin de los llamados Amigos de Siria en Tnez y en la ltima cumbre de La Liga rabe celebrada en Bagdad el 30 de marzo se han resignado a aceptar el plan ruso-estadounidense gestionado por Kofi Annan. Es probable, por tanto, que estn haciendo llegar armas clandestinamente a travs de Lbano, Jordania y Turqua, aunque basta ver la desigualdad militar sobre el terreno para comprender que el ELS sigue escasamente armado. Hay que recordar asimismo que Rusia arma al ejrcito sirio y que Irn -segn fuentes de la resistencia iraqu- apoya militarmente al rgimen en la represin de las protestas. En estos momentos -mientras se apuesta por la solucin poltica a travs de la misin de la ONU- todas las partes estn alimentando la lgica del enfrentamiento armado.

Por qu esa burguesa de Damasco y Alepo sigue apoyando al rgimen? Qu actitud toman las clases populares de ambas ciudades?

Esta fidelidad de la clase empresarial al rgimen en Damasco y Alepo la cuenta con mucho detalle Bassam Haddad, profesor y editor de Jadaliyya, cuyos artculos, en general, son muy recomendables (http://rebelion.org/noticia.php?id=147033). En los aos 70, Asad padre construy toda una red clientelar a travs de licitaciones concedidas a empresas mixtas subvencionadas por los pases del Golfo y de la creacin de algunas grandes empresas privadas, todo ello en beneficio de algunas familias que empezaron ya a dominar la economa del pas. Las dos olas de liberacin econmica, a partir de 1991 y de 2005, no hicieron sino acelerar esta transicin de un Estado semisocialista corrupto a un Estado mafioso compinche del capitalismo. Mientras las zonas rurales, a las que se retiraron adems los subsidios, se empobrecan rpidamente, esta clase empresarial, a veces indiscernible de la estructura misma del Estado, concentraba sus grandes negocios en Damasco y Alepo. Como dice Haddad, el rgimen se sostiene porque no ha habido deserciones importantes en la cpula militar y porque tampoco ha habido deserciones importantes en esa burguesa empresarial. Y mientras que otras ciudades y pueblos en los alrededores (como Duma o Zabadani) han visto grandes movilizaciones y brutales respuestas del ejrcito, los centros urbanos de Damasco y Alepo se mantienen relativamente tranquilas -aun si cada vez menos- por una combinacin de represin preventiva y apoyo al gobierno. Las manifestaciones -y los atentados- han llegado ya a las dos ciudades ms importantes del pas; y esta expresin han llegado ilumina la entraa de la revolucin siria: como en el caso de Tnez, al contrario que en Egipto, en Siria las protestas empiezan en la periferia, en las regiones ms desfavorecidas, para cercar luego el centro, cuyas burguesas urbanas no ven claro todava que sus intereses de clase se defiendan mejor cambiando de gobierno.

Quin constituye el llamado Ejrcito Libre de Siria?

Bsicamente desertores del ejrcito, a los que se han sumado algunos civiles. Su nmero es incierto, pero se habla de en torno a 30.000 elementos. Est dirigido desde Turqua por el coronel Riyad Al- Ass'ad, aunque no puede hablarse de un mando unificado ni de una coordinacin de todas sus operaciones y todas sus tropas.

Qu papel desempea el Islam poltico en el, llammosle as por ahora, conflicto?

Primero hay que saber a qu nos referimos cuando hablamos de islam poltico. Si nos referimos a los Hermanos Musulmanes, su importancia ha sido histricamente grande en Siria. Una buena parte del comercio y la pequea empresa, perjudicados por el rgimen, est en manos de sunnes prximos a los HHMM. En 1982 encabezaron la revuelta contra el rgimen y la brutal represin de Hama -con al menos 10.000 vctimas- los dej maltrechos y en retirada. Tanto su debilidad como su cambio de estrategia y de discurso se puso de manifiesto en 2005, cuando se incorporaron a la Declaracin de Damasco junto a partidos liberales y de izquierdas. Tiene un peso grande dentro del CNS, cuya poltica se ha inclinado impudorosamente en los ltimos meses hacia la opcin de la intervencin extranjera, que reclaman en pblico y sin reservas. A los EEUU, Israel y la UE no les hace gracia la idea de una Siria controlada por los HHMM. No es una casualidad que, en un momento en el que occidente ha cambiado claramente su estrategia y apuesta por el plan de Kofi Anan, los HHMM sirios hayan publicado una especie de documento programtico en el que se afirma la necesidad de crear una Siria civil, moderna, democrtica, plural y de alternancia y construir un estado basado en el dilogo, la participacin y las urnas, y no en la venganza y la exclusin, y en el que todos se comprometen a respetar al resto de componentes tnicos, religiosos y confesionales. Parece claro el propsito de tranquilizar tanto a las minoras que en el interior tienen miedo de sumarse a una revolucin sunn controlada por los HHMM como a las potencias occidentales que, antes de reconocer el CNS, querran asegurarse de que la Siria post-asadiana no se les escapar de las manos.

En cuanto al islam yihadista, es seguro que en estos momentos hay en Siria voluntarios vinculados a la nebulosa de Al-Qaeda; tambin milicianos libios -lo ha reconocido el propio Consejo Nacional de Transicin de Libia- que acudiran a ayudar a sus hermanos sirios. Desgraciadamente el internacionalismo hoy no es comunista sino islamista.

Has escrito que el estallido inicial de las revoluciones rabes no tenan nada que ver con la geopoltica. Sin embargo, es evidente, y an ms en el caso sirio, que la geopoltica tiene un peso considerable en la comprensin de lo que est sucediendo y en las conclusiones que cada uno deduce de los acontecimientos. Desde la incomodidad de Israel, que t ya has comentado en otras partes, pasando por la existencia de bases rusas, la voluntad turca de establecer cierta hegemona en la regin, la condicin de parachoques que puede tener Siria con respecto a Irn, a la eterna voluntad imperialista de Occidente... Cmo ignorar todo ello?

De ninguna manera se puede ignorar. El mundo rabe, y Siria de manera particular, concentra los ms densos intereses geoestratgicos multipolares del mundo. Esto no es nuevo. La intervencin de todas las fuerzas que has citado en la zona es lo habitual, lo normal, lo siempre-dado-por-supuesto. La pregunta es si ha ocurrido algo nuevo que nos obligue a nosotros a reconsiderar nuestros anlisis y a todas estas fuerzas exteriores a modificar sus procedimientos y estrategias de intervencin. La pregunta es si ha aparecido un factor ms, inesperado y autnomo, que aade complejidad tambin al contexto geoestratgico. Yo afirmo tajantemente que s. Ha ocurrido algo nuevo: toda una serie de movimientos populares masivos contra dictaduras de larga data apoyadas o toleradas por todos los actores en la zona. Hay un factor nuevo: unos pueblos interesadamente congelados en la historia, a los que se comprenda mal o se despreciaba, que han decidido a destiempo y en el lugar equivocado reclamar libertad, democracia y justicia social. La dimensin de lo ocurrido es, a mi juicio, catastrfica, en un sentido muy literal, por cuanto que voltea por completo el equilibrio regional, poniendo a todos en dificultades, y obliga a recomponer tambin nuestras categoras mentales. Como en todo caso la intervencin es lo siempre-dado-por-supuesto, como es una de las zonas ms intervenidas del mundo, este acontecimiento inesperado ha generado enseguida respuestas orientadas a mitigar sus efectos; a cooptar, controlar, reprimir o revertir estos movimientos populares con los que nadie contaba y que nadie quera. Segn la posicin geoestratgica de cada uno de estos pases, la respuesta de las potencias occidentales, de sus aliados del Golfo y de los rivales Rusia y China ha sido muy distinta. En unos lugares se permiten transiciones ms o menos controladas (Tnez y en menor medida Egipto), negociando con los islamistas que las dictaduras combatan por delegacin. En otros se interviene militarmente (Libia y Bahrein), en el primer caso a favor de los opositores, en el segundo en contra. En otros, como Yemen, se utilizan las alianzas regionales (el Consejo de Cooperacin del Golfo) y las instituciones internacionales (la ONU) para pactar, al margen de los revolucionarios, un cambio cosmtico de gobierno. En otros, se combina la represin y las tmidas reformas (Jordania, Argelia, Marruecos, sin olvidar los pases del Golfo, donde por primera vez se producen movilizaciones populares que amenazan estas teocracias tirnicas imprescindibles para los EEUU desde el punto de vista energtico). El caso de Siria es el ms trgico, pero que lo sea slo confirma la aparicin de este factor nuevo e inesperado, de este acontecimiento -digamos- parageoestratgico. Lo trgico es que esa parte del pueblo sirio que reclama lo mismo que todos los dems pueblos hermanos de la zona habita el lugar ms sensible del mundo; un pas-bomba, como dice el marxista Yassin Al-Hajj Saleh, cuyo dictador est dispuesto a hacer estallar antes de renunciar al poder. Y cuando se cumple un ao del comienzo de la revolucin siria, como he escrito otras veces, nos encontramos con que la revuelta original ha sido completamente rebasada por los demonios geoestratgicos que ha desencadenado. Podemos decir, s, que la geoestrategia cie ya, como un dogal de hierro, el territorio y la mayor parte de los movimientos que se producen en l. Pero no debera dominar todo nuestro anlisis; no deberamos olvidar ni las justas reivindicaciones de los que se siguen jugando la vida en manifestaciones y protestas enteramente legtimas ni a un pueblo que se resiste precisamente a ser nicamente una pieza de ajedrez en un tablero geoestratgico; un pueblo, en definitiva, que se rebela al mismo tiempo contra dos dictaduras: la del rgimen de Al-Asad y la de la geoestrategia multipolar.

Es obvio que el enemigo de mi enemigo no tiene necesariamente que ser mi amigo... pero eso siempre depende de lo que cada uno considere prioritario... cmo deben posicionarse, en tu opinin, las izquierdas de esta parte del mundo, de Occidente?

As es, en efecto, depende de lo que cada uno considere prioritario y lo cierto es que en estos momentos una buena parte del pueblo sirio no considera prioritaria la lucha contra el imperialismo sino contra la dictadura que sufre desde hace 42 aos. Y no porque no sea anti-imperialista -la causa palestina garantiza ese impulso en Siria y en el resto del mundo rabe- sino porque no es el imperialismo sino el rgimen el que dispara sobre la gente, la tortura y le niega la ms mnima dignidad ciudadana; y porque precisamente ese pueblo en rebelda entiende que la dictadura ha utilizado la retrica resistente para sojuzgarlos mientras aseguraba la tranquilidad de las fronteras con Israel y no reclamaba el Goln; y entiende, por lo tanto (y esto sirve para todo el mundo rabe), que slo la democracia puede ser verdaderamente anti-imperialista en la regin. Es por eso que la revolucin siria est condenada a la derrota; la han condenado tanto los imperialistas, que de ninguna manera pueden utilizar la democracia en el Oriente Prximo para sus designios, como algunos anti-imperialistas que desprecian la democracia como motor de emancipacin social y colonial.

En cuanto a qu debe hacer la izquierda occidental, me atrevera a decir que bastara con que nos resistiramos a pensar como la derecha. Deberamos partir de dos principios bsicos: el de que todos los pueblos del mundo desean y merecen lo mismo (democracia real, justicia social, dignidad ciudadana), y ello nos obliga a no aplicar sobre el mundo rabe los mismo clichs islamofbicos y orientalistas de los sectores reaccionarios; y el de que no hay ningn objetivo superior, ni Dios ni el socialismo ni la salvacin del planeta, que justifique el encarcelamiento arbitrario, la tortura y el asesinato masivo de civiles desarmados. Esto vale tanto para la OTAN como para los que nos oponemos a ella. Y si finalmente ocurriera que hay lugares del planeta donde no se pueden sostener los principios rectores de la izquierda, si hay zonas blindadas de sombra donde no se puede ser de izquierdas, entonces la obligacin de los que as piensan es la de declararlo en voz alta sin negacionismos ni retrica, la de demostrarlo de manera inobjetable y, sobre todo, la de convencer de ello, no a Santiago Alba Rico, no, sino a todos esos revolucionarios sirios que se estn jugando la vida sobre el terreno, convencidos de todo lo contrario.

Por puntualizar: eres partidario de algn tipo de intervencin, ya sea de embargos econmicos, ya sea militar, contra el rgimen de Al-Asad?

Tajantemente no. Los embargos econmicos -salvo los selectivos e individuales- slo perjudican a la poblacin. En cuanto a una intervencin militar, adems de criminal, sera desastrosa al mismo tiempo para el pas y para la revolucin. Esta es tambin la posicin de la izquierda revolucionaria en Siria. Lo cierto es que esa intervencin, que parece muy lejos de producirse, no depende ni de lo que yo diga ni de lo que pidan los sirios. La izquierda tiene muy poco poder para evitar una eventual -y cada vez ms improbable, insisto- intervencin militar en Siria. Pero la izquierda interviene a nivel de discurso; y nuestra falta de solidaridad con el levantamiento sirio introduce tambin sus efectos sobre el terreno en un mundo globalizado. Los activistas bombardeados en Homs son plenamente conscientes de que los gobiernos progresistas de Amrica Latina, por ejemplo, les han vuelto las espaldas y, an ms, de que apoyan al dictador del que ellos se defienden. El discurso de la democracia y los Derechos Humanos se lo estamos entregando a los EEUU, la UE... y a Arabia Saud! A pequea escala, esto es tambin una intervencin que cierra el crculo de una tpica profeca autocumplida anti-imperialista: occidente y el islamismo se apoderan del terreno que vamos dejando, lo que da la razn a nuestras denuncias contra el imperialismo y el islamismo.

Una penltima pregunta: personalmente estoy convencido de que si Siria no constituyera, como he dicho antes, un parachoques de Irn, los acontecimientos se hubieran producido de otro modo. No digo ni mejor ni peor, pero s que las salidas podran haber sido distintas. Qu opinas al respecto?

Si lo que quieres decir es que Siria se ha convertido en el lugar metonmico donde atacar y defender Irn, estoy de acuerdo. En trminos geoestratgicos las revoluciones rabes han determinado numerosos efectos ya, algunos positivos y otros negativos. Obviamente, la revuelta siria brindaba una ocasin a los EEUU y sus aliados para debilitar el eje chi Hizbul-Siria-Irn, del que ahora forma parte tambin, por una de esas paradojas que demuestran el carcter chapucero del imperialismo, el semi-ocupado Iraq. Una Siria aislada, como Libia, o perifrica, como Tnez, habra corrido una suerte muy diferente. Irn no puede permitirse perder Siria; y Rusia y China no pueden permitirse perder Irn; y Turqua, que no es un simple pen estadounidense, quiere cambios en Siria sin amenazar a Irn (como demuestra la reciente visita de Erdogan a Tehern y sus declaraciones sobre el derecho a desarrollar un programa nuclear civil). Cmo decirlo? Se interviene no cuando se quiere sino cuando se puede; y cuanto ms quieren EEUU (y sus aliados del Golfo) intervenir en Siria menos pueden; su propio querer activa tantas resistencias, y tan insuperables, que su querer se convierte en un no-querer de hecho. La cuestin es que este ataque metonmico a Irn en Siria est produciendo ya un efecto realmente destructivo, demoledor para la llamada Primavera rabe. La geoestrategia est deformando el primer impulso democrtico, social y panrabe para transformarlo, en virtud de una dolorosa, minuciosa, inducida deriva, en un conflicto sectario sunn/chi alimentado por los pases del Consejo de Cooperacin del Golfo y por Irn. Esa guerra sorda en el Golfo entre las potencias regionales atiza el fuego del sectarismo que las victorias de Hizbul haban atemperado mucho en las ltimas dcadas y que la ocupacin de Iraq reactiv del modo ms brutal (pero limitado). Hizbul, un smbolo de resistencia en todo el mundo rabe, debera comprender que el apoyo incondicional al rgimen sirio (mientras apoy todas las otras revueltas, incluida la libia) no slo disminuye su enorme y merecido prestigio popular sino que, como deca Malik at-Tariki, cuestiona su papel de representante panrabe y panislmico de la Resistencia contra Israel para encerrarlo en su estrecha definicin sectaria como apndice de Irn. Eso es muy daino, no slo para las revoluciones rabes democrticas sino tambin para la causa palestina.

Queda algo importante que no te haya preguntado y que quisieras comentar?

Apenas insistir de nuevo en dos presupuestos que deberamos afirmar al mismo tiempo sin sonrojarnos como condicin de toda lucha de la izquierda anti-imperialista. El primero es que existe la CIA y que conspira sin cesar, que la OTAN no es una institucin humanitaria sino guerrera y criminal al servicio de las grandes potencias y que Israel, EEUU, la UE y los pases del Golfo han intervenido siempre para impedir la democracia y la soberana en esta zona geoestratgica de vital importancia. Pero el otro presupuesto es el de que no slo existen la CIA y la OTAN, que los pueblos tambin conspiran, que sus conspiraciones se llaman revoluciones (o revueltas, levantamientos, protestas, huelgas generales, etc.) y que, si suelen ser derrotados, siguen constituyendo la nica fuente autnoma a partir de la cual se pueden introducir cambios autnticos en las relaciones de dominio capitalista y neocolonial. Produce un poco de amargura pensar que una parte de la izquierda no recibi como una buena noticia el despertar de los pueblos rabes y que, de algn modo, sinti un gran alivio cuando intervino la OTAN en Libia porque eso les exima de pensar el mundo en toda su complejidad. Ya saban lo que estaba pasando y lo que iba a pasar! Creo que el mundo es ms frgil y ms complejo que nunca y que la ilusin de Guerra Fra que ha activado la revolucin siria en realidad ilumina por debajo una nueva red fluida de relaciones multipolares conflictivas que hasta la inmolacin de Mohamed Bouazizi permaneca sorda o escondida. Estamos entrando en el siglo XXII sin apenas haber usado el XXI; y lo que se avecina da mucho miedo. Las revoluciones rabes han imprimido un acelern a esa transicin o a esa revelacin. Lo malo es que no sabemos a dnde vamos porque ni siquiera sabemos lo que queremos. Lo bueno -por lo menos para m- es que en todo caso ya no podemos ignorar que los pueblos rabes existen y que estn alzando la voz, con dcadas o siglos de retraso, para reclamar su derecho elemental a la dignidad. Puede que eso sea una irresponsabilidad y que haya que echarles la culpa del avance imperialista o hasta de la destruccin del planeta. Pero algo va muy mal -muy mal- en este mundo si desde la izquierda lo nico que se nos ocurre pedirle a un pueblo que despierta es que se duerma de nuevo.

NOTA DE SANTIAGO ALBA RICO:

Esta entrevista, realizada a mediados de abril, fue publicada en el nmero de mayo de El Viejo Topo. Los cambios en el Consejo Nacional Sirio, el recrudecimiento del conflicto civil armado y el evidente fracaso del plan Annan, con las nuevos forcejeos diplomticos entre las partes que rastrillan la revuelta siria y la implacable obstinacin de la dictadura, obligaran a actualizar los datos y acentuar la preocupacin, pero la informacin y la argumentacin aqu recogidas mantienen, a juicio del entrevistado, toda su vigencia.

Fuente original: El Viejo Topo 292, Mayo 2012 http://www.elviejotopo.com/web/revistas.php?numRevista=292


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter