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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-06-2012

Necesitamos una revolucin democrtica

Emilio Pizocaro
Rebelin


Nosotros somos aquellos a quienes hemos estado esperando

Profeca Indgena Hopi


El domingo por la noche un gran nmero de la poblacin espaola durmi tranquilamente. Frau Merkel y Europa nos haban rescatado

El sueo duro muy poco. A media maana del da siguiente la prima de riesgo haba vuelto a subir y la bolsa bajaba estrepitosamente; ambas seales inequvocas que la crisis no ha terminado como los soaron unos cuantos ingenuos.

La realidad es ms dura. El rescate de la banca espaola no ha saciado la voracidad del capital especulativo internacional.

Cada nuevo da la ola de malas noticias amenazan con convertirse en un tsunami; la directora del FMI, Christine Lagarde, declara que hay un plazo de menos de tres meses para salvar el euro, la Unin Europea amenaza con provocar un corralito, la prima de riesgo bate rcords histricos y el New York Times profetiza un rescate total para Espaa.

La actualidad se vive con angustia. Empezamos a tomar conciencia que el rescate pone termino a un periodo de nuestra historia caracterizado por la especulacin inmobiliaria.

El reino del ladrillo ha llegado a su fin. Solo nos quedan las secuelas perversas de un capitalismo rentista y subordinado al dinero de la banca internacional.

Como hemos llegado a este punto?

El origen del actual desastre es producto de una herencia dulce, pero maldita . El profesor y premio Nacional de Economa, Jos Manuel Naredo, lo documenta en una acuciosa investigacin que se puede resumir en esta frase; la transicin pactada mantuvo intacta la trama mafiosa del ladrillo que floreci en el tardo-franquismo.

En efecto, la democracia liberal de baja intensidad, que sustituyo a la dictadura franquista, hered sin reformar el capitalismo mafioso. Los nuevos dirigentes , en vez de erradicar las malas practicas, fomentaron una red poltica de barones y caciques por todo el territorio.

Por decenios los partidos del sistema se dedicaron a gestionar una poltica clientelar que estimul la especulacin urbanstica desde la estructuras del poder estatal, regional y local.

Los datos indican que el inici de una larga crisis poltica esta servida. PP y PSOE, empiezan a mostrar abiertamente contradicciones internas, la monarqua vive sus horas ms bajas , Carlos Divar, presidente del Supremo esta por los suelos y Rouco Varela pone lo suyo.

La Cadena Ser alarmada habla de rescatar la democracia y confirma lo que todos sabamos, las encuestas certifican que en Espaa hay una casta dirigente desprestigiada.

Un moderado columnista del El Pas, se atreve; hay un reforma que nos hemos pasado por alto, la reforma de nuestro sistema democrtico. A continuacin expresa sus temores: la reforma del sistema poltico es difcil de emprender porque los encargados de hacerla son sus primeras victimas. En romn paladino, la partidocracia no se rendir fcilmente.

Orquesta del Titanic o Motn a bordo

Para el profesor de derecho constitucional Albert Noguera la crisis se encuentra entre otras cosas porque, los partidos polticos ya no son expresin poltica de los ciudadanos sino que se convierten en meras maquinarias electorales sin identificacin de clase, vacas de programa y de contenido ideolgico

Se han transformado( los partidos polticos) en meras estructuras burocrticas habilitadoras de polticas de desempleo, de reduccin de servicios y prestaciones sociales, de aumento de la desigualdad .

El asunto no es poca cosa. Hasta los tertulianos conservadores de la TV, sostienen que el sistema pierde legitimidad a raudales. Los ciudadanos en su despertar saben o vislumbran que los grandes partidos se han financiado empleando su control sobre las Cajas y el urbanismo mafioso.

Para algunos la dimensin de la crisis del capitalismo no es suficiente para cambiar sus opiniones . Como era de esperar el espritu social-demcrata de muchos intelectuales Europeos se niega a morir.

Al parecer nuestros queridos neo-socialdemcratas olvidan en sus anlisis un dato fundamental. El capitalismo realmente existente es el capitalismo financiero.

En la actual Europa no hay espacio poltico-econmico para repetir el llamado estado social de bienestar. No se puede propugnar democracia econmica y a continuacin sostener que hay que regular el capitalismo. Ambos trminos son antagnicos. Es lo uno o lo otro. Capitalismo o Democracia.

Mientras tanto, sale a la palestra un conocido filsofo cataln. Desde su atalaya, promueve una cierta pcima mgica que otros cocinan en semi-secreto. La solucin esta a la mano. Hay que crear un nuevo partido social-demcrata. Otro ms, me dice un amigo sorprendido.

Las ltimas contiendas electorales europeas no ayudan mucho a quienes todo lo ven con el prisma electoral y partidista al del vetusto y desprestigiado parlamentarismo de las seudo-democracia liberales .

Un solo ejemplo para no aburrir. Los resultados del Frente de la Gauche de Melnchon, en las parlamentarias francesas (que baj del 11 al 6 por ciento) confirman que participar en elecciones con las cartas marcadas, solo sirve para eternizar el voto til y ser el vagn de cola del sistema.

Por otro lado las amenazas al pueblo griego , por si gana Syriza, confirman tambin que el sistema est blindado para que ganen siempre los mismos. Bruselas lo dice claro; el tope de la democracia liberal se llama mercado financiero.

En Europa solo son aceptables los partidos del sistema. Aquellos partidos que logren a gobernar o co-gobernar tienen una sola alternativa; aplicar, con pequeos matices, las polticas neoliberales. Al fin y al cabo lo que tenemos es una dictadura del capital financiero.

Al parecer no hay futuro para ningn sucedneo de la socialdemocracia. En cambio en Espaa emerge desde las filas de 15M el movimiento de los constituyentes con un discurso diferente. Desde su nacimiento, este proyecto en marcha, se propone romper la baraja de las cartas marcadas y plantea que es urgente construir la democracia del siglo XXI.

Algunas ideas de los constituyentes son poco frecuentes por estos lares. Se auto-definen como un movimiento amplio, inclusivo, sin propsitos electorales pero a la vez radical. Son partidarios de una revolucin democrtica. Su opcin es un Motn a Bordo, no quieren ser la Orquesta del Titanic .

Su declaracin de principios no admite dudas; Es necesario ejercer la soberana popular, y poner en marcha un proceso constituyente para construir pacficamente, desde abajo y con los de abajo, una nueva Constitucin, fruto de una Revolucin Democrtica

Si algn mrito tienen los constituyentes es que han logrado colocar sobre la mesa un horizonte de carcter estratgico. Este se puede explicar en pocas palabras; es necesario un cambio de fondo para salir de la crisis poltica y econmica .

En realidad el proceso constituyente no es ms que la intervencin activa de los ciudadanos en la discusin y elaboracin de las bases de una nueva Constitucin. No es necesario ser politlogo para constatar que el actual sistema est corrompido y la Constitucin del 78 fue blindada, durante una opaca negociacin, para hacer imposible su reforma.

Entre los partidarios de la Revolucin Democrtica nadie es tan desubicado como para sostener que estamos ante un periodo pre-revolucionario. Lo que esta ocurriendo es que un sector importante de la ciudadana se ha dado cuenta que el empoderamiento popular es un antdoto eficaz a la partidocracia reinante y al gobierno de la oligarqua financiera .

Es verdad. La historia de la humanidad es incomprensible sin la lucha de los pueblos por la democracia y la igualdad. As por lo menos lo sostiene Gerardo Pisarello, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona.

Pisarello llama a recuperar la definicin Aristotlica entre la Demoskrata como el poder del pueblo, y la Oligarqua, como el gobierno de una minora. . Citando al propio filsofo recuerda: la diferencia entre democracia y oligarqua, es que la oligarqua es el sistema donde se gobierne por dinero, y donde gobiernen los pobres habr democracia.

En esta lnea de pensamiento los constituyentes, se plantean crear un poder colectivo para desafiar y sustituir pacficamente al poder constituido. Por lo tanto, no aceptan supuestas reformas manipuladas por los partidos del sistema en el parlamento o constituciones hechas por especialistas y negociadas con el poder constituido.

Cualquier observador atento podr comprobar, que en el ltimo ao, un mismo fenmeno socio-poltico se manifiesta en muchas y distantes partes a la vez. Nacen movimientos constituyentes con sus particularidades y diferencias en numerosos pases del mundo.

Lo que hay tras esta oleada de exigencia democrtica va mucho ms all de los estrechos limites de las democracias liberales bi-partidistas del siglo veinte. La extensin espacial de los constituyentes tiene directa relacin con el uso masivo de las nuevas tecnologas de la comunicacin.

Ya no se trata de regenerar una democracia parlamentaria corrompida. La voluntad que germina es la de construir una democracia acorde al nuevo siglo. Esta es la aspiracin que subyace en las plazas, desde el 15M; fundar un rgimen poltico basado en el ejercicio de una democracia directa al estilo griego clsico; participativa y deliberativa.

Los viejos partidos y muchos intelectuales dirn que el agora griega no es posible en nuestros poca. Es una locura, afirman, debido al tamao de las grandes urbes.

Quienes creen en una revolucin democrtica responden de manera contundente. No solo es posible sino que es indispensable usar las nuevas tecnologas para el ejercicio de la democracia. No hacerlo es un tic del siglo pasado. S no se hace es porque hay una lite poltica que no cree en la democracia.

Todo indica que en esta lucha entre lo nuevo y lo viejo ganan los argumentos de los constituyentes. Con Internet podemos deliberar y aportar a las leyes fundamentales a travs de las redes. Y esto puede ser an ms sencillo; el mvil, es una herramienta que nos permite votar y participar directamente en cualquiera consulta o referndum.

Es probable que en un futuro cercano se instale fuertemente en la conciencia popular la exigencia de una revolucin democrtica.

Por el momento veremos exactamente lo contrario que cuenta Esperando a Godot la famosa obra Samuel Beckett. Los pueblos de Espaa juntan rabia y se cansan de esperar al salvador.

Todo parece indicar que finalmente el pueblo decidir confiar en sus propias fuerzas. Se cumplir la profeca de los indios hopi nosotros somos aquellos a quienes hemos estado esperando .


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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