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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-06-2012

La crisis econmica como ofensiva poltica. El caso espaol

Alfredo Serrano Mancilla e igo Errejn
Rebelin


 

1. La crisis econmica o poltica?

 

No es ningn secreto afirmar que estamos ante una profunda crisis. La mayora de los anlisis se empean en representarla como un fenmeno econmico atmosfrico, neutro. Pero la crisis es otra cosa, es una falla orgnica del sistema capitalista, de su estructura productiva-distributiva. La crisis debe ser entendida tambin como ofensiva poltica. Debe ser entendida como operacin de desposesin de las capas subalternas y de redistribucin regresiva de la renta. Esta primera va se efecta gracias a: 1) polticas econmicas en pro de una matriz productiva sin trabajo digno para las mayoras, 2) polticas de entronizacin de las finanzas que desmaterializa la economa, y que slo en contada dosis, requiere a las mayoras como objeto de crdito de consumo (o hipotecario), y 3) polticas de transferencia masiva de dinero pblico a (unas pocas) manos privadas. Pero, en un segundo lugar que a menudo pasa desapercibido, la crisis tambin debe ser entendida como reestructuracin poltica de los Estados centrales de la economa-mundo, como ruptura de los pactos ya erosionados de posguerra y como realizacin del viejo sueo por parte de las lites de un mando unilateral del capital supranacional, que va cancelando o arrinconando las instituciones o mediaciones que hacan de contrapeso popular en los Estados capitalistas. En ese sentido, se vive en los Estados europeos, en particular en los del sur, en la periferia europea, un proceso acelerado de oligarquizacin de sus sistemas polticos. Esto es, de primaca de los poderes no elegidos democrticamente, en un estrechamiento de las posibilidades de decisin democrtica.

Este estrechamiento se manifiesta de dos formas. En primer lugar, con la reduccin de la soberana popular a un principio legitimador del recambio peridico de lites, internas todas a un mismo bloque de poder marcado por la primaca del poder financiero. Poder financiero que no es ms que otra cara del mismo poder capitalista. El mbito de las decisiones e instituciones en las que la ciudadana puede influir por procedimientos o canales establecidos se reduce conforme actores o espacios cruciales para la convivencia y el proceso poltico quedan fuera del mbito pblico. La dinmica de colusin, hibridacin y convergencia de intereses de casta entre los responsables de estos poderes (meditico, judicial, financiero) supone un contrapoder oligrquico con capacidad de veto y chantaje a los poderes electos. Esto es, una suerte de corralito a la democracia.

El correlato de esta realidad es una percepcin generalizada que deriva en comportamientos polticos cnicos: la confianza, pese a su amplio desprestigio, en los partidos-cartel tradicionales como los nicos realmente capaces de gobernar en un campo de fuerzas como el descrito, por su homologacin delante de los grandes poderes econmicos privados.

La segunda forma de manifestacin del estrechamiento democrtico es el operado por el discurso postpoltico, que Chantal Mouffe defiende como la ilusin de una poltica sin antagonismo, sin opciones enfrentadas y, finalmente, sin las pasiones de masas, entregada ya a una mera actividad de administracin tcnica en manos de expertos. Esta ilusin liberal descansa en un presupuesto falso: el conflicto debilita la democracia, cuando en realidad la posibilidad misma de decisin democrtica necesita de la mxima apertura del rango de cuestiones discutibles y de la existencia de posiciones sustancialmente diferenciadas entre las que optar.

Al presentar como tcnicas razones necesariamente polticas, como la decisin sobre dnde y a quin recortar, las prioridades de gasto en uno u otro sector o los valores ideales que rigen la convivencia colectiva, la postpoltica pone las ideas dominantes a buen recaudo de la discusin poltica y por tanto del alcance popular. La idealizacin del consenso, as, oculta en realidad las premisas profundamente ideolgicas que lo informa, y abre la puerta a que la oposicin se manifieste por fuera de los sistemas polticos en esta deriva.

No obstante, esta dinmica postpoltica se presenta fundamentalmente presidida de un chantaje que la constituye: el de la emergencia econmica. Esto ya haba sucedido a principios de la dcada de los ochenta, cuando el neoliberalismo se constituy en la salida hegemnica a esa emergencia econmica. Aquello que las explicaciones dominantes designaban como crisis no era ms que los nefastos efectos sobre las grandes mayoras de la respuesta de los poderes econmicos ante una notable cada de su tasa de beneficio . La crisis no es causa de nada, solo consecuencias de medidas tomadas por aquella estructura que monopolizan las decisiones. En su momento, el relato neoliberal fue construyndose a partir de grandilocuentes dogmas que sustituan las intenciones de los poderes econmicos. Modernizacin del Estado en vez de hablar de reduccin del Estado al servicio de prebendas corporativas. Flexibilidad Laboral en vez de plantear un exterminio de los derechos del trabajo. Racionalidad para lograr que el consumo fuese el nico camino para ser feliz. Seguridad Jurdica con el objetivo de dilapidar cualquier soberana que perjudicase los intereses de la inversin extranjera. Humano y sostenible para adjetivar el fracaso de un desarrollo que nunca se concili con la dimensin social ni ambiental. Liberalizacin Financiera en aras de facilitar la financiarizacin de la economa con capitales golondrinas en busca de altas rentabilidades sin compromiso con la economa real. Liberalizacin del Comercio para permitir que las grandes transnacionales puedan exportar productos subvencionados. Valor Aadido para transnacionalizar las cadenas productivas de valor. La palabra Mercado para velar por el anonimato y la marcianizacin de los dueos del mundo. Y por ltimo, el alegato a la Independencia, pero independencia respecto a las grandes mayora, siempre dependientes del poder econmico.

El discurso dominante de la crisis, en la actualidad, es tambin considerado como fenmeno no poltico, casi meteorolgico, en el que no cabe encontrar causas, vctimas ni culpables o intereses contrapuestos, sino encontrar el camino de salida conduce a la socializacin de las responsabilizadas, y a la invisibilizacin de la contingencia e las medidas adoptadas frente a esta. De esta forma, la amenaza permanente y total, incomprensible, de la crisis, justifica una cultura de la emergencia que descalifica de antemano cualquier crtica o disenso. La situacin de excepcionalidad econmica justifica entonces prcticamente cualquier medida adoptada. Pero reordena tambin los equilibrios de poder dentro de los Estados, notablemente con la subordinacin voluntaria en la mayor parte de los casos- de la socialdemocracia a los consensos neoliberales, y con la destruccin de los espacios de mediacin con el poder organizado de los asalariados. Haciendo esto, instaura una nueva normalidad excepcional que rompe con algunos principios ya firmemente asentados sobre la extensin de los derechos y la responsabilidad social del Estado. Las lites dominantes, as, no slo evitan cualquier rendicin de cuentas por la situacin actual al tiempo que aumentan sus beneficios, sino que refuerzan su poder de clase y modifican as a la ofensiva el pacto social. La creencia y difusin casi mgica en la necesidad de calmar a la hidra intransigente de lo mercados encubre as el proyecto poltico econmico en despliegue por parte de las oligarquas europeas y sus lumpenoligarquas subalternas en la periferia europea, denominada como PIGS (Portugal, Italia, Grecia y Espaa) por los medios financieros dominantes.

Sin embargo, la gravedad de la crisis y las dificultades de los sectores dirigentes para ofrecer compensaciones o mediaciones a las mayoras sociales golpeadas por las medidas de ajuste, as como la propia evidencia de su sumisin a poderes econmicos privados no elegidos por nadie, han tenido un notable efecto en la erosin de la legitimidad de las lites, y de la desafeccin hacia los sistemas polticos democrtico-liberales.

En la medida en que los sistemas polticos sufren modificaciones neocaciquiles, que las posibilidades de decisin democrtica y que disminuye la propia capacidad de los sectores gobernantes para integrar las demandas ciudadanas y solucionarlas en forma individualizada, aumenta la brecha entre representantes y representados. Aumenta al mismo tiempo la percepcin de que la lite gobierna fundamentalmente para s misma, y por tanto sta tiene mayores dificultades para generar un amplio consenso entre los gobernados, integrando en forma subordinada algunos sectores y dispersando/neutralizando otros.

 

2. Pacto Poltico para el Consenso de las Ganancias

Los llamados pases centrales no pueden ser concebidos como bloque monoltico. Las categoras analticas de las ciencias sociales estn marcadas por esta tensin, que les hace de ayuda para comprender la realidad en forma simplificada, pero conllevar, al mismo tiempo, el peligro de ser excesivamente reduccionistas y esconder matices fundamentales para explicar qu est sucediendo en nuestro mundo en los ltimos aos, antes y despus de mal llamada crisis financiera. Esta no fue ni origen ni detonante de nada, fue una consecuencias ms (no menor) de la crisis sistmica del capitalismo.

La poltica neoliberal regional, en la Unin Europea, durante las dcadas pasadas, se bas en un claro pacto de reparto de las ganancias totales entre las transeuropeas (transnacional con casa matriz en la Europa central) en el territorio europeo y fuera de l. En esos aos, los canales instrumentales de la democracia servan para implementar una economa cada vez menos democratizada, a partir de una integracin nominal, y no real, a partir de medidas tales como: a) nuevo mercado comn que ha permitido hacer ms dependiente productivamente y comercialmente a la periferia de los pases centrales; vase como por ejemplo Espaa ha desequilibrado cada vez ms la balanza comercial en favor de Alemania en los ltimos aos provocando as una menor capacidad competitiva de la economa espaola , b) divisin europea del trabajo mediante un ajuste laboral que permiti competir en salarios con el resto del mundo flexibilizando al mximo las rentas del trabajo para sostener el incremento de las rentas del capital, configurando as una Europa de pases centrales, y otra perifrica, c) amputacin de la poltica monetaria/cambiaria apelando a la ortodoxia de la independencia del banco central europeo que segua por supuesto siendo dependiente de las instituciones financieras sistmicas, d) poltica tributaria regresiva que centra su potencial recaudatorio en la economa de consumo, manteniendo constante la presin impositiva directa para las capas populares y clase media, y proponiendo exoneraciones en clave de incentivos a las grandes empresas, y e) poltica financiera no virtuosa basada en una banca perifrica europea, sin ancla productiva, y dependiente de la banca europea central que sigue fortaleciendo la competitividad productiva de las economas centrales, y a la vez, prestamista europeo convirtindola en el gran acreedor de toda la deuda europea.

Este proceso de integracin europea no fue ajeno al proceso neoliberal de la financiarizacin, donde las finanzas ejercen un control dominante sobre la economa, a partir de creacin de valor no material, ficticio, con absoluta independencia del valor real productivo. A este respecto, existe un dato muy significativo: segn el informe semestral del Banco de pagos internacionales, en Basilea, existe 708 billones de dlares en derivados (producto financiero basado exclusivamente en una apuesta sobre el cambio de un valor). Este importe es equivalente a ms de quinientas veces el volumen de la economa espaola.

Espaa hizo todo lo acordado en medio de esta nueva arquitectura neoliberal mundial que somete a la poltica a una economa para unos pocos. Espaa construy un orden poltico estable como resultado del pacto entre las izquierdas mayoritarias y las lites del franquismo, y asumi su papel en la divisin internacional del trabajo de la UE. Fue parte de la amputacin de su poltica monetaria y cambiaria, y fue pas dependiente como victima del mercado comn. Convergi nominalmente hacia los criterios impuestos desde Europa a partir de hipotecar ingresos pblicos futuros con la ola de privatizaciones de mediados de los ochentas, y especialmente en los noventas (vase un excelente libro de M.C. Snchez Carreira, La privatizacin de la empresa pblica espaola). As se baj la deuda pblica y el dficit. Por ejemplo, en 1997, se destinaron 7.212 millones de euros en deuda pblica, y otra buena parte de lo obtenido en 1996 se contabilizaba va dividendos que permita reducir el dficit. Frmula infalible: pan para hoy, hambre para maana.

Los aos del auge econmico, en Espaa, mirados bajo la miopa del PIB, venan acompaados de reformas tributarias que favorecieron an ms a las rentas del capital en detrimento de las rentas del trabajo. La recaudacin aument confiando exclusivamente en el consumo infinito. Se privatizaron las pensiones. Se extranjerizaron las empresas transnacionales con casa matriz en Espaa. El sistema financiero continu su senda irreal generando una creciente deuda privada en manos de acreedores de Alemania y Francia. Esta financiarizacin, a la espaola, construy un sistema financiero ms privatizado, menos social y econmico, y mucho ms oligoplico. Las finanzas se centraron en obtener ganancias de un casino sin reglas definidas, y cada vez ms alejada de funciones productivas y sociales propias de la desaparecida economa real. La reorientacin neoliberal de la poltica financiera en Espaa se dedicaba a engordar la cuenta de dividendos en base a una poltica de poseer activos inmobiliarios, que en plena burbuja-boom, estaban sobrevalorados. La imposibilidad de mantener ad infinitum una poltica basada en una burbuja inmobiliaria-financiera, con pautas de consumo solo sostenible con crdito infinito, y sin ningn cambio en la base productiva, hizo que todo saltara por los aires. Los inmuebles se convirtieron en activos txicos porque no se podan seguir vendiendo, y mucho menos, a precios del boom. Siguen sobrevalorados contablemente, sin correspondencia aproximada a su valor real actual. Lo cual, en palabras sencillas, podemos denominar, quiebra tcnica.

Este modelo de desarrollo haba generado un intento de articulacin social amplia, que para el caso espaol podemos denominar bloque inmobiliario-rentista, y que consista en la compensacin del ataque sobre las rentas del trabajo con ventajas fiscales a la compra de vivienda y ttulos de propiedad, y con un derrame [1] contenido hacia las capas subalternas de los beneficios de la economa especulativa. Esta peculiar forma de integracin social permiti aos de estabilidad poltica y de una cierta prosperidad econmica, a pesar de todo muy inequitativamente distribuida. Pero las primeras seales de crisis financiera internacional resquebrajaron con facilidad este pacto, y empujaron rpidamente hacia una evolucin oligrquica de los sistemas polticos europeos, en particular de su periferia: las lites dominantes abran una ofensiva que rompa de facto al mismo tiempo que lo entronizaba en abstracto- el pacto social y empujaba hacia una transferencia mayor de la renta de abajo hacia arriba y del sector pblico al privado, cuya deuda asuma.

No obstante, no hay en este proceso ninguna fatalidad econmica ni necesidad histrica: los Estados no han sido vctimas de la crisis, sino que han sido empleados en proyectos oligrquicos de clase, contingentes, netamente polticos.

La crisis evidentemente tiene nombres y apellidos, y es resultado de una gestin vehiculada con partidos con nombres y apellidos, al servicio de empresas cono nombres y apellidos. Como dice Geoffrey Geuens, las finanzas tienen rostros, se los puede ver desde hace mucho tiempo en los pasillos del poder.

3. Bicefalia capitalista en respuesta a la crisis

La crisis hace tambalear el pacto de reparto de ganancias entre las transeuropeas, tanto centrales como perifricas. El negocio se estrecha en comparacin con periodos de gran big bang econmico. He aqu donde el capitalismo se reforma o se reinventa. Los tcnicos se ponen a ello, la poltica (sistmica, pues veremos que el descontento se expresa entonces por fuera de los canales institucionales) queda subordinada a variables y parmetros decididos en otro lugar, lejos de la soberana popular.

Las respuestas frente a la crisis son de muy diversa ndole, y resulta complicado identificar una nica respuesta tcnica, de facto poltica, de los sectores dirigentes frente ante el nuevo escenario de transicin. No obstante, s son observables cartografas diferenciadas pero bajo un inters convergente: mantener la tasa de ganancia de unas pocas empresas. Si bien las estructuras dominantes encubren este inters comn bajo el mito de la objetividad y la tcnica, polticamente tiene un significado obvio, las mayoras sociales supeditadas al objetivo de unas pocas empresas. Este uso, de pocas empresas, no es resultado de imprecisin lingstica ni por falta de rigurosidad de las ciencias sociales. New Scientist, en un reciente estudio del ao 2011, corrobora lo que la mayora de los profanos observan cada da: son pocos los que tienen mucho. A partir de una muestra de estudio de 37 millones de compaas e inversionista de todo el mundo, el documento revela que un ncleo de 1.318 compaas con propiedades entrelazadas se apropian del 20% de los ingresos operativos globales, y a travs de sus acciones en la mayora de las grandes firmas ms rentables de la economa real, son dueas de otro 60% de los ingresos globales. Cuando el equipo descifr aun ms la red de propiedad, descubri que gran parte provena de una "sper-entidad" de 147 compaas an ms estrechamente entrelazadas. Ese sigue siendo el objetivo de las polticas pblicas, mantener esa super-entidad que supone la base sistmica de la economa actual. Es tan as que hasta la Unin Europea cre el Consejo Europeo de Riesgo Sistmico para que una buena parte de dichas entidades sistmicas, las financieras, no se hundieran.

La bsqueda del nuevo consenso discurre en un escenario diferente, de transicin geopoltica del siglo XXI, que comienza a acabar con la hegemona unipolar estadounidense. El mapa mundis se reorganiza multipolarmente: Estado Unidos ya no juega solo, China sigue con su crecimiento insostenible, la aparente integrada Unin Europea se desintegra, y el G7 debe de dialogar con el G20 por el creciente papel de las economas emergidas (que no emergentes) de los famosos BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudfrica).

Ante este escenario, crtico y en transicin, el neoliberalismo se reacomoda sin desaparecer del todo. Se identifica un sincretismo de polticas econmicas, un neoliberalismo plus con recuperacin del estado, aparentemente contrapuestas, pero que conviven armoniosamente en busca del objetivo comn, el nuevo pacto de la ganancia para las grandes empresas. Vayamos por partes.

En primer lugar, existe un Intervencionismo Selectivo (en palabras de Kotz, se llamara capitalismo corporativo); el estado vuelve a injerirse, pero ahora para salvar a esas super-entidad sostn del actual sistema econmico. En el inicio de la crisis (2008), se pudo observar esta poltica de diversas maneras: la inyeccin de suero financiero del FMI con un billn de dlares (entre prstamo y Derecho especiales de Giro); Estados Unidos ayud la industria automotriz y a su banca privada preferida; Francia al sector del automvil. En este mismo sentido, el recin electo presidente francs, Hollande, tambin ha propuesto ms dinero para el Banco Europeo de Inversiones para seguir prestando/salvando al sector privado perifrico para que pueda seguir reubicndose cada vez ms en la periferia mundial. De hecho, ha sido as como gran parte de las transnacionales con casa matriz en Espaa han ido compensando su cada de beneficios. Estos capitales migrando con su particular visado, la inversin extranjera directa, a Amrica Latina, obtienen altas rentabilidades, no reinvierten los dividendos, y stos son inminentemente repatriados a su casa matriz a la mayor brevedad posible aprovechando el marco favorable impuesto en el smmun neoliberal a travs de los tratados bilaterales de inversin. Por ello, resulta comprensible, entonces, que los poderes econmicos europeos sigan velando por la seguridad jurdica a favor de sus propios intereses (como ejemplo, vase editorial de El Pas, del 21 de Mayo del 2012). La seguridad jurdica de las extranjerizadas empresas con sede en Espaa es obviamente incompatible con la apropiacin de los propios recursos a partir de la recuperacin de la soberana de muchos pases en Amrica Latina.

En Espaa, este recin definido Intervencionismo selectivo, que reescribe la recuperacin del Estado, se observa con absoluta nitidez en el caso del sistema financiero. Espaa, bajo la poltica del pacto de lites, intervino, en una primera etapa, con su salvataje bancario a partir de prstamos a la banca con fondos pblicos (Fondo de Reestructuracin Ordenada Bancaria), a un tipo de inters muy bajo, usado posteriormente para seguir prestando a inters alto, incrementado as la tasa de beneficios. De esta primera fase, ya se destinaron recursos para Bankia. En una segunda etapa, ahora bajo la otra cara de la alternancia de lites, se vuelve a esa intervencin selectiva . El coste de afrontar esta medida ser significativo (aproximadamente 40.000 millones de euros) que sera financiado en parte por una poltica tributaria ms regresiva (ms IVA), y por otra parte, con ms emisin de deuda pagada con alta tasa de la prima de riesgo. Se recupera al Estado pero con un objetivo corporativo, socializando de prdidas, y abonando el terreno para que pueda ser de nuevo privatizada en momentos de la siguiente burbuja.

En segundo lugar, la salida neoliberal al neoliberalismo es otra forma, no excluyente con la primera va, de responder a la crisis. Esto es, la profundizacin del neoliberalismo en la periferia disponible. El consenso de Washington, por ejemplo, se aplic en Amrica Latina, una periferia controlada. Ahora no. Ahora es una regin ms soberana, ms emancipada, ms integrada, que decide insertarse estratgicamente en el mundo multipolar. Ya no es periferia disponible. Por el contrario, en el seno europeo, la periferia disponible es por ejemplo Espaa gracias a la integracin neoliberal con mltiples vrtices, monetario/productivo/comercial/financiero/fiscal.

Es entonces cuando Alemania usa a la Unin Europea para imponer su revisin del programa neoliberal clsico somos conscientes de la paradoja-, una suerte de nuevo consenso neoliberal del siglo XXI. La periferia europea, los PIGS, sigue siendo objeto de sus planes de (des)ajuste y (des)estabilizacin, contribuyendo as a las exigencias comerciales-laborales-sociales-financieras que garantice la tasa de ganancia de las empresas transeuropeas centrales. La profundizacin del neoliberalismo no slo se prctica por la va de desmantelar del Estado de bienestar (por ejemplo, privatizacin de educacin y sanidad) sino a travs de una reforma laboral que desequilibra las rentas de trabajo a favor de las del capital.

Esta nueva frmula poltica perifrica, mezcla del viejo capitalismo corporativo con revisin neoliberal del neoliberalismo, permite as contribuir a un nuevo negocio para los acreedores de la deuda, fundamentalmente la banca privada de los pases centrales en Europa, Alemania y Francia. El neoliberalismo insta a reducir cada vez ms los ingresos del sector pblico de las grandes fortunas, y solo se recauda (muy regresivamente) a partir del consumo . En Espaa, esto tuvo un efecto an ms vicioso; el consumo tena un fuerte sustento en un crdito incontrolado e insostenible, y entonces, al frenarse el crdito, cae el consumo, y por ende, tambin se reduce drsticamente la recaudacin de impuestos indirectos. Es ms, debido a las modificaciones normativas, el tipo efectivo (lo que realmente pagan) sobre beneficios empresariales ha disminuido fuertemente en los tres ltimos aos; 19,9% en 2006, al 10% en 2009. En definitiva, se ingresa menos por el desajuste neoliberal, se desajusta en materia social, se desajusta en trminos laborales, y verdaderamente, se ajusta en trminos de deuda para satisfacer las demandas financieras sistmicas europeas. L a deuda pblica pasa de estar en 37% del PIB en el ao 2007 a un 68,5% en el 2011 (con proyeccin del 79% en el 2012). La deuda total en 2010, segn el Bando Internacional de Pagos, asciende al 400% del PIB, donde la deuda de las empresas representan el 63% de este valor (las familias el 21% y la pblica el 16%). El pago de la deuda se convierte en el eje de la poltica pblica; entre 2007 y 2012 el pago de intereses de deuda pblica ha crecido un 80,3%, pasando de 16.000 millones de euros a 28.848 millones.

La prima de riesgo se vuelve cuestin central en la poltica econmica menos democrtica posible. Esta prima de riesgo se transforma en ganancia inmediata despus de especular en la compra de deuda pblica al pagarse ms intereses. Paradjicamente, esta prima de riesgo no tiene riesgo alguno para esos pocos bolsillos, porque el establishment dominante econmico y financiero se asegura que la tasa de ganancia sea cada vez ms alta y se pague cmo sea. El famoso rescate consiste en esto: te presto dinero para que pagues a los acreedores de la bolsa a cambio de hundir a la mayora de la poblacin en desempleo, recesin econmica, vulneracin de derechos laborales y desposesin de derechos sociales mediante privatizaciones encubiertas en educacin y sanidad.

La periferia europea sigue sometindose a una suerte de primacracia que aboga por el desmontaje progresivo del sistema democrtico. Dicho de otra manera, la economa real se prostituye al valor de la prima de riesgo, provocando as un encarecimiento de los intereses que el Estado espaol tiene que pagar por la deuda pblica. En contraposicin de todo esto, Alemania puede emitir bonos para pagar su deuda al inters ms bajo posible: 4.560 millones en bonos al 0,7% el 22 de mayo de 2012. Incluso en Francia, despus que Hollande hablara de suavizar el ajuste fiscal, la prima de riesgo no acta de igual manera que con el resto de pases perifricos. Muestra de que la nica explicacin real de la manera de actuar de la prima de riesgo es ejercer poder sobre quien quiere.

Mientras tanto, la periferia europea lo hace a intereses altsimos gracias precisamente a ese mecanismo de poder, la prima de riesgo. Y quin paga estos mayores intereses de la deuda? Son los accionistas de la banca privada? Claro que no. Se pagan con los impuestos de la mayora de los ciudadanos y ciudadanas. La prima de riesgo no tiene riesgo para esa super-entidad capitalista, pero s pone en riesgo a la esencia bsica de la democracia, a la gran mayora de la poblacin. La primacracia acta con subterfugios capaces de inocular a cualquier aparente sistema democrtico.

Una nueva etapa de este corralito a la democracia es el mal llamado rescate de la economa espaola a cargo de la troika europea (UE, BCE y FMI). Un nuevo sometimiento de la poblacin a favor de saldar la deuda privada de la banca espaola para con la banca alemana (y francesa) [2] , Consultores independientes contratados por el gobierno espaol valoran las necesidades del sistema financiero espaol. Los economistas ortodoxos, atragantados por la economa neoclsica, son incapaces de abordar los problemas econmicos-sociales sin usar modelos matemticos. La matemtica -y los nmeros en particular-, ms all de su necesidad, es usada en exclusividad por la economa dominante para evitar las dificultades propias de afrontar problemas complejos. La sociedad, en base a la tcnica, se reduce a nmeros y todo es traducido en trminos crematsticos y monetarios. El desarrollo se mide a travs del Producto Interior Bruto (PIB); el desarrollo humano es un indicador cuantitativo que considera slo esperanza de vida, alfabetizacin y PIB; la contaminacin se solventa mediante el pago de dlares; los nimos de la poblacin se mide por el ndice de expectativas econmicas; y un pas es nicamente el valor de la prima de riesgo. Las valoraciones son todas realizadas a partir de nmeros; las explicaciones son instrumentos matemticos; la tcnica es empleada en aras de la neutralidad, la independencia. En definitiva, la pospoltica. El adjetivo de independiente es el que se aplica a las dos consultoras contratadas, Oliver Wyman (OW) y Roland Berger (RB) , la primera estadounidense y la segunda alemana. La evaluadora OW tuvo un papel muy activo en el mercado de las hipotecas basuras en los Estados Unidos cuando aconsej a Citigroup a entrar en este casino del alto riesgo. Luego, el gigante financiero fue rescatado por 50.000 millones de dlares. La independiente OW tambin se caracteriz por lo atinado de sus evaluaciones cuando, en el ao 2006 en un documento publicado durante una reunin del Foro Econmico Mundial en Davos, consider que Anglo Irish Bank era el mejor banco del mundo. Luego, este banco tambin fue rescatado por 25.000 millones de euros. Por su parte, la evaluadora RB tiene un alta implicacin con el actual gobierno alemn, y se ha dedicado a opinar polticamente, por ejemplo, firmando un documento a favor que el Banco Central Europea no comprara bonos. Esta consultora tambin es candidata a crear una agencia de calificacin de riesgo europea, curiosamente financiada por un consorcio de instituciones financieras. El otro rgano internacional, ejemplo de independencia, tcnica y neutralidad, el FMI, ya puso cifras al agujero financiero espaol, 40.000 millones de euros. Las primeras informaciones cifran en 70.000 millones la cantidad calculada por OW y RB. El actual rescate concedido tiene como valor mximo 100.000 millones de euros. Por el contrario, ninguna consultora independiente, ni los organismos internacionales (otra palabra para analizar en otro momento), y mucho menos el gobierno espaol, estn preocupados por cuantificar (y cualificar) las necesidades de la gran mayora de la poblacin espaola.

Este prstamo concedido no es directo a la banca privada para as no asumir el correspondiente riesgo de impago, sino que se hace a travs del Fondo de Reestructuracin Ordenada Bancaria (FROB), del Estado, de tal manera que mientras se pague o no, el prstamo ser ms deuda pblica y el pago de intereses se har con cargo al dficit pblico. Para entender las consecuencias de este "rescate", no obstante, es preciso relacionarlo con la aprobacin de una reforma constitucional, acordada como siempre- en el verano pasado por el bipartidismo (PP y PSOE) y hurtada a la discusin popular, que da prioridad a los pagos de la deuda por encima de cualquier gasto social. Este es el dato crucial que hace del rescate un verdadero chantaje y que abre las puertas de nuestra particular "memoria del saqueo", que antes veamos por la televisin sobre Amrica Latina. En sustitucin de un presidente del Gobierno inslitamente escondido, e l ministro de economa espaol y exconsejero de Lehman Brothers, Lus De Guindos, afirmaba que no habr condicionantes macroeconmicos ni ajuste fiscal requerido ante tal prstamo, y cmo contabilizar este trasvase de deuda privada a deuda pblica en los prximos presupuestos? Por tanto, el viejo consenso de Washington se rejuvenece; el FMI vuelve a sus andadas augurando dcadas sin democracia, ni econmica ni poltica.

4. Los sentidos polticos de la crisis y las posibilidades de ruptura o recomposicin

 

Esta situacin es susceptible de recibir diferentes interpretaciones polticas, y en modo alguno puede deducirse que, ms all del desprestigio de los polticos tenga una traduccin en trminos de accin colectiva y protesta.

Pero existen las condiciones para que diferentes reclamaciones o sectores con peticiones particulares comiencen a trabar solidaridades entre s, y que los problemas sociales sean politizados en un discurso que seale como vctimas a la ciudadana o la gente normal y como culpables a las lites en los poderes poltico-econmicos. Esta identificacin, que tiende a subvertir las lealtades polticas propias de los momentos de estabilidad. Las formas y orientaciones ideolgicas en que esta identificacin cristalice y se desarrolle son difciles de predecir en trminos generales. Dependern, seguramente, del grado de influencia social y organizacin de los actores polticos por el cambio social. Tambin del grado de devastacin en las identidades colectivas y en los vnculos sociales que el neoliberalismo haya operado: la protesta y resistencia a los programas de ajuste ser tanto ms transversal y ambivalente cuanta mayor fragmentacin y marginacin de los valores y referencias de la izquierda en cada pas.

Con todo, la amplitud y transversalidad de los movimientos de protesta, lejos de ser indicadores de su debilidad, lo son de su fortaleza para seducir a sectores flotantes, y para generar un nosotros de las mayoras sociales empobrecidas que impugne el consentimiento espontneo con el que los gobernantes cuentan. Si esto sucede, estamos ante procesos de crisis de autoridad, que si se profundiza en una manifiesta incapacidad de articulacin y gobernabilidad por parte de los dominantes se convierte en crisis de rgimen, utilizando la diferenciacin gramsciana. La re-aparicin del vocablo pueblo, como reunin metafrica de los muchos por contraposicin a unas lites expulsadas de la legitimidad [3] , podra ser un indicador de ese poderoso momento de disrupcin y poder constituyente que entraa siempre la frmula We the people.

Estas posibilidades, dramticas y frtiles para el cambio poltico, expanden el horizonte de los posibles y favorecen las posibilidades de diferentes tipos de modificacin de la correlacin de fuerzas a favor de las clases subalternas.

Como referencias exclusivamente ilustrativas de un contnuum ms bien marcado por la combinacin y solapamiento de elementos de ambos extremos, tenemos la salida de la restauracin ampliada, y la de los procesos de ruptura. Pero ninguna e dar en forma pura, ni sin la concurrencia de elementos propios de la otra.

Por la primera, la de la restauracin ampliada o algn tipo de transformismo tal y como lo entiende Gramsci, se operara un giro en la ortodoxia de los programas de ajuste, que adems relajase las medidas ms agresivas contra los sectores populares y las clases medias. Buscara entonces obtener una amplia base de apoyo para un esfuerzo por el crecimiento que, sin romper con los compromisos con las lites financieras, lograse dilatarlos y flexibilizarlos. En esta dinmica, la proteccin social y la regulacin laboral y econmica tendran diferentes grados e intensidad, pero estaran marcados por un afn reformista que apuntase a volver a los good old times de la concertacin y el pacto keynesiano-fordista. La posibilidad de un proyecto tal en los pases del sur de Europa despierta muchas dudas, que no obstante no minan en absoluto la fuerza de este horizonte como la principal referencia de justicia social en el imaginario colectivo de los asalariados y otras capas subalternas. Por ello en absoluto puede ser despreciado o descartado.

Por la segunda salida posible, la de los procesos de ruptura, nuevas mayoras fruto de la interpelaciones populistas frente a la gestin neoliberal de la crisis, empujaran, directamente desde el poder poltico o desde la presin a este, por una ruptura ms o menos gradual de los compromisos con la Unin Europea y su Troika rectora. Esta salida implicara necesariamente una propuesta destituyente de las lites tradicionales y diferentes grados de aperturas constituyentes que volviesen a poder la cuestin de los derechos sociales, la democracia y la soberana popular en el centro de la redefinicin estatal. La factibilidad de esta apuesta se verifica ya en los diferentes escenarios estatales-nacionales, y hasta ahora no se ha materializado realmente ms que en estos, pero necesitar sin duda un cambio en el equilibrio de poderes a escala europea.

Como se seala, ambas vas son seguramente concurrentes y su presencia depender de la fuerza de la iniciativa popular y de la capacidad de reaccin de los poderes hoy dominantes.

5. Pensar en la transicin: retos urgentes y respuestas lentas.

Estamos, en cualquier caso, frente a una coyuntura que evoluciona aceleradamente, y en la que se pueden verificar los ms diversos fenmenos polticos en medio de la transformacin econmica y la transicin geopoltica, y de la pugna de diferentes sectores por liderarla. El capitalismo aboga por una fuga hacia delante que implemente un nuevo contrato de seguros para la tasa de beneficios empresariales de esa suerte de super-entidad transnacional.

Estamos, en el marco capitalista, en una renovada propuesta de conciliacin no democrtica entre rol de Estado y Soberana de Mercado. Como afirma Hobsbawm, la soberana de mercado no es un complemento de la democracia liberal sino una alternativa a este sistema. El Estado flexibiliza a los pueblos para asegurar la tasa de ganancia del capital. Poltica de recortes en garantas laborales y sociales acompaado de Poltica de ampliar garantas de beneficios. El libre mercado es aplicado a las necesidades sociales al mismo tiempo que el Estado interviene para la gran empresa. El capitalismo se hace ms corporativo en lo empresarial a la vez que ms neoliberal para las grandes mayoras.

Estamos, a la par que las transnacionales pactan sus ganancias, en un nuevo campeonato del mundo de naciones. Sin guerra fra, pero con guerra de posiciones. No hay dos bloques antagnicos. La recomposicin de las relaciones internacionales est en curso. An no sabemos si las potencias emergidas van a disputar por un nuevo orden econmico postneoliberal (e incluso postcapitalista), o se trata, en palabras de MIlami, de un revisionismo moderado que legitimar el modelo ya instalado. Tampoco conocemos si la transicin va camino del mundo multipolar, o de un mundo sin polos. Quizs, como advirti Arrighi, Adam Smith ya vive en Pekn. El nuevo consenso, en palabras del economista, Joshua Cooper Ramo, puede que sea el consenso de Beijing.

Estamos, sin duda alguna, en un momento atravesado por las posibilidades de cambio poltico pero tambin de involucin y miedo colectivo. El drama de la crisis y los fenmenos de descomposicin moral y poltica que conlleva no llevan inscrito ningn desarrollo en un sentido emancipador. Sin embargo, la crisis s ha tenido por efecto volar por los aires gran parte de las certezas sociales y quebrar el orden de escenarios polticos anteriormente muy estables. En esa coyuntura, a caballo entre la proliferacin y urgencia de los dolores sociales, y el lento despliegue de las respuestas, son pensables quizs dos vectores que, combinados en diferente grado, marquen el futuro desarrollo poltico:

- Por una parte, una arriesgada apuesta de las lites econmicas y polticas por el continuismo y el inmovilismo, confiando en que las protestas sean menores que el miedo generalizado a la miseria y a la represin, y que puedan ofrecer ms temprano que tarde alguna recompensa a los sectores medios a cambio de su aceptacin de duros paquetes de ajuste. Esta maniobra parecera ciega si no fuese por el escaso margen de maniobra de las lites, especialmente en las periferias europeas, atrapadas entre los acreedores internacionales y sus pueblos, y militantes hasta ahora por los derechos de los primeros. Sin embargo, y como recuerda el filsofo poltico Sthathis Kouvelakis: El manejo rutinario de una situacin extraordinaria en todos los sentidos de la palabra est plagado de riesgos (New Left Review, 72). Y este es un dato a no olvidar tanto para las lites liberales como para sus oposiciones responsables y prudentes a su izquierda.

- Por otra parte, las posibilidades de cambio poltico se mueven entre los polos de transformismo de las lites -su margen de maniobra y habilidad para realizar alguna de las reformas exigidas por los descontentos desactivando as su contenido destituyente o impugnador del status quo actual- y el de ruptura por abajo, de una articulacin poltica del descontento y la crisis de representatividad, con voluntad no slo crtica sino de poder poltico. No parece haber mucho espacio para lo primero, ni los Estados del norte son susceptibles de quebrarse simplemente por la movilizacin colectiva. Y, sin embargo, la aceleracin de los acontecimientos, y lo apabullante de los desafos polticos, no permiten descartar nada.

Seguramente asistiremos a combinaciones, aparentemente caticas y contradictorias, de todos estos elementos. Con Maquiavelo, podemos decir que la prevalencia de las fuerzas restauradoras o de las rupturistas, la primaca de la dinmica oligrquica del arriba o de la pulsin democrtica del abajo que chocan hoy en la crisis, depende menos de la fortuna de los diferentes actores en conflicto que de su virt: su audacia para hacer lo imposible en tiempos de agotamiento de lo posible. Contradiciendo la conocida frmula: es la poltica, estpido!



[1] Famosa teora del goteo, made in Banco Mundial

[2] Banco Internacional de Pagos; bancos alemanes y franceses acumulan casi el 62% de la deuda pblica y privada espaola

[3] O, si se prefiere, el 99% frente al (y que existe precisamente como identidad por la exclusin del) 1% en los trminos de Occupy Wall Street: lo definitivo es la sincdoque de una parte que encarna de forma precaria el todo, no los nombres propios del particular y el universal.

Alfredo Serrano Mancilla (@alfreserramanci), mail: [email protected] Doctor en Economa, Coordinador Amrica Latina Fundacin CEPS (Espaa)

Iigo Errejn (@ierrejon) Email: [email protected] en Ciencia Poltica, Consejo Directivo Fundacin CEPS

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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