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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2012

Mineros, ecologa, 15-M

Carlos Taibo
Rebelin


El rescate de la UE ha hecho que pase, injustificadamente, a segundo plano la lucha de los mineros. Obligados estamos --parece-- a rescatarla, y ello aunque resulte difcil evaluar cul es la intensidad del debate que han suscitado, en los ltimos das, y en el mundo que resiste, las protestas correspondientes. En esas condiciones, y aunque uno corre el riesgo de otorgar relieve excesivo a lo que probablemente no lo tiene, no me queda ms remedio que apuntar una intuicin: algo hemos hecho mal todos cuando no parece que tengamos otra cosa que discrepancias sobre cuestiones de fondo.

Empezar diciendo lo que creo que es, en estas horas, lo principal: sobran los motivos para apoyar, con todo lo que est a nuestro alcance, la protesta minera. Faltara ms! Si en todas partes intentamos hacer frente a agresiones y recortes, cmo habra de faltar nuestro apoyo a quienes, en el mundo de la minera, denuncian los efectos de unas y otros. Sealado eso, que repito es lo principal, no queda ms remedio que pronunciarse sobre algunas disputas que estn en la trastienda. Estoy pensando ante todo, claro, en la que se pregunta por la actitud --no de ahora: de siempre-- que la resistencia minera ha asumido en relacin con una cuestin tan vital como es el respeto del medio natural y los derechos de las generaciones venideras. Tengo la impresin --la certeza, por mejor decirlo-- de que las protestas de estas horas apuntan directamente al legtimo propsito de garantizar salarios y preservar puestos de trabajo. Pero, aunque no ignoro la delicadsima situacin de muchas familias, echo de menos, inequvocamente, algo ms.

Algunos compaeros me dicen que, aun compartiendo mi preocupacin por el silencio que la dimensin ecolgica de la crisis provoca en el movimiento minero, no es ste el momento para airear esas desavenencias. Puede que tengan razn. Pero me veo obligado a preguntar cundo llegar, entonces, ese momento. Llevamos treinta aos con la misma trifulca. Primero fueron las discrepancias que el futuro de la industria militar levant entre nuestros pacifistas y lo que hoy llamamos sindicatos mayoritarios; los primeros reclamaban el cierre de las fbricas correspondientes, en tanto los segundos exigan, sin ms, que se preservasen los puestos de trabajo. Luego llegaron las disputas en lo que hace a una sangrante industria, la automovilstica, descaradamente subvencionada por los sucesivos gobiernos espaoles. Ahora nos topamos con una discusin --creo yo que insorteable-- sobre el porvenir de muchas de las industrias extractivas, lamentablemente lesivas para el medio natural y no menos lamentablemente vinculadas con un estilo de vida insostenible (el nuestro, claro, no el de los mineros). Cuando se me dice que la revuelta de hoy obedece al propsito de exigir que se cumpla lo que nuestros gobernantes dieron por bueno aos atrs, quiero preguntarme si no es prudente discutir eso que unos y otros acataron.

Tambin he odo con frecuencia estos das que la responsabilidad en lo que se refiere a la sinrazn de buena parte de la actividad extractiva no es de los trabajadores de sta, sino de las empresas o, ms an, del sistema. Me gusta poco el argumento. Si, como productores o como consumidores, acatamos las reglas del juego que impone ese sistema, somos al cabo corresponsables de la lgica de ste. Y estamos renunciando a la tarea de transformar la realidad. Cuando algn colega, de buen tono, ha sugerido que entre los ecologistas no faltan las gentes que, obsesionadas con el medio natural, han olvidado lo que significa la lucha social de siempre, no me queda ms remedio que darle la razn. Para a continuacin preguntarme, eso s, cuntos son los trabajadores que, a ms de mantener viva esa lucha social, muestran conciencia plena y consecuente en lo que respecta a nuestros deberes con el planeta y con las generaciones venideras. Todos somos parte del sistema que padecemos, y no sera saludable que olvidemos que nuestra conducta no siempre est a la altura de las circunstancias.

Otra cara de la discusin de estos das la ofrece una colisin, sospecho que un tanto artificial, entre el 15-M y los mineros. En algn caso intuyo que nace de un malentendido. No le dar mayor relieve a las frases proferidas por algunos mineros que, ante la polica, consideraron conveniente afirmar que no eran como esos pacifistas del 15-M. Y no se lo dar porque no lo tiene, aun cuando me parece que lo suyo es recordar que lo que los periodistas llaman indignados no son moco de pavo. No est de ms que recuerde al respecto lo que con mucho tino nos dice Raimundo Viejo: Estudiantes e indignados, contrariamente a esa flipada de los mineros que rula por la red, no slo consiguieron echar a los mossos de plaa catalunya; lo hicieron, adems, sin necesidad de cohetes, dinamita, capuchas, ni toda la parafernalia: puro aikido de la multitud.

Me preocupa ms la actitud de quienes, las ms de las veces desde fuera --ni son mineros ni son quincemayistas--, han procurado airear eventuales diferencias entre unos y otros. Estas gentes, claramente sobrepasadas por lo que el 15-M ha acabado por suponer, parecen decididas ahora a recuperar el terreno perdido y escudarse detrs de los mineros. Por fin la clase obrera habra reaparecido para dejar a cada cual en su sitio y, de forma ms precisa, para revelar bien a las claras la condicin de un movimiento, el del 15 de mayo, en el que faltan la conciencia de eso, de clase, y la voluntad de transformacin revolucionaria.

Caramba! Bien puedo imaginarme la reaccin de un indignado que lo est de verdad: sean cuales sean las carencias del 15-M --le preguntar al avispado zorrocotroco de turno--, desde qu plpitos hablarn estas gentes que ahora me ocupan? Ser que los mineros, legtimamente entregados a la tarea de defender empleos y salarios, estn a punto de tomar el Palacio de Invierno? Lo harn con ellos las direcciones, entumecidas, de CCOO y UGT, luego de aceptar, durante decenios, lo inaceptable? Escucharemos por fin que reaparecen las palabras alienacin y explotacin en el lenguaje sindical al uso? Nos llegar algn mensaje que invite a concluir que el objetivo de acabar con el capitalismo empieza a recobrar peso? Tendremos conocimiento de alguna iniciativa en la que la palabra autogestin revele bien a las claras la perspectiva de superar el mundo del trabajo asalariado y la mercanca? En fin, recibiremos noticias de que la conciencia de los lmites medioambientales y de recursos del planeta invita a poner sobre la mesa otros valores y otras actitudes?

No conviene que nos engaemos. La protesta minera es un interesantsimo ejemplo de que algo empieza a explotar entre nuestros trabajadores. Y el 15-M refleja bien a las claras que una parte de la gente ha empezado a percatarse de lo que tenemos entre manos. Hagamos lo que est a nuestro alcance para acercar posiciones. Y consigamos al respecto, en particular, dos cosas. Por un lado, que el 15-M rompa definitivamente con los espasmos meramente ciudadanistas que siguen operando en su interior. Y por el otro que cada vez sean ms los trabajadores que se sumen a la tarea de una resistencia frente al capitalismo que incorpore los valores de la autogestin, la lucha antipatriarcal, la contestacin antiproductivista y el internacionalismo solidario. Tarea no nos va a faltar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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