Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2012

Un tsunami racista recorre la nica democracia de Oriente Medio
La caza del hombre

Uri Avnery
zope.gush-shalom.org

Traducido para Rebelin por LB.


"No seremos un pueblo normal hasta que tengamos prostitutas y ladrones judos en la Tierra de Israel", dijo hace unos 80 aos nuestro poeta nacional, Haim Nahman Bialik.

Este sueo se ha hecho realidad. Tenemos asesinos judos, ladrones judos y putas judas (aunque la mayora de las prostitutas de Israel las importan traficantes de esclavos internacionales desde Europa del Este a travs de la frontera del Sina).

Pero Bialik era demasiado poco ambicioso. Debera haber aadido: No seremos un pueblo normal hasta que tengamos judos neonazis y campos de concentracin judos.

Actualmente la principal noticia en todos nuestros medios de comunicacin electrnicos e impresos es el terrible peligro que representan los inmigrantes africanos ilegales.

Refugiados africanos y personas en busca de empleo convergen hacia Israel por varias razones que no tienen nada que ver con ninguna ardorosa fe sionista.

La primera razn es geogrfica. Israel es el nico pas con un nivel de vida europeo al que se puede llegar desde frica sin cruzar el mar. Los africanos pueden llegar fcilmente a Egipto y luego slo tienen que cruzar el desierto del Sina para llegar a la frontera con Israel.

El desierto es el hogar de las tribus beduinas, para quienes el contrabando constituye un oficio ancestral. Ya se trate de armas libias para Hamas en Gaza, mujeres ucranianas para los burdeles de Tel Aviv o buscadores de trabajo de Sudn, a cambio de una buena suma de dinero los beduinos los harn llegar a todos a su lugar de destino. En el camino tal vez los secuestren y los canjeen por un rescate o tal vez violen a las mujeres.

Los africanos principalmente procedentes del norte y el sur de Sudn y Eritrea se sienten atrados por el mercado de trabajo israel. Los israeles hace tiempo que dejaron de hacer trabajos serviles. Necesitan gente para lavar los platos en los restaurantes de lujo, para limpiar sus casas y para acarrear pesados bultos en los mercados.

Durante aos estos trabajos los realizaban los palestinos de Cisjordania y Gaza. Tras el estallido de las Intifadas nuestro gobierno puso fin a eso. Los africanos ocuparon su lugar.

Naturalmente, les pagan salarios que a los israeles les parecen sueldos de hambre pero que alcanzan para que los inmigrantes puedan enviar remesas a sus familias. Unos pocos dlares brillan como fortunas en sus lugares de origen.

Para poder enviar dinero [a sus familias] los emigrantes llevan una vida de perros. Casi todos ellos son hombres solteros que viven hacinados en viejas y sucias casas en los suburbios de Tel Aviv y de otras ciudades, lanzando miradas procaces a las chicas locales y emborrachndose para matar el tiempo.

Los habitantes israeles de estos barrios pobres, los ms pobres de entre los pobres, los odian. Los acusan de todo tipo de delitos, incluidas violaciones, peleas violentas y asesinatos. Tambin creen que transmiten enfermedades peligrosas prcticamente desconocidas en Israel, como la malaria y la tuberculosis. A diferencia de los israeles, a los emigrantes no los vacunan al nacer.

Todas estas acusaciones son, por supuesto, enormemente exageradas. Pero uno puede comprender a los israeles de los barrios marginales que han de convivir con extranjeros pobres con los que no mantienen ninguna comunicacin.

En tales circunstancias el racismo florece. Los africanos son fcilmente reconocibles por el color de su piel. Abunda la verborrea racista habitual: "Violan a nuestras mujeres!", "Son portadores de enfermedades mortales!", "Son como animales!", acusaciones a las que se aade otra de carcter especficamente israel: "Ponen en peligro el Estado judo!".

En total hay en la actualidad unos 60.000 africanos en Israel, a los que hay que aadir aproximadamente otros 3.000 que entran cada mes. Hay tambin un gran nmero de tailandeses ("legales") que trabajan en la agricultura, chinos y rumanos en la industria de la construccin y filipinos que ayudan a enfermos y ancianos.

(Una chiste de estos das: Un viejo Palmachnik miembro de la organizacin militar ilegal anterior a la la creacin del Estado israeli asiste a una reunin de veteranos y exclama: "Caramba, no saba que hubiera tantos filipinos en el Palmach!")

Siendo la poblacin juda de Israel de 6,5 millones de personas, y los ciudadanos rabes milln y medio, es fcil describir a los inmigrantes como un terrible peligro para la preservacin del carcter judo del Estado.

Igual que un pantano atrae a los mosquitos, este tipo de situaciones atrae a los agitadores y a los mercachifles del odio. Y de ambos especmenes estamos bien surtidos.

Hace dos semanas estallaron disturbios en el barrio Hatikva de Tel Aviv, uno de los barrios afectados. Los africanos fueron atacados y saquearon las tiendas de su propiedad.

Como atrados por arte de magia, en un tiempo rcord se presentaron en el lugar los ms conocidos agitadores fascistas, incitando a la multitud contra los africanos y contra los izquierdistas "plaideros".

La mayor atencin meditica se la gan una parlamentaria del Likud llamada Miri Regev. No satisfecha con los eptetos habituales, proclam a gritos que los africanos eran "un cncer".

Esta expresin, tomada del lxico de Goebbels, caus estupor en todo el pas. Regev no slo es una mujer bonita, sino tambin antigua portavoz del ejrcito israel (nombrada por el ex Jefe de Estado Mayor Dan Halutz, artfice de la desastrosa II Guerra de Lbano y recordado por su comentario de que lo nico que [pilotando un avin] siente al lanzar una bomba sobre un bloque de viviendas es "un ligero temblor en el ala".)

Regev cop los titulares con su arenga y fue recompensada con numerosas entrevistas televisivas en las que se distingui por utilizar el tipo de lenguaje que otrora se atribua a las pescaderas (dicho sin nimo de ofender a stas). Escucharla hablar resultaba, para decirlo rpido, repugnante.

SOBRE LA REPUGNANCIA: Tengo una aficin personal. Cada semana elijo para uso estrictamente personal a la persona ms repugnante de la vida pblica israel. Durante las ltimas semanas consecutivas mi personaje elegido ha sido Eli Yishai, del partido ortodoxo Oriental Shas.

El Shas est totalmente dominado por una sola persona: el rabino Ovadia Yosef. Es l quien contrata y despide a los dirigentes polticos del partido. Su palabra es ley. Cuando el ltimo lder fue enviado a prisin por robo, el rabino Ovadia se sac a Eli Yishai de la chistera.

Como ministro del Interior Yishai ha servido sobre todo como conducto por el que hacer fluir el dinero gubernamental hacia las instituciones de su partido. En todas las dems funciones ha fracasado estrepitosamente. Corren intensos rumores de que en su prximo informe sobre el incendio forestal del monte Carmelo el Interventor del Estado va a recomendar su destitucin por incompetencia flagrante.

Para Yishai la histeria anti-africana es un regalo de su Dios. Tras haberle dicho al pblico que los inmigrantes son criminales, portadores de enfermedades y que ponen en peligro el Estado judo, ha declarado la guerra contra ellos.

Ahora el pas entero est movilizado. Los titulares anuncian a diario el nmero de africanos deportados. Los especiales "policas de inmigracin" de Yishai son fotografiados introduciendo a empujones a los africanos en furgonetas policiales. El propio Yishai aparece a diario en la televisin jactndose de sus logros.

La Knesset est discutiendo un proyecto de ley que impondr duras penas de prisin (cinco aos!) ms una multa de medio milln de shekels (100.000 euros!) a todo el que emplee a un trabajador "ilegal". Afortunadamente, esta ley se encuentra an en fase de tramitacin y no se aplicar a las esposas del ministro de Defensa (Ehud Barak) y del Fiscal General (Yehuda Weinstein), que fueron cazadas empleando en sus casas a inmigrantes ilegales (sus maridos, por supuesto, no saban nada).

Por encima de todo, Yishai se jacta de la enorme campaa de caza del hombre actualmente en marcha. Los africanos se acurrucan en sus miserables casas sin atreverse a salir a la calle. De noche permanecen alerta ante cualquier ruido, temerosos de la pavorosa llamada de la polica de inmigracin a su puerta.

El problema es que la mayor parte de los 60.000 africanos proceden de Eritrea y del norte de Sudn, a donde no pueden ser devueltos porque el Tribunal Supremo lo ha prohibido. Su repatriacin pondra sus vidas en peligro. Esto deja slo a los ciudadanos del nuevo Estado del sur de Sudn, que ha sido liberado con la ayuda de asesores militares y armas israeles. Ahora estn siendo detenidos con pleno despliegue publicitario para ser deportados.

Y los dems? En estos momentos el gobierno trabaja febrilmente en la construccin de enormes campamentos de tiendas de campaa en el rido desierto de Negev, en medio de la nada, donde decenas de miles de inmigrantes sern encerrados durante tres aos en lo que no pueden ser sino condiciones inhumanas. Dado que ningn pas est dispuesto a acogerlos, probablemente se quedarn ah por mucho tiempo. Ahora mismo ya no hay agua ni condiciones sanitarias, las mujeres y los nios (nacidos en Israel y hebreo parlantes) sern alojados por separado. En verano las temperaturas alcanzarn fcilmente los 40 grados centgrados. La vida dentro de las carpas ser un infierno.

Yishai y sus colegas tienen un sexto sentido para el lenguaje higienizado. A los inmigrantes los llaman "infiltrados", deportar se dice "retornar", los campos de prisioneros se llamarn "campos de residencia". Nada de campos de concentracin, por Dios.

Soy consciente de que en otros pases civilizados a los inmigrantes se los trata tan mal o peor, pero eso no me aporta el ms mnimo consuelo.

Tambin soy consciente de que hay un problema real que tiene que ser resuelto. Pero no de esta manera.

Como ciudadano de un Estado que se autodenomina "judo", o incluso "el Estado de los sobrevivientes del Holocausto", siento asco.

He odo miles de historias sobre las caceras nazis de judos, sobre los linchamientos en Estados Unidos y sobre los pogromos rusos. No hay comparacin posible, por supuesto, pero las imgenes [de esos episodios histricos] no cesan de acudir a mi mente. No puedo evitarlo.

La forma como tratamos a los refugiados e inmigrantes africanos no tiene nada que ver con el viejo conflicto con los rabes. No se puede justificar con argumentos relacionados con la guerra y la seguridad nacional.

Lo que hay aqu es racismo puro y duro.

 

 

Fuente original: http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1339786135/

 



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