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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-06-2012

Reflexiones en respuesta a Gabriel Salazar
Entre lo viejo, lo nuevo y otros cuentos

Camila Vallejo Dowling
Rebelion


En relacin a las ltimas declaraciones y entrevistas realizadas por el Premio Nacional de Historia profesor Gabriel Salazar (www.soychile.cl/Santiago/Politica/2012/06/17/98911/Gabriel-Salazar-Si-Camila-Vallejo-es-inteligente-debe-abandonar-el-PC.aspx), quisiera comentar algunas cosas:

Primero que todo, mi ms sincero respeto a la larga trayectoria del profesor y su trabajo como historiador, cuya rigurosidad investigativa y aporte al pas no pongo en duda. Sin embargo, dicha consideracin no disminuye mi incomodidad ante comentarios que poseen un claro sesgo machista cuando se refiere a mi persona as como descalificaciones a la profesin de los gegrafos, insinuando que es una carrera menos reflexiva o muy acotada, cosa que no comparto en lo absoluto.

Me parece positivo que el debate ponga sobre la mesa cuestiones fundamentales a discutir en este momento histrico como el rol de los movimientos sociales, la relacin del Partido Comunista de Chile (y de los partidos de izquierda en general) con esos movimientos, el papel de la juventud comunista al interior del partido, la disputa (o no) del poder poltico en la esfera institucional, el cambio en la institucionalidad misma y la vetusta discusin sobre la vieja y la nueva forma de hacer poltica. Cosas ante las cuales quisiera yo tambin hacer una reflexin.

Sin duda alguna que uno de los principales logros del movimiento del 2011 fue la capacidad de hacer volver la poltica a las calles, los hogares, los liceos, las universidades, las plazas pblicas, los lugares de trabajo. El 2011 se logr recuperar la poltica de su secuestro institucional que le ha impuesto el neoliberalismo y re significarla como opcin legtima de los movimientos sociales. Hoy nadie puede dudar que el movimiento estudiantil y social ha sido profundamente poltico y ha logrado, por primera vez desde el retorno de la democracia, instalar con fuerza la conciencia sobre las perversidades del modelo neoliberal, mercantilizador de la vida y lo espurio de una institucionalidad poltica que requiere con urgencia ser superada.

Esto queda ms que demostrado en el rechazo generalizado al lucro en la educacin y tambin en otros aspectos de la vida social como la salud o la previsin; en cmo ha quedado en evidencia un modelo econmico que genera crecimiento empobrecedor dado su patrn acumulativo y abusivo; y en la muestra de los impedimentos que esta institucionalidad, sumamente presidencialista y con un parlamento binominalizado, genera para los posibles avances en las reivindicaciones del movimiento social.

La crisis de representatividad del sistema poltico se debe a que ya por ms de tres dcadas no ha sido capaz de dar respuestas a las necesidades del mundo social, debido al eterno privilegio de resguardar los intereses de los grandes empresarios nacionales y trasnacionales. A su vez, el duro cuestionamiento a los partidos polticos del sistema es por haber mantenido y utilizado esa institucionalidad poltica para privilegiar a ciertos sectores y beneficiarse de paso, del modelo neoliberal y sus bondades econmicas.

Si logramos comprender bien el cuestionamiento que hacen la ciudadana y el movimiento social, ste no es a la institucionalidad o a los partidos polticos per s, por el mero hecho de ser institucionalidad, sino a una institucionalidad antidemocrtica y profundamente neoliberal sustentada por partidos, o ms bien coaliciones, que han sido funcionales al mantenimiento y profundizacin del modelo heredado de la dictadura.

Esto queda claro cuando constatamos que numerosos sectores del movimiento estudiantil estn trabajando por constituirse como partido; que muchos jvenes entran a militar en las filas de las juventudes comunistas o de otras juventudes polticas; e inclusive, que muchos jvenes y dirigentes de asambleas ciudadanas se levantan como candidatos a concejales o alcaldes, desde distintas trincheras polticas, para cambiar las reglas del juego dentro del poder institucional local. Caracterizar en un conjunto homogneo apartidista y meramente asamblesta al movimiento social (asamblesmo que, como fin en s mismo, cae muchas veces en prcticas antidemocrticas), es de sumo equivocado e irresponsable, as como lo es tambin el reduccionismo de que lo joven es puro y bueno y lo viejo es sucio y corrupto.

En este movimiento de construccin histrica no slo han participado activamente jvenes y no tan jvenes con convicciones, sino tambin independientes y militantes de partidos y colectivos de izquierda que no necesariamente se organizan bajo una estructura meramente horizontal. Por lo mismo, sealar que el movimiento debe prcticamente limpiarse de sus militancias y abandonar la vieja poltica es, adems de un discurso agotado de larga data histrica en los debates del mundo social, pretender eliminar una parte importante del mismo movimiento social. Dicho discurso desvalora el importante trabajo que miles de jvenes militantes de la jota y de otras agrupaciones polticas de izquierda han venido realizando durante muchos aos por el movimiento social, instndolo a debatir, politizndolo.

Soy una convencida de que la democracia es el gobierno del pueblo. Creo importante superar esa visin de que todo es blanco o negro, de que o se trabaja fuera de la institucionalidad poltica o se trabaja dentro de ella. Si queremos radicalizar nuestra democracia y construir real soberana poltica y econmica, no podemos simplemente fortalecer al movimiento social de espaldas o al margen de la institucionalidad poltica a la que el profesor llama maosamente "clase" poltica, porque esa institucionalidad intacta seguir operando sin nosotros y contra nosotros gracias a que le hemos delegado esa responsabilidad por omisin. La "clase" poltica de la que tanto hablan algunos, no es ms que un espacio en disputa entre distintos segmentos de clase.

Construir movimiento social sin irrumpir en la esfera poltica esperando pasivamente que tengamos las condiciones suficientes para hacer la revolucin, es a lo menos una irresponsabilidad de quienes de pueden esperar desde una cmoda posicin e intervenir intelectualmente de vez en cuando. Si de manera exclusiva aplicamos hoy esa vieja receta -construir desde la marginalidad y en la marginalidad - se nos pueden pasar muchos aos, en los cuales unos pocos seguirn apropindose de riquezas que le pertenecen a todos. La crisis de la salud pblica y la educacin pblica requieren actuar con cierta inmediatez y no en dcadas ms. Aqu nadie quiere caer en la impaciencia, pero debemos tener un sentido de urgencia que nos haga avanzar con paso firme pero rpido, porque se requieren soluciones ahora.

Lo que el movimiento social necesita para hacer los cambios es presionar y construir desde dentro y desde fuera de la institucionalidad poltica, en un proceso dialctico. Un movimiento social debe irrumpir en la esfera poltica para superarla, no para administrarla. No debemos permitir que sigan siendo los mismos los que nos representen y que sean los mismos a quienes todos los aos debamos ir a exigirles los cambios que sabemos que no harn, porque estn diametralmente en desacuerdo con nuestros planteamientos.

Lo que necesitamos para profundizar nuestra democracia en base a lo que ha venido sealando el movimiento social, desde Arica a Magallanes, es una gran alianza social y poltica, no para que los partidos representen simplemente a los movimientos sociales, sino para que les permitan participar directamente en la esfera del poder. Una alianza que resguarde la independencia y la autonoma de los movimientos sociales, pero que posibilite la construccin y aplicacin conjunta de un programa de transformacin social.

Por ltimo, quisiera aclararle al profesor Salazar que los jvenes comunistas no militamos para ser manipulados o utilizados para los fines de los viejos del partido. Los jvenes comunistas militamos porque tenemos la clara conviccin de que Chile necesita profundas transformaciones y que aquellas transformaciones debe hacerlas el ser humano a travs de la organizacin y la accin colectiva. Entendemos a nuestro partido como una parte activa del pueblo chileno y no como un ente externo a l. Por eso en estos 100 aos de historia hemos sido y seguiremos siendo parte vital de los movimientos sociales y del pueblo organizado ms all de lo coyuntural. Nunca hemos necesitado dejar nuestra militancia para trabajar codo a codo con los movimientos sociales y el actual escenario poltico tampoco nos llama a eso sino a todo lo contrario: fortalecer an ms nuestro debate al interior del partido, hacerlo ms dinmico, poniendo ms conviccin y energa al esfuerzo que da a da desarrollamos para construir un mejor Chile para todos y para todas.

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Ver tambin sobre el tema la respuesta de G Salazar:

www.soychile.cl/Santiago/Sociedad/2012/06/18/99154/Gabriel-Salazar-explico-que-no-ninguneo-a-Camila-Vallejo.aspx

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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