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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-06-2012

El bombardeo de Benigalup

Alberto Piris
Repblica.com


Reproduzco a continuacin un fragmento extrado de la pgina de sucesos del diario local El Heraldo de la Penibtica:

En una oficina de la Caja Rural del Veleta, sita en Benigalup de la Frontera, poco antes del cierre de medioda penetraron tres atracadores enmascarados. A punta de pistola encerraron en una oficina interior a una veintena de clientes y empleados. Un paseante percibi que algo raro ocurra en el local y llam al telfono de emergencias. Un vehculo de la Guardia Civil acudi en pocos minutos y su dotacin bloque la salida de la sucursal a la vez que solicitaba el envo de refuerzos. A travs de un altavoz, un agente de la autoridad conmin a los atracadores a liberar a los rehenes, entre los que haba mujeres y nios, y a entregarse sin ms dilacin.

Sin previo aviso, unos disparos procedentes de la sucursal hirieron a un guardia civil. Lo que a partir de ese momento se desencaden ha provocado un escndalo nacional. Identificados los atracadores como terroristas, las autoridades civiles pidieron ayuda al Ministerio de Defensa y poco tiempo despus un cazabombardero de la base de Rota lanz dos bombas tipo GBU-38 sobre el edificio, que qued arrasado. Los tres pistoleros murieron. Un portavoz de Defensa declar que el incidente haba sido resuelto eficazmente y que todos los muertos eran presuntos terroristas. La oficina de prensa difundi un comunicado indicando que al efectuar una valoracin in situ de la operacin se descubri la presencia de dos mujeres heridas, no de gravedad, que fueron rpidamente evacuadas por los servicios hospitalarios de emergencia. Se ha iniciado una investigacin para confirmar los rumores de que otras personas han fallecido en el incidente.

No tard mucho en saberse que haban muerto siete mujeres, cuatro nios y un abogado sevillano que estaba de paso. Cundi la indignacin. Ante el Ayuntamiento y el cuartel de la Guardia Civil se arremolinaron los familiares de las vctimas, exigiendo responsabilidades. Al da siguiente, mientras las televisiones de todo el pas transmitan los trabajos de salvamento entre las ruinas, el presidente del Gobierno, en una rueda de prensa, afirm: No se pueden tolerar estas acciones. Nada puede justificar un ataque areo que daa la vida y las propiedades de los ciudadanos.

El Jefe del Estado Mayor de la Defensa acudi a las exequias fnebres por los fallecidos y ofreci disculpas. Tanto en Defensa como en Interior rodaron algunas cabezas. El Congreso pidi comparecencias urgentes de las autoridades responsables y se concedieron generosas compensaciones econmicas a los perjudicados. Se iniciaron colectas para construir un monumento en recuerdo de las vctimas. Justo una semana despus, a la misma hora del bombardeo, las campanas de todos los pueblos de Espaa taeron al unsono y en el Congreso se guard un minuto de silencio.

Aqu termina la noticia. Es evidente que, avanzada la lectura, enseguida se advierte su flagrante inverosimilitud. Esto nunca puede pasar en Espaa, ni tampoco en la mayora de los pases prximos a nosotros, se dir el lector, aliviado y pensando que se trata de una estpida broma fuera de temporada. Broma que me he permitido adaptar a nuestro pas y a nuestro idioma, pero cuya originalidad debo reconocer pertenece a Tom Engelhardt, el incansable analista de Tom Dispatch.

La cruda realidad es que algo muy similar a lo antes descrito s ha ocurrido hace poco tiempo, pero en Afganistn. Lo describi desde Kabul, en el diario The Denver Post, la periodista Heidi Vogt. Lo que en cualquier pas occidental hubiera ocasionado un escndalo de incalculables dimensiones y muy graves repercusiones, nos pasa casi desapercibido solo porque ocurre en Afganistn; y porque incidentes de este tipo vienen repitindose desde que, en diciembre de 2001, ms de un centenar de afganos asistentes a una boda fueron aniquilados por las bombas guiadas de precisin, lanzadas por bombarderos estadounidenses.

Han sido numerosos los ataques sufridos desde entonces por ciudadanos afganos que, en bodas, funerales y otras ceremonias celebraban algo que nada tena que ver con la guerra contra el terror que las potencias occidentales libran en su pas. Las vctimas colaterales, como en el imaginario Benigalup, suelen carecer de inters estratgico para los audaces guerreros del antiterrorismo. Es ms: solo son un necesario subproducto de errores fatalmente acumulados en su contra: un arma de quirrgica precisin recibe datos errneos o un analista de informacin confunde con un lanzamisiles el tomavistas de un invitado que est grabando la boda. Son las inevitables consecuencias de cualquier guerra. No ardi Troya aunque sus sufridos ciudadanos nada tuvieran que ver con el rapto de Helena? Qu son, pues, esas minucias en el fervoroso ambiente blico con el que hoy muchos de nuestros dirigentes polticos se esfuerzan en combatir la lacra universal del terrorismo?

Fuente: http://www.republica.com/2012/06/21/el-bombardeo-de-benigalup_511117/



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