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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2012

Historias del futuro
Las deudas y la larga sabidura de los banqueros

Gilberto Lopes
Rebelin


Hace un par de meses, un poco ms, quizs, George Papandreu vino a Costa Rica, a presidir una reunin de la Internacional Socialista. Haca poco haba firmado los severos reajustes impuestos por la troika a su pas, del que era Primer Ministro. En esos das los medios revelaron que uno de sus ministros los haba firmado sin leer y que otra, les haba echado una mirada. Me pareci digno. Leyndolos, no los poda firmar nadie. Me qued con las ganas de preguntarla a Papandreu, en la conferencia de prensa al final de la reunin, si los haba ledo. Los habr ledo? No son solo acuerdos indignos, son acuerdos imposibles y nadie, en su sano sentido, puede creer que sern, algn da, cumplidos.

La historia de estos acuerdos fue escrita hace muchos aos. En marzo prximo se cumplirn los 50 aos de la muerte de un costarricense ilustre, Vicente Senz. Escribi mucho sobre su poca, sobre todo entre los aos 30 y 60 del siglo pasado. Habl del mundo de postguerra, pero tambin de la crisis de los 30.

Vicente Senz trat, con mucha lucidez, el tema de las deudas. l se refera, naturalmente, a las condiciones de su poca y a la situacin en Centroamrica. Trat, en particular, el prstamo que el presidente Calvin Coolidge (1923-29) hizo a su protegido en Nicaragua, Adolfo Daz, en marzo de 1927.

Dos semana atrs dijo Senz con irona, citando al presidente norteamericano y a su Secretario de Estado, Frank Kellogg con el nico objeto de seguir pacificando Nicaragua, el Departamento de Guerra de Estados Unidos haba puesto en territorio de esa pequea repblica centroamericana, a la orden y disposicin de Adolfo Daz, tres mil rifles perfeccionados, doscientas ametralladoras y tres millones de fajas de tiros. Todo a un costo de casi 218 mil dlares, dinero adelantado a 6% de inters anual. A mediados de enero haban llegado a Nicaragua 16 barcos de guerra, 215 oficiales, 3.900 soldados y 865 marinos, encabezados por el almirante Julian Latimer.

Ya el general Sandino se haba alzado en las montaas de Nicaragua contra la presencia de tropas norteamericanas, en medio de una permanente guerra entre liberales y conservadores, que la intervencin norteamericana pretenda resolver a favor de su candidato, Adolfo Daz.

Mientras las armas llegaban, The Guaranty Trust Co. y los banqueros J. and W. Seligman and Co. cerraban el trato de otro prstamo con la pequea repblica, esta vez por un milln de dlares. El dinero deba emplearse en la compra de provisiones para el ejrcito, en el mantenimiento y equipo de las fuerzas conservadoras (de Daz), o en lo que determinase una junta integrada por el alto comisionado norteamericano, seor Roscoe Hill; el gerente del Banco Nacional, seor Luis Rosenthal, tambin norteamericano; y el Secretario de Hacienda, nico nicaragense del flamante comit, explica Senz.

Solo Dios sabe cuntos sacrificios tendr que hacer el pueblo de Nicaragua en los aos que vienen, para pagar el abundante y costoso material de guerra que Coolidge y Kellogg embarcaron a su protegido Daz, as como el dinero que le prestaron los banqueros de Nueva York!, advirti.

No vamos a detenernos aqu en las consideraciones polticas de esta intervencin de los Estados Unidos en Nicaragua de la que, ciertamente, se podran sacar algunas lecciones, tambin muy actuales. Nos vamos a detener en las condiciones del prstamo, que Senz relata con detalle.

The Guaranty Trust Company y J. and W. Seligman and Company obtuvieron, por su milln de dlares, entre otras de menor importancia, las siguientes garantas:

Y agrega Senz: Antes de que el execrable Daz pudiera hacer uso del crdito por un milln de dlares, tendra que entregar a los banqueros todas las acciones, tanto del ferrocarril como del banco, quedando autorizados dichos prestamistas para venderlas en su totalidad, si Nicaragua dejaba de pagar. Tambin se obligaba el estupendo gobernante a reorganizar las directivas de ambas empresas, nombrando una mayora de directores norteamericanos escogidos por los banqueros, pero esplndidamente remunerados por el gobierno nicaragense.

Obviamente, los banqueros no estaban prestando un solo centavo a Nicaragua, que antes de recibir el milln de dlares ya les haba entregado, contantes y sonantes, tres millones y medio, por los que iba a recibir 2% de intereses, mientras pagaba 6% por el prstamo otorgado.

Otros procedimientos, aplicados ya hace ms de 80 aos, siguen teniendo plena vigencia en el mercado de la especulacin financiera actual.

Endeudados, principalmente con Inglaterra y Francia en aquella poca, los bonos de la deuda de los pases de amrica Latina terminaban en manos de banqueros de Wall Street, que pagaban por ellos cualquier cosa. Como hoy con los bonos argentinos, que los fondos buitres todava tratan de cobrar al gobierno de Buenos Aires, que se ha negado terminantemente a pagarlos, despus de haber arreglado el problema de su deuda, a raz del default de diciembre del 2001.

Con los bonos en mano encontraban la manera de conseguir que aquellas viejas deudas fuesen reconocidas en su totalidad. Con el anzuelo y con el cebo de una fuerte suma en efectivo, para salir de apremiantes dificultades fiscales y equilibrar presupuestos; por presin del Departamento de Estado de los Estados Unidos; o merced de comisiones tentadoras, el pinge negocio se arreglaba con relativa facilidad. Se hacan nuevos contratos y nuevos emisiones de flamantes bonos en ingls, que garantizaran con largueza el principal, los intereses vencidos y el nuevo prstamo.

No terminaba ah el proceso: los mismos banqueros, que haban comprado los bonos a precios irrisorios, se hacan de toda la emisin, con un descuento que oscilaba entre el 6% y el 18%, y la colocaban en el mercado de valores. De este modo, haciendo una inversin insignificante para el monto total del negocio, redondeaban estos genios de la banca sustanciosas ganancias por ambos lados.

Finalmente, para dejar todo bien amarrado, para garantizar totalmente sus inversiones, pignoraron, en Nicaragua, todas las rentas de aduana y todos sus dems ingresos fiscales a favor de Brown y Selingman: nombraron un recaudador norteamericano pagado por Nicaragua; tomaron el control y la administracin del banco y del ferrocarril nacionales y, en su carcter de depositarios de los ingresos fiscales, reciban las rentas y las trasladaban a su propio banco en Nueva York. Cuando el gobierno nicaragense necesitaba hacer pagos urgentes, de los fondos de la nacin se le hacan adelantos, cargndole intereses.

No creo que Papandreu conozca estas historias. Los banqueros s.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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