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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2012

Elecciones bajo anestesia general, el orden reina en Argelia

Marco Rizzardini y Acacio Puig
CEPRID


A nuestro amigo Abdennour Ali Yahia, presidente de honor de la LADDH (Liga argelina para la defensa de los derechos humanos), militante clandestino desde 1945 y diez aos ms tarde del FLN. Miembro fundador de la UGTA, ministro de obras pblicas y agricultura entre 1965 y 1968. Fundador de la LADDH en 1989 y despus impulsor del Acuerdo de Roma. En 2011 durante la Primavera rabe, ha sido uno de los firmantes del llamamiento de la Coordinacin nacional por el Cambio y la Democracia en Argelia.

Las elecciones legislativas celebradas el pasado 10 de mayo en Argelia contaron con el pleno aval de la comunidad internacional. Los grandes medios de comunicacin se ocuparon de ellas lo justo, quiz porque cuando el orden policiaco garantiza la fluidez del negocio, todo lo dems sobra. As, desde la Liga rabe al Reino Unido, de Qatar a Nicaragua y del Departamento de Estado estadounidense a la Comisin Internacional de Vigilancia de la UE, las manifestaciones de satisfaccin y felicitaciones institucionales aportan su peonada al blanqueo de un edificio en el que, sin embargo, algo huele a podrido.

El rgimen, que sostiene frreamente las riendas de un paso de tortuga hacia el deshielo poltico, ha promovido la participacin electoral espoleando a fondo tanto los sentimientos patritico-nacionalistas como religiosos de la ciudadana. El Ministerio de Asuntos Religiosos lleg incluso a proferir amenazas de sonoridad cornica contra el abstencionismo, mientras Abdelaziz Bouteflika, presidente de la repblica y muy implicado en la campaa del FLN (Frente de Liberacin Nacional) retomaba el repertorio heredado de la guerra de liberacin para cultivar el alarmismo frente a la amenaza extranjera, el patriotismo del hincha con Argelia primero y la desconexin de las demandas expresadas por las revueltas populares rabes mediante la glosa de nuestra primavera es Argelia. Sin embargo, la tendencia abstencionista de la mayora de la poblacin no se ha invertido y ni siquiera los datos oficiales ampliamente cuestionados por la calle y las minoras del nuevo parlamento- logran desmentirla. Si el gobierno sita la participacin en torno a un 42% (apenas un 6.4% ms respecto a las legislativas de 2007), sus propios datos sobre un censo de 21.645.841 electores y poniendo en valor los 1.800.000 votos nulos, resultan ser un autntico bofetn a su propio juego (Declich, 2012). El 57% de abstenciones y el plus de voto nulo revelan la densa corriente de rechazo a un modelo que en lo poltico arrastra la prolongada crisis de una legitimidad revolucionaria conquistada hace 50 aos, pronto degradada por la militarizacin que parasit al FLN como partido nico y apuntillada por el golpe de estado que en 1991, liquid la victoria electoral del islam poltico representado por el FIS (Frente Islmico de Salvacin) y abri paso a dcadas de estado de excepcin.

En aquel entonces la gestin militar de la derrota poltica del FLN, dio paso la llamada poltica erradicadora, varada en la sangrienta guerra sucia entre ejrcito (de uniforme y de paisano) y diversos maquis. Poltica de guerra de la que fue rehn la mayora social, las libertades y derechos, colapsando la imprescindible poltica alternativa de desarrollo y redistribucin de renta (VV. AA., 1999)

Abstencin, boicot y nuevo parlamento

Si el rgimen sita la participacin en el 42%, son centenares los bloggers que, desde la observacin en distintas wilayas, apuntan al 20%, trasladando su opinin a los correos de peridicos como El Watan, La Tribune o Le Soir. Quiz un promedio sea ms fiel a los hechos. Lo evidente es que sectores muy importantes de poblacin estn al margen de la poltica de excepcin que excluye al islamismo contestatario del FIS (Denaud, 1997) (que por cierto llam al boicot), o simplemente se cura de las viejas heridas y el miedo esparcido durante la dcada de los 90 por un programa calificable como terrorismo de estado.

Poblacin que ha sufrido en carne propia el estado de emergencia mantenido hasta febrero de 2011 y la disolucin de cualquier tentativa de repercusin en Argelia de la Primavera rabe. Las primeras imgenes televisadas, nos permitieron reconocer entre los manifestantes a un zarandeado Abdennour Ali Yahia, tan militante como lo ha sido durante su ya larga vida, bajando a la Plaza junto a la Coordinacin por el Cambio y la Democracia. Este ao, durante el perodo anterior las elecciones, la suspensin de derechos y detenciones han sido denunciadas por Human Rights Watch en el informe del 11 de mayo de 2012. Como de costumbre, las denuncias de anomalas y fraudes, provienen de corrientes polticas ubicadas en polos de un amplio espectro, pero minoritarias y especialmente castigadas electoralmente por esas irregularidades. As, el diario al-Youm denunciaba que provincias como Tinduf, la ms desrtica y aislada del pas, registraba una inslita participacin del 83.15%, presumiblemente nutrida en los campos de refugiados saharauis, mientras que en otras provincias situadas ms al sur, como Djanet y Tamanrasset, la ausencia de controles favoreci el voto cautivo de la inmigracin procedente del frica Subsahariana (Adnkronos, 12/05/2012).

Otros medios como La Tribune y El Watan (en ambos casos, 13/05/2012) registraron las denuncias de Mahamud Rachidi, secretario general del PST (Partido Socialista de los Trabajadores) que desvelaba las gigantescas proporciones del voto por poderes (por delegacin), ejemplificando la denuncia en el escndalo registrado en la localidad de Lagouhat (al sur del Atlas), donde la negativa de los electores militares a todo control sobre los votos que depositaban en nombre de otros, oblig a suspender el proceso electoral durante varias horas en el colegio electoral nmero 15. En sentido ms general, el PST denunciaba en esos medios los obstculos puestos a las comisiones de control y observadores de los partidos (con funciones similares a las de procuradores y apoderados aqu), el recurso a la violencia contra candidatos y observadores nacionales y su absoluta desconfianza respecto a la labor de los observadores internacionales.

El descontento ante la manipulacin de resultados gener el pasado 21 de mayo la convocatoria por el Frente por la Justicia y el Desarrollo (7 diputados) de un Frente Poltico por la Democracia, orientado al boicot de los trabajos del nuevo parlamento (APN- Asamblea Popular Argelina); aunque el rechazo a participar en el mismo frente, hecho pblico por los partidos ms fuertes de la oposicin, el FFS (Frente de Fuerzas Socialistas, 21 diputados) y el PT (Partido de los Trabajadores, 17 diputados), mina su credibilidad e iniciativa. En cualquier caso, a pesar de la escasa participacin e irregularidades registradas, es forzoso retomar los resultados de las formaciones polticas que, aceptando el marco electoral propuesto, resolvieron hacer campaa por motivos diversos: en unos casos renovar mayora, en otros, ampliar el espacio de debate social, oxigenar el mbito parlamentario introduciendo la diversidad posible, incluso sanear tesorera y aparato mediante el cobro de los salarios institucionales correspondientes, o simplemente medrar a la sombra del poder real an a costa de nutrir consensos, corruptelas e inmovilismos.

Es tambin importante subrayar el espejismo democrtico que foment la reforma electoral y la eclosin de 54 partidos que se presentaron a las elecciones legislativas: 21 nuevas agrupaciones haban recibido va libre para concurrir, ilustrando as una supuesta democracia plena. Las 893 listas de nuevos candidatos y las 900 ms presentadas por los sujetos autorizados por el viejo derecho crecieron con las listas de independientes hasta un total de 2.053 listas registradas por los servicios de las wilayas. Sin embargo, lejos de garantizar la representacin de la diversidad y la modificacin democrtica de la ley electoral, la apertura, desmedida y maquiavlica, ha supuesto una inmensa fragmentacin de los votos emitidos, el mantenimiento en la ilegalidad del FIS y abundancia de trabas de las que se han beneficiado los dos partidos que realmente gobiernan.

Nueva mayora presidencial

La nueva configuracin de la Asamblea Popular (APN) debe pues circunscribirse a ese conjunto electoral que representa, en el mejor de los casos, a un 40% de votantes (de los que insistimos, adems un 17% vot nulo). Socialmente es muy poco pero para el ncleo de la clase poltica resulta suficiente. Parece que la nueva mayora presidencial est enormemente satisfecha. El FLN y el RND (Agrupamiento Nacional Democrtico) consolidan mayora, con 85 y 9 parlamentarios ms que en 2007 y grupos de 221 y 70 respectivamente. La Alianza Verde, que perdi 12 escaos y logra solo 47, se sita pues en la oposicin. Lo esencial sigue siendo recordar que su espinazo poltico ms antiguo, el partido MSP-Hamas no solo form parte de la anterior mayora presidencial vertebrada en torno a Bouteflika, sino que desde la dcada de los 90 haba formado parte de la oposicin leal que apoy al general Liamn Zroual, presidente cooptado en 1995 por el Alto Comit de Seguridad.

Las responsabilidades contradas entonces por Hamas con la democracia vigilada implementada desde la presidencia y su partido el RND, las responsabilidades de Hamas con la poltica de aterrorizar al terrorismo tienen tan larga trayectoria que excluan cualquier hiptesis razonada de una victoria a la tunecina protagonizada por los islamistas de estado en Argelia agrupados en la Alianza Verde. En ese sentido, la satisfaccin de Garca-Margallo, nuestro ministro de Exteriores democristiano, (gracias a Dios no se ha producido el importante ascenso previsto de las fuerzas islamistas) se antoja tan poco ecumnica como documentada (www.europapress.es 14/05/2012).

Si el FLN y el RCD constituyen las dos facciones complementarias que representan el complejo energtico-militar y se disponen al juego de la alternancia sin riesgos, la nueva presencia parlamentaria del FFS no parece que aporte novedades a los lineamientos tradicionales propios de la socialdemocracia cuando se encuentra en la oposicin. En cuanto a las organizaciones de matriz marxista, el campo parlamentario lo ocupa el PT (Partido de los Trabajadores) que ha mantenido 17 escaos de los 26 con que contaba desde las legislativas de 2007. Con origen en el clandestino Comit de Enlace de los Trotskistas Argelinos (1965) fue legalizado en1990. El PT sorte los aos de plomo combinando la actividad sindical frente a las polticas de ajuste dictadas por el FMI y la poltica de defensa de una solucin pacfica a la crisis mediante el dilogo con los movimientos islamistas.

Sin embargo, durante el inicio de la primavera rabe, el PT hizo gala de un pragmatismo posibilista de perfil bajo y esencialmente apegado a la conflictividad laboral en Argelia y al flanqueo de la histrica pero muy cuestionada burocracia de la central sindical UGTA. Organizaciones menores como el ya citado PST (con vnculos con el NPA francs) han obtenido el mismo respaldo electoral muy poco significativo- que el histrico Ettahadi, (ya ex-PC) que pierde aceleradamente espacio sociopoltico. Las organizaciones que aspiran a representar el nacionalismo bereber se encuentran en franca decadencia desde la crisis que asol la Kabilia en 2001, la llamada primavera negra. Una movilizacin popular de base asamblearia, estructurada mediante comits populares que, a juicio de sus ms lcidos protagonistas constituy una alternativa social al estado argelino, hasta la divisin generada con la aceptacin por parte de sus dirigentes de la negociacin y colaboracin () y la prdida de su carcter transformador: 167 personas resultaron entonces asesinadas por el ejrcito y polica. Los datos oficiales cifran la participacin en la Kabilia en un mximo del 25% en tanto que la casta poltica local contribuye a dislocar la situacin. Si el RCD (Alianza por la Cultura y la Democracia) opt por el boicot, es dudoso que la ciudadana olvide la triste historia erradicadora de su lder, el liberal Said Sadi, que durante los 90 se implic en una prolongada justificacin del golpe contra el FIS y en la suspensin de libertades por medio de los sucesivos estados de emergencia nacional una psima herencia para defender los derechos democrticos de la nacin bereber.

En el mismo sentido, la reciente visita a Israel de Ferhat Mehenni, lder del MAK (Movimiento por la Autonoma de la Kabilia) y sus entusiastas declaraciones hacia Israel como pas libre y democrtico, su mantenerse al margen como nacionalista bereber del conflicto israel-rabe subrayan la incapacidad de las actuales direcciones polticas locales para defender los derechos de naciones sin estado, dada la ausencia de escrpulos en el aval de la ocupacin colonial de Palestina (Oumma.com, 27-05-2012).

La Revolucin devorada por el gas

A fines de los aos 90, un afable Ahmed Ben Bella bromeaba en una cafetera madrilea: nuestro gran problema es el petrleo y el gaspara despus extenderse con entusiasmo sobre las riquezas naturales de Argelia. Bosques, recursos agrcolas y mineros, incluso los desiertos saharianos le llevaban a fantasear sobre sus inmensas posibilidades como fuente de energas renovables. El recientemente fallecido Ben Bella, que entonces acompa activamente la extensin internacional del Acuerdo de Roma y por tanto la Campaa por la Paz en Argelia que se desarrollaba aqu, concluy con sorna: tanto hidrocarburonos malea!. Sin pretender analizar el vertiginoso deslizamiento de la Repblica Argelina (democrtica y popular hasta 1989) hacia el monocultivo energtico, recordaremos el arranque de una revolucin en la que campesinos y obreros agrcolas fueron punta de lanza de la ocupacin, expropiacin de propiedades coloniales y explotacin colectiva de tierras en rgimen de autogestin (Mandel, 1974).

Ms tarde, los decretos de 1962 y 1963 del primer gobierno presidido por Ben Bella dieron entidad legal a los Comits de Gestin (en la agricultura, artesana, minera e industria). Con ellos, la autogestin se asentaba por algunos aos - como pilar del nuevo socialismo argelino. El posterior Cdigo de Inversiones apuntara los lineamientos para solventar la ausencia de estructura financiera. Tras el golpe de estado de 1965, el gobierno presidido por el coronel Boumedian se orient hacia la planificacin integral de una triple revolucin: industrial, agraria y cultural. Aos despus, Paul Balta escribira: la primera dot al pas de una importante infraestructura, a pesar de sus lagunas. La segunda ha fracasado. La tercera, result ser muy superficial. Muerto Boumedian en 1978, las presidencias militares de la repblica ilustrarn una transicin conservadora en la que el rol vertebral del ejrcito y seguridad militar impregnan la vida poltica y econmica de Argelia. Bendjedid, entronizado en 1979, adecuar diez aos ms tarde la Constitucin al nuevo desorden mundial y junto a un pluralismo de corto aliento, eliminar toda referencia socializante para abrir puertas al liberalismo econmico.

La penetracin de las polticas de ajuste estructural dictaminadas por el FMI seran paralelas al clima de terror posterior al golpe que en 1991 troc elecciones legislativas por estado de guerra y dos aos despus el mismo Bendjedid fue forzado a dimitir y sustituido por un nuevo general-presidente: Liamn Zroual. El diario francs Le Monde (16/11/1995) sintetizaba as la situacin: La Argelia que se emplaza bajo la tutela del FMI es un pas enfermo. Entre 1989 y 1994 el PIB por habitante ha cado de 2279 a 1534 dlares. El dficit del tesoro ha pasado del 1.2% al 8.1% del PIB mientras el paro adquiere proporciones dramticas: un cuarto de la poblacin activa se encuentra sin empleo. Desde entonces, el pas sigue aplicadamente los preceptos del FMI. Los precios son libres, el dinar ha sido devaluado ms del 50%...la privatizacin de empresas pblicas se intensifica, el comercio exterior se ha liberalizado y las compaas extranjeras son las bienvenidas al Sahara.

El ao 1999 dio paso a un poltico de la vieja guardia (militante del FLN desde 1956, ministro con Ben Bella y artfice con Boumedian del liderazgo argelino en el Movimiento de Pases No Alineados), astuto y hbil negociador, con capacidad de arbitraje en conflictos africanos. Impulsor de la sonada amnista que en el ao 2000 sac de la crcel a los militantes del AIS (Ejrcito Islmico de Salvacin) al tiempo que exima de cualquier responsabilidad a militares y seguridad militar implicados en la dcada de guerra sucia. Abdelaziz Bouteflika, el nuevo candidato independiente apoyado por el FLN y RND conserva la presidencia desde hace 13 aos. A grandes rasgos, Bouteflika aparece como el racionalizador de la macroeconoma argelina dentro de las coordenadas propias del capitalismo. Gestor de la disminucin de la deuda externa durante el ltimo sexenio y artfice del cierre de acuerdos bilaterales con los 17 pases acreedores, ha conseguido que el coste del servicio de la deuda se haya reducido a menos del 1,5% del valor de las exportaciones, mientras que el stock de la deuda es constante, alrededor del 3% del PIB desde el ao 2009. La ingente exportacin de hidrocarburos (que representan ms del 97% de los ingresos por exportaciones) garantiza el saldo activo de la balanza comercial y la renta per cpita crece a un 3% anual, acercndose a los 8000 dlares. La clientela energtica est encabezada por Estados Unidos que absorbe el 24% de exportaciones, seguido por Italia (11.28%) y Espaa (10.61%).

Por el contrario, las importaciones argelinas siguen creciendo en bienes industriales, productos semifacturados, alimentacin y agricultura, dependiendo de una escala de proveedores encabezada por Francia, China, Italia y Espaa /1. Buen nmero de las medidas proteccionistas tomadas bajo la presidencia de Bouteflika resultan tan del agrado de la jerarqua poltico-militar-econmica argelina como rechazadas por el FMI y el Banco Mundial. La preocupacin fundamental de los ltimos abunda en la insuficiente proteccin de los inversores extranjeros y esencialmente en la Ley de Finanzas Complementarias de 2009 que limita la inversin extranjera al 49% del capital social de las nuevas empresas, o la ms reciente de ampliar la ventaja de las empresas locales en las compras pblicas hasta el 25%. Las presiones del Banco Mundial sobre la urgencia de una integracin magreb que instituya una zona de librecambio para un mercado potencialmente comn de 900 millones de consumidores, adquiere, en el fragor de la crisis, dimensiones de amenaza. Proponen una UMA a su medida. El sistema argelino, obnubilado por la excelente marcha de la locomotora energtica, se resigna a renegociar mejores condiciones de explotacin mixta de los sectores no estratgicos (todos, excepto los hidrocarburos) y a perpetuar las importaciones por un largo perodo (incluidas las de armamento, de las que el principal proveedor sigue siendo Estados Unidos).

Especialmente grave por sus consecuencias sociales resulta la prdida acelerada de cualquier horizonte de soberana alimentaria: Los productos agrcolas de Argelia representaban ms de un tercio de las exportaciones en el curso de los primeros aos de la independencia (1963-1966) hoy el pas es uno de los grandes importadores de alimentos a escala africana, con una facturacin negativa de 8.000 millones de dlares en 2008. En la dcada de los 60 la agricultura representaba el 20% del PIB y el 33% de las exportaciones, ocupando a ms del 33% de la poblacin activa. La superficie agrcola til se ha reducido un 60% en treinta aos y solo ocupa al 23% de la poblacin activa (Bernadini, 2009). Volcada Argelia en el lucrativo negocio de servir petrleo y gas, la agricultura (y ganadera) del pas que fue granero de Europa ha sido abandonada a su suerte. La dinmica autogestionaria, tachada de incompetente e ineficaz, fue intervenida a partir de 1969 por el Ministerio de Agricultura y sus tcnicos. Sin embargo, los ensayos de estatalizacin a partir de 1971 (la llamada revolucin agraria) fueron un fracaso.

En 2006 el gobierno argelino empez a aplicar nuevas Polticas de Renovacin Rural (PRR), con el objetivo de relanzar la economa rural y reducir las diferencias existentes con el mundo urbano, mediante crditos y facilidades financieras. Incorporndola, pues, al mercado. Aproximadamente unos veinte millones de personas (el 55% de la poblacin de Argelia) viven en zonas rurales. De de ellas, el 30% tiene menos de 30 aos: los pueblos estn llenos de jvenes que emigran cuando el trabajo escasea. Actualmente, el sector agrcola ocupa a unos 2.000.000 de trabajadores. Los agricultores que trabajan en las explotaciones agrcolas pueden ser dueos de la tierra en solitario o asociarse con algn vecino. Existe la figura del jornalero/temporero, sobre todo en las zonas de recoleccin del sur.

La ley n87-19 de diciembre de 1987 fija la forma de explotacin de tierras agrcolas as como los derechos y obligaciones de los productores y define al productor como usufructuario del terreno estatal. Poco ms de 5 millones de hectreas de cultivo de regado (10%) y resto de secano, segmentadas en explotaciones pequeas (una media de 4 hectreas), escasamente mecanizadas y amenazadas por la desertificacin. La ganadera (ms familiar que extensiva) no supera los 20 millones de cabezas y cuenta con importantes carencias infraestructurales y veterinarias. El actual programa de inversiones pblicas 2010-2014 (con una inversin prevista de 212.140 millones de euros) resulta ser fundamentalmente un programa urbano y para grandes infraestructuras en que la parte del len corresponde a ferrocarril, carreteras, puertos y vivienda. Al desarrollo especficamente agrario se le adjudican slo 10.000 millones de euros, aunque se prev el doble para embalses, depuradoras, trasvasesNueve millones de hectreas configuran el total de la SAU (superficie agraria til), quedan por tanto grandes zonas abandonadas y sin explotar. En definitiva, las organizaciones locales e internacionales ocupadas en la dimensin estratgica de la Soberana Alimentaria (los sindicatos agrarios, Va Campesina, Slow Food) tienen mucha tarea pendiente en Argelia.

Una poblacin sin primavera, una juventud sin futuro

El informe PNUD del 2011 situaba el ndice de desarrollo humano de Argelia en la posicin 96 de los 187 pases comparados, por encima de la media regional, algo por debajo de la media de Estados rabes y tambin de la media mundial. El peridico oficialista El Moudjahid, enfatizaba el 13 de febrero del mismo ao el posicionamiento de Argelia por encima de la media de los pases rabes y de la media mundial, obligndose sin embargo a aadir que segn algunos expertos, el impacto de las transferencias universales es poco perceptible por la ciudadana. Curiosamente los indicadores de Desigualdad y Pobreza, el PNUD no los valora por n.d. (falta de datos). Los datos de desempleo proporcionados por la Oficina Nacional de Estadstica (ONS-Argelina) se congelaron artificialmente en el 10% en diciembre de 2010... (Sic!)

Abundando en la escasa percepcin ciudadana del impacto de las transferencias universales y sorteando el blindaje meditico internacional de que se beneficia el poder argelino, retomamos los datos que scar Chaves presentaba en Diagonal de febrero 2012. El precio de alimentos bsicos como el aceite, la harina y el azcar ha aumentado entre un 30% y un 40%. El gobierno argelino sita las cifras de paro en el 11.3%, aunque otras fuentes lo elevan hasta el 25%. El salario mnimo se ha mantenido en 130 euros al mes (Diagonal, 142, p. 8). Ni siquiera esa cifra de paro est ajustada al crecimiento de poblacin en edad de trabajar, ni parece contemplar la tan escasa incorporacin de la mujer al mercado laboral.

El crecimiento de las desigualdades ya histricas profundiza la fractura social y la exclusin. Las inmensas riquezas obtenidas de la venta de petrleo y gas siguen sin ser invertidas para garantizar el bienestar de la mayora de los habitantes. La mayora de la poblacin, (las estadsticas y sus promedios lo ocultan) est cada vez ms empobrecida. La malnutricin gana terreno y la degradacin general de las condiciones de vida se conjuga con la lgica mercantil para determinar tambin el deterioro de la salud de la poblacin. Asolan de nuevo enfermedades como la tuberculosis y la difteria que haban sido prcticamente erradicadas durante la dcada de los 70 y, junto a graves carencias en vacunacin infantil, se amasan stocks de productos intiles, destinados a caducar, impuestos por las multinacionales farmacuticas, como ocurri con las vacunas contra la gripe A.

Si el campo sigue inmerso en dificultades, porque resulta ms barato importar alimentos que producirlos, en las ciudades sigue hacinndose una gran masa desorganizada y despolitizada que oscila entre la apata y la explosin de rabia. Y es en las grandes ciudades donde las desigualdades e injusticias sociales estn ms exacerbadas, no porque la crisis que golpea el conjunto sea all ms aguda, sino porque las solidaridades comunitarias han salido peor paradas y se deterioran hace dcadas. Pero es tambin cierto que all la poblacin descubre, ms que en otras partes, nuevos tipos de solidaridades, nuevas formas de lucha y de contestacin (sindicatos independientes y huelgas, asociaciones, nuevos partidos, saltos de calle, o renueva las redes religiosas de apoyo mutuo) aunque, como ya ocurri durante el inicio de las revueltas magrebes, en Argelia, la combinacin de represin, censura y zanahoria, las dej en stand by. Las perspectivas de empleo en el sector pblico se han reducido dramticamente (menos estado!) y en el sector privado permanecen muy limitadas. Las relativamente abundantes inversiones extranjeras han creado pocos puestos de trabajo puesto que han sido dirigidas en su mayor parte a sectores de alta concentracin de capital. La precariedad y el trabajo informal acompaan al trabendo como forma tradicional de ir saliendo adelante hasta emigrar o reventar.

En cuanto a la nueva situacin del sindicalismo argelino, a partir del reconocimiento del pluralismo sindical (1990) hasta entonces el nico sindicato tolerado haba sido la Unin General de Trabajadores Argelinos (UGTA) los sindicatos independientes se iniciaron en el sector pblico. Sin embargo, hasta hace muy pocos meses su margen de accin ha sido muy limitado. Tras las protestas del pasado 2011, la actitud del gobierno de cara a los sindicatos independientes oscila entre el menosprecio y la hostilidad de modo que a pesar de la abolicin del estado de excepcin el 24 de febrero de 2011 y las apresuradas medidas de reforma tomadas por Bouteflika tras las protesta de enero, los actos de represin e intimidacin contra los representantes de los nuevos sindicatos se han intensificado y recrudecido hasta casi el inicio de la campaa electoral. Todos los informes apuntan a que los derechos sindicales de la clase obrera siguen siendo completamente ignorados en el sector privado y sobre todo en las multinacionales ocupadas en los hidrocarburos en el sur del pas.

Concluyendo

Ante tantas limitaciones y tantas posibilidades en un pas que por su historia, extensin y riqueza constituye una potencia norteafricana no es hora de retomar el internacionalismo preciso y contundente de las y los de abajo? Los de arriba llevan doscientos aos en ello.

NOTAS

1/ Instituto Nazionale per il Comercio Estero, Roma 2011.

Bibliografa

Bernardini, L. Il rilancio dellagricoltura algerina. El Watan, 3/08/2009. Disponible en http://www.slowfood.it/sloweb/3E6E345B139b51B345OIx31F824E/contatti

Declich, L. La primavera algerina. Back to the future, Fuori misura. 12-05-12. Disponible en http://30secondi.globalist.it/2012/05/12/la-primavera-algerina/

Denaud, P. (1997) Le FIS: sa direction parle. Pars: LHarmattan.

Mandel. E. (1974) Control obrero, consejos obreros, autogestin. Mxico: Era.

VV. AA. (1999) Identidades para la paz. Argelia por la reconciliacin nacional. Barcelona: Icaria /Antrazyt.

Marco Rizzardini (Slow Food Gredos - Titar). Acacio Puig (La Comuna) Impulsores de la Campaa por la paz en Argelia en la dcada de los noventa.

Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1448



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