Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2005

Entrevista al escritor Santiago Alba Rico:
"Hoy el marxismo puede y debe ser nacionalista"

Galizalivre.org

Traducido del galego para Rebelin por Luca Martnez


Galizalivre.org tuvo la oportunidad de entrevistar a Santiago Alba, un agitador poltico-literario (segn sus propias palabras) que se ha venido significando en los ltimos aos por una de las denuncias ms atrevidas y rigurosas del capitalismo desde la implicacin en numerosos proyectos polticos y mediticos del nacionalismo y de la izquierda. Especialmente conocido por su apoyo a la causa rabe, es colaborador habitual del peridico Novas da Galiza y particip en nuestro pas en la reciente Semana de Filosofa. La conversacin que reproducimos a continuacin incide detalladamente en algunos de sus temas de reflexin habituales.

Cuntanos cmo comienza tu compromiso con la izquierda. Cmo llega esa vinculacin entre pensamiento, intelectualidad y movimientos sociales?

La verdad es que me resulta difcil localizar en mi pasado ese punto auroral en el que comenc a interesarme por la poltica y a implicarme en ese terreno desde el trabajo intelectual. Lo que s recuerdo es que para m fue muy importante, tras la victoria del PSOE en el ao 1982, descubrir hasta qu punto ese triunfo, lejos de ser un avance para la izquierda, supuso una malversacin traicionera de uno de los capitales de izquierdas ms importantes de un pas europeo tras la II Guerra Mundial. Y como punto de inflexin muy claro, la campaa que el PSOE, tras haberse comprometido a sacar al estado espaol de la OTAN, hizo a favor del ingreso en la Alianza Atlntica. Fue en ese momento cuando mi amigo Carlos Fernndez Liria y yo escribimos ese panfleto, ese primer libro llamado Dejar de pensar que, siguiendo el modelo de los viejos catecismos de adoctrinamiento marxista del siglo XIX, en un tono corrosivo, trataba al mismo tiempo de resumir las bases del marxismo y desenmascarar las polticas del PSOE. Es a comienzos de los aos 80, pues, cuando mi formacin filosfica se dirige ya a la intervencin poltica: utilizar la pluma para analizar y denunciar el modelo poltico y soicial del capitalismo. En cualquier caso, debo decir que no recuerdo un solo momento de mi vida consciente en el que, al menos de una manera borrosa, no tuviese muy clara cul era mi posicin poltica, incluso procediendo de una familia como la ma, una familia burguesa. Antes de formular racionalmente mis posiciones ya tena muy claro dnde me situaba.

Despus comienzas tu compromiso ms especfico con la causa rabe...

Lo de la causa rabe es ms bien una casualidad. Por mis lecturas, por proximidad sentimental e histrica, todo me empujaba hacia Europa del sur, hacia Francia, hacia Italia... pero en virtud de factores que cambian la propia actividad intelectual, incluso la propia vida, este giro tuvo que ver sobre todo con un momento muy personal de mi vida en el que necesitaba una ruptura espacial y lingstica con lo que hasta entonces haba sido mi biografa, de manera que el hecho de que acabara viviendo en El Cairo responde ms bien al azar. Podra haber acabado igualmente en Islandia o en China. Lo cierto es que, retrospectivamente, uno tiende tambin a creer que la existencia est regida por una suerte de providencia que te dirige siempre hacia ese lugar que sin saberlo era el tuyo. Y es verdad que la casualidad me llev a una zona del mundo en la que, aparte de haber aprendido mucho, personalmente siempre me sent muy cmodo. Al mismo tiempo, y esto s que es una desgracia que nada tiene que ver con el azar y s con determinaciones histricas muy duras, lo cierto es que eleg para vivir una zona del mundo que es desde hace muchos aos, y seguir siendo todava por muchos aos, uno de los focos privilegiados de la atencin pblica y del sufrimiento humano ms intenso. Por eso era inevitable que acabase de alguna manera implicado en lo que all ocurre y me comprometiese en alguna medida con la suerte de esos pases.

Formas parte de un colectivo o corriente intelectual que desde la izquierda y los medios alternativos no slo critica al capitalismo sino que insiste en la idea de que vivimos en la crisis y en el nihilismo, al borde de la barbarie. Cmo sintetizaras esta idea de que el mundo en el que vivimos no slo es malo, no slo no es mejorable, sino que nos conduce directamente a la catstrofe?

Antes del 11-S, pero desde luego a partir del 11-S, enfrentados a unos aparatos de configuracin de la conciencia o, mejor dicho, de disolucin de la conciencia- que no son slo la obra de mentes maquiavlicas operando en la sombra, sino que de alguna manera tienen su propia inercia y forman parte de las condiciones estticas de una sociedad capitalista de mercado, comenz a resultarme particularmente inquietante un fenmeno: por qu en un mundo en el que no dejan de ocurrir cosas, como nunca antes, en el que ocurren ininterrumpidamente cosas, nunca ocurre nada, nunca nos ocurre nada? Qu tiene que ocurrir para que, estemos donde estemos, siempre estemos en el mismo lugar, para que, veamos lo que veamos, siempre veamos lo mismo? Vivimos en una sociedad caracterizada por la renovacin acelerada de las mercancas en la que las cosas mismas, bajo la forma mercanca y sometidas a la presin terrible de la renovacin permanente, acaban por convertirse ellas mismas en imgenes. Y las imgenes, como objetos temporales que son, cada uno de cuyos momentos est destinado a desvanecerse, son soportes ontolgicos muy dbiles. De manera que una sociedad dominada por la mercanca y por la forma mercanca es una sociedad que no puede mirar las cosas sin despojarlas al mismo tiempo de existencia. Por eso yo hablo de nihilismo, y esto sin duda queda ms claro si pensamos en la invasin de Iraq. Justo antes del comienzo de los bombardeos sal yo de Bagdad, una ciudad hermosa, una ciudad digna, una ciudad poblada de gente que nos trataba con exquisita cortesa, de gente que, an sabiendo que pocas horas ms tarde iba a ser vctima de una invasin, se mostraba en todo momento serena, digna, corts (me gusta llamar la atencin sobre esta cortesa). Cuando sala de Iraq, en direccin contraria a los aviones que iban a bombardearla, comenzaron los bombardeos y cuando llegu a Amman por la maana, lo primero que vi en el pequeo hotel donde nos alojbamos fue una televisin encendida en la que apareca la misma ciudad que acabbamos de dejar, expuesta ahora a las bombas de los aviones estadounidenses. Los aviones parecan estar iluminando Bagdad, en un mundo de cartones, de edificios simulados, en un escenario muerto, sin vida. Qu es lo que estaban haciendo los misiles y los trazadores? Sacaban Bagdad de la obscuridad. Inmediatamente los incendios ponan esa nota entre apocalptica y espectacular que induce a todos los nios a fijar la mirada en la luz, y entonces se podujo una especie de explosin, de bomba lgica tambin en mi cabeza. Vea la ciudad que acababa de abandonar, la ciudad en la que haba dejado a algunos de mis compaeros, amigos iraques tambin que hoy no s si estn vivos o muertos, convertida en un espectculo al que era imposible no dirigir la mirada. Esa tentacin de mirar que est inscrita antropolgicamente en la naturaleza del hombre y que bajo condiciones capitalistas se vuelve una tentacin irresistible. Podemos, en efecto, reprimirnos para no oler ciertas cosas, podemos rechazar ciertos alimentos, podemos taparnos los odos... pero es sta una sociedad que no sabe no mirar y que acaba encontrando placer en acontecimientos que, pensados racionalmente, preferira que no se produjesen. A m esto me ocasion una enorme desazn, ver esa ciudad que tanto amaba convertida en un espectculo negado por la figura de Rumsfeld. Este hombre sala en esos momentos en la pantalla de la televisin negando que aquello fuese un bombardeo: No estamos bombardeando Bagdad (sobre las imgenes de la ciudad en llamas). Tuve que decirme a m mismo: aunque parezca que estn bombardeando Bagdad, en realidad estn bombardeando Bagdad. Y creo que sta es una de las cosas terribles que tienen que ver con el nihilismo y con la imagen, y que se puede traducir de esta manera: al contrario de lo que podemos creer, en la realidad se nos ofrecen las cosas tal y como son. Las cosas parecen lo que son, pero por el hecho de aparecer en ciertas condiciones, lo que aparece es la inexistencia misma de las cosas. Esto est ya de tal manera incorporado a nuestro espontno reflejo perceptivo, el cual es una sntesis siempre-ya-elaborada, siempre construida de antemano, que abordamos los objetos y los cuerpos sin necesidad de ninguna manipulacin, sin necesidad de ninguna induccin deformativa. En efecto, en el marco de la renovacin acelerada de las mercancas, mirar es ya negar la existencia de las cosas.

Ests trabajando en un campo que nos parece relativamente nuevo en la izquierda: ms all de centrarte en las condiciones objetivas, en los padecimientos cuantificables, pones un nfasis especial en la cuestin del lenguaje como insturmento de conformacin del orden capitalista.

S, es fundamental abordar este tipo de anlisis. Estamos viviendo una crisis que, en trmino de lenguaje, no es la primera. Tiene precedentes. Hay que pensar, por ejemplo, en el perodo inmediatamente anterior a la guerra mundial, lo que ocurre con el lenguaje bajo la erosin del fascismo y el nazismo; ese perodo de propaganda sistemtica en la que se utiliza por primera vez el lenguaje, al contrario de lo que puede hacer creer la divisa de Goebbels, no tanto para convertir en verdad una mentira sino para impedir toda clase de verdad. Eso es lo que est pasando ahora y se puede traducir en una frmula que he repetido muchas veces para explicar el proceso en virtud del cual se est erosionando el lenguaje en su intimidad misma. Las mentiras de los EEUU para justificar la invasin de Iraq estaban destinadas no tanto a fingir una verdad como a destruir todo marco de credibilidad. Se trataba de que, a partir de ese momento, la gente no pudiese creer en ninguna verdad. Esta es una ley que forma parte del capitalismo, pero que en condiciones de imperialismo y ocupacin militar y colonial de un pas, en trminos de propaganda y construccin de la aceptacin del orden hegemonista, se vuelve casi imperativa: es necesario, en efecto, borrar y debilitar todas las diferencias. Y el lenguaje se caracteriza bsicamente por dos rasgos: una es el acuerdo previo que se anticipa a toda comunicacin. Incluso si el lenguaje puede ser ultrajado o fragilizado con mentiras, sirve en cualquier caso para decir la verdad. De otro modo no nos atreveramos a preguntar a nadie por la calle cmo se llega a un determinado lugar. Cuando hacemos una pregunta banal, por la calle, cotidianamente, damos por hecho que el lenguaje sirve para decir la verdad. Qu sucede cuando a travs de una agresin sostenida y sistemtica comenzamos a dudar de ese acuerdo pre-lingstico, paralingstico, e incluso comenzamos a pensar que el lenguaje sirve slo para mentir? Tampoco podemos olvidar que el lenguaje he aqu el segundo rasgo-, adems de formar parte del mundo interior e ntimo el lenguaje acoge emociones, acoge razonamientos- pertenece tambin al mundo concreto y social. Nacemos en la ciudad del lenguaje, que se nos anticipa ya construida, y nosotros tenemos que respetar ciertas sealizaciones, ciertas direcciones, porque sa es nuestra manera de entendernos. Pero ocurre que la propaganda fgorma parte de todos los sistemas de poder desde que el mundo es mundo y todos los regmenes han bombardeado ciertas zonas de esta ciudad lingstica. Y los hombres, cuando nos bombardean ciertas casa o edificios, lo que hacemos es reconstruirlas. Lo que hoy sucede es que tanto se han bombardeado ciertos edificios, tanto se ataca el corazn de la ciudad lingstica, que nada de lo que decimos significa ya nada. Las palabras no parecen servir ya para delimitar un espacio pblico a travs del cual establecer un contrato social, intercambiar razonamientos, sino que, an ms, las palabras de esa ciudad lingstica ya no introducen ningn efecto. Al contrario, se dira que a fuerza de repetirlas cruzamos un umbral ms all del cual como ocurre con los drogadictos que necesitan una dosis mayor de droga para obtener un mnimo de resultado- se desencadena una pasin intil, llevada hasta la extenuacin, la fiebre agotadora de introducir a travs del lenguaje un mnimo de realidad obteniendo, en cambio, un mximo de solipsismo.

Incluyes a la izquierda en esta crtica?

S, la incluyo. Hablaba de esta voluntad desesperada por introducir realidad a fuerza de sobresemantizar trminos. Alguna vez ya me he referido a ello: trminos, por ejemplo, como genocidio. Cuando la realidad es atroz y el enemigo trata permanentemente de rebajarla, la tentacin es aumentarla lingsticamente. Pero este recurso se revela completamente intil. Ahora, cuando hay un genocidio, el trmino genocidio ya no dice nada. Genocidio es un trmino que debera utilizarse muy cuidadosamente. Hoy est sobresemantizado en virtud de eso que yo llamaba en un artculo que escrib hace poco para vosotros- la pansemia, una suerte de epidemia de sobresemantizacin mediante la cual, en lugar de comunicar, las palabras contagian una especie de vaco. Hay trminos tan absolutamente sobresemantizados que ms vale abandonarlos, tirarlos al basurero y forjar nuevos instrumentos. Podemos citar tambin el trmino fascismo. Es un trmino de tan amplio espectro, un trmino que hasta tal punto se intercambian unos y otros, que utiliza el PP contra Batasuna, Batasuna contra el PP, que Bush utiliza contra Sadam Hussein, que los imperialistas utilizamos contra Bush... es un trmino de tal manera sobresemantizado, tan pansmico, que al final se convierte en un insulto. Qu queremos decir con fascista? Queremos decir hijo de puta? De acuerdo, pero eso no explica nada, no aclara nada, no ayuda a comprender lo que est en juego. El capitalismo es siempre una batidora y tambin disuelve el lenguaje. Y el lenguaje es fundamental, tambin o sobre todo en poltica, para hacer distinciones. Si el trmino no sirve para hacer distinciones, si el trmino genocidio no sirve para hacer distinciones, creo que hay que buscar otras frmulas. Y yo, en un artculo que escrib hace unos aos, sugera algunas posibilidades ( www.nodo50.org/csca/agenda2001/ny_11-09-01/alba3.html ). A partir del 11-S esa vertiente subjetiva e incluso esttica de cmo se configura la recepcin de los objetos y los discursos a travs de los cuales se construye y legitima el capitalismo me interesa especialmente. La ciudad intangible (Ed. Hiru, Hondarribia, 2001), mi ltimo ensayo de largo aliento, fue escrito antes del 11-S, y su escritura es todava ms o menos acadmica, ms terica. Despus de esa fecha comienza a preocuparme el modo de forjar instrumentos particulares que me permitan, de una manera particular tambin, hacer ver a los pocos lectores que tenga aquellas cosas que en realidad no vemos a causa del nihilismo y la sobresemantizacin. Hay que forjar todos los das nuevos instrumentos en mi caso de escritura. Es algo que ya hizo Bertolt Brecht en sus tiempos, en cierta medida semejantes a los nuestros: recuperar armas que habitualmente haban sido despreciadas en la intervencin poltica. Una es el panfleto, que hay que recuperar y dignificar. Otra es la bsqueda de un lenguaje que nos toque el hombro, que nos interpele, que no mantenga distancias con el lector. De ah la necesidad de utilizar todos esos tropos literarios que tan bien maneja la propaganda y a los que debemos devolver su capacidad para iluminar las cosas que tenemos delante de los ojos y que no vemos. Todo esto sin olvidar que si algo nos falta en la izquierda es mucha y buena informacin alternativa; pero s me parece que debemos evitar cierta retrica propia de la izquierda que slo tiene un efecto saturador. Es como si uno se metiese en el fango y dejase que se le secase encima, sin podrselo limpiar. A la izquierda hay que pedirle informacin, pero tambin anlisis y armas de intervencin de mucha calidad tambin lingstica- que exploren otras vas. Este es uno de esos momentos en los que, como sucedi en el perodo de la Revolucin Rusa, es la izquierda la que est obligada a explorar, renovar, a ser muy vanguardista, como lo fue en otro tiempo. Incluso para reivindicar la necesidad de pararse, de deternerse, de ralentizar la marcha y reflexionar.

No te da la impresin de que en la actualidad hay un diagnstico bastante completo del capitalismo en contraposicin a la carencia o debilidad de paradigmas alternativos? Desde el mbito intelectual, responsable en muchos casos de elaborar ideologa y disear paradigmas, cmo se ve este vaco?

Creo que hay que empezar matizando o desmintiendo la idea que acabas de sugerir, esa de que los intelectuales constituiramos una vanguardia que debera iluminar modelos alternativos. En primer lugar, y digo esto sabiendo que me afecta desfavorablemente, porque los intelectuales sabemos muy poco, estamos muy mal preparados. Al contrario que en otras pocas, hoy vamos a remolque de procesos polticos que elaboran otros. Y procesos, como ocurre en Venezuela, que no elaboran agentes intelectuales sino sociales y polticos. Modestamente, debo decir que no me atrevera a sugerir un paradigma poltico alternativo. Al mismo tiempo estoy de acuerdo en que es urgente alaborarlo, no vale con deslegitimar o deconstruir el capitalismo; es imperativo contar con algo ms. Se est haciendo, y pienso por ejemplo en Venezuela. Y lo hace gente muy lista, pero no particularmente intelectuales, personas encerradas en su biblioteca todo el da echando humo por la cabeza. Lo hace una democracia participativa, mucha gente junta que piensa al mismo tiempo. Claro que los intelectuales tendrn que hacer tambin una contribucin; la contribucin del intelectual ser algo as como la del psicoanalista que escucha y localiza las grietas, los lapsos o vacos del discurso colectivo que se est haciendo. Pero en principio creo que debemos escuchar y despus, en todo caso, sealar humildemente cules son las cosas no dichas o no bien formuladas. Esto s lo veo muy urgente. Hasta tal punto sucede que el orden de sucesin de los acontecimientos replica la sucesin ininterrumpida de las mercancas que cada vez se hace ms difcil pensar. Siempre se piensa con retraso, y aqu ahora hay que pensar en tiempo real. Quizs en tiempo real se pueda responder en trminos de militancia, en trminos polticos, a las agresiones e interpelaciones del enemigo, pero es muy difcil pensar en estas condiciones. Todo ha cambiado en las nuevas condiciones de recepcin tecnolgica y esto est teniendo un coste muy alto en trminos intelectuales. Podramos decidir: vamos a destinar diez grandes cabezas exclusivamente a esto; pero siempre pensaran con retraso. Por eso es fundamental una accin poltica decisiva que consiga aligerar esa presin antes de reflexionar sobre cul es el modelo.

Por lo dems, no debemos olvidar que ya hay modelos alternativos sobre el terreno. Est Cuba, que olvidamos con frecuencia porque tambin la propaganda triunf, y est Venezuela, una experiencia por otra parte- distinta de la de Cuba por el modo en que los bolivarianos accedieron al poder. Tambin es el caso nico de un gobierno revolucionario que resiste los embates de su propia oligarqua y del imperialismo. No debemos despreciar estos laboratorios vivos. De Cuba tenemos muchas cosas que aprender, comenzando por una lgica totalmente distinta. Con todos los fallos, los tropiezos, las limitaciones... lo que hay en Cuba desde hace 45 aos es otra forma de medir el mundo, no es ya el dinero, no es el inters econmico el que determina las relaciones con las cosas y las relaciones con los hombres. Y eso es una bocanada de aire fresco para cualquiera que vaya all. Personalmente, cada vez que vuelvo de Cuba tengo la sensacin de pasar de un pas rico a un pas pobre, y el pas pobre es Espaa. Y en Venezuela creo que la izquierda puede fijarse con entera libertad, sin sentimiento de culpa aunque no debera tenerlo tampoco con Cuba. En Venezuela, que incluso en trminos burgueses es el pas ms democrtico del mundo, podemos localizar modelos que se estn ya elaborando y a partir de los cuales los intelectuales podemos trabajar con mayor rigor.

Eres uno de los pocos intelectuales que rebajan, en el buen sentido, el papel de tu profesin. Te niegas a considerar al pensador como un sumo sacerdote y minimizas, incluso moralmente, su papel social.

El trmino intelectual me produce un enorme malestar. Tampoco tengo la sensacin de que mi intervencin en mi limitadsimo espacio pblico sea trascendente. Con lo que est ocurriendo en el mundo, mi actividad con la pluma o con las teclas del ordenador se empequeece frente a la gente que est luchando, incluso con las armas en la mano, en otros lugares del planeta. Viajas, hablas, luego comes bien, conoces gente, tu militancia te reporta muchas satisfacciones que los intelectuales no suelen reconocer. Son satisfacciones antropolgicas de las que todo el mundo debera disfrutar, porque la nica manera de soportar una lucha larga como la que nos aguarda es la de que esa lucha constituya una forma de vida que proporcione satisfacciones. Pero por lo que respecta a los intelectuales, hay muchos mitos: el primero de ellos y esto procede de una historia que en realidad es muy corta- procede de Zola, esa idea de que el intelectual es una persona incorruptible e independiente que seala siempre la verdad, que es capaz de llegar al martirio en nombre de lo que considera justo y honesto. Intelectuales de este tipo ha habido cinco a lo largo del ltimo siglo: pienso en Zola, pienso en Sartre, pienso en Said, pienso en Chomsky. La mayor parte de los intelectuales a lo largo de la historia, como bien recordaba Jack London en un estremecedor fragmento de su novela El taln de hierro, lo que han hecho ha sido venderse. Cuando uno estudia, por ejemplo, la Comuna de Pars, descubre que all no haba un solo intelectual. El ms izquierdista de todos era Victor Hugo, que sin embargo conden la experiencia de la Comuna. Todos los dems estaban a su derecha, apoyando a Thiers y a los alemanes. En la mayor parte de las grandes transformaciones, los intelectuales recularon, se amedrentaron o se vendieron directamente, los que no se haban vendido ya. Por eso me pregunto y la respuesta es muy obvia, no hace falta ser muy profundo-: si la mayora de los intelectuales normalmente se han vendido, por qu en nuestra memoria est asentada la imagen del incorruptible y comprometido? Bueno, porque esa ilusin presta muchos y muy buenos servisios ideolgicos a una forma de gobierno cuya legitimidad se basa en la falacia de la libertad de expresin y de pensamiento. Cuando uno lee el libro de la joven investigadora Stonor Saunders sobre la guerra fra cultural, uno se da cuenta muy bien de hasta qu punto gran parte de la legitimidad poltica del capitalismo se basa en inducir permanentemente la ilusin de la libertad de expresin y pensamiento. Por eso conviene hacer creer que los que se venden o claudican son independientes. No me gusta el trmino intelectual. Cuando me obligan a presentarme, busco siempre otra manera, casi prefiero calificarme de agitador poltico-literario: es ms exacto porque es ms modesto y es ms modesto porque es ms exacto.

Cmo se ve desde el centro la cuestin nacional? Cmo piensas que se debe afrontar desde la izquierda?

Es una cuestin delicada que hay que tomar con muchas precauciones. No porque me d miedo tratarla sino porque es uno de esos temas a los que debemos dedicar muchas horas, muchos jornadas de reflexin. Es necesario un ejercicio de casustica, eso tan propio del lenguaje poltico que es hacer distinciones. Nacionalismo no significa nada si no se concreta en el proyecto poltico que vehicula. Con el nacionalismo sucede como con otros trminos sobresemantizados, como es el caso de paz o democracia. Pienso que en un artculo escrito para vuestro peridico sealaba que no hay ninguno de estos trminos en nombre del cual no se haya cometido un genocidio. Hablamos de nacionalismo y pensamos, sin duda, en los nacionalismos de la preguerra en Europa, en el concepto de raza... pero es que el concepto de civilizacin produjo tantos o ms muertos que el de raza. El concepto de civilizacin: hoy lo estamos viendo, en nombre de la democracia se viola la legalidad internacional, se invade un pas soberano. Lo que no podemos hacer, lo que constituye una tentacin muy grande pero poco rigurosa desde el punto de vista intelectual, es deducir. Si quiero deducir del concepto de Islam el de integrismo, puedo hacerlo muy fcilmente. T puedes coger el proyecto de paz y encuentras la guerra; el de democracia y encuentras la tirana. Qu es lo que pasa hoy? Yo estoy en contra del nacionalismo estadounidense porque, como explic muy bien el marxismo, es un imperialismo, y naturalmente que hay una lnea de continuidad entre ciertas formas de nacionalismo y el imperialismo. Fijmonos, por lo dems, en que Robert Kagan, uno de los tericos de Bush y padre del proyecto del nuevo siglo americano, defina el nacionalismo estadounidense como un nacionalismo universalista. Terrible, porque la izquierda a veces habla de nacionalismo internacionalista. Bien, un nacionalismo universalista es un imperialismo, est muy bien descrito por parte de Kagan. Un nacionalismo de izquierdas, un nacionalismo internacionalista, es posible? S, en el sentido de que lo que no podemos hacer es reivindicar en el vaco nuestra condicin de ciudadanos del mundo. Quines son los ciudadanos del mundo? Los indonesios que trabajan en barcos en aguas internacionales y cobran medio dlar; los veinticinco millones de refugiados registrados por la ONU; los inmigrantes que tratan de llegar al presunto paraso europeo. Esos son los ciudadanos del mundo. Cuando estuve en el Lbano, visitando los campamentos de refugiados palestinos, la verdad es que me sent muy agitado y muy inquieto. Es muy fcil reivindicar desde la izquierda, como hace Negri, la transversalidad, el nomadismo, la desercin, el exilio... en definitiva el viaje, cuando se tiene un territorio al que volver. Pero cuando te encuentras con decenas de miles de personas encajonadas en pasillitos, en cajas de cerillas, cuando ves claramente el proyecto de negarles un territorio en el que habitar... cuando los ves desprovistos de un espacio, habitando algo as como una figura geomtrica sin cielo ni suelo... Cuando uno se enfrenta a un palestino privado de tierra, se comprende que nosotros s podemos viajar. Pero si podemos viajar es porque tenemos un territorio al que volver. Nos parece que se puede prescindir de eso y reivindicamos el flotamiento por encima de los territorios, de las tradiciones... pero en realidad porque damos por supuesto las nuestras. La identidad nacional hay que dejarla atrs, pero para dejarla atrs hay que tenerla. Como deca Terry Eagleton, slo hay una cosa en este mundo peor que tener una identidad, y es no tener ninguna. Para poder luchar, para poder dejar atrs la identidad, primero hay que forjarse una. Y comenzar por el territorio. Precisamente porque tenemos que enfrentarnos a un nacionalismo universalista que invoca permanentemente la transversalidad, la flotacin por encima de las fronteras... lo primero que tenemos que reivindicar es la necesidad de luchar a partir de un territorio. Decir s a los nacionalismos cubano, palestino, a los nacionalismos de izquierdas del Estado espaol, a condicin de que esos proyectos que plantean la lucha a partir de un territorio tengan muy clara su inspiracin marxista, anti-imperialista, de izquierdas, de clase. Que no confundan su enfrentamiento con el Estado y con el imperialismo como un enfrentamiento de tradiciones, de razas, de culturas esencialistas. En estos momentos, frente a ese nacionalismo universalista de Kagan es imprescindible reivindicar un territorio y una identidad que luego se puedan dejar atrs como un dique frente a las presiones imperialistas; en este contexto, se puede perfectamente ser nacionalista. No slo en el caso gallego, vasco o cataln, sino tambin en el de otras fuerzas con las que me identifico menos ideolgicamente en otras latitudes, es fundamental no incurrir en una criminalizacin sumaria. An ms: el internacionalismo y el marxismo deben ser en estos momentos selectivamente nacionalistas, estn obligados a serlo.

Para buena parte de la izquierda occidental, hoy parece suficiente denunciar la violencia del imperialismo y el recorte de libertades sin entrar en la polmica cuestin de fondo. No est prevaleciendo una posicin tmida o cobarde que elude pronunciarse sobre la legitimidad de la violencia defensiva?

Creo que s . Es delicado porque este asunto, del que hasta hace no muchos aos se hablaba con cierta libertad, hoy es hasta tal punto tab que da miedo plantearlo. Sabes que en el estado espaol puede llevar incluso a la crcel. Pero pienso que la izquierda occidental, si quiere jugar un papel en la lucha anti-imperialista global y si quiere desmontar esa falsa construccin del choque de civilizaciones, debe mantener una posicin realmente internacionalista y estrechar relaciones con todos los otros agentes anti-imperialistas del mundo, y aqu incluyo a Hizbullah en el Lbano o a la resistencia iraqu. Se corre el riesgo de que la izquierda occidental permanezca anclada en una tradicin discursiva que ya no introduce ningn efecto en el mundo, y de que la izquierda de otras partes del mundo le vuelva las espaldas. Los activistas rabes, la izquierda rabe, se siente en estos momentos abandonada por la izquierda occidental. Hubo un momento en el que haba que decir no a la guerra y hoy hay que decir s a la guerra de liberacin nacional. Si nos mantenemos en posiciones de pacifismo abstracto corremos el riesgo de que todos los grupos de resistencia nacional que no se inclinan al islamismo acaben refugindose en posiciones culturalistas o de civilizacin. Lo que hay que hacer es establecer contactos y dilogos para tener una perspectiva amplia que permita superar esa inercia especular en virtud de la cual se tiende cada vez ms a enfrentar, no ya clases o proyectos, sino culturas esencialistas. Ah hay un peligro y los responsables somos en gran medida nosotros, la izquierda occidental. No supimos asumir el coste inicial de legitimacin en los medios que poda acarrear el apoyo a la resistencia iraqu. Desde luego, estableciendo diferencias y demarcndose de esos atentados salvajes contra civiles de los que no sabemos quin est detrs, pero s a quin benefician. Pero la resistencia armada contra las tropas estadounidenses y contra las fuerzas de seguridad colaboracionistas es legtima y legal de acuerdo incluso con el derecho internacional de las Naciones Unidas.

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter