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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2012

El caso de Paraguay
Existen golpes constitucionales?

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


Bien deca Engels que la ideologa no se esconde en la respuesta, sino en la manera de formular las preguntas?. En este caso, al aceptar la interrogante, existen golpes de estado constitucionales?, asumimos que la tcnica del golpe de Estado tiene una doble cara. Consideramos ilegtimo el uso de la violencia descarnada y la fuerza bruta cuando se trata de acabar con un gobierno constitucional, y por otra parte, un golpe de estado de guante blanco, lo catalogamos de extraordinario si no se acompaa del uso de la fuerza y la represin directa. Pero ambos son golpes de estados constitucionales. Me explico.

El imaginario de un golpe de Estado, al menos en su forma recurrente, trae a la mano escenas en la cuales se ven militares ocupando centros neurlgicos, instaurando el toque de queda, suprimiendo libertades, ilegalizando partidos polticos, clausurando parlamentos, violando derechos humanos, asaltando palacios de gobierno y cometiendo asesinatos polticos impunemente. A este cuadro, le suele acompaar un discurso apocalptico. Se aduce un caos generalizado, la prdida de los valores nacionales, ambicin de poder, oscuros intereses de potencias malignas, y planes malficos para instaurar regmenes marxista-leninistas, socialistas o comunistas. Por consiguiente, los golpes de Estado poseen una funcin teraputica, eliminar el "cncer" de los extremismos, restablecer la paz social y recuperar la estabilidad poltica. Las fuerzas armadas estaran llamadas a cumplir un deber patritico, encarnando el lado bueno de la fuerza ante una sociedad poltica corrupta y decadente.

Qu otro motivo habra para tomar de manera ilegtima el poder si no se hace esgrimiendo la ilegitimidad del gobierno legal? Esta ha sido la receta utilizada para salvar los escollos legales y presentar a las instituciones armadas como salvadoras de la patria amenazada por conspiraciones judeo-masnicas y comunistas. Por eso, los golpes de Estado estn inmersos en un debate ideolgico-poltico. Cuentan con el apoyo de redes civiles donde se reconocen los grandes poderes facticos, el capital transnacional y las multinacionales, las oligarquas terratenientes, las burguesas gerenciales y sus partidos polticos.

Los militares, salvo excepciones, no actan por su cuenta. Son la mano ejecutora de fuerzas polticas compactas y reaccionarias que manejan, controlan y establecen los planes de la conspiracin. Al tener el monopolio legtimo del uso de la violencia y el armamento necesario son el sujeto perfecto para cumplir la misin, lo cual crea un espejismo, slo ellos estn en condiciones de llevarlo a buen fin. Lo cual no es verdad. Hay casos donde la maniobra sale mal, y se producen rupturas entre las fuerzas golpistas o bien no se logra el consenso necesario para avalar el alzamiento. El golpe de Estado contra la II repblica espaola, se transform en una guerra civil, al defender las fuerzas armadas al gobierno constitucional.

Los golpes de estado, impulsados por las fuerzas armadas, conforman estados de excepcin, cuya caracterstica intrnseca radica en su provisionalidad. Pero la verdad, no siempre ha sido as. Ms bien podemos afirmar lo contrario. En Amrica latina, las fuerzas armadas, una vez en el poder, han optado por permanecer, bajo la gida de un caudillo o juntas de gobiernos. Siendo su duracin, ms que sus objetivos, donde surgen los desacuerdos entre los promotores civiles y sus ejecutores directos, las fuerzas armadas. En estos casos el entente no siempre es posible. Puede haber exclusiones de aliados y represin. Esta va tiene mltiples variables.

La realidad ha sido rica en experiencias. En algunos casos se recurre a crear partidos polticos ad-hoc, realizar elecciones no competitivas o instaurar parlamentos tteres. Brasil, Nicaragua, Repblica Dominicana, el Paraguay de Stroessner, Ecuador o Bolivia. Segn qu dictadores, decidieron mantener abiertos los parlamentos y mostrar una cara democrtica. En el otro extremo tenemos Chile, donde se cerr el parlamento y declar ilegal a los partidos de izquierda y en receso a los cmplices del oprobio. Los matices son variados, Argentina, Uruguay, Guatemala, Honduras, El Salvador. Lo cierto es que en todos la presencia de las fuerzas armadas era un actor contemplado como parte de la solucin, impedir el triunfo de la izquierda o la realizacin de programas nacionalistas, democrticos y antiimperialistas.

Nadie hubiese supuesto, en este falso imaginario, que los golpes de estado tuviesen una procedencia ajena al orden militar. Es decir proviniesen del poder legislativo, sin ir ms lejos. En regmenes presidencialistas como los latinoamericanos, durante la guerra fra, en ms de una ocasin asistimos a declamaciones solicitando la intervencin de las fuerzas armadas. Uruguay es un caso ejemplar. El 27 de junio de 1973, su presidente, Jose Mara Bordaberry, miembro del partido colorado, solicit la actuacin de las fuerzas armadas, con el siguiente discurso "la accin delictiva de la conspiracin contra la patria, coaligada con la complacencia de grupos polticos sin sentido nacional, se halla inserta en las propias instituciones, para as presentarse encubierta como una actitud formalmente legal". Las fuerzas armadas acudieron al llamado. Bordaberry sigui siendo presidente tres aos previa disolucin de ambas cmaras, senadores y representantes, el resultado la instauracin de una dictadura cvico militar.

Sin embargo, concluida la guerra fra, hemos pasado de dictaduras de la doctrina de la seguridad nacional a regmenes polticos validados por las urnas, con una amplia gama de posiciones polticas. Se inauguraba, en la dcada de los noventa del siglo XX, un momento dulce. Democracias representativas, militares en los cuarteles y el poder poltico asumiendo de manera responsable los resultados electorales. Salvo siempre, casos excepcionales. Mxico o Hait. Los golpes de Estado a la antigua usanza pasaron al bal de los malos recuerdos. Inclusive, el gobierno de Tavar Vsquez, en Uruguay, conden a treinta aos de prisin a Jos Mara Bordaberry por ser responsable del golpe de Estado de 1973. Nada haca presagiar el retorno de los golpes de estado. Pero la realidad se muestra obstinada.

Hoy no es necesario que las fuerzas armadas estn en primera lnea. Los golpes de Estados pueden remitirse a los parlamentos y desbancar gobiernos legtimos. No por ello dejan de ser golpes de Estado. Ni mejores ni peores, tal vez, menos sangrientos, eso ya es un paso, pero igual de anti-democrticos y anclados en discursos tremendistas fundados en la existencia de nuevos enemigos internos, abuso de poder o viejos fantasmas del comunismo internacional, transformados en socialismo del siglo XXI.

Desde 2002, con el intento en Venezuela por derrocar al Presidente Hugo Chvez, han resucitado, sin olvidar Aristide en Hait y extendido a pases con nuevos marcos constitucionales democrticos, cuyo articulado reconoce mayor soberana y declara la ciudadana plena en el ejercicio del poder. Ecuador y Bolivia. No es el caso de Honduras y Paraguay, cuyas constituciones nacidas en los aos noventa del siglo XX tienen el espritu neoliberal y neo-oligrquico procedente de la guerra fra. Por este motivo y no otro, el parlamento paraguayo ha decidido romper la voluntad del pueblo expresada en las urnas. La destitucin del Presidente Lugo es tan golpe de Estado como los anteriores. Su triunfo, expresa un sueo de la derecha latinoamericana en los aos del anticomunismo, ojal, piensan, todos los golpes hubiesen tenido esta cara "amable", nadie les acusara de anti demcratas, violadores de los derechos humanos o criminales de lesa humanidad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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